"- Yo pertenezco a los que están enterrados en la parte alta. ¿No vivo acaso en el sexto piso? ¿No me empuja el destino hacia el séptimo?
- Usted está muy lejos de aquí"
Ya comenté cuando traje La leyenda del santo bebedor que este autor me gustaba. Me gusta como se expresa, la forma en que se acerca a nosotros para contarnos miseras mundanas sin perder un toque de humor casi cáustico a ratos en muchos de sus libros. Llevo ya varios leídos y hoy me he decido por este, Hotel Savoy.
Conocemos en este libro a Dan, un soldado judío que regresa a casa tras pasar cinco años en un campo en Siberia durante la Primera Guerra Mundial. Se da la circunstancia de que se hospeda en el Hotel Savoy unos días para así descansar y conseguir algo de dinero antes de continuar su camino. Y ahí es donde intimamos, en su relación con el hotel y sus inquilinos, casi una compañía de circo en la que no faltan los payasos, soñadores o ascensoristas chiflados.
Este autor vivió la caída del Imperio Austrohúngaro y la Primera Guerra Mundial, lo cual refleja en muchas de sus obras. Vemos el conflicto personal que produce la desmembración de una patria con todo lo que ello conlleva para las personas que allí residen. Pero no se limita sólo a eso sino que también nos muestra las reacciones humanas ante el fin de un conflicto, ese período de adaptación a la paz mezclado con el luto y el temor por lo vivido. Y así lo hace en este libro en el que usa el hotel a modo de representación social. El hotel es una imponente fachada de lujo en cuyo interior hay todo un orden jerárquico, ordenados curiosamente de forma inversa a la habitual para nosotros. Los ricos en los pisos inferiores.
Viviremos la experiencia de este curioso hotel en el que su peculiar atmósfera nos envuelve hasta esperar huéspedes que no llegan. Nos encontramos ahora en un universo marcado por la ironía, como corresponde a este autor, y gracias a eso nos enfrentamos a el mundo que hay fuera del hotel; los repatriados rusos que llegan con sus miseras. Al final la bella fachada que esconde un feo interior nos sirve para aislarnos de la fea realidad entretenidos como estamos con la troupe. Y todo esto con humor, qué difícil.
Os invito pues a venir a este hotel y ver la sociedad condensada en unas pocas plantas. Unas espaciosas, otras malolientes, todas ellas parte de la misma estructura y a la vez bien diferenciadas. No sea que sus huéspedes se mezclen demasiado, pese a que todos tienen rasgos comunes que, tal vez, sigan siendo los rasgos que mantiene la sociedad actual.
Gracias
Hay un Hotel Savoy en cada ciudad... y cada cual que lo interprete como mejor le parezca.