sábado, 11 de enero de 2014

Regalos




     Por fin parece que han terminado las fiestas. Porque no nos engañemos, comenzadas o no con ilusión y pese a que ahora todos estemos quejándonos de la vuelta a los estudios o el trabajo, son muchas y muy seguidas. Y nos toca además colocar los regalos.
     Me he pasado la mitad del mes de diciembre recomendando regalar libros, preferiblemente en papel. No por nada, pero le veo mucha complicación a eso de envolver un libro digital para ponerlo debajo del árbol y eso de regalar tarjetas para que puedan hacerse una descarga no va conmigo. Qué queréis, soy una antigua.

     El caso es que jamás había visto colas tan grandes en las librerías como estas navidades y me ha hecho bastante ilusión. Por supuesto, no me he acercado porque me daba miedo descubrir los títulos que la gente se estaba llevando a casa (y no pienso decir los títulos que más miedo me daban, aquí cada cual que piense en los suyos) y entre esas personas, y esto si que es algo novedoso, había conocidos míos. Lo sé porque este año también me han regalado libros, y algo que dicho así os pueda parecer normal conociendo mis gustos, es en realidad bastante excepcional. No sé si os suena, pero suelo oír eso de: "Te iba a comprar un libro, pero no sabía si lo tenías" y piensas eso de... "vale, pero para llamarme y preguntarme la talla o el color no te ha dado reparo". En fin, cosas que pasan.

     Ahora que han pasado las fechas tengo que reconocer que de entre todas las cosas que me puedan regalar, prefiero los libros. De hecho, guardo muchos con especial cariño precisamente por la mano que me los regaló. Recuerdo que el primer libro que me regalaron fue Momo en una edición de un coleccionable que salía semanalmente y que guardo con especial cariño pese a que tiene más años que el estante sobre el que reposa. Os puedo decir que en ese estante de mi memoria reposa también un libro dedicado pese a que no suelo acudir a que me los dediquen y también hay una edición de El señor de Los Anillos que tuve que leer siempre sentada porque su volumen impedía que me lo llevase a la cama a hacerme compañía. Tengo una edición bilingüe que me regalaron hace poco de un libro de Hawthorne, Wakefield, que también está dedicado... en este caso por la estupenda persona que me lo regaló y que decidió firmarlo porque me apuraba aceptar el regalo y de ese modo me lo tendría que llevar. También este año pasado han llegado dos libros que provienen de una persona muy especial y otro que ya tenía, pero que no lo cambiaría ni por todo el oro del mundo. Además de estos y otros muchos que han ido entrando en mi vida a lo largo del tiempo están los que te regalan porque saben que te gusta o porque te conocen lo suficiente como para ver que te hará especial ilusión tener, por ejemplo, una edición preciosa de El Principito cuya traducción no es precisamente al castellano.

     Puede parecer que un libro es un regalo comodín, y tal vez para muchas personas lo sea y por eso las librerías se llenan en esta época del año. Pero para aquellos a los que nos gusta leer son pequeños tesoros que muchas veces guardan historias fuera de sus letras. Por eso no me cansaré de recomendar que se regalen libros y que no se haga solo en esta época del año que acabamos de dejar. Cualquier momento es bueno para regalar una vida hecha de tinta y papel. Y cualquier momento es bueno para disfrutarla.

     Y vosotros, ¿también guardáis libros con especial cariño por la forma en que llegaron a vosotros?
Me encantaría conocer la historia de alguno de ellos.

     Gracias

viernes, 10 de enero de 2014

El Consejero. Cormac McCarthy


   

     "- Caminante no hay camino, se hace camino al andar. Un poeta enorme. Machado era maestro de escuela y se casó con una chica joven y guapa. La quería muchísimo y ella murió. Entonces se convirtió en un gran poeta.
     - No me convertiré en un gran poeta.
     - No, tal vez no, y aunque así fuera eso no le ayudaría. Machado habría cambiado todas las palabras, todos los poemas, todos los versos que escribió para poder pasar una hora más con su amada. Y eso se debe a que, en el sufrimiento, no se aplican las reglas de intercambio habituales; porque el dolor trasciende el valor. Un hombre entregaría naciones enteras por borrar el dolor de su corazón, y sin embargo, nadie puede comprar nada con el dolor porque el dolor no vale nada."

