sábado, 18 de agosto de 2012
Pasaje de terror entre libros de autoayuda
Siempre ha habido una serie de cosas que no he logrado entender. Ya de pequeña, no entendía por qué Aladino no le pedía al genio que se cumplieran todos sus deseos terminando con el eterno dilema que existe por sólo poder pedir tres. A medida que crecí, ví que los genios no eran del todo sinceros a la hora de conceder deseos, así que me preguntaba.. ¿por qué no piden en primer lugar que sean sinceros? Pero nada, parece ser que mi mente tomaba derroteros diferentes a los habituales. Tampoco entiendo por qué en las películas de miedo la gente huye hacia los áticos en lugar de hacia el garaje que tiene una puerta mucho más grande. Ni por qué los adivinos no son señores millonarios a los que toca la lotería todos los años. Son cosas que, francamente, no terminan de entrarme en la cabeza.
Y os preguntaréis, ¿esto a qué viene?, ¿se ha golpeado Mientrasleo la cabeza?
Pues no. viene a pie de los libros de autoayuda. No los entiendo. Es un género relativamente joven que viene a explicarnos la receta mágica de un Caldo de pollo para el alma que lo tonifique cuando está resfriado. No me entendáis mal, si eso existiera, estaría tan codiciado como nos contaban en El secreto o en El secreto de la felicidad, o el de la dicha extrema, el de vivir bien sin preocuparse... y al final, cuando me paseo entre esos estantes que están a rebosar de libros que afirman poseer ese bendito secreto que hará que no recuerde que me duele una muela, que tengo que ir a hacer papeleo al banco o que hay alguien enfermo en mi entorno (para mí la felicidad sería la ausencia de preocupaciones), no puedo hacer otra cosa que sentirme un tanto idiota. ¡Parece que haya cientos, cuando no miles, de personas que conocen un secreto que yo ni siquiera acierto a imaginar! Y no sólo eso, que ya de por sí sería preocupante, sino que además y a juzgar por sus portadas, existen más personas aún que, al leerlos, han comprendido cual es ese secreto mientras que yo sólo he visto un montón de tópicos sobre conocerse a uno mismo, sentirse bien y un montón más de palabrería habitual.
Al final, empiezo a mirar los títulos de los libros bastante preocupada, noto un sudor frío que me baja por la espalda mientras se me erizan el vello de la nuca sintiéndome una extraña entre libros, temor casi de pesadilla para alguien como yo. Ellos están ahí posados y me miran señalándome mientras se murmuran unos a otros con el suave rumor de las páginas que pasan deprisa sin apenas abrirse; Mirala, esta es la que no nos entiende, no conoce nuestro secreto, no conoce nuestro secreto, noconocenuestrosecreto....
Y, como vosotros comprenderéis, pese a ser una gran aficionada a las novelas de terror, no me apetece vivirlo en mis propias carnes. Así que los miro desafiante, y, como esto no es una película de serie Z, decido que el rincón poco iluminado del fondo no es el mejor lugar para huir. Mejor me giro y me dirijo tranquilamente hacia otra zona de la librería. Allí veo que me esperan los libros de Stephen King, Poe y Ajvide Lindqvist... parece un lugar mucho más tranquilo. Y muchísimo más seguro. No sea que me quede más rato por aquí y me tropiece con esos que ayudan a superar nuestros miedos.
Y a vosotros, ¿os gustan los libros de autoayuda?
Gracias
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Pasaje de terror entre libros de autoayuda
viernes, 17 de agosto de 2012
El hombre que quiso matarme. Shuichi Yoshida
"¿A quién quería ver ella?
La nacional 263 es una carretera de 48 kilómetros que une de norte a sur las ciudades de Fukuoka y Saga, atravesando la cordillera de Sefuri por el puerto de Mitsuse.
