sábado, 8 de septiembre de 2012

Entrevista a Jaume Cabré

     Jaume Cabré es un autor fundamental en el panorama actual. Licenciado en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona, catedrático de Lengua y Literatura en diversos institutos y profesor de Narrativa Audiovisual en la Universidad de Lleida. Ha trabajado como guionista de cine y televisión y colaborado en diversos medios de comunicación y literariamente se ha centrado en la novela y el relato. Pese a ello encontramos con su firma obras de teatro y reflexiones sobre la lectura y escritura. Cuenta con premios como el Víctor Catalá en 1973, el Fastenrath en 1980, el Crítica Serra d'Or en 5 ocasiones,... la crítica española también le dió su premio en 1992, la lista es larga. Ayer os presentaba su último libro, Yo confieso, y hoy conocemos al autor.

     - Yo confieso tiene un toque personal en las calles, en los tratos y en el amor por el arte y la música. Con muchas referencias culturales. ¿cuánto hay del autor en ese amor por el arte?
     - El libro tiene muchas referencias cultas por el protagonista. Si escribe como piensa de toda su vida con libertad en esta gran carta, es natural que las haya, forman parte de él. La música forma parte de Adriá; dentro de lo que le toca vivir, con esos padres que tienen una connotación negativa pero que también le dan un gran apoyo cultural.
     En cuanto a si hay parte del autor, por supuesto que la hay. Siempre he sentido un gran interés por la música, incluso más que por la literatura, pero mi propia biografía me empujó hacia la literatura, a componer una narración. Mi visión de la literatura es por medio de una composición global, exactamente igual que pasa con la música. No se tiene todo delante sino que hay que ir recordando y moviéndose en el tiempo de lo ya plasmado y por eso se necesita tener una visión de todo el conjunto. No es así por ejemplo con la pintura, ya que se tiene siempre delante el cuadro en que se trabaja.
     - Novela complicada, con un narrador omnisciente que es capaz de saltar de época en época y moverse con la misma soltura que si estuviera en el presente, ¿empieza a ser un rasgo característico de su obra este tipo de narradores?
     - Es un poco por lo comentado antes de concebir la literatura como una composición global. Llego a ella sin ver la novela realmente, tengo algo un punto de partida y empiezo a trabajar porque lo necesito. Sin saber cómo es la historia y cómo evolucionará.
     Hay fusión de tiempos dando señales para que el lector no se pierda y un narrador totalmente libre con personas gramaticales también libres. Realmente hay un borde con el caos en el que procuro moverme.
     - ¿Es importante la ubicación elegida entonces a la hora de escribir una novela?
     - Parto de un lugar conocido que podría ser mi casa, yo nací en El Eixample, para así buscar un lugar familiar puesto que la novela en sí parte de dos personajes separados por más de quinientos años. Aunque una vez que aparecen y tienen mi interés, esa separación me pareció algo anecdótico. Relativizo el tiempo y el espacio (Cataluña y Polonia) y me encuentro con alguien que busca refugio en un monasterio…. Todos me gustaban y todos tenían que contar su historia. Así que necesito a alguien cercano, un niño en este caso un poco mayor que yo y que vive en mi piso.  A partir de ahí hay grandes divergencias, Adrià es un niño solitario, hijo único y con unos padres excesivamente autoritarios, características que no comparto con él.
     La ubicación es por tanto muy importante ya que el autor tiene que verlo verosímil para que lo pueda ver el lector y es muy importante que el entorno que ve el autor lo sea.
      -  Los silencios son una parte muy importante de Yo confieso, se nos indica que se saben interpretar, se escucha a escondidas, ¿es difícil utilizar el silencio para dar énfasis?
     -  El silencio es una figura capital en la música, sobre todo en el sentido técnico. En la literatura en cambio lo tienes que decir y por lo tanto el lector no nota y es fácil que pierda el significado. Hay que percibirlo captando la importancia de los momentos en que se compone ese silencio. Son los diálogos que no se dicen pero que están.
     Decía Zweig algo así como que él escribía la historia y luego iba quitando las partes sobrantes hasta que se desmorona.  Es  muy importante ese punto, vigilar que no sobra nada cuando se escribe un libro. Y dirás que eso lo digo yo que precisamente he escrito una novela muy larga (y eso que he quitado todo lo necesario para que no sobre una frase, ni un solo adjetivo)
     - En realidad esta era mi siguiente pregunta. Estamos en un momento en que los libros parecen escritos al peso, de 300 a 450 páginas y usted se desmarca con una novela de novecientas, ¿se planteó la extensión en algún momento?
