"«Todas las familias felices son más o menos diferentes; todas las familias desdichadas son más o menos parecidas», dice un gran escritor ruso al comienzo de una famosa novela (Anna Arkadievitch Karenina, transfigurada en inglés por R. G. Stonelower, editorial Mount Tabor Ltd., 1880). Tal aserto tiene muy escasa relación con la historia que aquí va a contarse, una crónica de familia, cuya primera parte sin duda queda más próxima a otra obra de Tolstoi, Detstvo Otrochestvo (Infancia y Patria, Ediciones Poncio, 1858)."
Esta vez os usé de excusa. Conocía el libro y a su autor, leí Lolita y dejé a un lado a Nabokov por... supongo que porque no me gustó el libro, no me convenció de nada, ni me atrajo la idea, ni me sedujo nadie. No digo que estuviera mal escrito, lo leí con facilidad y rapidez pero la historia... supongo que no era para mí o, como dice alguien que conozco, "el autor aún no ha escrito el libro para tí". Esta persona afirma que hay clásicos que son escritos para ser leídos en un momento determinado y que llegar antes supone desaprovecharlos, así que hay que saber dar una segunda cita.
Bien, pues digamos que ese fue mi problema con Lolita y cuando ví Ada o el ardor recomendado en el blog pensé, "¿y si es el momento de darle una segunda oportunidad?". Otra vez un libro rodeado de escándalos por un autor que fué considerado como un pervertido que se divertía contanto con todo lujo de detalles sus perversiones sexuales y que hoy es tratado como un genio.
Y así fue como conocí a Van.
Van y Ada, qué bien los llegamos a conocer cuando terminamos el libro. Nos cuentan su historia, rememorada por el noventa y siete cumpleaños de Van, con esa visión nostálgica y suave que dan los años. Y su historia es tortuosa, una historia de dos personas, inicialmente primos, que se enamoran apenas dejan sus juegos infantiles y no consiguen una relación normal. Para empezar no son primos, sino hermanos, lo cual lleva a esta historia a su punto más complejo, más cuando sus protagonistas no logran deshacerse del enamoramiento que padecen año tras año. Y pasan muchos años, y por sus vidas, como por las de cualquiera, van pasando personas y acontecimientos dejando pequeños estigmas.
Como supondréis es una historia complicada. No ya por hablar de incesto, que además no escatima detalles sobre los encuentros de la pareja, sino porque no se presenta de la forma habitual. Se habla de amores, desgracias, sexo, deseo, convencionalismos, familias y, sobre todo, de la memoria como arma para darnos la felicidad. Casi pareciera la mejor manera de ver feliz a nuestro narrador, verlo contar su complicada historia acompañado por las acotaciones de su amada.
Una vez más me cautiva la complejidad de la obra, la osadía del autor y la enorme telaraña que va tejiendo para sostener una visión que acabamos por aceptar. Me encuentro otra vez ante una novela fantástica cuyo argumento no termina de engancharme, y hay un choque entre ambas cosas, tal vez el no engancharme la historia de Van me permitió fijarme en la forma que lo contaba, no lo sé. Pero con Navokov me encuentro en este extraño lugar.
Supongo que siempre se puede hablar de terceras oportunidades.
Gracias
