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viernes, 9 de marzo de 2012
El idiota. Fíodor Dostoyevski
«Dicen que existen tantas oficinas de gobierno, tanto burócratas, que sólo el pensarlo marea. Todo el mundo ha sido, es o será funcionario del Estado. Todo el mundo está dispuesto a ponerse a su servicio. ¿Cómo es posible entonces que de esta masa no puedan seleccionarse los elementos necesarios para organizar una compañía de navegación? La respuesta que suele darse a esta pregunta es muy sencilla; tanto, que resulta difícil creerla. Verdad es, se nos dice, eso de la frondosa burocracia; copiando un excelente modelo germánico, se es funcionario desde hace doscientos años, de abuelo a nieto. Pero precisamente en nuestro país los funcionarios son los hombres menos prácticos del mundo, y las cosas han ido tan lejos en este sentido, que hasta hace muy poco ellos mismos consideraban que la ignorancia de las nociones prácticas era la suma de todas las virtudes y cualidades.»
Me gusta la literatura rusa, y perderme entre las páginas de Dostoyevski buscando el sentido real de lo que allí figura. De entre todas sus obras, la que hoy traigo figura según muchos expertos, como la más sobresaliente. No se si eso es así, pero desde luego no deja indiferente a nadie partiendo ya del título. Hoy traigo a mi estantería virtual, El idiota, conocida muchas veces como El príncipe idiota.
Estamos en Rusia a mediados del siglo XIX, conocemos al príncipe Lev Nikoláyevich Mishkin (no pienso volver a poner el nombre, será Lev), quien padece epilepsia. Lo envían a Suiza para ser tratado por un médico que se hará cargo del niño al quedar sin tutor. Sabiendo Lev que tiene una pariente viva decide ir a conocerla.
Lev, comparte con el autor la epilepsia, pero es también un hombre bueno, noble y sincero que acaba sucumbiendo a sus más bajos instintos. Es sometido por el autor a una experiencia durísima. El autor fue condenado a muerte y, ya en el patio, escuchó como su sentencia era conmutada enviándolo cinco años a cumplir trabajos forzados en Siberia. No podía menos que someter a su personaje a una experiencia así.
Pero nuestro protagonista, nuestro príncipe pobre y tachado de idiota por su enfermedad, es un hombre bueno y cautivador para quienes lo rodean, precisamente por su bondad y aunque vive en una sociedad estereotipada que desprecia las bondades por marcar diferencias. Lev despierta igualmente las simpatías del lector desde las primeras páginas y Dostoyevski no necesita recurrir a una acción trepidante para mantener el interés en este retrato de almas. Lo único que tiene que hacer es dejar caer al personaje por su propio peso, lo "suelta" en una sociedad envidiosa y corrupta y haciendo suyo el dicho "de tan bueno tonto", y vemos a Lev confundirse en sus juicios y perdiendo incluso el amor de su vida.
Es, no me cabe duda, una novela que permite múltiples lecturas, yo ya hice dos y en ambas saqué conclusiones diferentes aunque complementarias, pero sobre todo es una novela de las que dejan poso, llevada por uno de esos personajes de los que siempre nos quedamos un pedacito dentro y que recordamos con una sonrisa en los labios por el placer que nos proporcionó descubrirlos.
Un clásico, no me cabe la menor duda, imprescindible en cualquier biblioteca. Ha que perder ese miedo que se tiene a este tipo de libros pues son, doy fe, altamente disfrutables.
¿Qué opináis? ¿Hay buenas personas o prima el egoísmo?
Gracias
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