     - No, no pienso en esas cuestiones porque cuando la escribo lo que me importa es encontrar un personaje que me enamore, una situación que me provoque curiosidad y un paisaje que me enamore igualmente. Empiezo sin saber si es una novela o un cuento o relato, lo que hago es buscar a alguien que camine y me indique el camino a seguir. Y creo que es lo que hacemos todos, o casi todos.
     - Tiene muchísimo éxito en Alemania, ¿a qué cree que se debe?
     -  Alemania es un mercado totalmente diferente, con unas cien millones de hablantes entre varios países tiene una industria editorial sumamente potente que hace apuestas seguras y fuertes. Interesan los personajes y que no habían visto una forma de escribir así, es una nueva forma de escritura para ellos.
     - Parte de la riqueza del libro está en las formas, comparado con Thomas Mann, con Vargas Llosa en sus comienzos, con Pla, un tanto más cercano geográficamente, ¿De dónde bebe Jaume?¿Cuáles han sido sus maestros?
     -  Hay muchos en realidad, me gusta Márquez y Vargas Llosa sobre todo en sus comienzos, y Carpentier y Rulfo. Me interesa mucho la literatura alemana, Thomas Mann… su Doctor Faustus es un libro para idolatrar. Hay muchos autores catalanes también que no son Pla, como Villalonga y Rodoreda, grandes maestros también Llull y Martorell. Me atraen también los grandes clásicos, la Divina Comedia, no sería quien soy sin ella.  No hay un maestro concreto, estoy leyendo permanentemente y releyendo, en este momento pensando en releer a Anna Karenina. Toda la literatura influye, toda es leída, bebida, trabajada. Incluso la que no gusta, aunque sólo sea por pensar, “yo nunca haría algo así a mi personaje”. Aprovecho para leer más en los períodos entre novelas, pero siempre hay un regusto triste porque tengo 65 años y cuando entro en una biblioteca descubro todo lo que aún me falta por leer.
     -  ¿Cree usted que las nuevas tecnologías fomentan la lectura o que esos lectores que iban a acercar los libros a los jóvenes al final no lo hacen porque los jóvenes que no leían prefieren usar la tecnología para jugar al Angry Birds?
     - Yo creo que el lector normalmente lo es porque proviene de una familia lectora más que por las tecnologías. Los padres que leen convierten en lectores a sus hijos. También puede darse en el entorno. Como profesor de bachillerato me he encontrado con chavales lectores y otros que sin tener entorno se sienten atraídos. Cuando la literatura es tu pasión y consigues transmitirla, los alumnos ven una chispa, una llama como si hubiera gato encerrado, y entonces muchos se descubren queriendo saber el color del gato. Es una edad difícil pero siempre engancha alguno o bien analizan su pasión por la tuya.
     -  Un final impactante el del libro:
     “Di por definitivamente inacabada esta novela el 27 de enero de 2.011 aniversario de la liberación de Austwitz”
     Seguido de una dedicatoria genérica, o casi, pero completa.
     - Estoy agradecido a mucha gente. Piensa que llevo dando la lata 8 años pensando en la verosimilitud. Por ejemplo en cuestiones médicas, pedía que lo leyeran y una vez la respuesta que obtuve fue “Esto jamás lo diría una enfermera” y justo eso era lo que yo buscaba, la crítica que me ayudara a conseguir que fuera real. Por eso no pongo nombres en el agradecimiento, son muchos y no quiero dejarme ninguno por el camino o primar unos sobre otros.
     En cuanto a la fecha es la real en que lo finalicé, recuerdo incluso la hora, fue a media mañana. La historia comienza antes de la publicación de Las voces del Pamano, es decir que empieza en 2.003.
     Es curioso además que las primeras frases de la novela son lo que escribo al final. En este caso, lo último que escribí fue
     "Hasta anoche, andando por las calles mojadas de Vallcarca, no supe que nacer en semejante familia había sido un error imperdonable."
Buscando además que esa frase fuera perfecta para casi resumir y enganchar la curiosidad del lector, la necesidad de saber.
     - Aunque luego está llegar al final. Esos finales que ya sabemos no van a ser felices y edulcorados.
     - El final formaba parte de esta composición en que la historia se engulle a si misma, como una Botella de Klein, y si conseguía eso, tenía el imposible hecho novela. Es mas, lo abandoné por un tiempo, pero cuando finalmente me encaré con el final estaba decidido a darle ese giro .
     - Muchas gracias, ha sido un gran placer hablar contigo y descubrir al autor tras la obra.
     - Gracias a ti, también ha sido un placer.

     Quería daros también las gracias a todos por pasar, por leer, por dejar vuestras impresiones sobre lo que vais encontrando y con ello una muestra de vuestro paso. Gracias, de verdad.