      Me gusta McCarthy. Desde que se anunció la película, porque en este caso lo primero que trascendió fue la película, ya estaba deseando ponerme con el libro. Apenas salió a la venta ya lo tenía en casa y poco después ya estaba en el cine pese a haber leído el guión. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El consejero.

     Conocemos a el consejero, un abogado que vive rodeado de lujos y se relaciona con narcotraficantes. Deslumbrado por el tren de vida de estos decide meterse en sus negocios, dar un paso más, sin escuchar a quien le advierte de los peligros de estos negocios. Y de repente... todo se tuerce.

     Después de convertirse en un autor de moda en Hollywood, McCarthy da el salto y en poco más de cien páginas nos presenta su primer guión cinematográfico. Porque eso es lo que leemos en este libro en el que se cuida mucho de no precisar descripciones de sus personajes para que así el lector pueda hacer el tránsito a espectador sin problemas. El libro trata sobre elecciones y consecuencias y sobre la naturaleza malvada de las personas como viene siendo habitual en el autor. Seguiremos la pista al turbio asunto relacionado con un camión que tiene que cruzar la frontera y veremos avaricia, miedo y mucha violencia a su paso.
     Articula la historia en torno a cinco personajes principales: el consejero que paradógicamente no escucha consejos; la novia del mismo llamada Laura, que no tiene demasiado pudor en confinarse a su papel de mujer florero. Reiner, un excéntrico narco; Malkina, el contrapunto del Laura, la mujer que no podemos dejar de observar, y Westray, que se convertirá en el consejero de nuestro ya conocido consejero. Con ellos y entre ellos se establecerán lazos en forma de diálogos plagados de esas sentencias que tanto le gustan al autor y que son, bajo mi punto de vista, lo único que destaca en una historia cuyo argumento ya conocemos de otras tantas películas o libros.

     Me gusta mucho McCarthy y por eso me cuesta admitir que el libro se queda en la superficie, los personajes esta vez no terminan de llegar al lector. Nos encontramos con una historia de narcotraficantes, contrabando, Ciudad Juárez, violencia, sexo... y le falta fuerza. Si algo tiene este autor es fuerza en sus palabras, la capacidad de revolver al lector, de hacerlo pensar y sentir por encima de las naturalezas representadas en sus obras, y en este caso no llega a ello. Como dice el refrán: "hasta el mejor maestro echa un borrón" y eso no va a significar que no os siga recomendando La carretera, Suttree o No es país para viejos, pero siendo sincera, si no os habéis acercado aún a McCarthy no os recomendaría hacerlo con esta historia llena de buenos ingredientes, pero a falta de un resultado a la altura. Si os pasa como a mi, lo leeréis igualmente y os quedaréis con algunas frases brillantes como las elegidas para el comienzo de esta reseña en las que reflexiona sobre el valor del dolor.

     Cada vez vemos más adaptaciones de libros o autores conocidos, desde Los juegos del hambre hasta La ladrona de libros pasando por Cincuenta sombras de Grey o El hobbit el cine se viste de éxitos literarios para llenar sus salas. Y yo reconozco que soy de las que acuden a hacer cola con cierto temor por lo que pueda encontrarme, pero acudo igualmente.
     Qué me decís, ¿sois de los que acude al cine para ponerle cara a los personajes que le hicieron pasar buenos ratos o preferís que sigan en vuestra imaginación?

jueves, 9 de enero de 2014

El ocupante. Sarah Waters




     "Yo tenía diez años la primera vez que vi Hundreds Hall. fue en el verano después de la guerra y los Ayres conservaban casi todo su dinero, eran todavía personas importantes en la comarca. Se celebraba la fiesta del Día del Imperio: yo estaba en la cola con otros chicos del pueblo que hicieron el saludo de los boy scouts cuando la señora Ayres y el coronel pasaron por delante de nosotros, entregando medallas conmemorativas; después nos sentamos a tomar el té con nuestros padres en unas mesas largas, en lo que supone era el jardín del sur."

