miércoles, 4 de marzo de 2020

Los secretos que guardamos. Lara Prescott


     "Cuando llegaron los hombres de traje negro, mi hija les ofreció una taza de té. Ellos aceptaron educados, como si fueran nuestros invitados. Pero cuando empezaron a volcar los cajones de mi escritorio, a tirar al suelo los libros de la estantería, a dar la vuelta a los colchones y a revolver los armarios, Ira apartó el hervidor del fogón y colocó de nuevo las tazas y los platitos en el armario. 
     Un hombre que llevaba un gran cajón de embalar ordenó a los otros que metieran en él todo lo que pudiera ser útil, y mi hijo pequeño, Mitya, fue al balcón, donde tenía su eriza, y la envolvió en su jersey, como si temiera que los hombres se la llevaran también".

     A veces es simplemente la trama. Te llama tanto la atención, que es imposible obviar el libro; lo necesitas. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los secretos que guardamos.

     Conocemos a Olga, la amante de Boris Pasternak, cuando es llevada a un gulag. Ella apoya firmemente a su amante, pero pasa 3 años en los que pierde a sus hijos e incluso el hijo que esperaba del escritor que, además, no estaría dispuesto a permitir otra situación semejante. La historia entre Pasternak y Olga, su musa, es utilizada por el propio autor para inspirarse en los personajes de la famosa novela. Una novela que sabe no verá la luz en su país.
     Conocemos también a Irina, una mujer de ascendencia rusa que ha terminado trabajando de mecanógrafa para la CIA. Allí la gente no tiene lazos personales, muchos son espías. Aunque Irina es mecanógrafa. Al menos hasta ahora que ha conocido a Sally. Ahora es quien recogerá el manuscrito cual espía/mensajera para llevarlo hasta las mecanógrafas y luego distribuirlo de contrabando en Rusia. Pero además de todo eso, Irina también vive su personal historia de amor. Con Sally. En una época en la que la homosexualidad era ilegal.

     Todo el mundo conoce al Doctor Zhivago. Poco importa si es por el libro, por la película o por su banda sonora; lo cierto es que Zhivago es un nombre que no le resulta extraño a nadie. De hecho juraría que incluso la mayor parte de la gente sabe que hay en esta gran novela una historia de amor. Lo que yo desconocía, por ejemplo, es que la CIA se había implicado para poder meter de contrabando en Rusia una novela que jamás hubiera sido publicada en ese país. Al menos en ese momento. A fin de cuentas, ¿qué puede tener un libro que se ha hecho más famoso por la historia de amor que por contener ideas revolucionarias para ser el centro de una trama de espías? Lara Prescott, que comparte nombre con la protagonista de la novela de Boris Pasternak, lo explica en su primera novela utilizando para ello hasta cinco narradores de los cuales, e incluso teniendo en cuenta el magnífico uso que hace de la primera persona, destaca la voz colmena de las mecanógrafas de la CIA.
     Hay que decir que la novela es fácil de leer y complicada de explicar, ya que ha optado por cambiar su foco de atención y establecer una suerte de paralelismo entre la historia de las mecanógrafas y la de Pasternak y su amante Olga, pero tanto en lenguaje como en formas busca lectores y curiosos que se acerquen a ella, por lo que uno no tarda en cogerle el punto y seguir leyendo tranquilamente.

