martes, 1 de marzo de 2016
La última salida. Federico Axat
"Ted McKay estaba a punto de pegarse un tiro en la sien cuando el timbre de su casa empezó a sonar con insistencia."
Hay veces en las que uno tiene ganas de que salga un libro, y lo marca en el calendario y lo espera mirando como si de ese modo los días pasaran antes. Otras en cambio uno lee el libro y no puede comentarlo, porque otros no lo han leído y, apenas pasadas unas páginas, se da cuenta de que es uno de esos libros que se disfrutan dos veces... siempre y cuando no cuente nada de la trama a quien lo lee detrás. Entonces empieza otra espera, la segunda, la que viene detrás de la fecha de salida y que es aún peor porque no puedes adelantar lo que pasará en la siguiente página o el capítulo que va después. Eso es justo lo que pasa con el libro que hoy traigo a mie stantería virtual. Hoy traigo, La última salida.
Cuando conocemos a Ted, un hombre con una buena posición y una familia que nos harían pensar que es feliz, está con una pistola apuntando a su cabeza. Ted ha decidido suicidarse; está solo en casa y tiene todo previsto. Todo excepto que llamen a su puerta interrumpiendo ese momento al que tantas vueltas ha dado planeándolo. "Abre la puerta. Es tu última salida" le dicen desde el otro lado. Ted nervioso ante la insistencia y el tono en que le habla quien quiera que esté al otro lado, decide abrir la puerta, y con ella, la caja de pandora.
A partir de aquí, hay libros que se cuentan por sus letras y otros por sus sensaciones. En este caso, y evitando desvelar ningún apunte de su trama, prefiero decantarme por lo segundo.
Axat ha conseguido un libro que destaca por su atmósfera angustiosa. Una atmósfera que se cierne más sobre el lector que sobre el protagonista, que será manejado por un narrador cuya fiabilidad será puesta a prueba una y otra vez. Descripciones precisas, con una extensión medida a fuego, acompañarán a una acción tensa que no necesita de grandes carreras para llevarnos página tras página necesitando saber en qué tipo de laberinto nos ha introducido el autor. Y es justo en este punto en el que necesitamos comentar lo que sucede con otro lector, sabemos si somos nosotros los que tememos estar equivocados o si somos más listos que el propio protagonista, convirtiéndose este punto en la parte fuerte del libro: consigue involucrar al lector en una acción que traspasa las páginas de la historia para que nos preguntemos qué sucede.
Cuando hablamos de thriller, tengo bastante claro que hay dos tipos de libros: unos nos llevan volando intentando adivinar quién hizo qué, y nos dan vueltas en torno a tramas vertiginosas; otros en cambio nos hacen pensar en ellos incluso cuando no los tenemos delante, esos son los que nos obligan a seguir leyendo para pisar firme, para saberlo todo y no limitarnos a un único punto. Y los segundos son los que se disfrutan realmente, porque en ellos nos dejamos llevar hasta ser un peón más de una historia que llega a absorbernos. Y La última salida pertenece a este segundo tipo de libros. Esos en los que conocemos a los personajes por su nombre de pila y buscamos baja cada palabra una pista para avanzar una línea por delante. Personajes que son tratados sin piedad por su autor, que tampoco siente piedad ante un lector que, en muchos casos, se descubre sonriendo al descubrir una pista que había pasado por alto varios capítulos atrás. Habla el autor de laberintos, y es casi seguro la mejor definición para un libro en el que nos encontraremos un gran juego de espejos en el que nada es lo que parece, y en el que todo es, al mismo tiempo, tal y como hemos visto. Una trama llena de malabares que nos lleva a un final tan lógico como inesperado.
Hoy no me voy a limitar a recomendaros la lectura, hoy os voy a dar un consejo: esta vez tenéis que intentar ser los primeros en leerlo, aseguraros de que nadie os pueda estropear una sola línea, ni una sensación, ni una mueca de incredulidad o una sonrisa satisfecha al comprobar que todo encaja. Y cuando penséis que ya lo habéis leído y que todo está en su sitio, y que ya podréis cerrarlo tranquilos y dormir en paz o salir a tomar un café y retomar vuestras rutinas... Entonces leed el epílogo.