La carretera nace en el cruce de Arae, situado en el barrio de Sawara, en Fukuoka. No se trata de un cruce que merezca especial atención, puesto que se encuentra en un barrio que, desde la década de los sesenta, se ha convertido en una ciudad dormitorio. Está rodeado de edificios grandes y medianos, y al este se erige la enorme urbanización de Arae."
Cuando vi que la prensa hablaba del nuevo Larson refiriéndose a Yoshida me quedé perpleja. Lo primero porque no sabía si el mundo estaba preparado para enormes títulos de mujeres un tanto andróginas con tendencias pirómanas, y lo segundo por curiosidad. He leído Out y me encantó, pero no es un tipo de literatura que prolifere o al que, al menos, se le de demasiada publicidad, como ya he dicho alguna vez, la literatura negra de moda, viene del norte. Hoy traigo un tipo de lectura asiática diferente al que acostumbro, traigo a mi estantería virtual, El hombre que quiso matarme.
Yoshino Ishibashi aparece estrangulada en el puerto de Mitsuse, un lugar sobre el que se cierne una leyenda negra de fantasmas y apariciones. La policía parece creer que ya tiene el asesino, hasta que la investigación llega a un punto complicado en que víctimas y verdugos se mezclan mientras se destapan secretos y dobles vidas en esta apasionante novela negra.
Como corresponde a los autores orientales, Yoshida nos ofrece un comienzo lento y meticuloso. Todo le importa y todo nos lo cuenta. Así conocemos a Yuichi, un joven solitario con problemas de adaptación que vive una pasión por los coches, a Mitsuyo que se apoyará en él y a la que será detonante de la historia, la víctima y sus secretos. Vamos adentrándonos poco a poco en la cabeza de cada personaje consiguiendo sentir angustia, casi asfixia a medida que avanzamos la novela. Pero no sólo eso, sino que comprenderemos un poco mejor el Japón actual de las pequeñas poblaciones,El autor deja pasar por esta población a sus personajes dándoles libertad para hablar de sus cosas, aparentemente inconexas hasta que vamos jugando versiones.
Llegada la mitad del libro la segunda mitad se me escurrió de entre las manos y no me duró apenas nada.
Nos dan además referencias cinematográficas en la edición de Destino que nos pueden ayudar a orientarnos.
Un estilo claro y pausado que va recorriendo su camino sin prisa pero sin detenerse son otro de los sellos que nos deja el autor en esta novela. Una obra que me ha sorprendido tanto como agradado. Un autor con el que espero repetir para hacer una lectura de verano de esas que te entretienen tanto, que cualquiera diría que te robaron el tiempo cuando no mirabas.
Y vosotros, ¿conocéis ya la literatura que viene de los países asiáticos? ¿os gusta la novela negra?
Gracias
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El hombre que quiso matarme,
Shuici Yochida
jueves, 16 de agosto de 2012
Enfrentamientos seguros en inexistentes cafés.
Y se levanta de una silla en mitad de un café literario un hombre y declama a la multitud:
“Ërase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
(Quevedo)
Se hace el silencio mientras los concurrentes se miran unos a otros, se atisban sus narices intentando adivinar quien es el destinatario de esos hirientes versos, mientras se mueve una silla sin vacilar y otro hombre, ciertamente un tanto narigudo, se pone en pie diciendo:
“Anacreonte español, no hay quien os tope.
Que no diga con mucha cortesía,
que ya vuestros pies son de elegía,
que vuestras suavidades son de arrope.
¿No imitaréis al terenciano Lope,
que al de Belerofonte cada día,
sobre zuecos de cómica poesía
se calza espuelas y le da un galope?”
(Góngora)
-En verdad –se dicen dos mujeres entre cuchicheos-, tiene los pies grandes ese tal Quevedo.
Oyéndolo este, levanta la voz una octava más, como si con eso creciera dos palmos en supremacía contra este hombre que lo insulta, y dice:
"Quien quiere ser Góngora en un día
la jeri (aprenderá)gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente
candor, construye, métrica, armonía;
poco, mucho, si, no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas, traslada, pira, frustra, harpía."
