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miércoles, 4 de enero de 2012
La guerra de los mundos. H. G. Wells
“Nadie hubiera creído, en los últimos años del siglo XIX, que a nuestro mundo lo observaban minuciosamente inteligencias mayores que las del hombre, aunque mortales como él; que, mientras los hombres se ocupaban de sus diversos asuntos, alguien los vigilaba y los estudiaba, quizá tan detalladamente como un hombre con un microscopio podría vigilar a las pequeñas criaturas que medran y proliferan en una gota de agua. Con infinita complacencia, los hombres fueron de un lado a otro por el planeta ocupándose de sus pequeños asuntos, seguros de su dominio sobre la materia. Tal vez los microbios que vemos al microscopio hacen lo mismo. Nadie pensó que los mundos más antiguos del espacio pudieran ser fuente de peligro para la humanidad. Sólo pensamos en ellos para desechar la idea de que pudieran albergar vida. Es extraño recordar los hábitos mentales de aquellos días. Cuando mucho, los hombres se imaginaban que en Marte vivían otros hombres, quizá inferiores a ellos y dispuestos a recibir emisarios terrestres. Pero a través de las enormes distancias espaciales, unas mentes que son a las nuestras como las nuestras a las de las bestias, unos intelectos vastos, fríos y crueles, miraban a la Tierra con envidia, y, lenta pero inexorablemente, fraguaron planes contra nosotros. Entonces, a principios del siglo XX, se produjo la gran revelación”.
Sigo con el Año Nuevo, sigo pensando en libros que marcaron un momento para traeros y hoy se me ocurre que este es digno de mención. Wells hace más de cien años publicaba en Londres esta obra en las postrimerías de un siglo fecundo en descubrimientos científicos. La Revolución Industrial ya estaba consolidada y empezaba a asentarse la sociedad de consumo que hoy conocemos. Burguesía frente a proletario, distancias reducidas por el desarrollo del ferrocarril y comunicaciones entre gobiernos para dar pie a la conocida política internacional. Empezaba la guerra en el mundo por convertirse en una superpotencia con sociedades orgullosas de sus ejércitos, milicias, expansiones territoriales y conciencias populares que se alzaban en contra de aquello que empezaban a temer. Es en este momento cuando aparece el libro que hoy traigo a mi particular estantería virtual: La guerra de los mundos.
La vida se está extinguiendo en el planeta Marte, lo que provoca que una especie entera tenga que buscar un planeta nuevo en el que poder sobrevivir. La Tierra resulta ser el lugar elegido para ello y no tardan en aparecer los primeros platillos volantes dispuestos para comenzar la colonización, invadiendo de forma eficaz el territorio gracias a la supremacía tecnológica que demuestran tener frente a la raza humana. O eso es lo que parece al principio.
No voy a contar una vez más como el libro convertido en radionovela con forma de noticiario sembró el pánico. Ya sabemos todos la historia, relatada mil veces y otras tantas que le quedan, sino que me voy a centrar en el texto escrito. Tampoco es la primera vez que la literatura nos muestra seres extraterrestres, pero sí que es el primer libro en el que son los extraterrestres los que demuestran una supremacía tecnológica frente a la raza humana. En un momento en que la sociedad estaba pagada de sí misma, la imaginación del autor cogió Londres en plena era victoriana, en su momento de máximo apogeo, y lo sometió duramente a una invasión. En ella, no sólamente nos fue dejando pistas de naves, rayos láser, guerras químicas y cooperaciones internacionales, conceptos que en aquel momento eran pura ficción pese a que hoy son realidades para casi todos, sino que nos deja una visión clara sobre el colonialismo. Con una prosa recia va mostrando los devastadores efectos del mismo en la tierra, no habla del orgullo del vencedor sino del calvario que va sufriendo el vencido, que se ve conquistado, privado de derechos, valores y autoestima. Acompañaremos al soldado que sobrevive como puede al calvario y desarrolla su visión de una vida entre marcianos esperando el momento en que pueda vencerlos. Conoceremos el terror que se genera ante esta nueva situación.
