sábado, 13 de diciembre de 2014

Leído este año




     "Me gusta extraviarme de mi mismo a través de otras mentes: cuando no estoy pensando estoy leyendo. Soy incapaz de sentarme a pensar, los libros piensan por mi."
     Charles Lamb

     En estas fechas parece que lo que toca es hacer un recuento de las lecturas anuales. Si tuviera que decir un nombre que me ha causado un impacto con sus letras, seguramente no lo dudaría más de unos segundos: Carlos Castán y La mala luz. Pocas veces se encuentra una con un libro de un estilo tan depurado y magnético como el que me atrapó este verano, sin dejarme salir de sus frases que profundizaban en una hermosa superficie repleta de soledad. Pero no ha sido el único, ni mucho menos. Hace no demasiado me dejé llevar por las dos historias que comparten Secretos del Arenal, otra novela en la que destaca el cuidado uso del lenguaje que hace su autor, Félix G. Modroño, en ambas historias. Y si se trata de dos historias en una novela, no puedo dejar de hablar de Antonio Muñoz Molina, que acaba de darme la alegría de publicar Como la sombra que se va, un libro en el que ha recuperado ese tono que hizo que lo colocara como un imprescindible entre mis lecturas. Una historia sobre dos vidas y una ciudad que a grandes ratos parece susurrarse al lector, como si fuera dirigida personalmente a cada par de ojos que se posan en ella. También Víctor del Árbol nos enseñó este año lo que era Un millón de gotas en el mundo, con una historia que encogía el alma, una vez más, como si supiera que botón pulsar en sus lectores. Y si hablo de relatos, tengo que citar Niños en el tiempo, de Ricardo Menéndez Salmón, una novela estructurada en relatos o tres relatos que acaban componiendo la historia completa de una novela, que me fascinaron tanto como el título que lleva la obra. Parece que todo son lecturas pausadas, pero también estuvo El hombre de la máscara de espejos, demostrando que tenemos novela negra por descubrir dentro de nuestras fronteras.

     Pero no todo ha sido dentro de nuestras fronteras. Richard Ford me llevó a Canadá en una de las mejores lecturas del año, y eso que la realicé en enero creo recordar. Lolito, de un jovencísimo Ben Brooks, nos enseñó el sabor amargo del Nesquik de fresa y La muerte del padre fue purgando el dolor de la ausencia de una figura que ya parecía ausente antes de irse. Aunque para ausencias, el ataúd de papel construido por Delphine de Vigan para presentarnos a su madre en Nada se opone a la noche. Aprendimos también que la forma es parte de la historia con La casa de hojas, un libro que se auto reivindica como objeto además de como lectura, y nos enseña monstruos que se esconden en espacios que no existen. Monstruos que pueden ser humanos y participar en el Ritual de Pinner.
     Pero no son todo monstruos, no. Cartas de amor de Dylan Thomas llegó para hacerme recordar los tiempos en que las misivas iban con sello atesorando sentimientos tan contradictorios como arrolladores: pasiones del cuerpo, del alma... Y si hablamos de pasiones, conocidas son las mías por David Foster Wallace y Thomas Pynchon, así que no pude resistirme a traer a mi casa Esto es agua y conocer las palabras de Wallace apenas tres años antes de su muerte prematura. Como tampoco me resistí Al límite de Pynchon junto a Maxine Tarnow.

      Tantos libros han pasado por mis manos que estoy segura de olvidar al menos una docena de ellos. Aunque recuerdo El nadador en el mar secreto y su tremenda historia que, exenta de sentimentalismos baratos, remueve al lector en apenas un puñado de páginas. O Ubik, y su relato imposible de un término aplicable a todo o tal vez a nada.
     Tantas historias, tantos libros, tantos personajes que logran conmovernos, provocar nuestro odio o desdén, cansarnos, alegrarnos... alguno incluso enamorarnos.

     Para un lector, cada año se escribe con la tinta de los libros que pasaron por sus manos, con las palabras que lograron conmoverlo por el momento en que fueron elegidas, con los sentimientos que asociaron a ellas. Porque el diario de un lector empedernido, no lo dudemos, podría escribirse perfectamente a partir de sus filias y sus fobias. Así que cuidado con vuestra respuesta hoy, porque mi pregunta pretende desnudar esa pequeña parte de vosotros que queda escondida tras las cubiertas de un libro.