(Quevedo)
¡Diga Dios si eso no merece una respuesta!
“Cierto poeta, en forma peregrina
cuanto devota, se metió a romero,
con quien pudiera bien todo barbero
lavar la más llagada disciplina.”
(Góngora)
El murmullo aumenta mientras todos miran de esquina en esquina al improvisado dueto….
“Yo untaré mis obras con tocino
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino”
(Quevedo)
“Este cíclope, no siciliano,
del microcosmo sí, orbe postrero;
esta antípoda faz, cuyo hemisferio
zona divide en término italiano”
(Quevedo)
Y sin apenas darle tiempo a terminar su frase, el señor Quevedo clamó al cielo…
“Con tus versos cansas aún a Job”
Y así siguieron por mucho tiempo, incluso hoy discuten en las páginas de los libros que osan colocarles juntos, separados por apenas un par de párrafos, este par de poetas que jamás se encontraron declamando sus creaciones en un café. Lo que si se dedicaron fue estos versos entre otros muchos insultos, Quevedo compró además la casa en la que residía Góngora y así lo expulsó a la calle para contarlo en un poema, hubo epitafios de mofa, nada escapaba a sus ágiles plumas y feroces lenguas. Salvo, tal vez, la sensatez. Así sucede que hoy si queremos ver la casa de Góngora tenemos que pasar por la calle de Quevedo y llegar a una esquina que explica en una placa que es la casa de Quevedo…. Góngora vivió allí casi una década antes de ser expulsado. Queda, supongo, de muestra del carácter de ambos poetas. Como lo hace este ejemplo casi jocoso que os traigo, demostrando que la poesía es una lengua viva, que no todo lo que rima trata de recuerdos y amor…. Y que el carácter español poco ha cambiado para algunas cosas.
Hoy espero, al menos, haber sacado una sonrisa de cada uno de vosotros. Aunque me conformo con uno de cada tres. Qué decís, ¿lo he conseguido?
Gracias
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miércoles, 15 de agosto de 2012
Sostiene Pereira. Antonio Tabucchi
"Sostiene Pereira que le conoció un día de verano. Una magnífica jornada veraniega, soleada y aireada, y Lisboa resplandecía. Parece que Pereira se hallaba en la redacción, sin saber qué hacer, el director estaba de vacaciones, él se encontraba en el aprieto de organizar la página cultural, porque el Lisboa contaba ya con una página cultural, y se la habían encomendado a él. Y él, Pereira, reflexionaba sobre la muerte. En aquel hermoso día de verano, con aquella brisa atlántica que acariciaba las copas de los árboles y un sol resplandeciente, y con una ciudad que refulgía, que literalmente refulgía bajo su ventana, y un azul, un azul nunca visto, sostiene Pereira, de una nitidez que casi hería los ojos, él se puso a pensar en la muerte."
Cuando se publicó este título a mediados de los noventa sucedió algo casi inaudito, crítica y lectores coincidieron en su valoración, provocando que sus ventas alcanzasen una progresión pasmosa. Ha sido de esas novelas llevadas al cine con más o menos éxito dependiendo de a quien se le pregunte. Pero no cabe duda de que es un título conocido por todos. Hace no demasiado me tropecé con él y, sin darme tiempo a pensarlo, me lo traje a casa. hoy traigo a mi estantería virtual, Sostiene Pereira.
Conocemos a Pereira, un periodista encargado de la sección cultural en Lisboa. Es un hombre anclado en el pasado, casi pesimista, que habla siempre de autores fallecidos y literatura escrita hace ya tiempo. Necesitado de ayuda contrata al joven Monteiro Rossi, un hombre apasionado por la vida que dejará junto a su novia, una huella imborrable en la vida de Pereira.
