lunes, 11 de abril de 2016

Relojes de hueso. David Mitchell


     "Descorro de golpe las cortinas de mi cuarto, y ahí están el cielo sediento y el ancho río, lleno de barcos, botes y rollos, pero yo ya estoy pensando en los ojos color chocolate de Vinny, en el champú corriendo por la espalda de Vinny, en las perlas de sudor sobre los hombros de Vinny, en la risa traviesa de Vinny, y ya se me ha puesto el corazón a cien. Dios, ojalá me hubiera despertado en su apartamento de la calle Peacock y no en mi asqueroso dormitorio."

     Lo cierto es que tenía muchas ganas de leer algo más de Mitchell. Tras el Atlas de las nubes me podía la curiosidad por seguir leyendo sus historias, así que cuando me enteré de la publicación de este libro, me faltó tiempo para ir a comprarlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, Relojes de hueso.

     Conocemos a Holly Sykes cuando tiene quince años, en la década de los ochenta. La conocemos justo la mañana de la gran discusión con su madre, que acaba de enterarse de que mantiene una relación con un hombre de 24 años. Holly huye de casa con la intención de refugiarse en los brazos de un novio que la espera en la cama con su mejor amiga, así que tragándose el orgullo y entre lágrimas, Holly comienza una aventura que la llevará a recoger fresas. A partir de ahí y, a lo largo de seis partes, el libro nos irá abarcando lo sucedido hasta el año 2043.

     Como decía, el libro está dividido en seis partes, narradas en primera persona por distintos personajes, excepto la primera y la última en las que la propia Holly toma la palabra. En las otras cuatro partes nos iremos encontrando con narradores que están relacionados siempre de un modo u otro con Holly, y sus historias nos llevarán de Suiza a Irak llegando a un futuro no tan lejano en el que el mundo ha sufrido un colapso que no se nos antoja tan extraño. En este momento hay que resaltar la cuarta parte, en la que aparece un escritor llamado Crispin Hershey que muchos han buscado identificar con Martin Amis, pero que el autor se ha apresurado a explicar que tiene mucho de él mismo. De este modo asistimos a una versión que oscila entre la crítica y la sátira del mundo literario en la que se aprecia aún más el sentido del humor del autor que permanece durante toda la novela.

     En cuanto al argumento, pudiera parecer que se trata de la vida de Holly, pero Mitchell es un autor ambicioso y, siendo sinceros, ella no es más que una excusa plantada en el realismo, para dar pie a una subtrama que asoma desde las primeras páginas, con las alucionaciones de Holly, y que acaba tomando la novela en la quinta parte. La vida de Holly, su huída con ese curioso encuentro con la mujer pescando, o el té y el desayuno con salchichas, nos van introduciendo en la mente el germen de esa segunda historia que va captando nuestra atención mientras el estilo fluído del autor nos lleva por la superficie a una velocidad pasmosa para tratarse de una historia aparentemente tranquila. Vamos celebrando cada vez que aparece Holly a lo largo de la historia porque le cogimos cariño desde las primeras páginas, y a la vez vamos siendo conscientes de la parte fantástica. Y es que si hay un personaje que en un momento determinado afirma que un libro no puede ser medio fantástico lo mismo que una mujer no puede estar medio embarazada, Mitchell se encarga de desmentirse a sí mismo. Toda la parte realista está poblada de personajes que aportan una continuidad a la historia, ya de por sí interesante, pero también es una introducción para hablarnos de una lucha entre dos tribus inmortales, y darnos finalmente el significado al enigmático título que lleva el libro. La pregunta del millón es cómo se consigue pasar de un lado a otro, de una mujer de mediana edad a una lucha entre inmortales, sin perder la compostura ni extrañar al lector. Es más, añadiría, consiguiendo justo lo contrario, que preste más atención. De repente estamos entre Anacoretas y Horólogos acompañando a Marinus y descubriendo las conexiones entre ambos mundos. La importancia del primero para el segundo, y también la insignificancia de la existencia (en este caso reflejada en cientos de páginas), dejando asomar el autor la parte crítica de la historia.

     Relojes de hueso es una novela diferente, divertida, en la que uno tiene la sensación de que cualquier cosa es posible, incluso encontrar alguna referencia al propio autor que nos haga sonreír, y en la que el autor se encarga de que no olvidemos eso precisamente: que cualquier cosa es posible. Pocas veces me ha durado tan poco un libro que anda por las setecientas páginas, pero el ritmo y la trama empujan a seguir la historia. Y a disfrutarla. Mucho.

