miércoles, 15 de febrero de 2017

Silencio. Thomas Raab


     "El día en que murió Karl fue un buen día.
     Un humo blanco procedente de la chimenea de ladrillo situada al otro lado del cerro se desplazaba como un velo de novia por el cielo despejado. debajo, el verde de los prados y bosques: jugoso, exuberante, extenso. A lo lejos, primero la suave elevación del Calvario, detrás la punta siempre humeante de la chimenea de la fábrica de acero, y ese silencio. Solo se oía el canto de los pájaros, el zumbido de los insectos, el crujido de las líneas eléctricas, el susurro de los árboles, el viento. Un lugar apacible para un instante fugaz."

     En esta ocasión traigo un regalo de Navidad tardío o quizás el primero que reciba este año. El caso es que hoy traigo a mi estantería virtual, Silencio.

     Conocemos a Karl cuando nace. Un niño deseado cuyo llanto atraviesa el pueblo de lado alado de forma incesante salvo en los escasos momentos que cae agotado. El rechazo que parece sentir por su madre pronto hace que ella caiga en una depresión, mientras que su padre, un hombre enamorado y de buen carácter, intenta imaginar qué misterio puede tener ese comportamiento. Karl no les odia, no odia a nadie. Lo que sucede es que nace con un oído muy desarrollado, y hasta el más mínimo ruido le vuelve loco de dolor, como si fuera a estallar su cabeza. Así que crece separado del mundo, aislado, sin luz, sin ruido, sin reglas. Pero las reglas son importantes, al menos las básicas que hablan del bien y el mal, de la vida y la muerte. Cuando alguien no entiende esas reglas corre el peligro de convertirse en un monstruo.

     Es inevitable, me temo, pensar en Jean Baptiste Grenouille, protagonista de "El perfume" tras leer la sinopsis de este libro. Y además el autor lo ha aprovechado, ha sido consciente, aunque aquí no hay mujeres a las que robar esencias, y la infancia del niño juega un papel crucial. Escrito a modo de thriller psicológico de esos que cargan la atmósfera de forma constante más que con subidas de adrenalina provocadas por giros y sustos, nos va descubriendo la vida de Karl y también la del policía que será su reverso. Un niño al que comprenderemos en su desdicha, pero que se mantendrá también apartado de un lector que no logra sentir lástima por él. Incluso antes de conocer sus atrocidades, ya le tenemos antipatía, como si Raab quisiera retarnos a no sentir pena por su discapacidad provocada por exceso. Este monstruo demoledor que protagoniza la novela se arma de esa supuesta inocencia, y cuando digo supuesta es juicio personal, para aterrorizar aquellos lugares por los que pasa, y también los jos del lector.
     Sin embargo, lo que parecía ser una historia prometedora, no logra mantener el ritmo hasta el final, y leídas las dos terceras partes se estanca ante un autor que opta por magnificar lo que sucede para así intentar no perderos. Y no hace falta eso, el lector ya es fiel a esas alturas y quiere saber qué va a suceder con Karl y, sobre todo, qué va a aprender.

     Silencio me ha parecido una novela que bebe de el perfume, parte de una buena idea y no termina de rematarla bien. No obstante, me ha parecido francamente entretenida. Y solo con pensar en su protagonista, tan bien descrito para que todos le pongamos imagen en apenas media docena de palabras, se me ponía la carne de gallina.

     Y vosotros, ¿recordáis a algún personaje que os haya hecho estremecer?

     Gracias.

martes, 14 de febrero de 2017

La hora de la araña. James Patterson


     "La finca de Charles Linderbergh, iluminada por una fuerte luz de tonos naranja, parecía un castillo en llamas en esa oscura y lóbrega región de Jersey, una zona repleta de espesos bosques de abetos y donde un muchacho, a quien la niebla húmeda le rozaba la cara, se acercaba a su primer momento de auténtica gloria: iba a cometer su primer asesinato." 