Tengo que confesar que me enamoró Pereira. Pero no de la forma que lo hacen los galanes de cine, no. Mi Pereira es un hombre solitario que habla a un retrato. Un periodista que vive en un pasado que lo aprisiona, haciéndolo sudar de forma literal, y que vive un presente reprimido también por un régimen político. Un intelectual que observa un cambio político creciente en Europa y que conoce a quien perfectamente podría ser su hijo. Es un hombre humano y tierno que nos muestra su vida en Lisboa entre el amor a las letras y el arte y con un ojo puesto en la Guerra Civil del país vecino. Sin tener claro quien nos cuenta la historia nos encontramos acompañando al que pronto es nuestro querido amigo Pereira, un personaje que, según cuenta el epílogo, se le presentó al autor para imponerle su historia de limonadas y tortillas. Poco a poco vamos viendo como este hombre mira lo que sucede a su alrededor y, lejos de cerrar los ojos, empieza a adquirir una suerte de conciencia que lo lleva por caminos que jamás hubiera sospechado.
Una ambientación magnífica, un Monteiro que, tal vez por celos míos o sobreprotección a mi buen amigo Pereira, tardó en caerme bien y un libro que demuestra que una historia conmovedora, triste incluso, puede ser hermosa. No diré que es la historia más hermosa que he leído, pero si que es una de esas que guardo dentro porque me caló un poco más de lo habitual.
Tampoco haré más extensa mi opinión, puesto que lo hace el autor al final del libro y competir con su genialidad estaría del todo fuera de mi alcance. En todo caso os dejo mi recomendación, una historia de un hombre aletargado que necesita despertar. Un título conocido pero imperdible, con una coletilla inolvidable, os invito a conocer qué es lo que sostiene Pereira.
Igual sólo me pasa a mí, pero.. ¿no hay personajes que os resultan enternecedores o inolvidables por algún motivo?
Gracias
martes, 14 de agosto de 2012
Robin Hood.Anónimo
"Hace cientos de años, los vikingos realizaron contínuas campañas de conquista por toda Europa.
Estos audaces guerreros -daneses, noruegos o suecos-, tuvieron atemorizado a medio mundo durante tres siglos.
Sus aventuras parecían no tener límites geográficos: Alemania, Francia, España, Portugal o Rusia fueron visitados por los feroces vikingos".
Es curioso los motivos que tiene nuestra mente para recordarnos lecturas o momentos. hace unos días estuve haciendo eso que ahora llaman deporte de aventura y que nos recuerda que ya no somos tan jóvenes como pensábamos. entre las actividades que se realizaban había casi de todo, desde tirarse de alturas insospechadas amarrado a unas gomas hasta escalar paredes agarrados a unos minúsculos apoyos de colores. Y entre ellas, tiro con arco. De algún modo, mientras demostraba que la puntería y yo no íbamos a ser buenas amigas nunca, recordé este libro. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Robin Hood.
Roberto Fitz se va a casar con Mariana, hija del barón de Arlongford. O eso piensa él, porque la ceremonia se ve interrumpida por los hombres del príncipe Juan que declaran al novio proscrito. Roberto escapa y se refugia en Sherwood dándose a conocer como Robin Hood, mientras que Mariana es encerrada por su padre, custodiada hasta que logra huir para buscar unirse con su amada. El príncipe Juan, enamorado de ella, iniciará una búsqueda desesperada en la que no permitirá que nada se interponga.
Este libro, cortito, habla de una de las leyendas más famosas que han sobrevivido hasta nuestros días. Robin Hood robaba a los ricos para dárselo a los pobres, nada que no sepamos... aunque lo que no sabemos a ciencia cierta es si realmente existió. Se conoce a un Hood en York que podría ser, y a otro hombre llamado Thomas de Lancaster que contaba entre sus súbditos a un Bob Hood quien, alzándose contra Eduardo II tuvo que refugiarse en el bosque lindante con Sherwood. Otros se amparan en el Robin histórico que dice que existió durante el reinado de Ricardo Corazón de León. No sólo eso, sino que estuvo en los bosques hasta que, herido de muerte, se refugiaría en el convento de Kirklees y desde una ventana disparó su última flecha. La que marcaría el lugar en que sería sepultado al morir poco después.