Y vosotros, ¿cuál es el último libro que os hizo contener la respiración?
Gracias
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lunes, 29 de febrero de 2016
Dark Water. Koji Suzuki
"Cada vez que su hijo venía con su familia desde Tokio a visitarla, Kayo sacaba a su nieta Yüko a dar un paseo por la mañana temprano. Siempre se dirigía al cabo Kannon, ubicado en el extremo oriental de la península de Miura. La distancia de tres kilómetros hasta el cabo era la justa para un buen paseo."
Hace tiempo vi una película de terror titulada Dark Water. No diré que fuera muy original en su argumento, pero me pareció muy efectiva en sus formas. Por eso, y tras haber leído The Ring del mismo autor, no pude resistirme a traer este libro. Hoy traigo a mi estantería virtual, Dark Water.
Dark Water es una antología de relatos de terror en la que se incluye el que da título a la película que os comentaba, y que coincide con el del volumen. En ellos encontramos una muestra perfecta del terror oriental, mucho menos sanguinario de lo que uno puede esperar en este tipo de libros.
Partiendo de situaciones normales, o cuanto menos de personas normales, Suzuki da paso a una sensación de desasosiego creciente en el lector al unir todos sus cuentos con el denominador acuático común. Nos encontraremos con barcos a la deriva y muertos que atormentan, niños ahogados, travesías de pesadilla y fenómenos inexplicables. Y agua. Mucho, mucho agua. Aguas estancadas, contaminadas, salvajes, aguas oscuras y frías, espectrales, malolientes o aguas vivas: aguas del grifo, de lluvia, en mares... terror líquido dirá el autor en un momento determinado. Y para cuando lo dice, lo entendemos perfectamente, porque hemos sido espectadores de lo que puede suceder. No en vano, casi todos hemos pensado alguna vez al ver una noticia o película, en la angustia que ha de suponer morir ahogado en un mar inmenso.
Con la aparición de la película The Ring, el terror oriental se puso ligeramente de moda, de una forma un tanto efímera que pasó al cabo de unos meses. En el caso de la literatura, sigue siendo un gran desconocido. Hay muchos escritores orientales que se van colando en las librerías con sus prosas líricas, casi preciosistas y sus argumentos pausados. Pero en el caso de la literatura de género parece costar un poco más que se hagan un hueco. Personalmente me gusta ir conociendo cada género, probar un poco con éste o aquel nombre para comparar en formas y tramas. Por eso me acerqué a sus letras.El resultado es satisfactorio, la narración se antoja más moderna que en otros géneros y, como siempre que leemos sobre cotidianidad, nos va dejando pinceladas de la vida diaria de una cultura tan diferente a la nuestra como desconocida. Además, y por ser relatos, es fácil combinarlo con cualquier otro libro.
Me ha gustado, y me gusta además la arriesgada apuesta literaria de esta editorial.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias
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jueves, 25 de febrero de 2016
La Reina de las Nieves. Michael Cunningham
"A Barrett Meeks se le apareció una luz celestial sobre Central Park, cuatro días después de que, una vez más, hubiese salido malparado de sus amores. No era, ni mucho menos, la primera vez que le daban la patada, pero sí la primera que se lo comunicaban con un mensaje de texto de cinco líneas, cuya quinta frase era un deseo formal y demoledor de buena suerte para el futuro, seguido de tres xxx minúsculas."
No sabría decir si fue la ilustración de la cubierta o la más que clara alusión a uno de mis cuentos favoritos lo que me hizo fijarme en este título. Pero me fijé en él y me lo terminé por llevar a casa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La Reina de las Nieves.
Conocemos a Barrett, un joven homosexual de mediana edad, exalumno de Yale que ha terminado siendo dependiente, cuando le deje su enésimo novio. Barrett camina por Central Park cuando una luz parece asomar del cielo y dirigirse a él, dejándolo perplejo, sin explicación posible. Conocemos también a su hermano Tyler, músico buscando una composición perfecta y ayudándose en las drogas para ello, y a su novia Beth, una mujer muy enferma. El grupo queda cerrado por otra mujer llamada Liz y el novio de ésta.