Estamos pues ante todo un referente de la novela de ciencia ficción, una novela pionera tras la cual otras muchas tomaron su estela para introducirnos en la literatura extraterrestre. Hay que tener en cuenta que sobre cualquier libro de ciencia ficción los años caen de forma cruel e implacable, lo que en el momento de su publicación parecía impensable hoy nos puede resultar casi irrisorio, no obstante, una vez que nos deshacemos de la carga que eso supone, es un libro que nos mantiene en vilo. La naturaleza humana se rebela ante el miedo para dar forma a la necesidad de saber, el conocimiento y la forma de lograr la propia supervivencia.
Un libro valioso por su contenido tanto como por lo que ha representado para la literatura contemporánea. Imprescindible en cualquier biblioteca.
Gracias
lunes, 26 de septiembre de 2011
Guía del autoestopista galáctico. Douglas Adams
"En los remotos e inexploratos confines del arcaico extremo occidental de la espiral de la galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.
En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes de lectura directa son de muy buen gusto.
Este planeta tiene, o mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoria de sus habitantes eran infelices durante casi todo el tiempo Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalente a los movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa extraña, ya que los pequeños trozos de papel verde no eran precisamente quienes se sentían infelices".
¿Verdad que cuando hablan de radionovelas que conmocionaron el mundo todos pensáis en La guerra de los mundos? Pues hubo muchas más que causaron ese efecto. Hoy traigo una, la Guía del autoestopista galáctico. Empezó su andadura como radionovela, se transformó en serie de libros y luego llegó a la pantalla en forma de película.
En el libro, Douglas Adams comienza su narración justo antes de la demolición de la tierra, hace falta ese espacio para construir una autopista hiperespacial. Sí, lo que leéis, una autopista. Conocemos a Arthur Dent, un hombre cualquiera, que consigue salvarse (esto por si pensábais que era un libro sobre éxodos masivos) gracias a su amigo Ford, que resulta ser extraterrestre dicho sea de paso. Para salvarse, se meten de polizones en una nave de poetas burócratas de color verde. Cuando los descubren los expulsan, ante semejante descripción entenderéis que no tengan muy buen carácter, y son recogidos por un pirata de dos cabezas que convierte en sensato al mismísimo Jack Sparrow y que afirma ser presidente de la galaxia. En sus aventuras aparecerán también un androide un poco loco, una chica que se salva, por supuesto la única junto con nuestro protagonista, una raza que nosotros conocemos como ratones de laboratorio pero que resultan ser algo muy distinto.. Supongo que lo más directo sería decir que aparece de todo.
Se trata de un libro de viajes disparatados, parodias que se encadenan entre energías improbables que hacen funcionar naves imposibles y alta tecnología que no resulta ser tan eficaz. Pensaréis que hace falta saber mucho de ciencia ficción para captar cada matiz, y seguramente sea así, pero yo no puedo catalogarme como experta y disfruté enormemente la lectura. El descubrimiento a lo largo del libro de la Guía, cuya portada reza No se asuste, nos abre un camino hacia los miles de anotaciones realizadas por otros tantos autoestopistas. Civilizaciones imposibles, peripecias imposibles también... todo lo es en realidad en este libro referente casi del humor inteligente de ficción.
Recomendaría el autor coger una toalla para leerlo, y si termináis por hacerlo tal vez acudáis a tan curiosa celebración su honor. Yo dejo que decidáis si os hace falta, pero si os digo que leer este libro es entrar en un viaje absurdo, alucinante y divertido para todos los que se ríen de cosas simples, absurdas, técnicas.. en definitiva, para todos. Os guste o no la ciencia ficción.
Gracias
PD. En este libro se construye un superordenador (pensamiento Profundo) al que le preguntan la respuesta a la Vida, El universo.. y, tras pensarlo durante varios millones de años, Adams tuvo la suerte de pasar por allí para dejarnos anotada su respuesta.
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