     Bibliografía (Completa aquí):
     - La telaraña
     - Fra Junoy o la agonía de los sonidos
     - Libro de preludios
     - Señoría
     - Las voces del Pamano
     - Yo confieso

viernes, 7 de septiembre de 2012

Yo confieso. Jaume Cabré



     "Hasta ayer por la noche, caminando por las calles mojadas de Vallcarca, no comprendí que nacer en aquella familia había sido un error imperdonable"

     Cuando uno oye hablar de autores españoles que traspasan fronteras y que no le son demasiado conocidos siempre busca obras de referencia. Tras leer un par descubrí una forma de contar historias con un sello muy particular, así que me apunté el nombre pensando, como tantas veces, en la cantidad de nombres que iban a tener que ser apuntados aún en mi listas interminables de autores. Hace unos meses me encontré con su última obra, y mirando la portada, me acerqué para ver si atisbaba qué era eso que el niño intentaba alcanzar. Al final leí la primera frase y me dije; Mientrasleo, estás perdida. Hoy traigo a mi estantería virtual, Yo confieso.

     Conocemos a Adrià, un niño barcelonés que vive con sus padres siendo testigo en un improvisado fuerte situado tras un sofá en el centro del mundo, el despacho de su padre, de la historia de su casa. Un niño inteligente y despierto que irá creciendo entre un mundo lleno de cultura, idiomas paternos y música materna se entrelazan en en esta historia marcada por el mal y la culpa.

     La verdad que esta sinopsis de se queda muy corta para explicar la novela de Cabré. Es una novela en la que se dan la mano muchos personajes de distintas épocas y lugares que se van dando la mano a través de la narración. Contada de una forma tan sencilla como complejo es su entramado, sentimos vértigo mientras viajamos por España, Holanda e Italia conociendo los secretos y sentimientos que mueven al mundo. Llevada de la mano de esa primera frase que tanto tiene que decir de una historia, me encontré recorriendo con velocidad esas novecientas páginas que se me hacían cortas, para acompañar al narrador por algunos de los momentos estelares de la historia moderna.
     Aparece en su última parte un listado de protagonistas entre los que faltan algunos de los más notorios, la cultura, el arte, un violín, una medalla.... el amor, la amistad, la traición y el silencio. Nada escapa a la brillante pluma del autor que demuestra como se mueve con total soltura por una historia llena de  hilos; cada uno con un punto de nacimiento, pero que todos ellos construyen la tela central de esta absorvente novela.

     Hacia la mitad de libro ya tenía claro que Adrià no era un personaje más ni su creador un autor más. Un libro cargado de sentimientos dispuestos para que los vaya recogiendo el lector, con el que he sonreído y llorado. Pese a mirar con recelo el número de personajes que aparecían puedo decir que cada uno se colocó en el sitio adecuado para que yo lo encontrara en caso de necesidad, la complejidad muchas veces, expuesta de forma sencilla se entiende a la perfección, pero aquí, además, resulta hermosa. Comparado con autores de la talla de Thomas Mann, no diré que coincida o no en la apreciación, lo que si puedo decir es que Yo confieso es, posiblemente, una de las grandes novelas de la narrativa española contemporánea. Si me preguntan a mí, diría que imprescindible para los amantes de la literatura.

     ¿Y si de cara a las navidades hablamos de novelas sobresalientes? Será mi lista de Reyes, esta vez da igual si es novedad o no, simplemente quiero novelas sobresalientes para vosotros. Yo propongo Yo confieso.

     Gracias

     PD. El book trailer:

jueves, 6 de septiembre de 2012

No le hables mal de mí al niño. Julia Villares Anllo




    "Cuando miro hacia atrás desde mi atalaya movediza y contemplo cómo ha transcurrido mi vida, me doy cuenta de que no he sido afortunada. Todos a mi alrededor creían que era feliz, hasta que me separé de Carlos. Es verdad que tuve buenos momentos a su lado, tanto en los que precedieron a nuestro matrimonio, viviendo en casas contiguas, como luego, cuando nos casamos. Pero eso es poco." 

     Una mano agarrando un corazón y un título que da mucho que pensar. Esa fue mi primera impresión del libro que traigo hoy. Lo cierto es que no tenía claro si me enfrentaba a un libro de autoayuda (uhhhh) o  una novela convencional, así que estuve indagando un poco y, tras ver buenas opiniones, me lancé a su lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual No le hables mal de mí al niño.

     Maribel García es una joven como otra cualquiera, tal vez un poco regordeta, pero sin mayores diferencias con el resto. Hasta que se queda embarazada demasiado joven, como tantas otras también, y se casa con el que será el padre de su hijo, un hombre llamado Carlos con el que tiene una notable diferencia de edad. Lo que parece ser una aventura se torna en realidad y Maribel comienza a asfixiarse por todo lo que ha perdido, como si estuviera en una jaula que amenaza ahogarla, así que decide buscar su libertad.

