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miércoles, 3 de diciembre de 2014
Bibliomanía y otras obras de juventud. Gustave Flaubert
"En una calle de Barcelona, estrecha y sin sol, vivía, hace poco tiempo, uno de esos hombres de aspecto pálido, sin brillo en los ojos, vacío, uno de esos seres satánicos y extraños como los que Hoffman desenterraba en sus sueños."
Muchas veces los nombres más clásicos nos sorprenden con historias que se salen totalmente del concepto en el que teníamos a ese escritor. Esto suele suceder porque los encasillamos en un título o estilo y no seguimos investigando, de tal modo que cuando lo hacemos, es casi un redescubrimiento. Y es justo por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Bibliomanía y otras obras de juventud.
Este libro, escrito por Flaubert en su juventud, consta de cuatro relatos. En ellos nos demuestra que, pese a ser considerado un maestro del realismo, en su adolescencia coqueteó con la fantasía, al igual que muchos otros autores. Nos hablará para ellos de crímenes, demonios y tristezas.
Como comentaba en el párrafo anterior, el libro consta de cuatro historias. Bibliomanía, que es la que da nombre al volumen, nos habla de la obsesión por los libros, por la posesión, que puede llegar a hacer perder la cabeza a su protagonista conduciéndolo a un fatal desenlace. A esta le sigue Quidquid volueris, un relato que me ha gustado particularmente por lo transgresor de la trama. Un hombre con una posición se permite jugar a ser Dios sin saber que puede acabar pagando las consecuencias de su juego de manos de su propia creación. Compone un cuadro realmente terrible, partiendo de la desgracia no pedida de su protagonista; existir. Los acróbatas cuenta la vida de una familia caída en desgracia, centrándose en la fea esposa. Y, por último nos encontramos con Sueño infernal; aquí el autor desciende directamente a hablar con demonios y presentarnos a un hombre sin alma.
Flaubert ya hace gala en estos relatos de lo que luego será su forma de escribir. Se empieza a ver su trato con los personajes, ese toque que escandalizaría al una sociedad en Madame Bovary, aunque en este libro se le vea más libre a la hora de meterse en esos temas. Se aprecia también, y esto es en gran medida gracias a la traducción, ese gusto por el perfeccionismo que le hacía depurar las frases hasta la exactitud. Más aún en los relatos, que por su limitada extensión no pueden perderse en florituras. Así que es normal que nos demos cuenta de que cada frase, va dirigida a un desenlace, conduce tanto a sus protagonistas como al lector a dicho final empujándolos levemente en el discurrir de las historias. Quizás en el segundo relato sea en el que más se note, ya que podemos ver como se va centrando cada vez más en un personaje que acabará siendo protagonista de la historia.
Muchas veces los clásicos nos intimidan. Ya sea por el volumen de su obra o por la fama que lleva detrás un determinado título y que pesa más que las páginas que lo forman. Por eso viene bien valorar otras opciones, sobre todo antes de descartar acercarnos a algunos escritores imprescindibles en la historia de la literatura. En mi caso, y dependiendo del nombre, me gusta leer algo más de estos autores, buscando, tal vez, títulos menos conocidos. Además en este caso Flaubert nos demuestra que escribir libros sobre libros no es una moda actual, ya él se sintió atraído por el tema en su adolescencia y volvería a tratar el tema de la lectura en su obra cumbre.
Hoy traigo un libro con cuatro relatos a los que se les da la extensión justa como para que los no aficionados al género se sientan cómodos al no resultar escuetos. Una muy buena opción tanto como primer acercamiento, como para los que ya conocemos la pluma del autor. Totalmente recomendable, no me cabe duda.
Y vosotros, ¿hay alguna obra o autor clásicos que os intimiden? Cada vez que alguien diga Ulises... iba a decir chupito, pero no, que veo que acabamos todos mal.
Gracias
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miércoles, 30 de enero de 2013
Madame Bovary. Gustave Flaubert
"Emma, que le daba el brazo, se apoyaba un poco sobre su hombro, y miraba el disco del sol que irradiaba a lo lejos, en la bruma, su palidez deslumbrante; pero volvió la cabeza. Charles estaba allí. Llevaba la gorra hundida hasta las dejas, y sus gruesos labios temblequeaban, lo cual añadía a su cara algo de estúpido: su espalda incluso, su espalda tranquila resultaba irritante a la vista, y Emma veía aparecer sobre la levita toda la simpleza del personaje. Mientras que ella lo contemplaba, gozando así en su irritación de una especie de voluptuosidad depravada, León se adelantó un paso."