Cuatro personajes principales y un puñado de años serán los usados por Cunningham en su última novela para darnos un retrato melancólico de quien aún conserva la esperanza por que suceda algo. Aunque ese algo sea una luz celeste que no tiene explicación para un agnóstico. O una canción perfecta buscada al amparo de las drogas, no por lo que provocan, sino casi como ritual. Y lo hace en una ciudad con nieve, con esa quietud silenciosa que parece acompañar al manto blanco que otorga algo de mágico al paisaje que decora. Sumemos a eso dos hermanos y una esquirla de nieve y ya tenemos más que justificado el título de la novela.
Una novela que destaca sobre todo por su estilo y en la que el autor parece moverse alternando el campo secreto de cada personaje, sus misterios, su vida interior. La luz vista por Barret y cómo busca un significado para ella, el consumo de la también blanca como la nieve cocaína de su hermano, y Beth... A través de sus búsquedas, ya sea de amor o inspiración, de sus adicciones y secretos, el autor se abre para darnos una pequeña muestra de los deseos y problemas de la sociedad moderna ambientada con la Guerra de Irak de fondo. Personas normales, problemas normales, reflexiones... eso es lo que compone la novela de Cunningham. Y sin embargo podemos encontrarnos con ideas que nos dan para pensar deteniendo una lectura que mantiene un ritmo lento pero constante. Porque el autor ha concebido la historia para ser disfrutada y la estética es una de sus características más sobresalientes, el lirismo, el cuidado en la prosa... El buen hacer de quien sabe que escribe hermoso amparado en un cierto tono de melancolía.
La Reina de las Nieves es una novela hermosa, desde el título hasta sus formas en la que avanzamos por la historia sin tener del todo claro cómo va a decidir el autor poner punto final. El resultado es una buena novela que se disfruta con un placer posiblemente efímero, pero así son a fin de cuentas la mayor parte de los placeres de la vida. Buscaré más obras de Cunningham, no os quepa duda.
Y, debido al título de esta novela, hoy comenzaba hablando de cuentos y confesando cuál era mi cuento favorito, ese que uno recuerda cuando es ya adulto. Y vosotros, ¿recordáis cuál era vuestro cuento favorito?
Gracias
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martes, 23 de febrero de 2016
Como si no hubiera un mañana. Nieves Herrero
"El cielo estaba gris, encapotado, y la mañana de aquella incipiente primavera de 1953 amenazaba lluvia. El calendario, aunque acababa de cambiar de estación, no había estrenado todavía los primeros rayos de sol. Parecía que el invierno no quería irse en aquellos primeros meses del año en los que todo invitaba a pensar que lo peor de la posguerra había pasado ya."
Nieves Herrero fue de esos primeros periodistas mediáticos a los que todo el mundo era capaz de poner rostro. O, al menos, todos la identificaban como la chica rubia del programa de Jesús Hermida a quien dedica este último libro, muestra de la importancia que tuvo en su vida este hombre. Tras el éxito obtenido con Lo que escondían sus ojos, regresa a las librerías con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Hoy traigo, Como si no hubiera un mañana.
Ava Gardner aterriza en España tras el rodaje de Mogambo. Será en este viaje en el que conozca a Luis Miguel Dominguín un famoso torero del momento con el que tendrá una apasionada relación durante aproximadamente un par de años y que será, junto con el poso que les deja, el motivo del libro.
Nieves Herrero habla de una relación que fue sonada en el momento, tanto por lo liberal en idas y venidas, más pasión que amor, como por las personas que estaban implicadas. En unos años en los que la guerra aún se recordaba con demasiada nitidez, dos figuras que eran, no ya de una clase social superior que vivía cómodamente, sino casi de otro planeta para la población más humilde, se enamoraron. Ava Gardner, el animal más bello del mundo, esposa de un matrimonio en vías de fracaso con Frank Sinatra, tercero en discordia del que Nieves no se olvida, diosa del celuloide que no olvida sus orígenes de campo y mujer acostumbrada ahora a obtener privilegios y ser admirada. Y Luis Miguel Dominguín, torero en tierra de toros y perteneciente a familia de toreros elevado a la categoría de ídolo y con un poder que le hacía meritorio de cuanto se le ocurriera, ya fuera material o carnal. Una mirada que confirma la atracción y el comienzo de una historia que será aprovechada por la autora para hablarnos de esa otra sociedad que vivía ajena a las penurias, que se mantenía en un círculo cerrado y por la que vemos pasar a personajes famosos y conocidos por todos. Nos abre una ventana a un mundo vetado para la inmensa mayoría de los españoles y nos muestra una instantánea de cómo se vivía en él. Una dictadura vista desde una selecta sociedad que puede sorprender a algunos por no estar acostumbrados a verla tratada en la literatura. Y el Madrid de la época.