Sea uno u otro, nos situamos en el reinado de Ricardo Corazón de León quien, yendo a combatir en las cruzadas, dejó el poder en manos de Juan sin Tierra, un mandatario mucho menos sensato instigando de revueltas y subiendo impuestos. En este caldo de cultivo aparecen rebeliones, y es cuando aparece nuestro Robin, conocido por todos ya sea por cuentos, cine, libros o leyendas.
Fidelidad, amor, lealtad y traición se unen en esta historia conocida por casi todos que se nos descubre en este libro como mucho más que una simple historia de buenos y malos. El contexto histórico es apasionante, así como la vida que queda reflejada entre sus páginas aparecidas por primera vez hace más de 5 siglos. Una historia que leí con ojos de casi adolescente en busca de un mito de los libros de aventuras, pero con la mente de un adulto que me permitió recoger cada matiz de la historia. Ya lo había conocido de forma literaria en Ivanhoe y, de la forma más inesperada, cobró interés este héroe de toda la vida del que sólo sabía que robaba a los ricos para dárselo a los pobres. Pero la historia escondía mucho más.
Esta vez lo fácil sería hablar de la crisis, de lo mucho que tienen unos pocos y lo poco que tienen los muchos. Fantasear incluso con la posibilidad de que apareciera una persona con ese espíritu para ayudarnos a todos. Pero no, prefiero coger otro camino y hablar de esas historias que, por resultarnos excesivamente familiares, dejamos de lado sin darnos cuenta que son grandes nombres y grandes títulos de la literatura. Porque todo el mundo los conoce, todos sabemos quien es Robin Hood y apenas un puñado de nosotros se anima a leerlo. y digo yo, ¿aquellas historias que hemos oído mil veces las asumimos como ya conocidas y por ello quedan descartadas de nuestras lecturas?
Gracias
lunes, 13 de agosto de 2012
Delicioso suicidio en grupo. Arto Paasilinna
¿Verdad que llama mucho la atención el título? Eso me pasó a mí, y así descubrí a un autor que no me canso de recomendar. Hoy traigo la novela por la que lo conocí y la que me ha gustado más hasta la fecha. Traigo a mi estantería virtual, Delicioso suicidio en grupo.
Renollen es gerente de una empresa que ha quebrado. No lo he dicho, pero es finlandés; es decir que proviene de un país en el que se suicidan miles de personas todos los años. y esta noche lo hará él. Sin embargo el azar hará que conozca al coronel Kemppainen que ha tenido la misma idea y prácticamente en el mismo lugar. Así que se ponen a hablar, a beber... y a seguir hablando y acaban por formar una asociación de aspirantes a suicidas. Por medio de la prensa se reunen treinta personas en un autobús de futuros suicidas que recorrerá Europa buscando el lugar adecuado.
Tengo que decir que es un libro diferente, aunque eso ya lo habréis notado por el argumento. Es un libro en el que las personas se juntan por tener un fin común, aunque ese fin sea precisamente la muerte. Un libro lleno de historias sencillas que nos van contando sus protagonistas, a veces duras, otras tremendamente trágicas y, sobre todo, historias humanas.
Y sin embargo no es pesimista sino que tiene el punto justo de ironía que hace que lo leamos con una sonrisa mientras La muerte rueda veloz por las carreteras. Sin más preocupación que la búsqueda del lugar adecuado, sus ocupantes comenzarán a tomarse la vida de otro modo. Liberados empezarán juergas, broncas y amoríos entre discusiones sobre el acantilado más adecuado como fin de viaje.