     ¿Podéis decirme el título de alguna lectura que haya marcado este 2014?
 
     Gracias

jueves, 11 de diciembre de 2014

Como la sombra que se va. Antonio Muñoz Molina




     "El miedo me ha despertado en el interior de la conciencia de otro; el miedo y la intoxicación de las lecturas y la búsqueda. Ha sido como abrir los ojos en una habitación que no es la misma en la que me quedé dormido. En el despertar duraba todavía el pánico del sueño. Yo había cometido un delito o estaba siendo perseguido a pesar de mi inocencia. Alguien apuntaba hacia mí una pistola y yo estaba paralizado y no podía defenderme ni huir. Antes de que termine de disolverse la consciencia ya está empezando a urdir sus historias y sus decorados el novelista secreto que cada uno lleva dentro."

     Suelo contar en este punto la forma en que llego a un libro. Esta vez es fácil: llego al libro porque anuncian su salida. Llevo años siguiendo la estela de las letras de Antonio Muñoz Molina, así que estaba claro que este libro no tardaría en venirse conmigo, y tampoco en acompañarme durante horas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Como la sombra que se va.

     El libro tiene dos hilos perfectamente diferenciados que se van alternando. En uno conocemos a Antonio Muñoz Molina en su viaje a Lisboa en lo que sería el proceso de creación de El invierno en Lisboa. En el otro conocemos la estancia en Lisboa de James Earl Ray, asesino de Martin Luther King, narrada en tercera persona, mientras lo acompañamos en sus paseos y recuerdos recogiendo retazos de la vida de este hombre.

     Dice Muñoz Molina en este libro que Cada comienzo es un érase una vez y el principio del Génesis, el primer verso de la Iliada o del Lazarillo de Tormes o Moby Dick. Y, si hablamos de principios, cuando me sumergí en las primeras palabras de esta obra, en ese territorio casi onírico, tengo que reconocer que me sentí en casa.  Ese tono privado, reflexivo, pausado.. estaba ahí, esperando a que lo leyera. Y es que, soy consciente, de que esta vez puedo no ser objetiva del todo.

    AMM se embarca en la difícil tarea de escribir una novela con dos historias. Ya he comentado en más de una ocasión que lo más complicado en estos casos es mantener el interés del lector en ambas partes por igual, no dejar que una sea protagonista y la otra un simple material accesorio. O, al menos, no permitir que suceda eso en la mente de quien lee. El nexo de ambas historias es, en un principio, la ciudad de Lisboa. Un lugar en el que un asesino pasa unos días y al que, años después, viaja un joven funcionario que llegará a ser un escritor famoso. Pero más allá de lo superficial, ambos personajes se desnudan desvelando temores y zonas en las que vagan, perdidos. Y es ese tono confidencial, mucho más acusado en la parte que AMM habla de su propia historia, la que otorga un nexo a ambas partes, una continuidad en formas.

     Cuando hablamos de James Earl hay que recordar que es una ficción novelada, con una documentación tremenda que se ve casi en cada palabra, pero ficción. Crea un personaje que, además de terrible por el asesinato cometido, nos llega con un halo de inseguridad tal vez premeditada en cada paso y con el regalo de un retrato de la víctima que me dejó  con la boca abierta.
     La parte en la que habla de sí mismo es mucho más personal, como si hubiera hecho una purga en las páginas del libro relatando sensaciones y sentimientos de aquella época con la sabiduría que otorga volver la vista atrás pasados los años. Decir que se embarca en el terreno de la metaliteratura sería hacer una lectura demasiado inexacta por lo superficial. Más que la construcción de la novela, vemos la construcción, o al menos los comienzos, del escritor que hoy es convirtiéndose para ello en el narrador improvisado de Gatsby que nos deja constancia de su propia vida, observándose.
     Es evidente, me ha gustado más este segundo hilo. Pero eso ya es una cuestión personal.
   
     Como la sombra que se va es una novela para leer con calma, disfrutando de las palabras y los momentos que atesora. Para dejarse llevar y conocer al hombre que cometió uno de los asesinatos más famosos de la historia de los Estados Unidos. Y también para conocer al autor que deja una parte de sí mismo en la novela.
     Un título más que recomendable, casi necesario. Como lo es acercarse a cualquiera de las obras de Antonio Muñoz Molina.