     Por si no ha quedado claro que he disfrutado de ella, lo único que me queda por añadir es que es bonita hasta por fuera. Pero, ahora que caigo, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

sábado, 9 de abril de 2016

Entrevista a Fernando J. López

Imagen tomada del twitter del autor
  Fernando J. López nace en Barcelona en 1977. Dramaturgo y profesor de literatura publica con 19 años, In(h)armónicos con la que obtuvo el Premio Joven & Brillante y fundó la compañía teatral Armando no me llama. Desde entonces ha estrenado y publicado obras como Tour de force, Saltar sin red o Cuando fuimos dos.
Literariamente ha continuado también su trayectoria, quedando finalista del Premio Ciudad de Badajoz y del Premio Río Manzanares con La imortalidad del cangrejo. En el año 2010 escribió La edad de la ira, novela con la que se clasificó como finalista del Premio Nadal. Su última novela es Los nombres del fuego, una experiencia sobre la adolescencia y la vida más allá de las páginas en las que está impresa.

- Mirando tu trayectoria, lo primero que aparece fue el teatro. Del teatro a la literatura, ¿cómo fue ese paso?
- En realidad he compaginado siempre ambas facetas, pero a veces los textos teatrales se han estrenado antes de que se publicaran ciertas novelas o viceversa. Para mí ambas facetas son tan necesarias como, en cierto modo, complementarias y me permiten abordar la realidad desde dos perspectivas artísticas muy diferentes entre sí.
- La edad de la ira fue tu gran entrada en el panorama literario, una novela que ha sido indicada como para adolescentes, algo que tiene en común con Los nombres del fuego. La etiqueta de novela juvenil no es siempre bien recibida, ¿qué opinas de que se te vincule a este sector lector?
- Me enorgullece ser considerado como autor juvenil, pues creo que es uno de los públicos más difíciles y, a la vez, más importantes. Los libros que más nos marcan, los que de verdad nos convierten en lectores, son los que leemos en la infancia y en la adolescencia, de modo que la labor de la literatura juvenil es esencial en la creación de una sociedad lectora. Por otro lado, La edad de la ira nunca fue concebida como novela para adolescentes y, sin embargo, desde su publicación ellos la han convertido en un long seller que, a fecha de hoy, sigue siendo lectura recomendada en muchos institutos. Ahí me di cuenta de que la etiqueta de juvenil no era más que eso, otra etiqueta de las que inundan el panorama cultural y que, en realidad, la verdadera literatura transgrede y flexibiliza continuamente. No hay libros para jóvenes o para adultos, hay libros que merecen la pena y libros que no merecen la pena, es así de sencillo.
- Personalmente, a veces tengo la sensación de que la mayor parte de los libros dirigidos al público infantil son casi clones. Dime, ¿los jóvenes leen menos o para los jóvenes hay menos opciones en las mesas de las librerías?
- Falta riesgo y capacidad de innovación. Se subestima a los lectores jóvenes y se les ofrece un rango de títulos muy similar entre sí, con un afán comercial que, finalmente, les cansa. También está la literatura con moralina, donde la narrativa naufraga en medio de un discurso obvio y escasamente literario. Por eso, precisamente, estoy tan involucrado con Loqueleo, el sello de Los nombres del fuego, porque su apuesta es clara por una literatura juvenil atrevida, valiente y de calidad, títulos que como esta novela no subestiman al lector, sino que le plantean situaciones complejas, duras y que creemos que deben formar parte de lo que entendemos por literatura juvenil.
- Tu novela tiene un fuerte vínculo con un soporte multimedia, cómo leer Los nombres del fuego?
- Eso cómo siempre ha de responderse de la misma manera: con total libertad. Creo que el lector ha de encontrar su camino hacia cualquier libro y lo interesante de la narrativa transmedia es que ese cómo se multiplica. Se puede leer el libro a la vez que se oye la música de la novela en la web (www.losnombresdelfuego.loqueleo.com) y se curiosea en los blogs de los personajes o en sus cuentas de Instagram. También se puede comenzar desde la web, viendo el vídeo de la novela y conociendo sus historias. O se puede leer la novela de un tirón y comenzar después a bucear en el universo transmedia. La idea es que ese espacio virtual no solo sea un lugar donde seguir leyendo sino, sobre todo, donde seguir creando, de ahí que se permita escribir y enviar materiales en todas las secciones de la web.