     James Patterson es un autor ya conocido por todos y, de hecho, el libro que hoy traigo a mi estantería virtual es el primero de una larga serie. Unos conocerán el título cuando vean que su protagonista es el ya famoso Axel Cross y otros por la película rodada allá en 2001 y que contaba con Morgan Freeman como protagonista. El caso es que hoy traigo a mi estantería virtual el primer libro de la serie recién reeditado, se trata de La hora de la araña.

     Alex Cross está investigando unos terribles asesinatos cuando dos niños de buenas familias desparecen y el jefe le deriva a este nuevo caso, para disgusto inicial del detective. No solo le cambia de caso, sino que además tendrá que colaborar con el FBI. Ambos son niños de 9 años, y Cross no arda en verse implicado emocionalmente pensando en sus propios hijos. No tardarán en descubrir que están ante un asesino realmente temible.

     Las novelas, incluso los thriller o sobre todo estos, acusan el paso del tiempo. Aquí lo notamos en las primeras páginas, cuando el autor nos hace esa distinción en el trato de casos entre negros, evidentemente pobres, y blancos bien situados. Hoy es un tema que tenemos más acostumbrado y no existen, o no debieran, la necesidad de estas denuncias abiertas sobre la discriminación por color. Además, no será el único momento en el que Patterson aluda al tema a lo largo de la novela. En cuanto a la historia, el autor busca entretener y lo hace recurriendo a todas las armas conocidas: capítulos cortos, abundancia de diálogos y partes descriptivas francamente visuales que ayuden al lector a avanzar sin problemas. Además afianza ese dinamismo con una sucesión encadenada de hechos y giros que no termina en el momento que suele ser cumbre en estas novelas, sino que avanza hasta la zona de juicio, pretendiendo de este modo dar una vuelta de tuerca a la tensión. Se queda, por supuesto, un poco corto en cuanto a la profundidad de los personajes y cae en ese cliché tan noventero del malvado hiperinteligente y, a ratos, casi inhumano por su capacidad de supervivencia, pero tampoco ha engañado al lector durante la novela, que no se siente en ningún momento defraudado antes situaciones semejantes. Patterson quiere escribir un bestseller y eso es justamente lo que hace, una novela cuyas páginas vuelan y que no aspira a escribir su nombre en los anaqueles literarios.
La saga, como comentaba en un primer momento, ha superado ya la veintena, pero sigue manteniendo a un público que se sienta a leer como quien ve una serie policiaca, sin importar demasiado si se saltaron u olvidaron parte de algún capítulo, porque el hilo se sigue a la perfección.

     La hora de la araña es una novela entretenida sin aspiraciones que se lee casi casi del tirón. Puede que no perdure en la memoria del lector, pero le hará pasar un par de tardes en la compañía de este detective.

     Y vosotros, ¿sois lectores de sagas?

     Gracias.

lunes, 13 de febrero de 2017

Vernon Subutex 2. Virginie Despentes


     "Vernon espera a que oscurezca y a que a su alrededor no haya luz en ninguna ventana para trepar por la reja y aventurarse a meterse en el jardín comunitario. Siente punzadas en el pulgar de la mano derecha, ya no recuerda cómo se hizo ese pequeño rasguño, pero, en lugar de cicatrizar, se hincha, y le sorprende que una herida tan anodina pueda dolerle hasta ese punto. Atraviesa el terreno en pendiente y bordea las viñas avanzando por un camino estrecho. Procura no tocar nada. No quiere hacer ruido ni que detecten su presencia por la mañana."

      Reconozco que tenía muchas ganas de leer este segundo libro de la trilogía de Despentes. El primero me gustó como retrato individual y boceto de grupo, de época, y hacia el final encontré una parte que releí varias veces por puro placer. Hoy traigo a mi estantería virtual Vernon Subutex 2.