Al igual que en su anterior novela, Nieves convierte la historia en revista y mezcla ese periodismo meticuloso que siempre la caracterizó, con las sensaciones y descripciones de detalles que, a veces, pueden parecer propios de la prensa del corazón. No se deja caer en la tentación de convertir el libro en un folletín sobre un idilio, sino que aporta datos hasta rozar lo minucioso y dibuja a sus personajes de tal forma, que terminamos el libro creyendo haberlos conocido. La pasión por las estrellas de cine, el mundo del toreo, los círculos cerrados... nada escapa a la documentación que imagino interminable de la autora para que los lectores consigamos conocer perfectamente cada escena. Y todo ello lo completa con una serie de fotografías que se incluyen en la zona central del libro, completando así una edición francamente bonita y cuidada.
Como si no hubiera un mañana, así ha de vivir un torero que se juega la vida, así se siente, así se ama, y así se titula el último libro de Nieves Herrero. Una novela perfecta para quienes disfrutan con este tipo de historias.
Comentaba antes que su autora fue una figura mediática, periodista, muy conocida de la pequeña pantalla. Ahora parece que muchos son los que saltan de la pantalla a las páginas de los libros, y no añado aquí el término"periodistas", llenando las mesas de las librerías. Decidme, ¿vosotros juzgáis los libros de una forma diferente si sus autores pertenecen a este sector de estrellas mediatizadas?
Gracias
lunes, 22 de febrero de 2016
Elvira. Rubén Angulo Alba
"Abrí los ojos desmesuradamente.
Desorientación, la que sucede a una pesadilla retorcida.
Dolor."
Hace ya un tiempo que leí La escritura necesaria, del mismo autor, y percibí en ese libro un estilo depurado, contenido, propio de quien busca su camino entre sus propias obsesiones y placeres lectores. Me llamó poderosamente la atención y me dejó la curiosidad de seguir la pista de su autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Elvira.
Un hombre cualquiera, protagonista de esta historia, se ve atrapado bajo unos palés tras la hora de salida de sus compañeros de trabajo. Está en una zona vacía, en un sótano de un psiquiátrico, y será su voz la que escuchemos mientras pasa el tiempo entre miedo, dolor e incertidumbre sobre si conseguirá salir de allí.
Cada historia comienza y termina justo en el momento en que su autor lo decide. Eso es algo que he tenido siempre claro, aunque no haya estado de acuerdo en todas las ocasiones. En el caso de los libros breves, y Elvira apenas supera las cien páginas, este ejercicio ha de ser a la fuerza más complicado, por eso suelo fijarme precisamente en el movimiento que el autor pretende interpretar en sus letras, como si se tratara de música. Rubén elige un momento de dolor, incertidumbre y soledad para su protagonista. De algún modo lo abandona, dejándolo a merced del silencio y la angustia para aprovecharse de sus reflexiones, para desnudarlo. Y consigue de ese modo que su novela tenga tanto de intrigante como de privado, dejando al lector la tarea de rellenar los espacios vacíos con cuidado de no verse involucrado o, si acaso, de involucrarse por completo y dejarse llevar por las decisiones tomadas y el peso (curiosa ironía) que tuvieron en nuestras vidas.