     Y vosotros, ¿hay algún escritor del que seáis lectores incondicionales?

     Gracias

     Mis días son como la sombra que se va
y yo como la hierba que se ha secado

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Manos sucias. Carlos Quílez


     "-Señoría, como ya le adelantó el director general por teléfono, todo nace de la denuncia de la secretaria. -El inspector se detuvo unos instantes mientras echaba mano a unos documentos que llevaba en una cartera de piel y que acabó entregando al fiscal-. Es una historia muy larga y lo que seguro que a usted de interesa, señoría, está en la última parte de este informe que hemos...
     - Me interesa todo, inspector -interrumpió Ridruejo con ademán refinado-. Todo. Esta fiscalía tiene que saberlo todo y para ello disponemos del tiempo que sea necesario. Así que explíquese."

     "Una novela sobre la corrupción que se parece demasiado a la realidad" reza en la cubierta de este libro. Y eso me llamó la atención junto al espectacular diseño. Y por eso es, que hoy traigo a mi estantería virtual, Manos sucias.

     Conocemos a Patricia, redactora del diario Informaciones y a Andreu, inspector de los Mossos d'Esquadra. Junto a ellos y a partir de un caso mínimo, veremos como se destapa una red de corrupción cuyos tentáculos amenazan con llegar hasta las más altas esferas.

     Vista esta brevísima sinopsis está claro que a todos nos suena la historia. Y es que, si la novela se ha utilizado muchas veces para hacer denuncia de situaciones sociales (particularmente la novela negra), Carlos Quílez utiliza este título prácticamente como un arma arrojadiza que muchas veces ni siquiera trata de enmascarar.
     Doscientas cincuenta páginas en las que abrimos la historia con un alcalde cuyas mariscadas salen de los fondos públicos. Tirando de este hilo, descubriremos que no son sólo mariscadas lo que el alcalde saca para su propio beneficio y la palabra "mafia" no tarda en asomar. Empresas, bienes escondidos, cuentas en otros países, nada escapa a la avaricia de algunos. Y tampoco a los ojos del autor de la novela que no duda en hablar de temas candentes poniendo nombres a algunos de sus personajes que nos sacan una sonrisa (cómo no sonreír si el tesorero del partido gobernante se llama Cérdenas) o exponiendo las bandas que asaltan en casas por la costa mientras sus inquilinos están dentro. Como podéis ver, no falta de nada en esta novela que, no debemos olvidar, es ficción.

     Lo cierto es que tras habituarnos a los nombres y colocarnos en situación, es una historia fácil de seguir. Con una primera parte más explicativa, el autor no duda en empujarnos hacia una segunda repleta de datos y movimientos en los que pronto estamos intentando ver el final. Posiblemente, además, estamos buscando un final que nos deje más conformes que la realidad, agarrándonos ahora sí, al término ficción para que, por lo menos en la novela, se ponga a cada uno en su justo lugar. Por supuesto, no os diré si eso sucede así, pero si que el final pone un muy buen broche a la historia y que el libro se cierra con una preciosa y personalísima dedicatoria.

     Manos sucias es una novela en la que destaca la labor documental, lo que provoca que olvidemos que estamos ante una novela y miremos la realidad pensando que, apenas cambiando unas pocas letras, bien podíamos estar ante un periódico cualquiera. Es una apuesta valiente, ya que incluso sin ser lectores de la prensa política, no tenemos dudas respecto a lo que Guílez nos cuenta de forma frontal y sin tapujos. Y, por supuesto, es una novela: es decir, tiene una trama entretenida y unos personajes definidos que, como el el caso de las curiosas conversaciones entre Patricia y su becaria, nos sacarán la sonrisa.

     Es mi segunda novela de CarlosQuílez, y llegados a este punto os diré que es la tercera que comparte personajes sin que eso signifique que haya que leer las anteriores en absoluto, y pienso repetir. Me ha gustado.

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos esta semana corta?

     Gracias

viernes, 5 de diciembre de 2014

El nadador. Joakim Zander




     "Cada vez que te tengo en mis brazos es la última vez. Lo he sabido desde el primer día. Y cuando volviste, y yo cogí el bebé con manos insomnes, en lo único en lo que podía pensar era en que esa sería la última vez que lo tenía en mi regazo.
     Me miras, ojos purificantes como una promesa de lluvia, y yo sé que tú sabes. Que lo llevas sabiendo el mismo tiempo que yo. Mi traición, ahora, en este mismo instante, tan próxima que ambos percibimos su aliento hediondo, sus latidos, el ritmo irregular de su corazón."