      Seguimos con Vernon, el idealista, el rockero amante de la música que vio como, tras cerrar su tienda e ir vendiendo o perdiendo sus posesiones, termina en la calle. Ha dejado su única posesión, una bolsa de deporte que contiene las cintas con las palabras de la fallecida estrella Alex Bleach en casa de una otrora amiga. Vernon sobrevive como puede en la calle, conoce la vida de los sin hogar, hace algún amigo como Charles y, ajeno al mundo, desconoce que hay un grupo de amigos de otros tiempos que le buscan tras la pista más de esas cintas que de la suerte del propio Vernon.

     Conocimos a Vernon, conocimos la escritura de Despentes, y muchos teníamos ganas de continuar con la historia que se presentaba a modo de fresco de la actualidad. Defendí ya en la primera parte que me recordaba a esos libros en los que se retrataban a viajas familias que se negaban a aceptar el cambio de los tiempos. Ese era Vernon en la primera novela, y ahora en la segunda se rodea de un grupito bastante heterogéneo que bien podría ser su familia. Unos más adaptados que otros a estos tiempos que cambian, pero todos inadaptados de algún modo. Todos habitantes de las grietas que van quedando en el mundo, igual que quedan entre las baldosas de las aceras y se van llenando de suciedad, ignoradas por el mundo cuando pasan sobre ellas.

      En esta segunda parte, con un Vernon totalmente abatido y barrido por la modernidad, Despentes desviste a sus personajes de los clichés que parecían pegados a ellos en la primera parte. El estereotipo va perdiendo fuerza frente a sentimientos mundanos y condiciones humanas y, en una justa consideración al lector, descubrimos incluso el contenido de las famosas cintas. Amplía además la vista que presenta en la novela para pasar a la crítica global, Vernon y sus amigos, su ciudad, la sociedad y el mundo; un poco como esos planos cinematográficos que se van abriendo o esos vídeos de youtube que terminan mostrando toda la galaxia. Nos habla de la sociedad, de la arrogancia, la manipulación, las redes sociales, los medios de comunicación, la política... el retrato se amplía y quizás la denuncia más constante sea la referida a las clases sociales y los perennes rencores, esa lucha que no cesa pese a cambiar el terreno.

      Me ha gustado, es más humano, más directo y también, en cierto modo más impredecible. Y aquí quedo, a la espera de esa tercera parte en la que Despentes ponga firma a su fresco de la sociedad parisina moderna, preguntándole al lector si la sociedad que puede vislumbrar desde su ventana, se diferencia demasiado. Esté donde esté.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 10 de febrero de 2017

Nutshell (cáscara de nuez). Ian McEwan


     "So here I am, upside down in a woman. Arms patiently crossed, waiting, waiting and wondering who I'm in, what I'm in for. My eyes close nostalgically when I remember how I once drifted in my traslucent body fag, floated dreamily in the bubble of my thoughts through my private ocean in slow-motion somersaults, colliding gently against the transparent bounds of my continent, the muffled, the confining membrane that vibrated with, even as it muffled, voices of conspirators in a vile enterprise."

     Hay libros que se esperan con tanta impaciencia que uno al final... decide que no puede esperar. eso me ha sucedido a mi y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Nutshell.

     Conocemos a Hamlet, un Hamlet de ocho meses que aún no ha nacido pero será quien nos cuente su historia. Este nonato, que en un primer momento estuvo muy feliz nadando a buena buena temperatura, se encuentra aún en el vientre de su madre Trudy. Trudy ha pedido a su marido John un poco de espacio y se ha ido a una casa en la que mantiene encuentros con su amante, Claude, y nuestro Hamlet es testigo de todo, incluso de un sexo demasiado cercano. Desde este claustrofóbico espacio, escuchará como su querida madre y ese odiado Claude planean matar a su padre, y él no puede hacer nada desde ese lugar, si acaso nacer abandonando la calidez de su refugio actual.