      Lo cierto es que este librito de apenas doscientas cincuenta páginas cuenta una historia cercana. Maribel, protagonista indiscutible, nos relata su vida. La de una joven que se ve embarazada de adolescente y es arrancada de la vida de una niña normal para tener que asumir el papel de mujer y madre. Está contado ya desde un estado de madurez que hace que en muchos momentos podamos intuir que ella misma no ve bien el camino que tomó en su momento. No trata de juzgar su vida ni su entorno, que la hizo sentirse incomprendida en un momento de rebeldía. No es ese tipo de libro. Tampoco es una moralina sobre embarazos no deseados y oportunidades perdidas o encontradas; no. Es la historia de una vida, de una mujer con un marido comprensivo, unos padres que se esfuerzan en echar una mano y un hijo sano. Y donde todo esto debiera de dar felicidad a cualquier mujer, nos encontramos con una niña que no está preparada para recibirlo y que lo único que busca es encontrar su sitio, sintiendo que no es en el que se ha visto colocada de la noche a la mañana. Por eso decide echar a volar diciéndole a su marido antes de irse:
"No le hables mal de mí al niño."

     Me atrevería a apuntar que es un libro cuya lectura es tan fácil como difícil ha tenido que ser escribirlo ya que, entre idas y venidas por la ciudad condal, vamos reflexionando al ritmo de la protagonista sobre los conflictos generacionales, la adolescencia, la rebeldía y la vida que se puede volver y darnos una lección cuando menos lo esperamos. Pensamientos y sentimientos que se agolpan en la juventud y se van sosegando con el tiempo haciéndonos pensar que tal vez, sólo tal vez, podamos esperar algo más. Y tirando de esa espera, de la que la autora sabe dejarnos en sus primeras páginas la pista para querer ver el desenlace, recorremos esta historia con rapidez, viendo el reflejo de muchas vidas en ella y pensando en errores enmendados y otros cuyas consecuencias nos acompañan toda la vida.

    Un libro diferente, una historia, una vida.

     Y vosotros, ¿os acercáis a este tipo de historias que reflejan realidades vestidas de ficción o sois de los que os quedáis en intrigas, asesinatos y ciencia ficción?

     Gracias

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Suicidio literario



     "Me he mudado a la sexta planta.
     No obstante, mi ventana está pegada al edificio de al lado. Aunque saltara por el alféizar, lo único que conseguiría es golpearme la cabeza"
     Plegarias atendidas. Truman Capote

     Ayer hablaba con Offuscatio sobre la sensibilidad del lector. Lecturas que nos tocan la fibra y otras, tal vez más trágicas que parece que no llegan. Soy una persona bastante cerebral que le da vueltas a los temas, esto provoca que de conversaciones triviales llegue a pensamientos conectados o no de forma elaborada y laboriosa. Y acabé pensando en autores y libros que me han gustado de una forma especial. Y sí, me gustan las generaciones perdidas, las historias complicadas, los autores malditos y las historias difíciles que se esconden tras las páginas de un libro.

     Al final no he podido evitar preguntarme como es posible que tras grandes historias se escondan vidas absolutamente desordenadas y finales trágicos buscados en mayor o menor medida por sus propios protagonistas. Autores cuyas vidas o muertes bien pudieron ser el reflejo de cualquiera de sus títulos.Hoy traigo un tema complicado, el suicidio. Supongo que un autor puede acometerlo desde dos puntos de vista diferentes; el literario, dejando de escribir, y el terrenal. Es un tema complicado abordar el abandono prematuro de la vida de forma voluntaria y supongo que hay mil motivos para hacerlo, no seré yo quien me limite a simplificarlo diciendo que es una huída, porque desconozco lo que pasa por la mente cuando alguien hace algo así.  Es conocido por todos que Zweig murió junto a su mujer, abrazados, dejando una emotiva nota. Hemingway, por su parte, tras pasar toda una vida rondando el peligro, terminó su vida de forma prematura en el vestíbulo de su casa, mientras su esposa dormía arriba, utilizando su escopeta favorita. También Sándor Marái usaría un arma de fuego para terminar con su solitaria vida. Foster Wallace terminó con su vida por sorpresa hace apenas 5 años, dejándonos la sensación de que era una broma sin gracia, al enterarnos de que fallecimiento ahorcado. Pavese tomaría  sobres de somníferos mientras nos pedía "No chismorreen"y nos dejaba huérfanos de su poesía; mientras que Virginia Woolf escapaba de su miedo a la locura ahogándose en las aguas del río Ouse. Otros buscan formas aún más complicadas; Mishima lo hizo de forma ritual mediante el seppuku, una forma compleja de harakiri; y Emilio Salgari lo hizo del mismo modo con un cuchillo, pero inmerso en una suerte de horripilante cadena de prematuras muertes familiares. No lo hizo sólo el autor, sino también su padre y dos de sus hijos.... realmente pone los pelos de punta. Y la lista continúa...