- Me gustaría que nos contaras cómo surge la idea del libro y además, exportarlo a una página web, vídeos, música, incluso hay una fotografía del cartel de una película que se emite ahora mismo en el cine y que aparece en la cuenta de una red social de uno de los protagonistas. ¿Cómo se hace algo tan complejo y cuánto tiempo lleva?
- La creación de esta novela ha exigido mucho tiempo y trabajo, tanto en su planificación como en su desarrollo. El hecho de convertirla en transmedia tiene que ver con la valentía de mis editores, que fueron quienes vieron esa opción en esta historia mucho antes que yo. Como se trata de una novela donde se ponen en duda los límites del tiempo y del espacio a través de las dos historias  que la constituyen, mis compañeros lo Loqueleo pensaron que sería posible estirar aún más esos límites a través del universo virtual. Lo hermoso de ese proceso ha sido el trabajo en equipo con un grupo de profesionales magníficos sin los que esto no habría sido posible. Y todos estábamos de acuerdo en que el mundo virtual de la novela debía aunar lo literario y lo social, el ayer y el ahora, de ahí que la actualidad esté presente en espacios como El cine del fuego o el blog de Nico.
- La historia se apoya en ese momento del paso a la edad adulta, de encontrarse y decidir el camino. ¿Crees que olvidamos esos momentos una vez nos asentamos en la vida adulta?
- No lo olvidamos, pero intentamos hacerlo. Es una etapa en la que se sufre mucho porque todo está por hacer y construirse siempre resulta doloroso. Creo que debemos mirar a la adolescencia de frente, buscando reconocernos en quienes fuimos a través de quienes ellos son ahora, no juzgando su realidad con condescendencia o desde nuestra mirada de adultos que ya han superado ( o creen haber superado) sus miedos y complejos. En realidad, seguimos estando muy cerca de la persona que fuimos, pero eso nos haría sentir tan vulnerables que preferimos creer que no es así.
- ¿Qué tiene, además, ese periodo de la vida para que te atraiga tanto?
- Es la etapa en la que todo está por hacer: podemos elegir con qué deseamos soñar y cómo queremos proyectarnos en el futuro. Una vez que esos años pasan y el futuro se vuelve presente no siempre resulta fácil casar las expectativas con la realidad. Eso, sumado a la vivencia vehemente de las emociones propia de la edad, hace que se aun tiempo tan atractivo.
- Supongo,  por lo que he visto en las redes, que has compartido la lectura de Los nombres del fuego con adolescentes, ¿cómo ha sido esta experiencia?
- Estupenda, son unos lectores críticos, llenos de curiosidad y que reaccionan muy bien cuando se les trata desde la honestidad y se les habla -y escribe- de tú a tú. La respuesta a la novela está siendo muy buena y confiamos en que siga siéndolo.
- Tocas temas como la homosexualidad, que tal vez estén más normalizados en la vida adulta que en los pasillos de un instituto, de hecho las noticias indican muchas veces que es así. ¿Cuánto hay en tu libro de reflejo social, de crítica, de ayuda...? ¿Y de muestra para los padres, de recordatorio?
- No es una muestra ni un recordatorio consciente, pero en mis novelas y obras de teatro siempre aparecen temas sociales que me inquietan y que creo que deben ocupar un lugar importante también en la ficción. La literatura ofrece visiones del mundo y, desde la palabra, puede ayudar a modelarlo o, cuando menos, a plantearnos interrogantes. Mi labor como autor no consiste en ofrecer consejos, pero sí en visibilizar situaciones y darles forma narrativa. La novela no tiene que ofrecer respuesta, sino preguntas.
- Además una doble historia que se toca en un punto clave de la vida, ¿fue difícil elegir los tiempos en los que apoyarías tus historias?
- Fue complicado al principio, porque sabía que necesitaba jugar con dos momentos muy diferentes entre sí, pero pronto se atravesó en mi camino la idea de que debía ser el Imperio azteca. Supongo que mi pasión por México y por la cultura mexicana tuvo algo que ver con ello.
- Antes te he preguntado cómo leer Los nombres del fuego, ahora me gustaría que me dijeras por qué leer esta novela. Que dieras un pequeño, mínimo, resumen de lo que es Los nombres del fuego.
- Los nombres del fuego es una novela sobre la búsqueda de nuestra identidad, tan cambiante como el fuego del título y para la que necesitamos encontrar no uno, sino muchos nombres: tantos como los de las vidas que queramos vivir.
- Finalmente, me gustaría saber qué estas leyendo en este momento.
- Ahora mismo estoy con la última novela de Chirbes, uno de mis autores favoritos, París-Austerlitz.

