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lunes, 5 de septiembre de 2016

Clases de Baile para mayores. Bohumil Hrabal


     "Igual que ahora vengo a verla a usted, señorita, antes me gustaba frecuentar aquellas bellezas de allí, junto a la iglesia; no es que yo estuviera tan entregado a la sacristía, es que al lado de la casa del cura, había una tienda, donde un tal Altmann vendía máquinas de coser de segunda mano, además de gramófonos americanos de doble cuerda y extintores de la marca Minimax; y el tal Altmann, como segunda ocupación, proporcionaba chicas guapas a todos los bares y tabernas de la provincia..."

     Tras Una soledad demasiado ruidosa y Trenes rigurosamente vigilados, estaba claro que tenía que leer algo más de este escritor, lo que no sabía es cuándo. Finalmente, hoy traigo a mi estantería virtual, Clases de baile para mayores.

     Un hombre de edad avanzada, pongamos que es Pepín, el tío del autor, se dirige en un monólogo incesante, a una joven. Tiene la firme intención de conquistarla, motivo por el cual el anciano lleva a esta joven de nombre Kamila, un ramo de rosas robadas de algún jardín ajeno. De este modo saltaremos entre lagunas de memoria, hacia lugares del pueblo, tiempos pasados y momentos bélicos, mientras el anciano realiza esta suerte de cortejo a la belleza y juventud femeninas.

     Un anciano que recuerda la época del Imperio Austro-Húngaro. Un hombre cuyos mejores tiempos han pasado y que se aferra a una memoria caótica para relatar su vida celebrando tener aún memoria. Ese es el protagonista de esta novela en la que sabemos que corteja a una joven mujer. Pero olvidémonos de Lolitas, porque no es ese el personaje de Hrabal. Nuestro querido protagonista es un hombre que inspira ternura y cariño mientras nos saca la sonrisa en sus anecdóticos pasajes de una vida anterior. Nos  habla de su oficio de zapatero y sus peripecias de guerra, nos presenta una vaca que parió quince terneros y no duda en hablar del cura del pueblo. Habla de otras mujeres, normalmente hermosas, y de conquistas o de aquellas que le quisieron conquistar o robar un beso, momentos triunfantes para el ahora ya anciano varón.
     Un hombre que nos va ganando con sus palabras, que comparte alegrías y penas con nosotros, y que termina de hacerse hueco en el corazón del lector con un magnífico epílogo en el que un narrador nos lo presenta "por fuera", y no sólo al físico, si no a una visión externa de aquel que se nos ha dado a conocer en sus palabras. Nos habla de la vida de este hombre en el pueblo y de la ropa que lleva puesta, lo convierte en precisamente el tipo de anciano que hemos ido perfilando a lo largo de la lectura, convirtiendo así esta novelita en un rato para el recuerdo.

     Bohumil Hrabal es un gran escritor como demuestra en este libro, posiblemente una de sus novelas menores. Párrafos más que largos que, sin contener diálogo alguno, fluyen de forma natural hasta conseguir un libro cuyas páginas parecen escurrirse entre nuestras manos como agua en una cesta. La tranquilidad, la naturalidad y lo coloquial del lenguaje, hacen una pareja perfecta con el carácter del narrador, otorgando credibilidad a este entrañable personaje. Ironía y ternura a partes iguales en un librito que no puedo dejar de recomendaros y cuyas páginas se componen de todos aquellos sentimientos y situaciones que ocupan una vida, y que; trágicos o cómicos, dulces o amargos, importantes o banales, nos vienen a la cabeza en forma de instantáneas al echar la vista atrás. Un verdadero lujo, leer a Bohumil Hrabal y conocer a este entrañable protagonista.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

martes, 26 de julio de 2016

La ascendencia. Alexandre Postel


     "La gente metódica como usted siempre necestia un comienzo. "Empecemos por el principio, reconstruya los pasos que le han conducido (y ha dudado, no sé si por delicadeza, antes de concluir la frase) hasta aquí". La cuestión es que, cada vez que pienso en el comienzo, me viene un día diferente a la cabeza: cuando decidí marcharme de casa de mi padre, cuando conocía a Marion, cuando no dije algo que debería haber dicho. Pero ¿qué día es ese? ¿Qué debería haber dicho? Hoy me acuerdo del pasado 30 de abril."

     Conocía a Postel con su novela Un hombre al margen, que le valió el premio Goncourt en 2013. Un estilo propio que muchos dijeron seguía la estela de aquel Extranjero creado por Camus, me hicieron intentar seguir la pista al autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual su último libro. Se trata de La ascendencia.

     El protagonista y narrador de la historia, un hombre joven, con un trabajo mediocre y una vida normal, irá relatando lo sucedido durante los cinco días que le cambiaron la vida. Se remontará al momento en el que, trabajando en una tienda de telefonía, recibe la llamada de un médico que le comunica la muerte de un padre al que apenas conocía. Los siguientes cinco días serán determinantes en la historia, y en su vida.

     Cuando nuestro protagonista descubre que su padre ha muerto, se apena. Cómo no hacerlo pese a que su relación se hubiera enfriado. Tampoco tuvieron ningún problema relevante, y la muerte de su madre ya les alejó en su día. Sin más familia, no le queda otra que acudir a la casa de su padre y arreglar todos los papeles necesarios para el sepelio mientras, ya durante el trayecto en tren, empiezan a despertarse recuerdos tiempo atrás olvidados. Uno de ellos, la llave que su padre se colgaba al cuello de un lazo para mantener lejos del sótano a su hijo: "rarezas", "manías", se dice el hijo que lo achaca a la edad avanzada y el hecho de vivir en soledad. Pero somos humanos y, una vez recogidos los efectos de su padre, no puede evitar bajar al sótano para tomar una de esas botellas que su padre guardaba allí y que no quería que su hijo gastara. Y en ese momento empieza una espiral de pesadilla en la que nuestro narrador descubre un secreto aterrador que lo arrastrará entre la indecisión y el estupor, a una semana que se nubla en sus recuerdos tal vez por el alcohol o los ansiolíticos consumidos.
     Postel continúa de este modo con la línea comenzada en su primera novela, y nos deja a un personaje que parece sentir un profundo desapego por el mundo, como si le faltara sangre. Un personaje en el que vemos reflejados muchos de los males de la sociedad actual, casi todos provocados por ese dejarse llevar sin esfuerzo; o simplemente por no esforzarnos. Y lo hace sin desprenderse de un cierto tono irónico que sacará la sonrisa del lector en más de una ocasión.

     No sé si Postel leyó o no a Camus, ni si su extranjero fue tan importante para él como parece desprenderse de su obra. Pero no cabe duda que hay una sombra en este historia marcada por la cobardía. Una novela corta en la que será el lector quien pase por todos los sentimientos que debería sufrir el protagonista sin poder evitarlo. Dejará de importarnos el por qué para convertirnos en observadores privilegiados de esta oscura historia sin darnos apenas cuenta de que tiene momentos de brillante comedia negra.

     Hay libros que nos demuestran que aún queda mucho por contar, mucho por escribir y que no todo está inventado. O tal vez sí, pero quedan maneras diferentes de contarlo. Alexandre Postel es una prueba de ello.

     Mira que me cuesta sonreír con un libro, no digamos ya reír. Por eso mi pregunta de hoy es bastante simple, ¿os reís leyendo?

     Gracias.