     Prescott comienza la novela entre titubeos, pero poco a poco se va haciendo con esta visión totalmente feminista de un suceso desconocido para muchos lectores. Las mecanógrafas reflejarán parte de su realidad, del mundo en el que se encuentran sumergidas y también lo harán Irina y Sally descubriendo que el amor también puede ser demoledor. Nos responderá a la duda de por qué un libro puede ser tan importante, y esta es la parte que me ha resultado más interesante a mi. Frente a un régimen que lo controlaba todo para que se adecuara a sus ideas sin salirse un mm, la CIA empujaba a descubrir a través de la cultura, no solo la literatura sino también la música, por ejemplo, lo que otros gobiernos pretendían silenciar. Los libros abren mentes, dicen, y también mostrarían lo que no se permite publicar abriendo así los ojos a muchas personas. Es muy interesante esta parte de la trama, aunque cae en reflexiones descontextualizadas, más actuales que propias de los años 50 pese a que reflejen comportamientos de aquella época. Esto hizo que me costara interesarme a nivel personal aunque será precisamente esa colmena, ese aislamiento impuesto a las personas que la forman, el gran acierto de la historia. La otra mitad, ya que hay un este y oeste, un oriente y occidente, la forman Boris y Olga, su amor, su separación, sus afinidades y también sus discusiones sobre el crimen y el castigo (guiño, guiño) por el pecado cometido, por la novela. Esta es quizás la parte más conocida en la que la autora ha buscado además esa identificación directa de la novela con la ficción. Todos conocemos más o menos la historia de Pasternak, consciente de sus amigos muertos o retenidos, consciente de lo que había escrito, Pasternak, enfermo o no, con su vida se ganó el derecho a ser un personaje. Y así parece haberlo recogido Prescott entregándonos una novela de la que podemos sacar la ficción que el autor reflejaba incluso aunque una parte sucediera tras haberse escrito el libro.
     Comentaba los deslices, los clichés, los fallos que se le pueden encontrar a Los secretos que guardamos. Sin embargo, si me pongo a buscar la justicia de valorar una primera novela, tengo que decir que el resultado es tremendo y, sobre todo, apto para todos los públicos.

     Los secretos que guardamos me ha parecido una historia interesante que me  ha pillado totalmente por sorpresa. Estaré pendiente de la segunda novela de Prescott.

     Y vosotros, ¿conocéis a Zhivago?

     Gracias.

lunes, 2 de marzo de 2020

Alguien a quien conoces. Shari Lapena


     "Está quieta en la cocina, mirando por las amplias ventanas de atrás. Se vuelve hacia mí —un ondear de su cabellera castaña y tupida acompaña el gesto—, y en sus grandes ojos marrones veo confusión y un miedo repentino. Ha comprendido la situación, el peligro. Nos miramos fijamente. Parece un hermoso animal asustado. Pero no me importa. Me da un subidón: una furia pura y descontrolada; nada de pena. 
      Ella y yo somos conscientes del martillo que llevo en la mano. Es como si el tiempo se ralentizara. Todo debe de estar sucediendo deprisa, pero no lo parece. Abre la boca, como para formar palabras. Pero no me interesa lo que tenga que decir. O a lo mejor quiere gritar".

     Para hablar sobre un libro hay que leerlo, así que si hay un título que suena en la boca de los lectores, me pica la curiosidad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Alguien a quien conoces.

     Viajamos a Aylesford, una zona tranquila a una media hora de Nueva York en la que vamos conociendo a sus vecinos. Todo empieza cuando una mujer aparece muerta en el maletero de su coche. Es una vecina del lugar con fama de ser un poco fresca o, al menos, parecerlo y que todos creían que había abandonado a su marido. En otra de las casas del vecindario un joven se queda lívido al conocer la noticia ya que en la casa de ese matrimonio van a encontrar huellas suyas: le gusta colarse en las casas de sus vecinos y cotillear en sus ordenadores.