Hoy traigo un libro que tardé mucho tiempo en leer. Me enfrasqué más en la historia que lo rodeaba que en el propio título en sí, ya que pertenece a esa categoría tan intimidante de "clásicos imprescindibles" en la que me da miedo tropezar y más aún hablar de ellos puesto que estoy segura que ya se ha dicho todo y por personas mejor capacitadas que yo. Aún así, hoy traigo por tanto a mi estantería virtual Madame Bovary.
Conocemos a Emma, una mujer joven y tan hermosa como caprichosa que sólo conoce el amor por las novelas románticas. Cuando se casa con un médico viudo descubre que la vida no es como en las novelas y se siente aburrida hasta el extremo junto a ese hombre. Tienen una hija, y Emma sigue bajo el peso de una vida gris que la llevará a buscar amantes buscando la satisfacción y la aventura.
Madame Bovary comenzó a escribirse en el año 1851 y no se terminaría y publicaría hasta seis años después. Su autor afirmó en su día que él era Bovary, supongo que por rebelde y apasionado o tal vez porque todos los protagonistas tienen siempre una mínima parte del corazón de quienes los crearon. Sin embargo también negó serlo en más de una ocasión, supongo que por las consecuencias que le supuso crear este personaje. Una vez salió el libro a la venta, se levantó una gran polémica en torno a su temática y protagonista y Flaubert fue acusado de inmoralidad... y procesado, algo que en aquel momento, lejos de aumentar el interés por el título como sucedería hoy en día, lo que hizo fue apartarlo.
No es ni tampoco será el último libro que trate el tema del adulterio. Pero en aquella época, la representación de la pequeña burguesía a través de los ojos y actos de su protagonista fue lo que causó el revuelo. La insatisfacción de su protagonista, su egoismo, su dejadez ante su propia hija... todo eso hace que el lector reaccione profundamente ante ella. Y es que los personajes muchas veces, dependen de cómo se les mire, o de la versión que nos enseñen su propios autores, nos hace posicionarnos junto a ellos o de frente. Y en este caso la heroína rebelde e inconformista que se ve apresada por las reglas de la época, esa que tan bien conocemos en la literatura, termina por molestar y donde había rebeldía vemos capricho. Pero no contento con eso, no le pone las cosas fáciles a Emma, sino que no la deja encontrar lo que busca y la vemos desesperarse y nuestros sentimientos vuelven a girar para empezar a sentir incluso lástima por esta hermosa mujer. A fin de cuentas, Emma si que sabe lo que quiere, y a quien quiere... lo que nos permite acompañarla en su camino y observar lo que provoca a su alrededor con sus actos, y también lo que se va ocasionando a sí misma.
Tengo que decir que la novela me gustó y mucho. Unos personajes a los que llegué a conocer y por los que sentí cariño y me dio pena despedirme de ellos y unas descripciones que me situaban perfectamente en cada lugar, hicieron que en muchos momentos tuviera la sensación de estar allí como observadora privilegiada. Y también me gustó la historia. Mucho. Porque me hacía reaccionar a cada página, porque no era una historia habitual y, una vez situada históricamente, es toda una aventura acompañar a esta mujer que decidió luchar sabiendo lo que quería hasta sus últimas consecuencias... o tal vez simplemente usó el engaño y la mentira para intentar conseguir lo que quería. Yo tengo muy clara mi interpretación, pero en este tipo de novelas que generan reacciones tan radicales, prefiero no darla de forma tajante para que, quien no la haya leído, llegue sin predisposiciones. Y a poder ser la comparta, claro.
Hoy traje un clásico imprescindible, no sólo por la etiqueta que otros le pusieron, sino porque lo disfruté. Una historia que tiene amor, infidelidad, pasión, mentiras, violencia, más pasión... ingredientes imprescindibles para muchos, a la hora de enfrascarse en una lectura. Y vosotros, ¿cuáles creéis que son los ingredientes imprescindibles de una novela para manteneros pegados a ella?
Gracias
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