     McEwan, que había ido poco a poco perdiendo su toque original,aposentándose relativamente, ya que sus denuncias constantes seguían apareciendo, parece que esta vez se sintió audaz a la hora de elegir voz narrativa. Y no lo digo poqrue haya recurrido a un nonato, no. Lo que ha hecho ha sido retomar la figura del narrador inverosímil y llevarla casi al extremo. En este caso, y con la excusa de una Trudy adicta a su ipod, tenemos a un feto extraordinariamente culto con un cuerpo aún sin terminar de formar (y cuando digo cuerpo, me estoy refiriendo al cerebro en particular). De este modo, asistiremos a un contrraste en el que preocupaciones por la situación geopolítica o por su futuro como joven, que será igual al de los jóvenes de hoy, se mezclan con el eco producido por los ruidos de los cercanos intestinos de su madre. Este juego, la transgresión que muchos van a criticar, es lo que me ha resultado más auténtico de todo el libro. Sobre todo si miro atrás a la obra de McEwan y recuerdo esa ironía que parecía haberle abandonado hasta llegar a esta obra. Además hemos vuelto a un espacio claustrofóbico, y decadente en realidad, no por la finalización, sino también por la situación de la familia, y la caída de la esperanza de esa nueva vida que es, en realidad, fruto del matrimonio y que habla del número de vueltas que tendría que darse con el cordón.

     Al final, le vamos cogiendo cariño a esta suerte de narrador snob que maneja las palabras con la ironía, ese humor british que ya es sello de la casa, suficiente como para conseguir que el lector se sonría mientras piensa pasados unos segundos, "caramba, pues tiene razón". Y es que una de las armas que mejor maneja McEwan es la manipulación del lector para convencerle absolutamente de todo lo que dice. Incluso de boca de un narrador no nato. Y yo no puedo evitar imaginar a Ian sentado con su batín, en su última relectura antes de publicarse el libro, sonriendo sin perder la pose caballeresca ante su propia gracia. Exactamente igual que tampoco se despeinó para escribirlo.

     Nutshell es una novela correcta, con referencias a la actualidad, un toque shakespiriano y la promesa del reflejo de lo que una vez fue. Sin embargo, y pese a haberlo disfrutado, sigue sin brillar como una vez hiciera, hace cada vez más tiempo.

     Y vosotros, ¿esperáis algún libro que vaya a publicarse próximamente con especial impaciencia?

     Gracias

 

miércoles, 8 de febrero de 2017

La canción de las sombras. John Connolly



     "Muerto el invierno y agonizante la primavera, el verano acechaba entre bastidores. 
     Poco a poco el pueblo de Boreas iba cambiando: se abrían y limpiaban los apartamentos de temporada, la heladería reponía existencias, y las tiendas y restaurantes se ponían a punto para la llegada de los turistas."

     Así de llamativa es la última entrega del detective Charlie Parker y es que, hoy traigo a mi estantería virtual, La canción de las sombras.

     Conocemos a Charlie Parker desde hace ya mucho tiempo. Esta vez lo recuperamos tras un incidente que estuvo a punto de costarle la vida, tanto es así que le tuvieron que practicar RCP en tres ocasiones. Un Charlie más avejentado y perjudicado que nunca que se recupera en una casa a las afueras de un pueblo perdido de Maine cuyos vecinos más cercanos son una mujer y su hija. Sin embargo, como si fuera su sino, también allí aparecerá un muerto arrastrado a la playa por la marea, y es que, ni en el lugar más recóndito del mundo, se salva el ser humano de los odios de la sangre vividos generación tras generación.