     Shari Lapena es uno de esos nombres que se hizo conocido con su primer libro pero que, tengo la sensación de que no ha repetido éxito con ninguno de sus títulos siguientes. Vende, sí, pero se va agotando poco a poco la fama que le diera el primero y la estela en ventas que le podía suponer. Lo que está claro es que entró de lleno al llamado domestic noir, y que sigue en él.
     En esta ocasión Lapena se inventa una pequeña localidad, casi un barrio residencial, para trazar una suerte de comedia de enredos con un cadáver a los postres. Y es que me ha costado mucho tomarme en serio un libro en el que casualmente todos se relacionan con todos. Es decir, ¿no hay más vecinos en ese barrio que absolutamente cada cosa y secreto vital ha de pertenecer a alguno de los personajes centrales? Hay muerto, muerta en este caso, y críticas tras los visillos; un marido que nunca parece lo suficientemente apenado y que nos colocan para que sospechemos de él; hay líos de faldas o de pantalones, como queramos llamarlos; adolescentes que cumplen su papel de descerebrados ingobernables; vecinas cotillas con mascota o sin ella y, en fin, todo lo que se supone que tiene que incluir este tipo de vecindarios. El problema es que al ponerlo todo junto y no medir la dosis uno tiene la sensación de estar ante un capítulo final de Sexo en Nueva York mezclado con aires de Agatha Christie.
     La novela es olvidable y estoy segura de que eso no es un problema para quien la escribe ya que la concibe como un entretenimiento con el que matar tiempos muertos sin pensar demasiado. Hay giros pero no demasiado bruscos y el final tampoco nos pilla de sorpresa, lo que hace que hace aún más sorprendente que siga defendiendo que es un entretenimiento al más puro estilo comida rápida. Y por qué digo esto, pues porque a veces uno no comprende que ciertos libros se vendan tanto o sean tan alabados pero en el caso de este estilo de novelas, entiendo perfectamente que la gente los busque como evasión ya que es el lugar que buscan. Y es que no todo ha de ser alta literatura, y cada uno sabe lo que está buscando en un libro. A mi me no me ha gustado, me ha parecido predecible y plana y donde otros ven tensión yo me sonreía ante lo inverosímil que no es lo mismo que lo increíble. Pero esto es solo una opinión personal y ha de tomarse como tal.

     Alguien a quien conoces es una novela tan entretenida como olvidable que cumple su función sin aportar nada reseñable a la literatura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 24 de febrero de 2020

Todos quieren a Daisy Jones. Taylor Jenkins Reid


     “Así eran las cosas. Se suponía que yo no era más que la inspiración para la gran idea de algún hombre. Pues a la mierda con eso".

     Me gustan las historias detrás de las historias, eso que en algunos documentales se llama "behind the scenes", así que este libro era del todo irresistible. Hoy traigo a mi estantería virtual, Todos quieren a Daisy Jones.

    Durante la década de los 70 Daisy Jones and The Six fue un grupo icónico seguido por miles de personas que compraban su música y abarrotan sus conciertos. Sin embargo, en 1979 y sin previo aviso, el grupo decide separarse dejando un vacío en el corazón de sus fans. Han tenido que pasar años para que los distintos miembros de la banda y quienes tenían más contacto con ellos accedieran a conceder entrevistas por separado para relatar lo que sucedió.

     Los años setenta es un momento importante para el rock, una música que se convierte en un fenómeno de masas y una época en la que las drogas silencian a algunos mientras que otros grupos se separan de forma más o menos pacífica. El Glam, el Trash, el Heavy... todos conviven en la época dorada de la música en la que U2, Sex Pistols y tantos otros ponían banda sonora a la vida de miles de personas. Y es en este contexto en el que un productor se fija en Daisy Jones, una mujer con una voz imponente y una presencia no menos llamativa, y en Billy Dunne y su grupo The Six. Decide entonces unir ambas partes para una colaboración que resulta ser un éxito tan impresionante como para provocar que ambas partes se unan. Y así nace Daisy Jones and The Six, una de las bandas más famosas de aquella época. Una época de excesos, de sexo y de drogas como bien saben los dos protagonistas que provocó el silencio de tantos otros grupos. En este caso, y gracias a las entrevistas que nos presenta Jenkins, somos capaces de reconstruir una historia en la que cada uno da su versión o visión de los hechos y de la que lo primero que tenemos claro, es que no hay una única verdad. Aún así veremos la tensión permanente entre Daisy y Billy, viviremos el romance y, sobre todo, disfrutaremos de sus personajes femeninos, en los que la autora parece haberse volcado. Todas son mujeres luchadoras y con una visión propia de su arte, de la pareja de Billy, Camila, la historia de Karen o la de la magnífica Simone. Historias que lejos de eclipsar a la protagonista evitan la sensación de estar ante la historia de "la perfecta candidata a convertirse en..." y que, además de darnos sus versiones personales, van abriéndose poco a poco a la vez que dejan un retrato del momento en el que se desarrollaron. Y es que, aunque las letras de las canciones incluídas en el libro me han parecido cursis, he caído en la trampa de buscar entre líneas si en ellas se iba reflejando algo de lo vivido por el grupo. A fin de cuentas, "Sweetest thing" se escribió para pedir perdón y Bono ha indicado muchas veces las influencias de escritores, músicos y sus propias vivencias en sus canciones. Y es que, si de algo pecamos los fans, es de buscar más de lo que se nos da y por eso este tipo de documentales tienen tanto éxito. Puede que uno no conozca el grupo del que se habla, pero no tarda en desear escuchar "Aurora" y en querer saber un poco más de todos los que nos están hablando.