     Hace unos meses se veía esta novela por todas partes. Un debut verdaderamente sonoro el protagonizado por el autor. Por eso decidí darle un tiempo al título, para poder leerlo sin ir pensando en lo que habían dicho de tal o cual parte los anteriores lectores. Pero la curiosidad por esta novela seguía ahí, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El nadador.

     Nos encontramos en Damasco, en el año 1980. En este lugar una explosión mata a una mujer y deja a un agente estadounidense con un bebé. De este hilo saltamos a uno más actual, en el que un joven, Mahmoud, que se encuentra realizando su tesis sobre la privatización de la guerra verá comprometida su seguridad, comenzando una huida en la que se verá arrastrada una mujer íntimamente relacionada con él, Klara Walldéen.

     La historia, articulada en un principio en torno a estos tres personajes, bebe más de la novela norteamericana que de la nórdica. Construye una historia de espías en la que se habla de temas actuales cuyo punto álgido se encuentra hacia mitad de la historia, momento en el que uno de los personajes se perfila como principal. Narrada a dos voces, he de reconocer que me he sentido mucho más atraída por la voz de El nadador, ese hombre que reflexiona en primera persona contándole a una mujer su vida, recordando, reflexionando... Un hombre al que parece quedarle como equilibrio la natación (de ahí el título).
     Zander, pese a ser su primera novela, se mueve con agilidad entre las historias y los saltos temporales, procurando en todo momento que el lector no se pierda y que la narración le resulte atractiva y fluída, con una buena ambientación y un conjunto de secundarios que ayudan a dar credibilidad a la trama.

     Resulta fácil dejarse llevar por esta historia buscando los puntos de conexión y pasar unas cuantas tardes desentrañando una trama que no da giros bruscos pero sí mantiene pegado a sus hojas. La curiosidad por la forma en que irán encajando las historias de los protagonistas nos lleva a querer saber más hasta llegar a un final que, tengo que reconocerlo, me ha resultado un tanto descafeinado. Sin embargo, quizás porque ya iba advertida, no ha empañado una novela que en conjunto es entretenida y recomendable para estos días en los que el invierno invita a quedarse en casa bajo una manta, escuchando la lluvia.

     Quizás sea yo que estoy desconectada, pero tengo la sensación de que la novela negra ha empujado a un lado a los espías sustituyéndolos por detectives en el panorama literario. Así que decidme, ¿sois lectores de novelas de espionaje?

     Gracias

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Bibliomanía y otras obras de juventud. Gustave Flaubert




     "En una calle de Barcelona, estrecha y sin sol, vivía, hace poco tiempo, uno de esos hombres de aspecto pálido, sin brillo en los ojos, vacío, uno de esos seres satánicos y extraños como los que Hoffman desenterraba en sus sueños."

     Muchas veces los nombres más clásicos nos sorprenden con historias que se salen totalmente del concepto en el que teníamos a ese escritor. Esto suele suceder porque los encasillamos en un título o estilo y no seguimos investigando, de tal modo que cuando lo hacemos, es casi un redescubrimiento. Y es justo por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Bibliomanía y otras obras de juventud.

     Este libro, escrito por Flaubert en su juventud, consta de cuatro relatos. En ellos nos demuestra que, pese a ser considerado un maestro del realismo, en su adolescencia coqueteó con la fantasía, al igual que muchos otros autores. Nos hablará para ellos de crímenes, demonios y tristezas.

     Como comentaba en el párrafo anterior, el libro consta de cuatro historias. Bibliomanía, que es la que da nombre al volumen, nos habla de la obsesión por los libros, por la posesión, que puede llegar a hacer perder la cabeza a su protagonista conduciéndolo a un fatal desenlace. A esta le sigue Quidquid volueris, un relato que me ha gustado particularmente por lo transgresor de la trama. Un hombre con una posición se permite jugar a ser Dios sin saber que puede acabar pagando las consecuencias de su juego de manos de su propia creación. Compone un cuadro realmente terrible, partiendo de la desgracia no pedida de su protagonista; existir. Los acróbatas cuenta la vida de una familia caída en desgracia, centrándose en la fea esposa. Y, por último nos encontramos con Sueño infernal; aquí el autor desciende directamente a hablar con demonios y presentarnos a un hombre sin alma.

