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viernes, 1 de abril de 2016

La tierra que pisamos. Jesús Carrasco


     "Hoy me ha despertado un ruido en mitad de la noche. No un ronquido de Iosif, que, raro en él, a esa hora dormía a mi lado en silencio, medio hundido en la lana del colchón. He permanecido tumbada, con la mirada detenida en las vigas de haya que sustentan el techo, apretando fuertemente las sábanas en busca de una firmeza que el lino tan sutil no ha logrado."

     Cuando uno entra en la literatura con la potencia que lo hizo Carrasco con su primera novela, la segunda es vital para saber si se está a la altura. De hecho si tuviera la oportunidad, seguramente le preguntaría a Carrasco si eso del miedo escénico existe, y si lo ha padecido durante los días siguientes a la salida de este libro a la venta. Hoy, en definitiva, traigo a mi estantería virtual, La tierra que pisamos.

     Conocemos a Eva, una mujer casada con un coronel sanguinario que ahora es totalmente dependiente de ella. Viven en un país extranjero para ellos, España, invadido por el imperio al que pertenecen. A las puertas de su casa llega Leva, un mendigo silencioso, un hombre despojado de cuanto posee salvo de su memoria. Eva, contraviniendo las leyes de su propio imperio, lo acoge, y reconstruye lo que este hombre ha vivido.

     Carrasco, como ya hiciera, comienza la novela de forma abrupta, sin localizarla del todo en el espacio o en el tiempo. Nos sabemos en la zona extremeña y apuntamos hacia un futuro no demasiado lejano. En ese contexto hay un imperio que ha invadido Europa, y sometido bajo su yugo cruel a los habitantes de cada país tomado. No sólo eso, sino que también vigila a quienes van a residir a esas zonas, vistiendo de protección lo que no es otra cosa que control. Este será el escenario elegido para la segunda novela de un autor encumbrado en su debut. Y este será el mundo en el que Eva, nos narrará en primera persona una historia que destaca por el cuidado extremo de su estilo. Esta vez, y yo lo he agradecido, Carrasco no acude a la búsqueda de ese léxico tan marcado que tuviera en Intemperie, perdiendo el significado de algunas frases al esconderse en palabras rimbombantes o ya en desuso. Aquí lo que marca la novela es un estilo directo y descarnado, propio del hastío de quien ya ha visto todo y tal vez por ello parezca insensibilizado a la hora de relatar cuanto le rodea.
     Eva contraviene la ley y se esconde de su propia patria. Una patria que la respeta por su posición, pero que también la atemoriza mientras vive condenada a cuidar de un marido por el que, poco a poco, irá mostrando su desprecio. Pero sólo al lector, nunca de forma pública. Porque ella se esconde lo mismo que esconde a ese hombre que pensó en un primer momento que podría matarla. No sólo eso, sino que desarrolla además un sentimiento, una necesidad de contar su historia que se ve acrecentada por el silencio de Leva. Y en ese momento, encajamos las piezas y tenemos su mundo condensado en tres personajes. El imperio invalido, sanguinario, respetado y aún vigilante en Iosif; los que despiertan, el pueblo que comienza a ver dónde está y lo que está haciendo en Eva; y las historias que no importaron, los pueblos sometidos, las muertes, los que jamás regresaron, en Leva.

     Elegido Eva como personaje central, como piedra sobre la que bascula la historia ya que es ella quien decide relatar la del mendigo, nos enfrentaremos a los otros dos hilos pertenecientes a él; la detención y exterminio de su familia y el trabajo forzado. Asistiremos a terribles paseos talando árboles, a muertes, quemas, pobreza, incomprensión y suciedad  y también a la compasión y el horror que provocan estas historias en Eva y en su necesidad de conocerlo todo.
Todo ello lo iremos conociendo en una narración estática en la que ya sabemos cual es el punto actual. Y eso hace que la novela no termine de funcionar, no agarre al lector estrujándolo en lo terrible que representa. Los personajes, tan bien dibujados en un primer momento, llegan a quedarse estáticos frenando la novela mientras asistimos a su despiece. Tal vez sea eso, o el exceso de control que tiene sobre la historia y nuestra percepción la protagonista, lo que ha provocado que no termine de sentirme cómoda con ella. Pero ha sido un runrún constante del que no era capaz de despegarme, o quizás sea voluntad del autor no redimir ni siquiera un instante a nadie en esta historia. Aún así, el resultado es satisfactorio, aunque me vuelve a pasar como con Intemperie, y no acierto a ver ese punto brillante que deslumbra a casi todos en las letras de Carrasco. Tal vez, sea simplemente que no encajamos y me toque entonar ese ya manido "no eres tú, soy yo" aplicándolo a las letras.