     Daisy Jones and The Six es un libro concebido como un programa documental en el que el lector va recogiendo información y clasificándola mientras se deja llevar por la década del rock, tarareando canciones y buscando saber un poco más sobre cada personaje. Y llegado este punto estaréis pensando que este libro está dirigido a fans del grupo y, por lo tanto, no es para vosotros ya que ni siquiera lo conocíais. Bien, el mejor argumento que puedo daros para que veáis claramente que no es así, es que jamás existió Daisy Jones and The Six. Jenkins recoge una década y mezcla las historias de algunos de los grupos que la marcaron y que fuera de los escenarios eran auténticas novelas para lograr que el lector pase la última página con el único pesar de no poder escuchar su música. Incluso si, como a mi, las letras de las canciones le han parecido un poco simplonas.

     Este libro se va a llevar a la pequeña pantalla en una de esas plataformas de pago, Amazon creo, ya que Reese Witherspoon quedó fascinada con la novela. Y yo solo pido que ella no sea Daisy Jones ya que, gracias a Jenkins, mi mito ya ha nacido y tiene su propia cara. No os desvelo más, porque merece ser descubierto, aunque a veces al autor se le vaya un poco el pulso de la narración. Quizás en audiolibro... o puede que sea el fantasma de quien nunca existió que reclama su derecho a ser un poquito más tangible quien me haga afirmar esto.

     Dicho esto me declaro fan de los Blues Brothers tanto como de The Soggy Bottom Boys, Stillwater o de The Wonders. Incluso pasé por una época en la que me interesó el grupo de música que formó aquel personaje de Perdidos... pero que ya no recuerdo. El mundo está lleno de grupos de ficción, descubramos a Daisy Jones and The Six.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

viernes, 21 de febrero de 2020

M. El hijo del siglo. Antonio Scurati


     "Nos asomamos a piazza del Santo Sepolcro. Cien personas escasas, todos hombres de esos que casi no cuentan. Somos pocos y estamos muertos. 
      Esperan que yo hable, pero no tengo nada que decir. El escenario está vacío, inundado por millones de cadáveres, una marea de cuerpos —hechos papilla, licuados— llegada de las trincheras del Carso, del Ortigara, del Isonzo. Nuestros héroes ya han caído o no tardarán en hacerlo. Los amamos del primero al último, sin distinciones. Estamos sentados sobre la pila sagrada de los muertos. 
     El realismo que sigue a cada aluvión me ha abierto los ojos: Europa es a estas alturas un escenario sin personajes".

     Llegó su eco antes que el libro y por eso lo esperaba con ganas. Otra cosa es que se trate de una lectura lenta para poder disfrutarla. Hoy traigo a mi estantería virtual, M.

     Conocemos a Mussolini entre 1919 y 1925.

