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domingo, 30 de octubre de 2011
El día de difuntos de 1.836. Mariano José de Larra
"¿Y este mausoleo a la izquierda? «La armería.» Leamos:
«Aquí yace el valor castellano, con todos sus pertrechos».
Los Ministerios: «Aquí yace media España; murió de la otra media».
Doña María de Aragón: «Aquí yacen los tres años».
Y podía haberse añadido: aquí callan los tres años. Pero el cuerpo no estaba en el sarcófago; una nota al pie decía:
«El cuerpo del santo se trasladó a Cádiz en el año 23, y allí por descuido cayó al mar».
Y otra añadía, más moderna sin duda: «Y resucitó al tercero día».
Más allá: ¡Santo Dios!, «Aquí yace la Inquisición, hija de la fe y del fanatismo: murió de vejez». Con todo, anduve buscando alguna nota de resurrección: o todavía no la habían puesto, o no se debía de poner nunca".
No he podido evitar caer en la tentación de hablar de la próxima fiesta de Halloween, seguramente provocado por las hordas de brujas, esqueletos y asesinados por cuchillos de plástico en lugares a cada cual más extravagante que he visto estos dos últimos días por las calles. Y es que ni los niños, ni el cine (E.T. no hubiera sido lo mismo sin el truco o trato), ni muchísimo menos la literatura, han podido permanecer indiferentes a su influjo.
No se si lo sabéis pero esta fiesta, originariamente All Hallows Eve (día de víspera de todos los santos) tiene un su origen en ritos Druidas. Estos sacerdotes se reunían una vez al año para invocar a Saman, dios de los muertos, y pedirle predicciones sobre el año venidero. Cuando los romanos llegan a tierras celtas se unen a la celebración invocando a Pomona entre tradiciones frutales. A partir de ahí la fiesta se expande entre brujos y adivinos y se la oculta bajo el nombre de "Día de todos los santos" para darle un cariz pseudocristiano que la hiciera pasar desapercibida y se exportó a Estados Unidos. Ellos hoy nos han exportado sus calabazas repletas de golosinas, aunque JackO'Latern también sea de origen celta. Un granjero mentiroso que trató de engañar al Diablo sin contentar a Dios, por lo cual su alma errante deambula alumbrándose tan solo por un nabo hueco con un carbón encendido dentro. ¿Os suena este Jack O'Latern? Bien, pues le cambiaron el nabo por una calabaza, en Estados Unidos había excedentes de calabazas y apenas plantación de nabos, y voilá, la calabaza de Halloween está servida.
Pero bueno, me estoy enrollando, retomo con lo mío, los libros. Cúantos libros han pasado por estos temas o por sus cercanías, y los recordamos todos en estas fechas; tenemos a Bradbury y El árbol de las brujas, Sleeppy Hollow, El altar de los muertos de Henry James... la lista es casi interminable. Pero yo hoy me decanto por algo más cercano, El día de difuntos de 1.836, de Mariano José de Larra.
En este artículo, conocido también como Fígaro en el cementerio, Larra nos cuenta un paseo hasta el cementerio, encontrándose con grupos de gente que, fieles a la tradición, se dirigen a visitar a sus difuntos. Nos relata lo que ve por el camino, las tumbas que se encuentra y lo que le parecer ver representado en ellas.
Es un artículo pesimista escrito ante la restauración de la Constitución de 1.812. Hay una preocupación política y social por las consecuencias de dicha restauración, que deja su estela de malestar hasta el punto de considerarse más libres a los difuntos que a los vivos, por estar ellos exentos de preocupaciones. Vemos a un Larra sólo y desamparado, sin tener demasiado claro qué le depara el futuro ni esperanzas de encontrar algo bueno en él. Nos describe su visión del país con palabras dolidas, irritadas, pero sin perder su calidad literaria ni su incisivo tono. Pese a la amargura patente, el roce irónico en sus críticas casi despectivas a la hora de leer las inscripciones de las lápidas nos hace sonreír. Aunque, eso sí, la sonrisa de hoy es de esas de medio lado.
Os aseguro que pensé en traer algo de terror, pero esta vez no ha podido ser. Ha ganado Larra, cuyos artículos son un plato para saborear lentamente.
Gracias
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