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martes, 21 de mayo de 2013
San Manuel Bueno, mártir. Miguel de Unamuno
"Por todos mostraba el mismo afecto, y si a algunos distinguía más con él era a los más desgraciados y a los que aparecían como más díscolos. Y como hubiera en el pueblo un pobre idiota de nacimiento, Blasilio de bobo, a este es a quien más acicalaba y hasta llegó a enseñarle cosas que parecía milagro que las hubiese podido aprender. Y es que el pequeño rescoldo de inteligencia que aún quedaba en el bobo se le encendía en imitar, como un pobre mono, a su don Manuel."
Ya nos vamos conociendo en este tiempo, así que es ya de sobra conocido mi gusto por los clásicos. Particularmente rusos, lo sé, pero también me gusta rescatar de las ya olvidadas listas escolares aquellos títulos que nos estudiamos cuando aún íbamos al colegio enseñando las rodillas y con calcetines blancos. He descubierto que estas lecturas hechas pasado el tiempo tienden a ser no sólo entretenidas, sino muy disfrutables, así que las intercalo con el resto de los libros que voy trayendo a casa de forma prácticamente constante. Por eso hoy acerco este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, San Manuel Bueno, mártir.
Conocemos a don Manuel Bueno a través de las palabras de Ángela Carballino, quien escribe la historia del párroco de su pueblo. Es un hombre bueno y piadoso volcado en ayudar al prójimo, pero se le intuye una tristeza que lo tortura. Cuando el hermano de Ángela llega al pueblo, un hombre sin fe, lo que comienza siendo animadversión termina por ser una estrecha relación de amistad y confidencias. Será a su nuevo amigo a quien confiese su gran secreto, la falta de fe.
Una vez más estamos ante eso que yo llamo relato largo o novela corta, ya que no llega a las cien páginas. Publicado inicialmente en 1931 como parte de una revista, tuvo que esperar dos años para publicarse nuevamente como libro. Ya daba el autor una pista sobre su contenido con el nombre de su protagonista, Manuel, versión española de Emmanuel que significa "Dios con nosotros". Y justo de eso trata esta obrita aparentemente sencilla pero llena de significados.
Unamuno nos plantea la existencia de los buenos actos, de un párroco considerado como un santo por todos, incluso aunque no tenga fe. No están reñidas las creencias con la bondad o maldad de las personas, ni tan siquiera la mentira, puesto que don Manuel oculta su falta de creencias. Lo hace sabiendo lo que podría ocasionar eso en sus feligreses, en el pueblo, es su gran excusa para no decir nada y así lo vemos torturado y así nos llega el segundo dilema del libro. La importancia de la verdad y la mentira y la justificación para ella. Porque Manuel es bueno, eso nadie lo pone en duda, ¿entonces eso hace que no sea relevante el resto?, ¿valen más unos actos que otros?
El autor es conciso, va directo al grano en una novela a la que se intuye un fondo personal, de dudas propias del autor, hasta llegar a esa última parte en la que el propio autor se deja ver. Me gusta ese estilo de Unamuno, y los simbolismos que salpican la obra relacionados con la fe. No me cabe la menor duda de estar ante uno de nuestros autores absolutamente imprescindibles, como tampoco lo hace la certeza de que Manuel no deja indiferente a nadie al plantear ese tipo de dudas por las que, tarde o temprano, acabamos pasando todos. Y ese es el segundo placer que proporcionan este tipo de libros, las charlas sobre temas a veces espinosos pero siempre interesantes.
Y vosotros, ¿habéis leído algo de Unamuno? (lo sé, la pregunta interesante sería: ¿en qué creéis? pero entonces supongo que esto sería un blog de filosofía y no de literatura, aunque todos somos libres de dejar nuestras impresiones sobre lo que nos parezca. Incluso fútbol).
Gracias
PD. Me lo veo venir, hoy quedan aquí hasta himnos de equipos deportivos...
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Miguel de Unamuno,
San Manuel Bueno mártir
viernes, 20 de enero de 2012
Niebla. Miguel de Unamuno
"Se empeña don Miguel de Unamuno en que ponga yo un prólogo a este su libro en que se relata la tan lamentable historia de mi buen amigo Augusto Pérez y su misteriosa muerte, y yo no puedo menos sino escribirlo, porque los deseos del señor Unamuno son para mí mandatos, en la más genuina acepción de este vocablo. Sin haber yo llegado al extremo de escepticismo hamletiano de mi pobre amigo Pérez, que llegó hasta a dudar de su propia existencia, estoy por lo menos firmemente persuadido de que carezco de eso que los psicólogos llaman libre albedrío, aunque para mi consuelo creo también que tampoco goza don Miguel de él."
Hoy vuelvo a mis clásicos, los que nunca fallan en mis estantes y que releo de vez en cuando para no olvidarlos. Unamuno es de los nombres que se escriben con mayúsculas y que, para muchos, parece relegado a listas escolares. Siempre acompañado de obra cumbre, existencialismo... pero hay mucho más. Hay grandes historias detrás de sus títulos y hoy traigo una de mis favoritas, Niebla.
Conocemos a Augusto, encargado de darnos la bienvenida a la nivola, ese género ideado por el autor en el que nos cuenta su historia de amor y desamor y de dudas sobre casi todo en la vida en este libro que tienen monólogos hasta los perros y cuyo protagonista se descubre como tal en una memorable entrevista con su autor.
He sido parca en palabras, podría contaros las diversas facetas de la obra, su argumento en el que un rico licenciado que lleva una vida errática se enamora, haciendo de ese amor el centro de su vida y, viéndose rechazado mantiene un romance con la criada del objeto de su afecto...
Pero no, todo esto no son más que excusas para Unamuno y el verdadero significado de su obra. Estamos ante uno de los ejemplos más conocidos de metaliteratura, la obra dentro de la obra creada por una mente brillante.
Su protagonista lleva una vida apática, como si estuviera en una densa niebla, usando un recurso visual conocido por todos, hasta que despierta a la vida a través del amor. Conociendo los sentimientos que todos nos podemos encontrar, puede decirse que despierta de esa niebla para aterrizar en el mundo terrenal, con sus cosas buenas y malas. Por eso el momento en que habla con el Creador, Unamuno en este caso usando una fórmula magistral en la que cualquier lector podría verse hablando con Dios, es tan importante. Por todas las cuestiones que conlleva.
Lo hace con un estilo brillante, es una novela muy rápida en contra de lo que pudiera parecer y, si bien ya he dicho que da discursos hasta el perro, se alterna con diálogos y pensamientos de una forma lineal, lo que provoca que los consideremos humanos y cercanos. Los viste con dudas, con sentido del humor y con una fina ironía para que nos resulten atractivos, incluso los sirvientes nos hacen sonreír en esta obra deliciosa que ha resistido dignamente el paso del tiempo.
Como ya he dicho, hoy vuelvo con mis clásicos. Un imprescindible en cualquier biblioteca o, si lo preferís, una espléndida curiosidad.
Gracias
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