     Supongo que la entrada de hoy puede parecer macabra. De hecho estoy casi segura de que lo es. Pero también es cierto que las historias de los autores nos resultan tan interesantes como sus propias obras, y que las hay buenas y malas. Hasta ahora había traído siempre la cara amable, pero no es siempre así, desde luego que no. Hay grandes obras detrás de estos nombres, y vidas atorrmentadas que las crearon a través de mentes de grandes genios literarios. Las historias están para ser leídas y los autores para ser recordados. Por sus vidas, por sus obras, por sus trágicos fallecimientos, por sus premios... Hay editoriales que tienen contratos de autor, yo tengo estanterías de autor, dedicadas a los libros que publica un único nombre porque me ha fascinado su prosa, o su temática. Entonces es cuando decido investigar quien estuvo al otro lado de la pluma, o quien está, y así me he llevado muchas veces sorpresas como las que hoy presento, pero otras muchas, cada vez más, han sido gratas y he conocido a estupendas personas, hazañas tremendas para lograr la publicación de un libro, anécdotas de tesón y fortaleza y, casi siempre, de lucha para conseguir su sueño. Ver su nombre impreso en el lomo de un libro.

     Y vosotros, ¿también tenéis autores fetiche a los que volvéis con la seguridad de que no os van a defraudar? Contadme, estoy deseando descubrir más.

     Gracias

martes, 4 de septiembre de 2012

La letra escarlata. Nathaniel Hawthorne




     "Aquellos que la habían conocido anteriormente y que esperaban contemplarla oscurecida en su desgracia, se quedaron sorprendidos y asombrados al percibir como brillaba su belleza, construyendo un halo sobre la desgracia e ignominia con que la habían envuelto.
     Es cierto, que para cualquier observdora, existía algo exquisitamente doloroso en su figura."

    He comentado, creo, que estuve de mudanza. Trasladar libros es una tarea que requiere sudor y esfuerzo y que, en mi caso, lleva muchísimo tiempo porque saludo viejos títulos reencontrados antes de colocarlos en su nueva ubicación. Eso significa que me encuentro con obras que gustaron, otras que me fascinaron y alguna que me horrorizó (tengo de hecho el firme convencimiento de que una persona cualquiera que lea más de una veintena de libros al año ha de sufrir a la fuerza una gran depresión lectora por un título especialmente desafortunado al menos una vez al año). Sin embargo, también encontramos lo contrario y los abrimos como quien saluda a viejos conocidos. Hoy traigo a mi estantería a uno de esos viejos conocidos, considerado además la mejor obra del autor pese a que a mi me gusta más La casa de los siete tejados, a título personal. Hoy traigo, La letra escarlata.

     Conocemos a Hester Prynne, una mujer que es acusada y condenada por adulterio debiendo por ello llevar una A de adúltera en sus prendas de vestir. Se verá obligada a educar a su hija en este difícil ambiente mientras se niega a revelar el nombre del padre de la criatura.

     Este libro nos habla de las apariencias y de secretos. Por eso, el tema raíz, por encima de la lealtad a su secreto de la protagonista, nos enseña una lección sobre hipocresía. Nos sitúa en un ambiente puritano, piadoso incluso en teoría, y no tiene reparos en enseñarnos como esos devotos puritanos observan con un placer malsano el castigo ajeno cuando, moralmente, deberían de implorar el perdón antes que la venganza.
Contado con sencillez acompañamos la odisea de esta mujer que acoge un castigo de forma silenciosa protegiendo en todo momento su secreto. Disfrazada con una máscara de aparente impasibilidad, la vemos proteger a su hija y ceder ante los sentimientos que la llevan a la situación que vive, revelando el carácter de una mujer torturada pero también apasionada. Pese a que la vemos sufrir, Hester no se nos plantea como una víctima que busca comprensión y consuelo, sino todo lo contrario, lucha por continuar su vida y se convierte para el lector en una suerte de regla por la que medir las actitudes ajenas.

     Al final, quien sale peor parado es el hombre con quien comete adulterio. Uno a uno van pasando personajes ante nuestros ojos mientras anhelamos descubrir el gran secreto y, una vez hecho, no nos damos por satisfechos sino que necesitamos saber más de la historia. Mil preguntas se agolpan en la cabeza cuando uno lee esta novela, preguntas sobre la trama y sobre la sociedad en la que vivimos, porque no olvidemos que la hipocresía es un mal común a todas las épocas ya que, sin apenas esfuerzo casi cualquiera puede señalar al menos tres ejemplos.