     Flaubert ya hace gala en estos relatos de lo que luego será su forma de escribir. Se empieza a ver su trato con los personajes, ese toque que escandalizaría al una sociedad en Madame Bovary, aunque en este libro se le vea más libre a la hora de meterse en esos temas. Se aprecia también, y esto es en gran medida gracias a la traducción, ese gusto por el perfeccionismo que le hacía depurar las frases hasta la exactitud. Más aún en los relatos, que por su limitada extensión no pueden perderse en florituras. Así que es normal que nos demos cuenta de que cada frase, va dirigida a un desenlace, conduce tanto a sus protagonistas como al lector a dicho final empujándolos levemente en el discurrir de las historias. Quizás en el segundo relato sea en el que más se note, ya que podemos ver como se va centrando cada vez más en un personaje que acabará siendo protagonista de la historia.

     Muchas veces los clásicos nos intimidan. Ya sea por el volumen de su obra o por la fama que lleva detrás un determinado título y que pesa más que las páginas que lo forman. Por eso viene bien valorar otras opciones, sobre todo antes de descartar acercarnos a algunos escritores imprescindibles en la historia de la literatura. En mi caso, y dependiendo del nombre, me gusta leer algo más de estos autores, buscando, tal vez, títulos menos conocidos. Además en este caso Flaubert nos demuestra que escribir libros sobre libros no es una moda actual, ya él se sintió atraído por el tema en su adolescencia y volvería a tratar el tema de la lectura en su obra cumbre.
     
     Hoy traigo un libro con cuatro relatos a los que se les da la extensión justa como para que los no aficionados al género se sientan cómodos al no resultar escuetos. Una muy buena opción tanto como primer acercamiento, como para los que ya conocemos la pluma del autor. Totalmente recomendable, no me cabe duda.

     Y vosotros, ¿hay alguna obra o autor clásicos que os intimiden? Cada vez que alguien diga Ulises... iba a decir chupito, pero no, que veo que acabamos todos mal.

     Gracias

martes, 2 de diciembre de 2014

El monstruo de Hawkline. Richard Brautigan



     "Estaban agazapados con sus rifles en el piñal, observando como un hombre enseñaba a montar a caballo a su hijo. Era el verano de 1902 en Hawai.
     Llevaban mucho rato sin decir nada. Simplemente permanecían al acecho observando al hombre, al muchacho y al caballo. Lo que veían no les hacía muy felices.
     - No puedo hacerlo -dijo Greer."

     Mi aventura con esta novela comienza leyendo a Mónica. Los motivos y explicaciones que daba sobre este curioso título me llamaron tanto la atención que no pude evitar ir a buscarlo. No solo eso, sino que rápidamente se convirtió en mi lectura y, apenas unos días después de tenerlo en casa, me descubrí parada en mitad de un paso de cebra riendo con el libro abierto. Pero tenéis que entenderme, eran dos vaqueros en Hawai.. ¡entre piñas! Con semejante comienzo, no es de extrañar que hoy traiga a mi estantería virtual, El monstruo de Hawkline.

     Estamos a principios del siglo pasado y conocemos a Cameron y a Greer, dos pistoleros que son contratados por una niña. La niña llega a buscarlos desde un lugar lejano y los acompaña a casa de la señorita Hawkline. Allí se encuentran con una casa en la que hace un frío helador, un mayordomo demasiado alto, grutas de hielo bajo la casa y una mujer tan extraña pero hermosa. Lo único que falta es conocer el encargo: matar al monstruo que vive bajo la casa.

     Por mucho que se diga de este libro es difícil estar preparado para lo que uno se encuentra al leerlo. Doy fe. El autor concibe la novela en pequeños capítulos que están articulados casi como si fueran relatos correlativos, ya que todos son importantes. Desde el piñal por el que se arrastran sintiéndose ridículos e incapaces de cumplir con un encargo, hasta el viaje acompañados de la extraña niña en el que descubriremos la manía de uno de ellos por contar cualquier cosa, todos los capítulos se nos antojan necesarios e imprescindibles para poder completar la sensación de absurda coherencia que desprende este título. Brautigan juega a los imposibles y nos convence de que pueden existir maldiciones y monstruos a los que matar. Nos conduce para ello a una mansión helada, en la que las conversaciones se dispersan y la gente se desnuda para acabar teniendo sexo en los momentos más insospechados; una casa en la que se oyen ruidos extraños y cuyo dueño ha desaparecido; una casa, en definitiva, que juega a ser La Casa Encantada para divertimento del lector. Porque, si algo puedo asegurar, es que esta es una historia divertida.