     Hay temáticas que nos llaman la atención y determinado tipo de historias de fantasmas o que los insinúan pero tras las que podemos pensar que hay otra cosa, me llaman la atención a mi. Por eso me fijé en este libro. Luego se acumularon las buenas opiniones y poco tardé en decidirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, El ocupante.

     Conocemos a Faraday, un médico que es llamado a Hundreds Hall, la mansión del pueblo. Él ya la había visitado siendo niño y la casa le fascinaba. Su misión será tratar a una joven criada llamada Betty que parece estar aterrorizada por lo que presiente en una casa que ha resistido muy mal el paso de los años, exactamente igual que la familia que habita en ella. Poco queda del esplendor de casa y familia, ya que los Ayres han quedado reducidos a la madre, una gloria que mantiene como puede su dignidad, un hijo herido de guerra llamado Roderick y una hija, Caroline, convertido en una excéntrica. Será la excusa de sanar a Roderick la que permita a Faraday seguir visitando la casa en la que trabajó su madre y contarnos su historia.

     Esta vez os he presentado a los personajes de la historia en la sinopsis. Una historia que, si bien comienza situándonos perfectamente en el contexto histórico que se desarrolla, durante el final del Imperialismo Británico y los cambios que se producen con el auge obrero y la decadencia de las viejas clases, pronto nos dirige hacia la historia de una casa y sus ocupantes. Valiéndose de un narrador en primera persona Sarah se adentra en un clásico de la literatura de fantasmas, las presencias en las casas. Y lo hace de una forma magnífica dejando rastros de ruidos y arañazos mientras nos enfrenta dos posibles explicaciones; la del doctor, más científica, y la de la joven criada, basada en supersticiones. Y, por supuesto, nos enseña mucha tensión psicológica y una dosis de miedo.
     La ambientación es impecable, y pronto tenemos la sensación de que el propio Faraday es quien nos relata la historia mientras paseamos por esa mansión, Hundreds Hall, que llega a convertirse en la gran protagonista de la historia. Hay que decir que dista mucho de ser una simple historia de fantasmas, el contexto social tiene mucho peso en el que la casa bien puede ser un símbolo de lo que sucede con las familias de rancia tradición en un país en pleno cambio. Pero no sólo por eso, sino por la duda que consigue meternos y que hace que las páginas nos vuelen entre las manos intentando saber si Betty tiene razón y algo ocupa la casa o si por el contrario está loca. Pronto queremos saber lo que sucede en esa casa, miramos con lupa cada sombra, cada ruido, porque de eso se trata, de que no los presenciemos para así poder dudar y sentir el peso de esas dudas, la presión añadida que puede llegar a suponer no tener la certeza... y para que conozcamos a quienes la habitan. Sus miedos, sus pasiones, sus secretos. Porque también se tejen historias secundarias como en toda buena novela.

     Hoy os invito a disfrutar de la pluma de Waters, minuciosa, sencilla, fácil de seguir y dejarse caer en su libro. Y lo hago dejando encima de la mesa la dirección de Hundreds Hall, es una invitación a entrar. Seguro que disfrutaréis la estancia, aunque tal vez oigáis algunos ruidos.

     Y vosotros, ¿también os sentís atraídos por este tipo de historias?