     Muchísimas gracias a Fernando por haberse prestado a aparecer en este espacio y por su predisposición y disponibilidad a la hora de hacerlo.

     Y, como siempre, gracias a todos los que os pasáis por aquí.

     Bibliografía del autor:
     - In(h)armónicos
     - La edad de la ira
     - Tour de force
     - Las vidas que inventamos
     - Lo que no se dice (colaboración con un relato)
     - La inmortalidad del cangrejo
     - El cielo en movimiento
     - El reino de las tres lunas
     - Los nombres de fuego

viernes, 8 de abril de 2016

La saga de Hrolf Kraki. Poul Anderson


     "Había un hombre llamado Eyrind el Rojo, que vivía en el Danelaw de Inglaterra cuando era rey Aethelstan. Su padre era Svein Kolbeinsson, que había llegado allí procedente de Dinamarca y a menudo había vuelto en viajes comerciales. Cuando fue suficientemente mayor, Eyrind se marchó. Sin embargo, como era más inquieto y ambicionaba más que Svein hacerse un nombre, al final entró al servicio del rey."

     De vez en cuando uno se aleja totalmente de las lecturas habituales para embarcarse en libros que sabe de antemano van a gustarle. Historias, por ejemplo, de vikingos. Eso me sucedió con este libro incluso antes de abrirlo. Hoy traigo a mi estantería virtual, La saga de Hrolf Kraki.

     Una joven danesa que se ve empujada a hacer un viaje acompañando a su marido y este a su vez al rey, se gana a las damas que la acompañan en la travesía relatando historias. Cuando esto llega a los oídos del rey, la manda llamar para solicitar escuchar también sus relatos. Estamos en el siglo X y esta mujer, Gunnvor, comienza a hablar al rey de la historia de Hrolf Kraki que se remonta tres siglos atrás.

     Ahora que parece que las sagas y las grandes historias han de estar formadas por un mínimo de tres libros voluminosos, llega Runas y reedita este título de Poul Anderson que apenas supera las 300 demostrando que no es necesaria tanta extensión. Comenzando por un prólogo del propio autor en el que cita fuentes y orienta al lector y con un primer capítulo introductorio que nos explica por qué la narración tiene esa estructura, Anderson pronto entra en faena en este libro vestido de leyendas.

     La historia, de corte clásico, casi épico en algunos momentos, echa también mano de leyendas fantásticas y maleficios y dioses. No habla solamente del citado Hrolf Kakri, habla de su familia empezando por la historia de sus antepasados, a cada cual más interesante, para seguir avanzando hasta él. Anderson no se entretiene en descripciones, pese a lo cual hay momentos de sorprendente hermosura en sus palabras, otros en los que, con apenas media docena, nos ha dejado clarísima la situación. Sin embargo, no será la profundidad de los personajes ni las páginas llenas de largas descripciones de las luchas lo que caractericen esta historia. Y tampoco le hace falta, puede ir perfectamente al grano y aligerar además el lenguaje que se puede suponer a este tipo de leyendas puesto que está siendo relatada mucho tiempo después a un hombre que, además, desconoce los lugares en los que sucedieron, al igual que el lector que agradece determinadas explicaciones. De este modo elimina trabas para la lectura, facilitando al lector su avance y también, salvando a los más puristas, su disfrute.

     Concebido casi como un conjunto de sucesivas historias, es fácil quedarse enganchado a sus letras, casi inevitable, ya que hay luchas, traiciones, más luchas, ideales, magia, lealtad... y uno acaba sintiéndose presa de cada historia, de cada personaje. En apenas unas pinceladas, hemos pasado de un libro en el que los nombres se nos habían antojado extraños en las primeras páginas, a caer rendidos ante padres, hijos o hermanos sabiendo perfectamente a quién nos referimos.

     He disfrutado mucho de esta novela, a la que no puedo apear el regusto a historia clásica, a cuento a la luz de la luna en la que todo es posible y van apareciendo brujas e incluso osos, y me he dejado llevar por las letras de Anderson. No he querido meterme mucho más en el argumento ni dar detalles que puedan dejaron sin una de esas historias con las que una dama entretuvo a un rey sobre la saga de un hombre que muchos compararon con el Rey Arturo. Lo que si hago es recomendaros que le deis una oportunidad. Y que os dejéis llevar por la voz del autor.