     Una novela llevada al cine con un notable éxito que se ha colado en el corazón de muchos. Emocionándonos con pequeños actos y grandes logros, que son lo que, a fin de cuentas, nos dan la vida. Se que pertenece a esos libros conocidos por todos y apenas leídos, pero la prosa de Hawthorne merece ser descubierta, así como sus personajes.

     Enlazando con el tema que empecé la entrada, ¿ya habéis descubierto cual es el libro que recordaréis como el que os decepcionó en 2012? Lo digo porque yo aún no, y estamos en septiembre.... creo que me empiezo a preocupar.

     Gracias


lunes, 3 de septiembre de 2012

Misión Olvido. María Dueñas



     "A veces la vida se nos cae a los pies con el peso y el frío de una bola de plomo.
     Así lo sentí al abrir la puerta del despacho. Tan próximo, tan cálido, tan mío. Antes.
     Y, sin embargo, a simple vista, no había motivo para la desazón. Todo permanecía tal y como yo misma lo había dejado. Las estanterías cargadas de libros, el panel de corcho repleto de horarios y avisos. Carpetas, archivadores, carteles de viejas exposiciones, sobres a mi nombre. El calendario congelado dos meses atrás, julio de 1.999. Todo se mantenía intacto en aquel espacio que durante catorce años había sido mi refugio, el reducto que curso a curso acogía a manadas de estudiantes perdidos en dudas, reclamos y anhelos. Todo seguía, en definitiva, igual que siempre. Lo único que había cambiado eran los puntales que me sostenían. De arriba abajo, en canal."

     Decir a estas alturas que el nuevo libro de María Dueñas ha tenido a mucha gente en vilo es algo innecesario. Tras El tiempo entre costuras, reeditado una y otra vez, muchos somos quienes esperábamos con impaciencia el segundo título de la autora para poder valorar si era cuestión de suerte o si era un nombre a apuntar. Y así, hace apenas unos días, los estantes de librerías y grandes almacenes se llenaban con su nueva obra, Misión Olvido. Hoy lo hace mi estantería virtual.

     Conocemos a Blanca Perea, una profesora de mediana edad que ve como su entorno se desmorona al ser abandonada por su marido. Superada por la situación decide huir buscando refugio en su trabajo y acepta una beca en California para desenterrar los papeles y la historia de un español también profesor, Andrés Fontana.

     Estamos ante una historia de personas. Narrada en primera persona viviremos dos líneas temporales. La primera de ellas, en el pasado, la irá descubriendo con su trabajo nuestra protagonista y nos relatará la historia de Andrés Fontana y de su discípulo Daniel Carter, sus vidas, pasiones y obsesiones de mano de los papeles que habían permanecido cogiendo polvo años en los sótanos de la universidad. La segunda historia es la de Blanca, la mujer que llega arrasada y se va involucrando mientras intenta curar sus heridas; su familia,sus nuevos compañeros entre los que se hallan algunos conocidos del hombre al que investiga, y de la asociación que ha financiado su beca. El punto de confluencia de las historias está precisamente en las partes comunes, el momento en que la historia deja de ser pasado para convertirse en presente y cómo va cobrando importancia esa Misión Olvido a medida que avanzamos por sus páginas.

     Me ha parecido una novela mucho más reposada, mas realista en muchos términos. No busca esta vez a una heroína sino a una mujer que se va haciendo lo contrario, tomando aire, distancia. Una mujer tremendamente real cuyos sentimientos buscan trascender las páginas del libro hasta el lector. Mezcla datos y personajes reales en su historia consiguiendo que nos paseemos por las calles de Madrid de los años 50 y por una California que poco o nada tiene de televisivo.  Lo hace todo desde la sencillez, dejando que los personajes se cuenten a sí mismos con descripciones que no son más que un par de trazos con mano firme para que seamos nosotros quienes, con sus actos, los terminemos de dibujar a medida que los vamos conociendo. El resultado es que Blanca, Alberto, Rebeca, Luis, Daniel... se tornan familiares para el lector de una forma tan gradual, que cuando cerramos el libro son viejos amigos. Y, como no, a Andrés, cuyos papeles hemos revuelto de mano de la protagonista durante poco más de trescientas páginas hasta conocerlo íntimamente.

     María Dueñas nos deja una novela que se perfila como apuesta segura para regalos en fechas venideras con una historia llena de sentimientos, secretos y reconciliaciones. Porque las reconciliaciones suelen ser el mejor camino para las segundas oportunidades, y no necesariamente en el amor; de hecho, las mejores son con uno mismo.