     Gracias

miércoles, 8 de enero de 2014

El paraíso de las damas. Émile Zola


     "Denise fue andando desde la estación de Saint-Lazare, adonde había llegado con sus dos hermanos en el tren de Cheburgo, tras viajar toda la noche en el duro asiento corriendo de un vagón de tercera. Llevaba a Pépé cogido de la mano y a Jean pegado a los talones, tan derrengados como ella del viaje e igualmente atónitos y perdidos en medio de aquel París inmenso, que recorrían fijándose en todas las fachadas y preguntando en cada cruce por la calle de la Michodiére, en la que vivía su tío Baudu. Cuando desembocaron por fin en la plaza de Gaillon, la joven se paró en seco sorprendida."

     No hace mucho que conocí de la existencia de esta novela por una lectura organizada en un blog. Rápidamente me llamó la atención el tema y supe que tenía que acercarme a ella, además en mi caso, cualquier excusa es buena para descubrir un clásico.Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El paraíso de las damas.

     Conocemos a Denise Baudu. Cuando sus padres mueren Denise y sus hermanos van a París buscando ayuda en la tienda de su tío Baudu, a quien encuentra con un negocio en decadencia por la apertura de unos grandes almacenes llamados El paraíso de las damas. En su lucha por conseguir salir adelante es justo ahí donde conseguirá trabajo la joven huérfana y será también la forma de acercarnos a la historia del propietario de estos grandes almacenes.

     Desde las primeras páginas nos damos cuenta de que la novela tiene tirón. Pronto Zola nos deja ver las dos realidades que se van a enfrentar, tradición y progreso, representadas por dos tipos de comercio distintos. Por un lado el comerciante clásico, humilde, casi gris y por otro los grandes almacenes en pleno desarrollo y llenos de luz. Entre ellos situará a la joven huérfana como puente y nos presentará además los entresijos de estas galerías gracias a su propietario Mouret y sus ideas. Conoceremos su funcionamiento, sus técnicas, sus clientes... la llegada de la modernidad y el impacto que supone en una ciudad como París.

     La novela a partir de esos grandes almacenes y sus ofertas, políticas y clientes nos muestra una compleja ciudad en un momento de cambio. Una clase en decadencia y otra en pleno auge y lo hace entre ricas descripciones y un montón de subtramas entretejidas con la misma maestría que lo están las telas que se venden en el paraíso. Y si Denise es la protagonista, no lo es menos Mouret, a quien veremos desde sus estrategias de tiburón hasta su desarrollo personal, un desarrollo que lo convierten en un personaje magnífico e inolvidable y que lo llevarán a un final tan esperado como "redondo".

     Hoy me he decantado por un autor clásico y por ir de tiendas, ya que estamos de rebajas. Zola huye además del cliché de huérfana desvalida y nos da pistas de la fortaleza de esta mujer en una novela cuya lectura fue un auténtico placer. Salpicado por las reivindicaciones del autor sin pretender ser una novela de denuncia, una vez que puse un pie en el universo Zola, no fui capaz de sacarlo hasta haber terminado la historia. Y es que siempre es un placer volver a los clásicos y siempre me parece poco lo que os cuente de ellos, porque hoy no os he hablado de los secundarios, ni de las dificultades que se encuentra Denise, ni de... bueno, mejor lo descubrís.

     Y vosotros, ¿tenéis pensado leer clásicos durante este año?

     Gracias

martes, 7 de enero de 2014

Canadá. Richard Ford




     "Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en las sendas que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase esto antes que nada."

     Lo cojo, lo dejo, es Ford, lo cojo, pero siempre me pide tiempo, lo dejo. ¡Pero es Ford! Al final hay que llevárselo a casa para disfrutarlo con calma. Y eso hice, y por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Canadá.

     Conocemos a Dell, un joven de quince años cuyos padres son detenidos por robar un banco. La familia se desmorona y su hermana huye dejando a Dell con una vida por decidir. En ese momento cruza la frontera a Canadá escapando así de los Servicios Sociales y comenzando una nueva vida junto a Arthur Remlinger, una persona que no parece demasiado recomendable.