     Como comenzaba diciendo a veces uno se sorprende al asomarse a un lugar totalmente insospechado. Yo en este caso os propongo vikingos, que seguro os ha extrañado a muchos en un primer momento, pero si uno no se arriesga de vez en cuando, tampoco amplía sus lecturas. Así que hoy la pregunta es fácil, ¿recordáis ese libro que os pilló por sorpresa y os encantó?

     Gracias.

jueves, 7 de abril de 2016

Adiós en azul. John D. MacDonald


     "Iba a ser una velada tranquila y hogareña.
     El hogar es el Busted Flush, una casa flotante tipo gabarra de dieciséis metros de eslora, amarre F-18, Bahía Mar, Lauderdale.
     En el hogar es donde encuentro intimidad. Corres todas las cortinas opacas, cierras las escotillas y con el susurrante zumbido del aire acondicionado amortiguando todos los ruidos del mundo exterior, consigues olvidarte de que tienes pegados a los de la embarcación vecina."

     Una de mis películas favoritas es El cabo del miedo, o del terror dependiendo de la versión a la que estemos mirando. Bien, el autor del libro en el que se basa es MacDonald, así que me resultó imposible no fijarme en este título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Adiós en azul.

     Conocemos a Travis MacGee, un hombre que se dedica a recuperar lo irrecuperable a cambio de la mitad del botín que consigue devolver a su dueño. Dicho así suena peligroso, y lo es. Esta suerte de detective que vive en una barcaza y sólo acepta trabajos cuando va corto de dinero, se ve involucrado en la vida de una joven bailarina que acude a él para contarle su triste historia. Descubrirá así que un hombre llamado Junior Allen, ha robado a esta chica tras dejarla hecha trizas, y también que no es la única mujer que sufre las consecuencias de Allen. Ahora Travis va a ir en su busca para recuperar lo que es de Cathy.

     Adiós en azul es la primera entrega de una serie de novelas protagonizadas por Travis MacGee que se puede leer sin necesidad de continuar la saga ya que tiene un desenlace que bien hubiera podido ser de un libro único. Dicho esto, añadiré como curiosidad que todas los títulos de la saga de Travis, incluyen un color, tal vez puesto ahí como seña de identidad del autor, o tal vez para diferenciarlos entre las aproximadamente ochenta novelas que dejó en su haber MacDonald: un autor tan poco conocido en general, como alabado por su obra.

     En este caso nos enfrentamos a una novela corta en la que se percibe, lo primero, el tono influenciado por el momento en que fue escrita. Estamos en 1964 y el autor habla de transportes aéreos, soldados y contrabando, de hombres convertidos en magnates y mujeres poco más que floreros a simple vista pero a las que hay que conocer para descubrir su verdadera historia. Todo esto se acompaña por un tono entre chulesco y descastado para dirigirse a su detective y una puntuación en los diálogos que hace que su protagonista y narrador parezcan unirse y desunirse en muchos momentos, consiguiendo así que el lector no sólo vaya descubriendo datos, ino también sentimientos de este peculiar protagonista al que no duda en despojar puntualmente de su duro revestimiento.

     La historia, de chicas desvalidas que demuestran su tremenda fortaleza tras sufrir los abusos de un canalla maltratador llamado Allen, es tan sencilla como interesante, y el lector se ve empujado a devorar página tras página para saber si finalmente se encontrará con el esperado cara a cara entre estos dos hombres. Despoja además a la narración de todo artificio, incluso de diplomacia en muchos momentos, y la caracterización de sus personajes viene dada por los pensamientos de Travis, al que MacDonald describe como un holgazán y cuyos datos físicos nos va dando poco a poco y sólo cuando son estrictamente necesarios. Es curioso además, como no duda en convertir al detective en salvador o galán buscavidas dependiendo del momento, y como cubre finalmente toda la historia de una pátina que recuerda a aquellas películas en blanco y negro en las que nos acompañaba la voz en off del detective de turno. De hecho es una novela que se lee casi con nostalgia de un género que ha evolucionado tal vez demasiado deprisa por ir empujado por las modas, y por eso se disfruta incluso más cuando nos encontramos con un libro con regusto a tono clásico de la novela negra.