Su protagonista revive sus obsesiones, la relación con su jefa, Elvira, a la que culpa sin ver de su tremendo accidente, la mujer que le fascina y atemoriza, a la que cede y se enfrenta en un duelo permanente cuya única tregua parecía llegar en las horas de sexo. Y sin embargo Elvira es como un fantasma que sobrevuela la obra al que no vemos, pero que su protagonista no es capaz de dejar de nombrar. Es su obsesión y su tormento incluso en esos momentos, atrapado, o tal vez precisamente por eso. La calidad de un escrito se mide en las lecturas que se puedan hacer del mismo. En este caso me pregunto si todo lo que el protagonista relata, desde su parcialidad manifiesta, fue exactamente como lo relató. O si tal vez su situación no es más que una representación de cómo se sentía. Que hablemos también de los espacios asfixiantes que llenan vidas, de cómo su protagonista está atrapado dos veces, la física y la otra, la que tal vez pese más y que viene dada por la vida. Y en ese caso la narración se torna aún más intranquilizadora, y los abandonos son más profundos y las luchas son aún más cruentas. Y los daños... los daños son eso que nos va dejando la vida, a veces menos importantes de lo que creíamos, y otras que nos llevan a la muerte. Si tomamos Elvira como tal, Rubén Angulo realiza un trabajo sobresaliente que va más allá de una historia. Se desarrolla entonces la ficción mezclada con esa realidad de la que ya habla en un prólogo que, siendo escrito por el autor para hablar de él mismo, no es otra cosa que un primer paso para que lleguemos a la novela con la sensación de que el protagonista puede ser cualquiera.
Pero volvamos al sótano. Allí tenemos a un hombre atrapado y angustiado que no sabe si sobrevivirá. Hablemos de un autor cuyo estilo ha evolucionado para marcarse más aún y de una novela con referencias literarias, atmósfera tensa y que merece no ser subestimada. Un libro tan áspero como recomendable.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias
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sábado, 20 de febrero de 2016
Dedicatorias literarias
Esto se presenta como una obra de ficción y no está dedicada a nadie.
Charles Bukowski
A casi todos, a casi nadie, a ti, dijo Roberto Juan Roz mientras Henry Miller se lo dedicaba directamente A ella..Para Don Delillo dijo Auster en Leviatan mientras Delillo decía Para Paul Auster en Cosmópolis. Y lo mismo hicieron Antonio Muñoz Molina y Elvira Lindo hace ya tiempo en sus libros, dedicándoselos el uno al otro.
A María, a Elena, a Cristina, a mi madre, mi mujer, mi amante, mis hijos... lo cierto es que casi todos los libros, seguro que habrá alguno que no, comienzan con una dedicatoria que todos leemos pensando en quién será esa persona que se esconde detrás de unas letras. Quién ayuda, apoya o inspira, quién existe para la pluma que nos comenzará apenas unas páginas más allá, la historia que nos va a ocupar las próximas horas, días o incluso semanas. Y las leemos despacio, casi a media voz sabiendo que estamos ante la parte más íntima de una novela, el único lugar en el que podemos percibir algo del alma del autor, ya sea por su declaración sincera. A X, dijo Vargas Llosa en Travesuras de la niña mala, en memoria de los tiempos heroicos. Si cada libro tiene su historia, siempre me ha llamado la atención lo poco que se pregunta por sus dedicatorias.
Cumings en su libro de poemas decidió dedicar con un No thanks su obra a las 14 editoriales que lo habían rechazado, mientras que Camilo José Cela dedicaba La familia de Pasucal Duarte diciendo: Dedico esta edición a mi enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera.
No sé en qué momento comencé a fijarme en las dedicatorias de los libros. Supongo que un día, sin venir a cuento y mientras pensaba en a saber qué, me quedé parada en esa primera página durante más tiempo del preciso, y eso me llevó a releer estas primeras líneas en las que tal vez ponía:
Al imaginario lector que podría pagarme medio paquete de cigarrillos si comprara mi libro. Te advierto que no sólo no me identifico con ninguno de los personajes, sino que además, ninguno de ellos querría ser amiga... Cuidado con las sombras.
Y al verme convertida en ese lector imaginario, me sentí aludida y decidí comenzar a apuntar estas dedicatorias que seguro guardan una historia. O tal vez fue Stephen King cuando habló al Lector Constante en su dedicatoria de La Torre Oscura. Lo cierto es que no lo sé, pero hay algunas que releo y apunto pensando en qué habrá detrás de esas escuetas palabras. Los momentos declarados o los que se esconden entre sus líneas. Esto no es para ti, dice Danielewski en su Casa de hojas. Y uno se pregunta a quién va dirigido, si es una directa o indirecta o simplemente un reto para cualquier lector que decida enfrentarse a esta curiosa obra. Gracias a estas pequeñas declaraciones sabemos que existe una mujer llamada Pilar que no dejó que muriera Saramago, él mismo lo declara en la primera página de El viaje del elefante. Hermosas palabras.