     Y vosotros, ¿pensáis también que es un título que sonará de cara a las navidades?, ¿tan pronto?

     Gracias

sábado, 1 de septiembre de 2012

Entrevista a Javier Lorenzo


     Javier Lorenzo es periodista y escritor. Ha trabajado en medios como Cadena Ser o El mundo y realizado varios guiones televisivos. Actualmente lo podemos leer el La que nos espera, en Culturamas. Su primera novela El último soldurio fué un éxito de ventas y crítica que aún hoy se sigue reeditando. Con El error azul ha dado un giro a su tema habitual e igualmente está cosechando un éxito entre el público lector.


     -  Yo lo conocí, como la gran mayoría por El último soldurio. Un libro con el que debutó y que hoy en día sigue estando en las estanterías de muchas librerías. Supongo que esa acogida debió de sorprenderle, ¿Cómo lo vive hoy en día?
     - Con una doble e incluso triple satisfacción. Primero, como autor, porque llegué a mucha gente de toda condición y además la crítica fue tan entusiasta como benevolente. Segundo, como persona, ya que para escribirlo renuncié a muchas cosas. Fue una apuesta a todo o nada en muchos sentidos. Y tercero, por la influencia que ha tenido en Cantabria. Creo que la novela sirvió para reafirmar la identidad y el orgullo del pueblo cántabro. Por tanto, no me puedo quejar y si aún está en las librerías después de casi ocho años y doce ediciones, pues aún menos.
     - Un libro aparentemente de hombre pero también con un papel importante el de la figura femenina. Al igual que en toda su obra, ¿es intencionado o le van surgiendo?
     - No sé de dónde me salen esas mujeres fuertes, de rompe y rasga. Sé que tienen que jugar un determinado papel, pero luego son ellas las que me van descubriendo su personalidad y sus actos. Es un proceso –y no sólo ocurre con los personajes femeninos- que a veces asusta un poco, pero que siempre maravilla. Claro, que tampoco descarto que el carácter de mi señora madre haya tenido algo que ver.
      -  Me gustaría saber cómo es el proceso de comenzar a escribir, los comienzos que siempre son duros y las dudas, si es que las hubo.
     - Para escribir, sólo hay un método: ponerse. Con respeto hacia la hoja en blanco –o con ninguno, depende-, pero sin miedo a lo que puedan decir los demás e incluso a tus propios prejuicios. Si escribo es porque tengo que escribir, porque tengo algo que contar. Porque, tarde o temprano, acaba saliendo de mi interior. Y sí, soy lento en la preparación de mis novelas porque –circunstancias al margen- soy muy exigente con lo que hago. Si yo no me lo creo, los lectores, tampoco. Aunque últimamente se tragan cada ladrillo los pobres... Hoy cuenta más el márketing que la calidad literaria; más la publicidad que la complejidad, coherencia y acierto de las tramas; más las modas que la autenticidad. Y sí, se duda. Escribir es dudar. Siempre. Pero también es tener fe.
     - Y pasamos de novela histórica lejana (El último soldurio y Guardianas del Tabú) a otra mucho más cercana, El error azul. De las cordilleras cántabras a la Guerra Civil. ¿Cómo surge esta última novela?
     - Con furibunda pasión. Una intensísima historia de amor que se unió a una trama que me dejó completamente clavado. Y luego, un desenlace que ni yo esperaba. A veces, cuando se escribe, por muy claro que tengas el argumento y el final, el acto de crear, el momento en que surgen las imágenes y las palabras te sorprende a ti más que a nadie. Por otro lado, es un libro en el que yo quería expresarme mucho más literariamente de lo que concede habitualmente la novela histórica. Estoy muy contento de haber escrito este libro. Es una novela que no te puede dejar indiferente y que algún día, estoy convencido, recibirá todo el apoyo y la atención que merece. De momento tiene el de quienes la han leído, que ya es bastante.   
     -   Si tuviera que definir El error azul diría que es un libro hermoso, pese a que no todos sus personajes lo son, y me ha generado una duda personal, algo que no suele pasarme, y es su relación con la filatelia.
     - Salvo los poetas –y no todos-, ya hay pocos escritores que busquen la belleza en lo que escriben. No es una crítica, pues cualquier camino es válido si encierra algo de verdad, imaginación y talento. Por mi parte, yo buscaba esa extraña y atractiva mezcla que hay entre lo bello y lo pavoroso; quería cuidar al máximo las palabras y las formas y contrastarlas con el encanallamiento de ciertos personajes y ciertas situaciones. En cuanto a la filatelia, es el crisol del argumento. Ese sello “incunable” es el símbolo de todo cuanto ocurre, no sólo a los personajes, sino también al país. De algún modo es origen, nudo y desenlace. Y no, no soy un experto en filatelia, pero gracias a ese sello rarísimo y sumamente valioso –que existe realmente- me he podido empapar de lo maravilloso de ese universo. De sus luces y sus sombras.