     Comenzaba diciendo que el autor es el culpable de El cabo del miedo, y es cierto que encontramos ciertas similitudes en la trama. Malos malísimos, mujeres incautas y agua que nos confirman que no nos hemos equivocado de autor, y que nos recuerdan aquellas escenas protagonizadas por Robert de Niro.

     Me ha gustado. He disfrutado tanto con la trama cuyo final es perfecto como con el tono del libro que me ha recordado a años que no viví pero que si leí o vi en películas pasadas. Hay libros que no aguantan bien el paso de los años, a otros sin embargo, ese paso del tiempo les otorga un plus, una suerte de encanto especial que hace que aumente su valor. Estamos ante el segundo caso. De hecho pienso continuar con esta saga, voy a seguir conociendo a Travis MacGee.

     Y vosotros, ¿no os ha pasado que os encontráis con historias que pierden encanto con el paso de los años? Pensad por ejemplo en la ciencia ficción.

     Gracias.

martes, 5 de abril de 2016

La mitad de la verdad. Zygmunt Miloszewski


     "Los judíos celebran solemnemente el séptimo día de las fiestas de la Pésaj y recuerdan el paso a través del Mar Rojo, mientras que para los cristianos es el cuarto día de la Octava de Pascua. Para los polacos este es el segundo de los tres días de luto nacional decretados tras el incendio de un albergue social en Kamie´n Pomorski, en el que fallecieron veintitrés personas."

     Lo cierto es que en cuanto vi que se publicaba este libro, ni me lo pensé. Es el segundo volumen de una trilogía que comenzó hace meses con El caso Telak y que tenía ganas de avanzar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, La mitad de la verdad.

     Seguimos conociendo a Szacki, fiscal investigador de homicidios que ahora se ha trasladado a una pequeña ciudad de provincias llamada Sandomierz. Ahí, un lugar aparentemente aburrido con poco que hacer, aparece el cuerpo desnudo y sin vida de una mujer. Todo parece indicar que el homicidio ha seguido un ritual judío para sacrificios animales, lo que provoca un brote de resentimientos no tan enterrados en esta pequeña comunidad. Además, el cuerpo de la mujer no es el único en aparecer y Szacki ve como se complica su vida.

     Szacki me gusta, ya lo comenté en la reseña de la primera entrega. No es particularmente simpático y no le gustan los perros, pero me lo paso bien. Y tras el sorprendente caso Telak, tenía ganas de ver por dónde despuntaba el autor en la segunda entrega. Esta vez nos deja en una ciudad pequeña, lo que aprovecha para que veamos las diferencias entre ambos libros: de la capital aquí, a los vecinos que se conocen, a resentimientos y envidias... y refleja perfectamente lo que es vivir en estas sociedades. En cuanto al caso que presenta, es muy interesante no ya por la resolución en sí o por el cura que es por momentos bastante divertido, sino por el trasfondo que despliega de antisemitismo latente aún en la sociedad actual. Y es que el autor representa de una forma estupenda la sociedad polaca, que pese a no ser un lugar lejano y exótico, me era totalmente desconocida. No sólo el tema antisemita, sino también el momento actual.

     Los personajes son fantásticos y Szacki sigue siendo, cuanto menos, peculiar, de esos a los que amas u odias y que admite pocas medias tintas; aunque reconozco que me ha resultado un poquito menos fresco que en la primera entrega. El autor lo sabe rodear de buenos secundarios y de una trama solvente, convirtiendo esta novela en una muy buena opción de lectura.
El ritmo es engañoso, uno comienza con la sensación de que no está sucediendo nada, cuando en realidad es un no parar hasta llegar a un final en el que cuesta hacer una pausa en la lectura hasta tenerlo todo atado y bien atado. El autor en este caso busca sorprender, ya vamos viendo el camino que toma en el último cuarto del libro, que desemboca en un final satisfactorio que deja con ganas de que se publique la tercera parte de esta trilogía y con la curiosidad de saber por dónde va a salirnos esta vez Milosewski.

     Me ha gustado, me he divertido y me he reído, porque el humor negro negrísimo está presente durante la narración y, pese a lo narrado, hay momentos en los que me ha sido imposible reprimir la risa. El autor ha sabido dotar a esta segunda entrega de carácter propio y diferencias suficientes con el primero como para poderlo desligar, pero si me lo permitís, os recomiendo ambos. Y empezad por el primero.