     Resulta llamativo, una vez terminado el libro, reparar en la cantidad de cosas que se podrían contar de una historia que no se caracteriza precisamente por su extensión. El autor maneja una prosa sencilla y un vocabulario accesible, de tal modo que en una o dos tardes podemos finalizar sin esfuerzo alguno la novela. Pero cuando vamos a comentarla, nos damos cuenta de que la novela está tejida con un hilo formado por mil anécdotas que nos apetece resaltar (de hecho yo estoy pensando ahora mismo en qué momento puedo contar que el padre de la señorita Hawkline trabajó en Harvard hasta que un experimento suyo se comió a un perro).

     "Un western gótico" dice la cubierta del libro. No lo tengo claro, la verdad. En realidad me parece una historia difícil de etiquetar, tal vez inclasificable. Lo más cercano que os podría decir es que experimentéis, que el resultado, sin parecerme excepcional, sí que es brillante. Porque si en un libro todo es posible, Brautigan se encarga de hacer suyo ese dicho y trasladarlo al papel, dejando luego al lector la tarea de explicar lo que ha leído.

     Una novela a la que todo el mundo debería de acercarse. O por lo menos a abrirla y leer la primera página antes de descartarla. Yo he disfrutado con el descubrimiento.

     Por cierto, que no os he preguntado, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

lunes, 1 de diciembre de 2014

No he hecho los deberes porque... Davide Cali. Benjamin Chaud


     "- Así que... dime, ¿por qué no has hecho los deberes?
     - No he hecho los deberes porque...
       Un avión lleno de monos aterrizó en nuestro jardín..."

     Los niños son los primeros lectores. Tal vez no lo recordamos, pero nosotros también fuimos niños, y nos regalaban libros que no siempre nos gustaban. Por eso es importante buscar libros divertidos que les atraigan, y precisamente ese es el motivo de que hoy traiga a mi estantería virtual, No he hecho los deberes porque...


     En este libro ilustrado conoceremos las imaginativas excusas que da un niño a su profesora por no haber hecho los deberes. Veremos hermanos convertidos en monstruos, perros que comen perros que comen deberes o extrañas invasiones. Y también un final con un divertidísimo guiño metaliterario muy sencillo pero que les dejará con la boca abierta.

     En estas fechas que se aproximan, casi todos tenemos un regalo que comprar. Por eso me he decidido a traer este libro (por eso y porque el otro día en la librería vi a un niño que se reía y le contaba a un adulto la historia). Es justo así como tiene que ser. Muchas veces, cuando regalamos libros a los más pequeños, buscamos los que nos parecen bonitos a nosotros, sin tener en  cuenta que ya no tenemos cercana esa edad, y luego no entendemos el fracaso. Eso es lo que me ha gustado más del título que hoy os traigo:se trata de un libro cortito con una encuadernación preparada para resistir y con unas ilustraciones francamente llamativas que mantienen una armonía en los colores más que agradable... y además es un libro francamente divertido que parte de un clásico para los más pequeños de la casa: "No he hecho los deberes porque"
Y automáticamente todos pensamos en el perro que se los come. Pues incluso a esta escusa le da un toque imaginativo, porque si algo derrocha el libro es imaginación.

     Y, por supuesto, no os perdáis el final. Porque la guinda viene al final, cuando incluso a los adultos se nos escapa una sonrisa ante la pequeña sorpresa que nos aguarda.

     Terminada la lectura, os dejaré un pequeño aviso: el uso de cualquier excusa de las que aparecen bajo este libro será responsabilidad de quien la utilice. La credibilidad de cualquiera de ellas dependerá de la imaginación de quien las reciba. No se recomienda manejar más de una excusa al día, ya que existe peligro de reacciones adversas en el oyente. Los efectos secundarios van de la sonrisa a la carcajada pasando por la incredulidad y, en el 100% de los casos, se garantiza un rato de diversión.

     Y vosotros, ¿os gusta regalar libros a los más pequeños?

     Gracias