     Boreas es el lugar elegido por Parker para recuperarse en este volumen número 13 del detective más famoso de Connolly. Al igual que sucede con otros libros de la entrega, este bien podría leerse de forma independiente y disfrutar de ese modo de una entretenida novela negra que mezcla un punto sobrenatural sin perder la seriedad de la historia, sin embargo, si eres lector de Charlie Parker vas a encontrarte mucho más entre sus páginas. Para empezar estamos ante un auténtico Charlie Parker, tratado esta vez en tercera persona, recurso que al que parece haberse ido acomodando el autor.  La presencia sobrenatural en la que la maldad se supura y hay sensaciones que atraviesan los sueños y muertos que parecen velarnos, sigue siendo una de las constantes del libro, en el que llegamos a percibir el hedor de la maldad junto a sus protagonistas. Además, esta vez se ha metido finalmente de lleno en el tema del nazismo y los fanatismos que siguen adheridos a algunas mentes, tema que ya había tocado de forma muy parcial a lo largo de la saga, por lo que podemos encontrarnos con alguna explicación que enriquece a la novela sin llegar a romper el ritmo de lectura. Nos encontramos igualmente con viejos conocidos, a los que saludaremos entre signos, o disfrutaremos de sus pequeñas excentricidades mientras las viejas lealtades cierran filas a las espaldas de un Parker que lucha de manera incesante por volver a ser quien era.
Cuenta además con algunas escenas que no dejarán de sorprender a los seguidores, como es ese Parker tenaz que avanza marcando lo caminado, humanizando de este modo a su protagonista más que nunca, que no tardará en meter la nariz en las investigaciones locales, relacionando muertes aparentemente dispares.

     La habilidad de Conolly es no perder el pie con la realidad para que el lector pueda continuar la historia sin hacerse demasiadas preguntas, dejando en este caso algún frente abierto y un final muy especial que garantizan la continuidad de la que es una de mis sagas favoritas en la novela negra. Lo cierto es que si no conocéis a Parker y os da pereza ese número trece que dije que acompañaba a este título, tomáoslo como una señal y empezad directamente por este, estoy segura de que, al igual que yo, caeréis también en el siguiente. Cuando se publique, claro.

     Y vosotros, ¿sois seguidores de alguna saga detectivesca?

     Gracias.

martes, 7 de febrero de 2017

Las hermanas Grimes. Richard Yates



     "Ninguna de las hermanas Grimes estaba destinada a ser feliz, y al echar una mirada retrospectiva siempre da la impresión de que los problemas comenzaron con el divorcio de sus padres. Ocurrió en 1930, cuando Sarah tenía nueve años y Emily cinco."

     Tras Vía Revolucionaria tenía ganas de volver con Yates, y ha sido ahora el momento elegido. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Las hermanas Grimes.

     Conocemos a Sarah y Emily, dos hermanas dispares cuyos padres se divorcian y comienzan un peregrinaje por distintas viviendas y trabajos de su madre hasta llegar a la adolescencia. En ese momento sus diferencias serán mas notables que nunca y, mientras que Sarah se casa y se convierte en una mujer de su familia en un lugar apartado, Emily va a la universidad dando el perfecto perfil de mujer independiente y liberada de la época.

     Yates escribe sobre una familia dándole la voz a la hija menos, Emily. Y lo hace con un aire sobrio y a la vez despreocupado, como si fuera fácil contarnos simplemente lo que sucede en esas vidas cualquiera de una familia de clase media. Pero no es fácil y lo sabemos, y menos aún conseguir que lo parezca. Toma la historia en 1930 con un país que se recupera, una pareja que se divorcia, empleos buscados y una sociedad cambiante aún bajo la sombra de la guerra. Ese es el ambiente en el que crecen las protagonistas, a las que muy pronto diferenciamos claramente. Una madre que desatiende a sus hijas buscando su propio sueño, tal vez una sombra de ese sueño americano pero en la voz femenina de quien es autosuficiente pero rechaza la soledad impuesta en un hogar sin apoyos a su lado y se refugia en la bebida. Y dos hijas que crecen de forma dispar con un padre al que apenas ven y cuya proyección positiva de cara a la sociedad es infinitamente mejor que esa realidad latente que añoran. Sarah, la mayor, será aquella que siga la estela clásica y Emily en cambio será más inconformista e independiente, aunque Yates tiene claro el poso de su historia que es la estabilidad y el cambio en esa sociedad de clase media que era más un reflejo dorado que una realidad para ser escrutada de cerca. De este modo, ante esta disonancia entre lo que representamos y lo que somos una vez cerramos la puerta, descubrimos que la felicidad puede ser más lo primero que lo segundo y que los sueños, como dijo un célebre autor, sueños son.