     Me gusta descubrir nuevos lugares en mis lecturas. A veces exóticos y otras simplemente desconocidos, como es el caso de Polonía. En este caso, por ejemplo, busqué la ciudad en la que se desarrollaba y me topé con un entorno precioso.
     Y vosotros, ¿también aprovecháis las lecturas como guía de viaje?

     Gracias.

lunes, 4 de abril de 2016

La decisión de Sophie. William Styron



     "En aquellos tiempos era casi imposible encontrar un apartamento barato en Manhattan, por lo que tuve que trasladarme a Brooklyn.
     Esto sucedía en 1947, y lo más agradable para mí de aquel verano, que con tanta claridad recuerdo, fue el tiempo, suave y soleado, con fragancia de flores, como si los días se hubieran detenido en una perpetua primavera."

     Bien sea por el libro o por su película, está claro que hay títulos que conocemos todos y nombres que nos suenan a grandes personajes, como sucede con el libro que hoy traigo a mi estantería virtual. Se trata, de La decisión de Sophie.

     Conocemos a Stingo, un aspirante a escritor que se traslada a Nueva York y conoce en Brooklun a Nathan y Sophie, una pareja que pronto le atrapa en sus redes. Descubrirá una relación malsana, una superviviente del campo de concentración de Auschwitz y a un hombre temperamental, y hasta cierto punto magnético. Entre vivencias y confesiones, Stingo acabará buscando el secreto que lleva esta mujer dentro.

     Con tintes autobiográficos entre el narrador, Stingo, y el propio autor, Styron se embarca en una novela que bien podría catalogarse de novelón en el buen sentido de la palabra. Nos va mostrando a su narrador y también la relación que establece con los otros dos protagonistas y, a través de esta relación, conoceremos a Sophie, Nathan y la relación entre los tres. Presenta así a una mujer que es una polaca católica superviviente al horror nazi, una persona que ha de tener una fortaleza tremenda y que, sin embargo, está atada a una relación tóxica con un hombre que, desde las primeras páginas, descubrimos que tiene serios problemas. Nathan no trata bien a Sophie, y sin embargo ella parece ser casi dependiente de él, mientras va poco a poco abriendo su corazón y su alma en largos monólogos al narrador. Y nos descubre así su historia, y también a uno de los personajes más complejos y fuertes, más conmovedores y desgarradores de la literatura. Es imposible no caer fascinados ante esta mujer y también ante el secreto que guarda, caer en la trampa tan bien orquestada por el autor e ir descubriendo la historia a la vez que Stingo, buscando a la verdadera Sophie.

      A estas alturas descubrir que es un melodrama no va a sorprender a nadie, pero el autor lo aligera en muchos puntos. Posiblemente la narración lineal de la vida de Sophie hubiera resultado excesivamente angustiosa, así que esos saltos entre tiempos de la actualidad al recuerdo, nos dan el respiro necesario para ir quitando poco a poco las capas bajo las que se oculta su verdadera historia. Se habla también en la novela de sexo y puritanismo, consiguiendo sacar incluso alguna sonrisa a un lector que ve como se aproxima el final de la novela de una forma inexorable. No tenemos esta vez un final sorprendente, porque no podríamos justificarlo. Y de hecho es esa sensación de irremediabilidad la que da fuerza a una parte final de la desgarradora historia de esta mujer cuyos secretos se nos han ido desvelando.
     Es cierto, añadiría, que parece que poco a poco nos van inundando historias del nazismo, y es cierto también que en esta se habla del horror de los campos de concentración, que hay frases lapidarias, muerte y nombres reales; pero siempre hay unos títulos que sobresalen sobre otros y este es uno de ellos.

     La decisión de Sophie es una gran historia, con unos personajes complejos y poliédricos que consiguen despertar los sentimientos del lector desde las primeras páginas. Se trata de una historia dura, sí, pero inolvidable que no puedo dejar de recomendaros. Y os garantizo una cosa: es muy difícil olvidar a Sophie.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

viernes, 1 de abril de 2016

La tierra que pisamos. Jesús Carrasco


     "Hoy me ha despertado un ruido en mitad de la noche. No un ronquido de Iosif, que, raro en él, a esa hora dormía a mi lado en silencio, medio hundido en la lana del colchón. He permanecido tumbada, con la mirada detenida en las vigas de haya que sustentan el techo, apretando fuertemente las sábanas en busca de una firmeza que el lino tan sutil no ha logrado."