     Con esto de las novelas que llegan y gustan a todo el mundo, que se ensalzan y uno parece que se queda descuadrado al no disfrutar tanto como el resto, a veces me siento en un universo paralelo. Y vosotros, ¿recordáis algún título con el que os haya pasado eso?

     Gracias.

jueves, 7 de febrero de 2013

Intemperie. Jesús Carrasco




     "Desde su agujero de arcilla escuchó el eco de las voces que lo llamaban y, como si de grillos se tratara, intentó ubicar a cada hombre dentro de los límites del olivar. Berreos como jaras calcinadas. Tumbado sobre un costado, su cuerpo en forma de zeta se encajaba en el hoyo sin dejarle apenas espacio para moverse. Los brazos envolviendo las rodillas o sirviendo de almohada, y tan sólo una mínima hornacina para el morral de las provisiones."

     Es curioso como existen distintos tipos de fenómenos editoriales. Por un lado tenemos los que nos llegan producto de la controversia y copan los primeros puestos de las listas durante meses (vease pornomamá), por otro están los que llegan con una campaña de marketing en la que hablan de los contenidos del libro, y que logran impulsaros a las listas de ventas (seguro que se os ocurren muchos ejemplos) y luego están los menos habituales. Esos que aparecen de vez en cuando y que nos cuentan que ha llegado un gran autor, una maravillosa pluma salida de la nada, y que todo lector cae rendido a sus pies. El libro que hoy traigo pertenece a estos últimos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Intemperie.

     Intemperie nos cuenta la historia de un niño que huye de su vida. La que le ha tocado. Y lo hace en un entorno hostil marcado por el  hambre y la sequía. En su camino, del cual él mismo dice que lo peor que puede pasarle es "dar la vuelta al mundo y acabar de vuelta en el pueblo" se encuentra con un pastor de ovejas que será su improvisado maestro y compañero de viaje.

     Si algo tiene este título es que es absolutamente definitorio. A la intemperie es como queda el jovencísimo protagonista de esta historia. Dejado, abandonado en su propio plan de huida, a las inclemencias del tiempo, el hambre, el sol... y de la vida.
     Tengo que decir que tras comentar el libro con  @gancedo, @Offuscatio y @manel2071 tuve que confesar tener miedo escénico a no estar a la altura del que muchos han bautizado ya como mejor libro del año, y acabamos de empezar. Suele pasarme que cuando veo estas etiquetas entregadas casi de forma unánime me echo a temblar. Pensad que mi última experiencia con autor que empieza y todos dicen que es una maravilla... no estuvo demasiado bien.
     En este caso coincido en que su obra recuerda a McCarthy, tal vez por lo feo del panorama, seguro que por el viaje adulto/niño en el que dudas que vayan a sobrevivir.. y coincido también en que nos lo recuerda con un estilo más cercano a Delibes. Es lógico, todo sucede por aquí cerca, y no hay un fin del mundo. Es sólo una sequía, pero hay que sobrevivir. Y nos compone una dura historia que no deja de ser conmovedora sin arrastrarnos al sentimentalismo y que está afianzada en unos personajes sólidos que buscan dejar huella en el lector.

     Dicho esto, y aunque coincido que es un buen libro, y que la historia me ha gustado, no he podido evitar notar cierto tono forzado, como de artificio rebuscado en algunos momentos. Como si todos esos ecos a obras ya consagradas fueran intencionados y medidos por parte del autor. Hay frases brillantes, destellos de genialidad a la hora de elegir las palabras, pero me ha rechinado a ratos el tono, como si el narrador engolase la voz para hacerse notar en esta historia sin nombres y con apenas diálogos. Y eso, en mi caso, ha empañado una gran lectura, porque lo es. Lo que no comparto, es que vaya a ser la mejor lectura del año.
Estoy segura de que las habrá mejores, al menos para mí. O tal vez eran ciertos mis temores y no estoy a la altura.

     Y vosotros, este año que acaba de empezar no, pero del año pasado ¿Cuál fue vuestra mejor lectura?

     Gracias