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martes, 17 de marzo de 2020
Ann Verónica. H. G. Wells
“The art of ignoring is one of the accomplishments of every well-bred girl, so carefully instilled that at last she can even ignore her own thoughts and her own knowledge.”
Qué placer descubrir nuevos rumbos y títulos y qué placer añadido cuando el nuevo rumbo es de un autor conocido, consagrado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Ann Veronica.
Ann Veronica es una joven de veintiún años, rebelde y un tanto indecisa, que discute con su padre las restricciones propias de la época. En un momento en el que la mayor preocupación de una joven es que se la declaren adecuadamente, ella tiene una bronca tremenda porque quiere ir a una fiesta de disfraces. No es la primera bronca, pero es la definitiva, ya que la joven decide marcharse a Londres. Una vez allí, Ann Verónica, decididamente feminista, tiene que buscarse la vida, reconducir sus estudios, encontrarse con sufragistas y que le estorbe el amor. Además, por supuesto, de tener que pedir un préstamo con poca cabeza para seguir adelante.
Siempre se habla de autores encasillados pero uno no se da cuenta de ello hasta que no encuentra un título que le descuadra tanto como a mi este. Se trata de una novela social de corte feminista y publicada en 1909 por uno de los nombres más famosos de la ciencia ficción.
En este caso estamos ante una novela feminista publicada hace un siglo y escrita por un hombre que vivía, por supuesto, bajo los condicionamientos sociales del momento. De hecho la historia nace de un lío de faldas de Wells, y quizás por eso él es el protagonista masculino de la historia que sale mejor parado y que tiene, como él tuvo, una amante feminista. Esto es importante porque la novela empieza con un tono que uno se toma por jocoso, casi satírico, y acaba derivando hacia la vivencia personal en la que la impetuosa feminista es una niña caprichosa a la que la vida le enseña lo feliz que es mientras le dicen eso de, ¡Oh, querida! ¡Qué feminista eres!
Veronica se va por una discusión con su padre que hoy en día se nos antoja casi más un capricho adolescente que una convicción de la búsqueda de la libertad de género. Si acaso, como iremos descubriendo en otras decisiones de la chica, busca el interés propio y la decisión de ir a Londres obedece más a un proceso momentáneo de iluminación que a un plan trazado. Así lo vemos cuando se enfrenta a la vida sin papá, a la necesidad de un trabajo y a la búsqueda de una habitación. Aunque no lo vemos demasiado, ya que el autor termina olvidándose del dinero incluso debido, no vaya a ser que le estropee la novela. La joven, que sí es cierto que se une al movimiento sufragista, va y viene en ideales, y va incluso a la cárcel aunque sea por quitarse de en medio pero termina, como suele ser habitual en las novelas de esta época que se nos presentan fuertes y decididas, enamorada hasta la coronilla (del personaje este que os decía que es el alter ego del autor). Y la novela que ya iba siendo más vaivén caprichoso que alegato divertido, termina dejando en nada sus comienzos porque, como todo el mundo sabe, cuatro años después uno madura y ve la vida de otra manera.
En aquél momento, hace más de un siglo, la novela fue algo reaccionario que los hombres no recibieron bien y las mujeres en cambio aplaudieron. Hoy ha sufrido un envejecimiento atroz, ya que la sociedad ha comprendido muchas cosas y le ha dado la seriedad correspondiente a las voces de muchas mujeres que tenían algo que decir. Resulta por tanto más curioso como experimento social de cómo veía un hombre a las mujeres que levantaban la voz, que como novela efectiva. Y es en este en el sentido que me ha gustado leerla, para descubrir en sus letras un cierto tono paternalista de gato que deja jugar a los gatitos sabiendo que cuando tengan hambre volverán a la cesta.