La autora de El castillo ambulante dedicó su libro a un niño llamado Stephen que le pidió que escribiera un libro con ese título. Me pregunto si Stephen lo recordó al ver el título en una librería, si llegó a comprarlo, a leerlo a verse reconocido. Hay todo un mundo detrás de las dedicatorias. Algunas son incluso una muestra del carácter o ingenio del autor. Ese hombre que dice Dedicado a la mala escritura no puede ser otro que Bukowski, no nos extraña. Como tampoco lo hace la frase de Tobías Wolf: Mi primer padrastro solía decir que con todo lo que no sé se podría llenar un libro. Aquí está. De hecho esta dedicatoria me hizo jugar con la más que improbable posibilidad de que su padrastro hubiera sido mi profesor de inglés en un momento determinado. O una reencarnación. El caso es que me hizo sonreír, como lo hiciera también Shannon Hale con su declaración A Colin Firth. Eres un gran tipo, pero estoy casada, así que creo que debemos ser sólo amigos. Esta también la releí, confieso, bastante sorprendida. Como podéis ver, hay dedicatorias para todos los gustos, y algunas incluso nos hacen soñar con sus secretos, los espacios entre sus letras y lo que significa para quien puso esas letras allí. Otros tal vez soñarán con ver su nombre impreso un día en un libro, pero no como autor, sino en esa primera página y cuando Rubén Bonifaz dice Aquí debería estar tu nombre, asienten en silencio pensando en lo que debe de ser verse justo antes de comenzar nuestra historia favorita. Quizás sueñen con abrir un día un libro cuya dedicatoria se dirija directamente a ellos; un poco como aquella que hiciera Neil Gaiman leyendo la mente de muchos de sus innumerables fans: Ya sabes como funciona esto. Coges un libro, saltas a la dedicatoria y descubres que, una vez más, el autor ha dedicado su libro a alguien que no eres tú. Y mientras el lector asiente, Gaiman continúa diciendo: No será así esta vez. Y sienta un escalofrío porque los libros tienen algo de sueños y por qué no soñar desde la primera página.
Como ya he dicho, me gustan las dedicatorias. Lo que aún no he comentado es que me siento aludida en cada una de cada libro que leo y me gusta. No necesito que digan en voz alta lo que para mi es un secreto a voces y es que cada vez, cada libro que leo y me gusta, cada historia de la que me queda un trocito dentro y recuerdo en el tiempo, estaba escrita para mi. Si una historia me emociona, me llena, me hace pensar... es mía. Danielewski se equivocaba, ¡porque su libro si fue para mi!
Y vosotros, ¿sois de fijaros en las dedicatorias de los libros?, ¿hay alguna que haya gustado especialmente?
Gracias
La dedicatoria se suprime a petición de parte
Juan José Arreola
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viernes, 19 de febrero de 2016
Gallo de pelea. Charles Willeford
"Primero cerré las ventanas y corrí el pestillo de la endeble puerta de aluminio. Luego encendí la luz del techo y ajusté la persiana veneciana. Sin corriente, dentro de la caravana hacía un calor sofocante. Fuera, bajo el sol de Florida, la temperatura era de unos treinta grados, pero ahí dentro, con la puerta y las ventanas cerradas, debía de rondar los cuarenta. Cogí un trapo de cocina y me enjugué el sudor que me empapaba la cara y el cuello, me sequé las manos y tiré el trapo al suelo. Antes de poner la jaula portátil de Sandspur en el sofá, comprobé que tenía todos los utensilios sobre la mesa."
Publicado originalmente como libro de bolsillo en 1962, reeditado en tapa dura en 1972 y llevado al cine dos años más tarde; hoy traigo a mi estantería virtual uno de esos títulos que se han ido convirtiendo en libros de culto. Hoy traigo, Gallo de pelea.