     Ford es un narrador excepcional y lo demuestra con cada palabra, con cada descripción, incluso con un comienzo en el que parece desvelarnos la mayor parte de la trama, como una sinopsis en la que nos advirtiera de que conocidos los hechos, ahora nos queda todo lo demás. Ford se acoge a una primera persona que recopila pasados los años las experiencias de su madre y su hermana mezclándolas con las suyas propias. Divide así el libro en tres partes contándonos en primer lugar la vida del protagonista antes de llegar a Canadá , presentándonos su familia y cómo llegan a atracar un banco. La segunda parte es la que nos habla de su vida ya en este nuevo país, del entorno en el que cae y lo que supone para él y la tercera es la que se encarga de que cerremos el libro sabiendo que ha sido una gran lectura (dar más datos que el propio autor al comienzo del libro sería imperdonable).
     Canadá es un libro cuyo personaje central te envuelve en su historia, te obliga a mirar, a pensar, a vidas marcadas por acontecimientos. Una historia que hay que paladear despacio y sabiendo que nos va a acompañar tiempo, porque nos obliga a pensar en infancias, en sueños de padres e hijos. En definitiva, en la vida y en cómo se encarga de modelarnos.
     Es un libro lento en el que el autor no busca sorprendernos sino ser minucioso, conseguir que esa historia sea la nuestra para cerrarla con un broche de oro que convierte a esta novela en un gran libro.

     Y vosotros, ¿qué libro estáis leyendo?

      Gracias

sábado, 4 de enero de 2014

Los Reyes Magos




     "Como alguien nos dejo -hace muchos años ya- que era un tanto dudosa la existencia de los Reyes Magos cabalgando con sus caballos alados y velocísimos con un completo bazar a cuestas, por todos los caminos del mundo, nosotros miramos, pasado el primer momento de estupor, para nuestros zapatos, para nuestros traidores zapatos que, estando en el secreto, tan callado se lo tenían"
     Los zapatos de la noche de Reyes
     Camilo José Cela

     Se acerca la última fiesta de esta marabunta de dulces y luces de colores, de cambios de año y reuniones familiares, de vísperas, bengalas, y colas en las tiendas que nos hacen pensar que tal vez debimos de comprar los regalos hace mucho tiempo. Y con esta fiesta se acerca también la hora de poner la zapatilla, para que los Reyes sepan dónde han de dejarnos los regalos. No vayan a confundirse y dejar a la suegra el regalo de la nieta o peor aún, el que ella misma compró al yerno de turno.

     Bromas a un lado, dejar los zapatos para recibir los regalos es una costumbre que hemos importado en España. En realidad se comenzó a hacer en Holanda (justo aquí al lado como quien dice). Allí que celebran San Nicolás un mes antes de Reyes, la gente ponía un zapato en la iglesia la noche del 5 y al día siguiente se repartía entre ellos el dinero dejado por los ciudadanos más pudientes a modo de donativo. Estos a su vez lo tomaron de una costumbre anterior que decía que esa noche se llenaban de monedas los zapatos de los niños de cuatro familias pobres para asegurarles unas buenas festividades y antes... antes no lo sé. Pero ahora se siguen colocando zapatos en muchas casas que indiquen a los Magos dónde dejar su preciado regalo (me han dicho que hay quien incluso los pone en el balcón para que los vean bien), y dentro de los mismos se introducen cartas con peticiones, comida para los camellos... y sobre todo, mucha, mucha ilusión.
     Y que no se pierda. Porque no es sólo la edad la que nos la da o nos la quita como nos mostraba Cela en Los zapatos de la noche de Reyes. Es bueno conservar esa ilusión que de niños nos convierte en receptores y de adultos en improvisados pajes. Es bueno que no lo olvidemos y que, lo mismo que nos acercamos a historias de Navidad lo hagamos también a las que nos hablan de los Reyes. No tantas, lo reconozco, pero las hay. Y nos podemos encontrar a una niña que no termina de escribir su carta y que nos presentaba Elvira Lindo en Olivia y la corte de los Reyes Magos. O a Paulo, que nos lo presentó Fina Casalderry para enseñarnos su Última carta a los Reyes Magos. También Valle Inclán nos habló de la Adoración de los Reyes, igual que Verdaguer en uno de sus poemas, o Rubén Darío.