Contado con suma sencillez nos descubre crueldades acompañadas de absurdos que no frivolizan el tema de la muerte, pero que nos obligan a reír. Nos habla de temas importantes como la amistad, la solidaridad y el compañerismo y nos enseña los extremos que podemos encontrarnos en la vida. En este caso nos enseña como un puñado de personas con ganas de morir, puede verse arrastrado por la alegría de estar vivos.
Y sin llegar a este extremo tan tremendista... vosotros, ¿sois capaces de liberaros de todas las preocupaciones y disfrutar, aunque sea sólo en temporada vacacional?
Gracias
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Arto Paasilinna,
Delicioso suicidio en grupo
sábado, 11 de agosto de 2012
La Casquería. Mercado de San Fernando
| Vista de La casquería cogida de su página web |
En estos lugares está el verdadero sabor castizo de la ciudad, en los barrios y sus gentes.
Si cogemos el metro desde cualquier punto y nos apeamos en Embajadores, subiendo por la calle homónima, llegamos al Mercado de San Fernando, en pleno barrio de Lavapiés. Hace unos meses se juntaron media docena de jóvenes con ganas de trabajar y, viendo que los locales eran muy caros, se plantearon una aventura un tanto insólita. Coger un par de puestos en el mercado y utilizarlos para abrir una librería. Ubicados en lo que fue una pollería y una casquería, de ahí el curioso nombre que lleva su librería, reciclaron balanzas y mostradores y abrieron su negocio con mucha ilusión y ganas de trabajar. Y así nace la librería que hoy os enseño. En tiempos de crisis la imaginación ayuda y aquí, hay para dar y regalar. Mientras unos compran alimentos para el cuerpo ellos los venden para la mente en forma de papel; por supuesto al peso, al módico precio de 10 euros el kilo literario que será pesado religiosamente en una de las balanzas que tienen repartidas. Y con un límite, 8 euros por libro, para que podamos tranquilamente llevarnos a casa a Tolstoi o Thomas Mann sin temor a que su contenido literario se nos atragante en el bolsillo.
No aparecerá en esos fantásticos artículos que nos enseñan librerías de ensueño, concebidas para deslumbrar, no es ese su fin. Aquí, entre estantes y cajas se juntan unos cuatromil volúmenes que esperan su turno para ser llevados a casa dentro o fuera de uno de esos sempiternos carritos de la compra. Libros nuevos, viejos, donados o llegados allí con una historia detrás y otra entre sus páginas y, como suele suceder en estos sitios, colocados al azar entre algún tesoro que está esperando a los lectores curiosos que pasean sus dedos por el lomo de los libros esperando percibir a través de las gastadas cubiertas ese contacto eléctrico que sólo perciben los amantes de la literatura. Esa conexión que se establece entre lector y libro y que hace que nos llevemos a casa un título que no conocíamos con la absoluta convicción de estar acertando sin tener muy claro el motivo.
Desde el 14 de abril la cultura se puede comprar al peso, y para esta amante de los libros tiene un regusto poético el poder acercarse a preguntar cuanto cuesta medio kilo de Benedetti, o comprar Las flores del mal por su peso y no por la cantidad de flores incluidas en el ramo. Saber si La insoportable levedad del ser era tan tenue como su título decía o si el alma que pesaba 21 gramos en su historia lo hace realmente cuando tenemos el libro en una bolsa, conocer El peso de la verdad, o el de la paja de Terenci Moix, y acercarme para saber por fin, tras mil y un títulos anunciándolo, cuál es exactamente El peso perfecto.
Por mi parte, acabo de pesar El juego del ángel y os puedo asegurar que pesa un kilo y un poco más. Lo que si que pesa es la cultura y las iniciativas para darle salida. Por eso hoy os acerco esta librería, os invito a conocerla.
Y vosotros, ¿tenéis algún lugar preferido para ir a ver o comprar libros?
Gracias
PD. Si os decidís a acercaros, es el puesto que lleva de nombre La casquería. ¿O pensábais que se me había olvidado ponerlo?
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