     Cuando uno entra en la literatura con la potencia que lo hizo Carrasco con su primera novela, la segunda es vital para saber si se está a la altura. De hecho si tuviera la oportunidad, seguramente le preguntaría a Carrasco si eso del miedo escénico existe, y si lo ha padecido durante los días siguientes a la salida de este libro a la venta. Hoy, en definitiva, traigo a mi estantería virtual, La tierra que pisamos.

     Conocemos a Eva, una mujer casada con un coronel sanguinario que ahora es totalmente dependiente de ella. Viven en un país extranjero para ellos, España, invadido por el imperio al que pertenecen. A las puertas de su casa llega Leva, un mendigo silencioso, un hombre despojado de cuanto posee salvo de su memoria. Eva, contraviniendo las leyes de su propio imperio, lo acoge, y reconstruye lo que este hombre ha vivido.

     Carrasco, como ya hiciera, comienza la novela de forma abrupta, sin localizarla del todo en el espacio o en el tiempo. Nos sabemos en la zona extremeña y apuntamos hacia un futuro no demasiado lejano. En ese contexto hay un imperio que ha invadido Europa, y sometido bajo su yugo cruel a los habitantes de cada país tomado. No sólo eso, sino que también vigila a quienes van a residir a esas zonas, vistiendo de protección lo que no es otra cosa que control. Este será el escenario elegido para la segunda novela de un autor encumbrado en su debut. Y este será el mundo en el que Eva, nos narrará en primera persona una historia que destaca por el cuidado extremo de su estilo. Esta vez, y yo lo he agradecido, Carrasco no acude a la búsqueda de ese léxico tan marcado que tuviera en Intemperie, perdiendo el significado de algunas frases al esconderse en palabras rimbombantes o ya en desuso. Aquí lo que marca la novela es un estilo directo y descarnado, propio del hastío de quien ya ha visto todo y tal vez por ello parezca insensibilizado a la hora de relatar cuanto le rodea.
     Eva contraviene la ley y se esconde de su propia patria. Una patria que la respeta por su posición, pero que también la atemoriza mientras vive condenada a cuidar de un marido por el que, poco a poco, irá mostrando su desprecio. Pero sólo al lector, nunca de forma pública. Porque ella se esconde lo mismo que esconde a ese hombre que pensó en un primer momento que podría matarla. No sólo eso, sino que desarrolla además un sentimiento, una necesidad de contar su historia que se ve acrecentada por el silencio de Leva. Y en ese momento, encajamos las piezas y tenemos su mundo condensado en tres personajes. El imperio invalido, sanguinario, respetado y aún vigilante en Iosif; los que despiertan, el pueblo que comienza a ver dónde está y lo que está haciendo en Eva; y las historias que no importaron, los pueblos sometidos, las muertes, los que jamás regresaron, en Leva.

     Elegido Eva como personaje central, como piedra sobre la que bascula la historia ya que es ella quien decide relatar la del mendigo, nos enfrentaremos a los otros dos hilos pertenecientes a él; la detención y exterminio de su familia y el trabajo forzado. Asistiremos a terribles paseos talando árboles, a muertes, quemas, pobreza, incomprensión y suciedad  y también a la compasión y el horror que provocan estas historias en Eva y en su necesidad de conocerlo todo.
Todo ello lo iremos conociendo en una narración estática en la que ya sabemos cual es el punto actual. Y eso hace que la novela no termine de funcionar, no agarre al lector estrujándolo en lo terrible que representa. Los personajes, tan bien dibujados en un primer momento, llegan a quedarse estáticos frenando la novela mientras asistimos a su despiece. Tal vez sea eso, o el exceso de control que tiene sobre la historia y nuestra percepción la protagonista, lo que ha provocado que no termine de sentirme cómoda con ella. Pero ha sido un runrún constante del que no era capaz de despegarme, o quizás sea voluntad del autor no redimir ni siquiera un instante a nadie en esta historia. Aún así, el resultado es satisfactorio, aunque me vuelve a pasar como con Intemperie, y no acierto a ver ese punto brillante que deslumbra a casi todos en las letras de Carrasco. Tal vez, sea simplemente que no encajamos y me toque entonar ese ya manido "no eres tú, soy yo" aplicándolo a las letras.

     Con esto de las novelas que llegan y gustan a todo el mundo, que se ensalzan y uno parece que se queda descuadrado al no disfrutar tanto como el resto, a veces me siento en un universo paralelo. Y vosotros, ¿recordáis algún título con el que os haya pasado eso?

     Gracias.