miércoles, 13 de mayo de 2020

Cosmética del enemigo. Amélie Nothomb


     “Soy una persona extremadamente formalista. Actúo según una cosmética rigurosa y jansenista…..La cosmética, ignorante, es la ciencia del orden universal, la suprema moral que determina el mundo”.
     Pocos son los libros que me restan de leer de esta mujer y cuando me los tropiezo ni lo dudo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cosmética del enemigo.

     Conocemos a Jérôme Angust en el aeropuerto. La megafonía anuncia un retraso en su vuelo y es en ese momento en el que un hombre llamado Textor Texel se sienta a su lado y comienza a hablarle, a contarle su vida, ¡y qué vida! Y no parece haber forma humana de desmotivar a este desconocido.

     Como lectora diferencio el relato de la novela por su extensión. Y he puesto el corte en cien páginas. Por lo tanto estaríamos ante un relato largo en este caso ya que no llega a las cien páginas pese a que el tamaño de letra de mi edición es considerable. No digo que eso sea un problema, pero si los libros excesivamente voluminosos se juzgan al peso, entiendo que hay que hacerlo también con aquellos que son escuetos. Pese a todo, ya os adelanto, yo le hubiera restado unas cuantas páginas del final.

     En esta ocasión y para tan poca extensión la autora ha tirado de recursos para ir dejando pistas al lector por toda la novela sobre ese final que algunos tildan de sorprendente. Los nombres, las referencias, la cosmética y los escritores aludidos nos hablan casi más que los propios personajes (y si tenemos en cuenta que la novela se basa en la conversación entre ambos, eso significa que hay mucho que decir al respecto). Desde el título que habla de cosmética, de orden y belleza y también de engaño, hasta la referencia a los roles de cada personaje que viene dada por su nombre, he disfrutado de este libro. La pena es que más o menos hacia la mitad Nothomb parece empezar a perder pie y dejar que el caos haga acto de presencia en una buena idea que, pese a no ser la primera vez que veo representada en la literatura, siempre me ha parecido atractiva.
       Es evidente que esta reseña tendría un tono mucho más distendido si hablase libremente del secreto que encierra el libro, pero también lo es que estropearía su lectura al menos parcialmente. Con todo si os puedo decir que el tema central de la novela es la moral. Tanto la de sus personajes como la del propio lector que decide a qué lado posicionarse. Y la os lo adelanto, uno de ellos es un asesino. Esta inclinación del lector es lo interesante de la novela que divaga sobre el pecado y la culpa, sobre la conciencia y la propia mente, y lo hace en forma de endiablada conversación en el lugar más impersonal del mundo: un aeropuerto. Apuntaría además a que no es trivial la elección del lugar ya que no importa el lugar ni el destino, lo que importa aquí es el instante que se refleja del camino.

      Como decía al comienzo de esta reseña, pese a ser un libro corto considero que le sobra alguna página del final y es que, descubierto el pastel, no es necesario que la autora de vueltas a un tema que estaba concebido para que fuera el lector quien lo pensara. Eso le hace quizás perder impacto, al menos en mi caso en el que el desenlace no ha provocado sorpresa pero si ese placer extraño que suele ir unido a la anticipación.

      Cosmética del enemigo es una novelita entretenida que seguro gustará mucho más a quienes no se hayan iniciado con Nothomb o lo hayan hecho levemente y es que, aunque la escritora tiene un innegable talento, sus habituales nos vamos acostumbrando a sus giros y ya cuesta más sorprendernos.

      Y para vosotros, ¿hay una extensión mínima para una novela?

     Gracias.


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