Ann Veronica es una novela corta con un final precipitado que me ha dado a conocer un campo nuevo de un escritor consagrado de novela de ciencia ficción. Me ha gustado el experimento, infinitamente más que el libro.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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miércoles, 4 de enero de 2012
La guerra de los mundos. H. G. Wells
“Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo lo observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que, mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría vigilar a las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua. Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro por el planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia. Tal vez los microbios que vemos al microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que los mundos más antiguos del espacio pudieran ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para desechar la idea de que pudieran albergar vida. Es extraño recordar los hábitos mentales de aquellos días. Cuando mucho, los hombres se imaginaban que en Marte vivían otros hombres, quizá inferiores a ellos y dispuestos a recibir emisarios terrestres. Pero a través de las enormes distancias espaciales, unas mentes que son a las nuestras como las nuestras a las de las bestias, unos intelectos vastos, fríos y crueles, miraban a la Tierra con envidia, y, lenta pero inexorablemente, fraguaron planes contra nosotros. Entonces, a principios del siglo XX, se produjo la gran revelación”.
Sigo con el Año Nuevo, sigo pensando en libros que marcaron un momento para traeros y hoy se me ocurre que este es digno de mención. Wells hace más de cien años publicaba en Londres esta obra en las postrimerías de un siglo fecundo en descubrimientos científicos. La Revolución Industrial ya estaba consolidada y empezaba a asentarse la sociedad de consumo que hoy conocemos. Burguesía frente a proletario, distancias reducidas por el desarrollo del ferrocarril y comunicaciones entre gobiernos para dar pie a la conocida política internacional. Empezaba la guerra en el mundo por convertirse en una superpotencia con sociedades orgullosas de sus ejércitos, milicias, expansiones territoriales y conciencias populares que se alzaban en contra de aquello que empezaban a temer. Es en este momento cuando aparece el libro que hoy traigo a mi particular estantería virtual: La guerra de los mundos.
La vida se está extinguiendo en el planeta Marte, lo que provoca que una especie entera tenga que buscar un planeta nuevo en el que poder sobrevivir. La Tierra resulta ser el lugar elegido para ello y no tardan en aparecer los primeros platillos volantes dispuestos para comenzar la colonización, invadiendo de forma eficaz el territorio gracias a la supremacía tecnológica que demuestran tener frente a la raza humana. O eso es lo que parece al principio.
No voy a contar una vez más como el libro convertido en radionovela con forma de noticiario sembró el pánico. Ya sabemos todos la historia, relatada mil veces y otras tantas que le quedan, sino que me voy a centrar en el texto escrito. Tampoco es la primera vez que la literatura nos muestra seres extraterrestres, pero sí que es el primer libro en el que son los extraterrestres los que demuestran una supremacía tecnológica frente a la raza humana. En un momento en que la sociedad estaba pagada de sí misma, la imaginación del autor cogió Londres en plena era victoriana, en su momento de máximo apogeo, y lo sometió duramente a una invasión. En ella, no sólamente nos fue dejando pistas de naves, rayos láser, guerras químicas y cooperaciones internacionales, conceptos que en aquel momento eran pura ficción pese a que hoy son realidades para casi todos, sino que nos deja una visión clara sobre el colonialismo. Con una prosa recia va mostrando los devastadores efectos del mismo en la tierra, no habla del orgullo del vencedor sino del calvario que va sufriendo el vencido, que se ve conquistado, privado de derechos, valores y autoestima. Acompañaremos al soldado que sobrevive como puede al calvario y desarrolla su visión de una vida entre marcianos esperando el momento en que pueda vencerlos. Conoceremos el terror que se genera ante esta nueva situación.
Estamos pues ante todo un referente de la novela de ciencia ficción, una novela pionera tras la cual otras muchas tomaron su estela para introducirnos en la literatura extraterrestre. Hay que tener en cuenta que sobre cualquier libro de ciencia ficción los años caen de forma cruel e implacable, lo que en el momento de su publicación parecía impensable hoy nos puede resultar casi irrisorio, no obstante, una vez que nos deshacemos de la carga que eso supone, es un libro que nos mantiene en vilo. La naturaleza humana se rebela ante el miedo para dar forma a la necesidad de saber, el conocimiento y la forma de lograr la propia supervivencia.
Un libro valioso por su contenido tanto como por lo que ha representado para la literatura contemporánea. Imprescindible en cualquier biblioteca.
Gracias
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