     Una vez más me he encontrado con un personaje femenino que me ha gustado. No es coherente, ni constante, ni siquiera puede decirse que sea una bella persona, pero es alguien tan real que puede ser cualquiera incluso hoy. Una mujer que avanza con paso firme pero cuestionándose incluso sus propias decisiones, que busca su vida y su futuro en las distintas facetas que podemos tener y que intenta escalar sin perder de vista a una familia que le produce sensaciones encontradas. Emily, descrita por un hombre, es uno de los personajes femeninos más auténticos que me he tropezado en cuanto a alma, y es que, un buen escritor, ha de saber también tener alma de mujer cuando es hombre y de hombre si quien escribe es una pluma femenina.

     Las hermanas Grimes es una historia de poso triste y sueños rotos cuyo fin se anuncia en la primera frase y cuyo significado toma sentido pasados los días de su lectura. Hay que leer a Richard Yates.

     Y vosotros, ¿os suelen gustar más las historias protagonizadas por hombres o por mujeres?

     Gracias.

      "Tenco casi cincuenta años y nunca he entendido nada en toda mi vida."

lunes, 6 de febrero de 2017

El informe Casabona. Sergio Vila-Sanjuán


     "No podría decirse que, de no ser por el incidente, todo hubiera transcurrido con normalidad, ya que cualquier acto que incluya la presencia de los Reyes de España dista por definición de ella.
Simplemente parecía que iba a tratarse de una jornada de celebración muy parecida a la que tiene lugar en el Palacio Real de Madrid el 22 de abril de cada año."

     Hace ya cuatro años que leí Escrito en el aire, libro con el que Sergio Vila-Sanjuán ganara el Premio Nadal, y no teníamos noticias de nuevo título hasta hace apenas unos días. Hoy traigo a mi estantería virtual, El informe Casabona.

     El 22 de abril los Reyes ofrecen un almuerzo en el Palacio de Oriente a representantes del mundo de la cultura. Allí acude, y fallece, un conocido empresario de nombre Alejandro Casabona. En su testamento deja un importante capital a un instituto que fomenta la ética, y haciendo gala de su nombre, el instituto querrá un informe sobre el empresario fallecido para asegurar su reputación antes de aceptar el dinero. Y así es como conocemos a Víctor Balmoral, el periodista encargado de elaborar el informe Casabona sobre el empresario muerto.

     Parece ser que estamos ante la primera novela de lo que promete ser una saga protagonizada por el periodista Victor Balmoral, a buen seguro alter ego de su autor. Y lo hace con una novela no demasiado extensa que coloca como carta de presentación a la figura de un mecenas importante en Barcelona y la investigación que se lleva a cabo de su vida. Juega con ecos cercanos y lejanos Vila-Sanjuán, al recuperar la figura del mecenas, tan olvidada en nuestra sociedad, mientras busca intereses socio-políticos de influencia y poder que, en cambio, están cada vez más presentes. Incluye su novela lo que bien hubiera podido ser una segunda historia basada en la infancia del fallecido protagonista en la que, con ecos de la Guerra Civil relata los cambios en posiciones y economías que muchas veces son olvidados en las novelas ambientadas en esta época que solo buscan reflejos políticos, no siendo este el caso.

     La novela es de lectura ágil y procura que el lector se sienta cómodo en un ambiente tan desconocido para muchos como atractivo, recorriendo una vida a través de los informes que recogen las voces del entorno del empresario, documentos y datos que convierten la novela en el cuadro de una sociedad y una época. Me ha gustado, sobre todo la primera parte, y ese retrato que dibuja de un protagonista que investiga tanto como ha debido de hacerlo el autor de la propia novela para dejarnos esta instantánea social, y que promete dar guerra literaria.

      Me ha gustado volver a las letras de Sergio Vila-Sanjuán. He disfrutado con El informe Casabona.

      Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.