     - Las relaciones personales se ven influídas por la situación pero, ¿también son un reflejo de la política que estaban viviendo?
     - La política me importaba un cuerno en esta historia. Así de claro. A pesar de ese simbolismo del que hablaba antes, de ese “error azul”, lo que me interesaban eran las personas y sus vivencias. Y también la intriga. Cómo se pueden llegar a hacer cosas absolutamente increíbles en momentos de desesperación
     -   ¿Por qué la Guerra Civil? Y más exactamente, ¿es difícil escribir colocando un conflicto que aún sangra para mucha gente y no tomar partido?
     - Uno de los protagonistas es un “topo” y no me quedó otro remedio que situarlo en la única época en la que existió esta figura. Pero lo que importa es que, como autor, tenía un triple reto. Primero, que la novela no tuviera como protagonista a la Guerra Civil. Segundo, que fuera lo más distinta posible a cuantas se han escrito alrededor de este suicidio colectivo (nótese que digo “alrededor de” y no “sobre”). Y tercero –“last but not least”-, no lanzar consignas, no hacer proselitismo de uno u otro bando; en definitiva, mantenerme al margen. Otra cosa es que la Historia –especialmente la de la posguerra- me señale de forma inequívoca quienes fueron “los malos” y quiénes “los buenos”. Yo me limité a seguir sus indicaciones. En cualquier caso, todos los personajes, especialmente el artero y retorcido alférez Repellejo, tienen una doble faz que, a mi modo de ver, los humaniza.
     -  Saliéndome un poco del tema, me gustaría saber qué es lo que piensa usted que es “la que nos espera” a la vuelta de las vacaciones de agosto.
     - Disfruto con las columnas que hago para la revista Culturamas y espero que los internautas también. Ese Roger al final va a acabar rebelándose. Y no tardando. “La que nos espera” fue un título que surgió por pura casualidad –lo cual es buen síntoma- y que ha terminado siendo premonitorio. De todos modos, una cosa es el país real, palpable, fértil, trabajador, y otra muy distinta lo que dicen los mercados financieros. Y como nadie parece capaz de sujetar la avaricia de estos últimos, nos vemos en esta situación. Si la política no acaba imponiéndose a la economía, la que nos espera va a ser de aúpa. Nota al margen, la ceguera y el chantajismo de la señora Merkel no ayudan precisamente. ¿No hay nadie que pueda pararle los pies?   
     -   ¿Tiene algún proyecto entre manos ahora mismo? Y lo pregunto mientras pienso en si volverá usted por mis tierras cántabras en caso afirmativo.
     - Tengo bastante avanzada mi próxima novela, que vive a caballo entre el pasado y el futuro. Y hasta ahí puedo leer. No está relacionada con Cantabria, aunque tengo un proyecto en mente desde hace mucho tiempo que acabará cristalizando algún día.
     - Y por último, no quiero desaprovechar la oportunidad de saber lo que está leyendo, tengo la idea de que se puede conocer un poco a una persona a través del libro que dejan posado en la mesilla de noche.
     - Anteayer terminé “Mi vida como hombre”, de Philip Roth. Que digan lo que quieran. La mayoría de las novelas estadounidenses que he leído no me han gustado. Creo que están sobrevaloradas, aunque me inclino ante algunos contorsionismos de Faulkner o, especialmente, ante los aciertos de Auster (genial “Mr. Vértigo”, por ejemplo). Pero por lo general, tengo la impresión de que en España, y también en Europa, se escribe mejor. O al menos yo lo siento más cercano. Como dato personal, añado que siento un tremendo repelús cuando los estadounidenses usan cursivas para resaltar palabras absolutamente normales. Una de dos, o no tienen fuerza para comunicar sin ese recurso o es que nos toman a los lectores por idiotas que necesitan esa clase de ayuda. En ambos caso, no lo soporto. Para compensar, ahora mismo tengo entre manos un pequeño pero interesante estudio titulado “Testimonios del Madrid medieval. El Madrid musulmán”.
     - Muchas gracias por dejar que nos asomemos un poco al otro lado del libro para conocer al autor. Ha sido un verdadero placer.
     - Lo mismo digo, Silvia. Besos.

     Quería darle las gracias a Javier por su tiempo y amabilidad, y, como no, a todos vosotros por pasar por aquí a dejar vuestras impresiones y opiniones.

     Bibliografía:
     - El último soldurio
     - Las guardianas del tabú
     - El error azul