Conocemos a Frank Mansfield, narrador y protagonista de la historia. Tiene 32 años y se dedica a las peleas de gallos. Hace más de dos años estuvo a punto de conseguir ser nombrado el mejor gallero, pero le perdió su vanidad... y su bocaza y no lo logró. Desde entonces, Frank no ha vuelto a hablar, y no piensa hacerlo hasta no alzarse con el título.
Las peleas de gallos están prohibidas en los Estados Unidos en este momento, pero no siempre fue así. Hubo una época en la que eran un espectáculo capaz de mover mucho dinero e incluso hoy, se sabe que siguen existiendo en la clandestinidad. De hecho, en 2014 la oficina del fiscal de Estados Unidos orquestó una operación para desmantelar este tipo de peleas y se rescataron más de 1.600 gallos. Si así siguen las cosas podemos imaginar lo que era esto hace no tanto tiempo. Y este es el mundo en el que nos mete Willeford en su novela. Y ya podemos empezar a acostumbrarnos, pensamos desde un impactante primer capítulo.
Si me preguntaran lo que pienso de las peleas de gallos creo que no encontraría el adjetivo adecuado para un espectáculo así. Y por eso tardé en decidirme con esta novela. Sabía que iba a leer sobre gallos, galleros, espolones, dietas, ejercicios... y entrar en un mundo que ya de antemano me repelía.Sin embargo no podía evitar mirar el libro de reojo cada vez que pasaba por el estante, hasta que al final, me decidí a dejarme embarrar. Como resultado me he encontrado con una narración directa, efectista, pulp a grandes ratos, que pese a la crueldad de las imágenes que nos puede estar representando, evita juzgar lo que allí nos explica. Willeford nos sumerge en este tipo de vida a través de su protagonista y, ya desde las primeras páginas, lo hace a la fuerza, como si nos metiera la cabeza bajo el agua sujetando con la mano para no dejarnos salir... pero sin llegar a ahogar. Porque también somos conscientes de que estamos ante un narrador que conoce lo que escribe que hubiera podido ser mucho más cruel con el lector. Pero entonces hubiera perdido la fuerza de la narración, que no son los gallos ni las peleas; el verdadero gallo de pelea del que nos habla el título es su protagonista, Frank. Un hombre que no tiene nada, o que lo que tiene y a lo que se agarra es su honor. Un curioso sentido del humor que le puede permitir traicionar a una mujer, o cederla, pero que se muestra inflexible en cuanto a gallos se refiere. Un honor de gallero y un hombre que parece empeñado en limpiarse y conseguir su objetivo a toda costa. Ese es el Frank narrador que ha decidido no hablar y se comunica con gestos o notas haciendo pensar a la gente que es mudo y convirtiéndose, para su desdicha, en pilar de confidencias. Algo horrible, verse como una suerte de confesor improvisado de secretos que no pidió saber y de lo que el propio Frank se queja reflexionando sobre la incapacidad de hablar. Frank sobrevive con un objetivo y nos muestra un mundo eminentemente masculino en el que las mujeres no tienen más cabida que la de uso y disfrute, Frank no nos cae simpático y su autor tampoco lo pretende. Tiene un objetivo, sí, pero no busca una evolución y tampoco una redención, es, simplemente, un hombre. O algo tan complicado con un hombre con una vida extraña y un voto de silencio aún más extraño. Y eso es lo que le hace tan interesante y consigue llevarnos a lo largo de toda la narración.
Gallo de pelea es un libro para leer sin prejuicios. No hay que pensar que estamos leyendo un manifiesto a favor o en contra de las peleas de gallos. Y tampoco que habla de una exaltación de este "espectáculo". Lo que el autor consigue es entrar dentro de este círculo cerrado y desconocido y mostrar sus códigos de honor y deshonor, las costumbres y la pasión que mueve a quienes se dedican a ello, los cocker, los galleros.
Esta vez es un libro difícil de recomendar por la temática pero no por la calidad literaria. Muchas veces nos acercamos a libros movidos por la curiosidad por un tema o una ambientación que nos son desconocidos. Y ese es un motivo tan bueno como cualquier otro para acercarnos a un buen libro. Y Gallo de pelea, es un buen libro.
Y vosotros, ¿sois de los que también os acercáis a los libros movidos por la curiosidad por su ambientación o periodo en el que se desarrolla, contexto...?
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