     Ahora que lo pienso, si que hay ilusión o deseos, todos tenemos alguno que expresamos en voz más o menos alta. Que compartimos o que pedimos en secreto como si se tratase de una carta personal e intransferible. Exactamente igual que hacen los niños cuando comienzan diciendo eso de... "Querido Rey Melchor o Gaspar o Baltasar", porque en eso también tenemos nuestros favoritos. Así que este año, voy a poner mi zapato para mi rey favorito y a ver si con un poco de suerte... ve la luz el nuevo libro de George R. R. Martin.

     Y vosotros, ¿qué le pediríais a vuestro rey favorito?

     Gracias

     PD. Abstenerse aquellos apodados como Mata-reyes.

jueves, 2 de enero de 2014

El corazón delator. Edgar Allan Poe




     "¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco entonces? Escuchen... y observen con cuánta cordura, con cuánta tranquilidad les cuento mi historia."

     Empieza el año y retomamos la actividad sabiendo que poco más ha cambiado salvo un dígito. En realidad lo que diferencia al día uno de enero del resto de los días, es que cambian dígitos en las tres partes que fechamos cualquier documento: el día, el mes y el año. Y sin embargo nos dejamos llevar por la euforia del cambio y pensamos cómo comenzar el año y qué propósitos hacer. Es por eso que pensé comenzar con un clásico y además con algo ligero sabidos los excesos de estas fiestas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El corazón delator.

      Un hombre nos cuenta su historia, de tú a tú. Él, nos explica, no está loco. Da igual lo que digan, no tenemos que hacer caso porque no lo está, no. Simplemente un viejo al que conocía, lo miraba mal, con un mal ojo, como velado, como un pajarraco... así que tenía que matarlo. Si bien esto nos puede parecer una locura, nuestro interlocutor nos lo razonará para que veamos todos los motivos que nos inducirán a pensar que no está loco. Por si alguno se nos pasa por alto.

     No tiene nombre nuestro interlocutor, podría ser cualquiera. Y eso no le quita credibilidad ni vehemencia a sus palabras. En este relato corto, cortísimo, Poe hace gala de su talento narrativo para que nos entrevistemos con un asesino que escribe en primera persona este soliloquio. Nos hace partícipes de la negación de lo que pronto adivinamos como su locura para dirigirnos entre obsesiones y, en apenas unas pocas líneas, tener su imagen asomando la cabeza por la puerta de la habitación del viejo, grabada a fuego. Obsesión tras obsesión, la cordura, el ojo del viejo, la necesidad del enfado, los tiempos de espera, la puesta en escena y, finalmente, la conciencia como mayor de las obsesiones. Esa conciencia que late y pesa, cuya voz resulta atronadora quitando el sosiego a quien la escucha sin quererlo.
     De una forma sencilla y sin pretender sorprender al lector, recorremos con Poe las obsesiones de su protagonista sintiendo la tensión crecer línea a línea. Una narración efectiva para todos los públicos en la que el cadáver vuelve a quedar en casa, algo recurrente en este autor, y en la que la atmósfera lo es todo. Nos asfixiamos junto a su sudoroso protagonista para llegar al final de la historia sin aliento. No por haber luchado con la esperanza de un final diferente, sino por la necesidad de respirar.

     Nos transmite de este modo una angustia contagiosa con la que demuestra ser un maestro en los ambientes góticos y las palabras medidas para que no sobre ni una coma. Digno trabajo del lugar que ocupa en la literatura universal, me parece un autor al que hay que descubrir tarde o temprano... leyendo cualquiera de sus obras.

     Empezamos el año y, mientras poso este magnífico relato, os diré que estoy leyendo La quinta ola. Y vosotros, ¿qué libro descansa en vuestra mesilla a principios de este año?

     Gracias