     Escribir un libro que supera las novecientas páginas sobre Mussolini y que la gente lo lea, suena complicado. Si el libro es, además, la primera parte de una trilogía sobre este hombre, casi parece un suicidio. Pero eso es justamente lo que ha hecho Antonio Scurati y se ha situado en los puestos más altos de las ventas, amén del premio Strega 2019, demostrando que, en la literatura al menos, nunca se sabe. Uno de los secretos posiblemente sea que estamos ante una novela. En el mucho de las etiquetas Scurati ha escrito un libro que relata la vida de esta conocida figura apoyándose en una amplísima documentación que deja patente en el libro y... es una novela. No se habla de biografía, ensayo, biografía novelada, ficción histórica... Es, nada más y nada menos, que una novela (histórica, por supuesto). Y ese es precisamente, uno de sus mayores logros. Scurati escribe en tercera persona una historia en la que el duce es la figura central pero que nos presenta a muchísimos personajes interesantes. Y, sobre todo, nos presenta la situación que se vive en Italia, un país que sale de la guerra con el desencanto y desgaste que eso supone, y un ambiente político tan despistado que la misma persona que en 1919 fue derrotada de una forma tan rotunda como para pensar en dejar la política por las artes escénicas, terminase en el poder. Eso es M.

     La novela, escrita en un presente ya pasado, busca que sea el lector quien valore cada acontecimiento, cada discurso y cada reflexión. Eso significa que para disfrutar de la lectura, hay que dejarse engañar por un presente/pasado y caer en las tentaciones que Scurati nos propone para que nos preguntemos si se puede cambiar o parar lo que en realidad ya sabemos como inevitable. Solo de ese modo funciona el libro como novela, creando tensiones más allá de los típicos paralelismos con la actualidad y las ideas y situación política que, sinceramente, me interesaban entre poco y nada durante la lectura. Yo lo que quería era conocer al personaje, descubrir al tipo calculador, pero también al frívolo y al mujeriego. Entrar en la ficción de los pensamientos a puerta cerrada que me dejaran ver la historia de otro modo o, al menos, completarla. Y es que supongo que en Italia se conozca mucho más de esta figura, pero yo he leído la novela y me he dado cuenta al hacerlo de que no sabía apenas nada. Ni conocía a Dumini o a Bombacci, primero amigo y luego enemigo, y tampoco a Matteotti, opositor perenne que no se dejaba intimidar y que lo pagó, como podéis imaginar, con su vida, y que se convierte en uno de los personajes más interesantes de la novela.

     Sería fácil caer ahora en enumerar los hechos que el autor desgrana, de hecho el propio libro sigue una estructura de crónica en la que abre los capítulos con fecha, lugar y personaje más relevante, pero eso sería estropear una lectura que merece la pena. Si que puedo decir que el autor se apoya en lugares y momentos muchas veces más que conocidos y vistos en películas y documentales, pero eso en lugar de dar regusto a poco original, lo que hacen es ayudar al lector a no perder de vista algo importante: todo lo allí relatado (o casi todo ya que hay personajes y hechos ficticios), sucedió. Y  Scurati que parece no estar allí para juzgarlo evita posicionarse de forma directa, dejar que el lector haga la condena pensando que es independiente a la lectura, que ha sido libre su elección, algo que en este tipo de libros parece casi imposible. De hecho, yo creo que es imposible, la diferencia está en la sutilidad con la que haya quedado patente la opinión de quien escribe. Y evitar tener la sensación de estar ante un libro dirigido, es una gran manera de ganar las simpatías del lector. Con todo, tranquilos, nadie sale de la lectura convertido en un mitómano. Es imposible.

     M es una novela a la que hay que enfrentarse con calma y conociendo su ligereza. Está en ese difícil punto de equilibrio en el que puede encantaros o decepcionaros profundamente, busca el punto justo entre el documental y el cine de entretenimiento. Labor de cada lector es juzgar si lo consigue.

     He comentado que la novela supera las novecientas páginas y yo me pregunto, ¿os importa la extensión de una novela?

     Gracias.


   

miércoles, 19 de febrero de 2020

El abuelo. Benito Pérez Galdós


     "El Conde. No, no. Gracias. Por esta otra calleja bajamos a La Pardina. (Deteniéndose y mirando al pueblo, que en aquel punto se ve totalmente rodeado de arboledas y verdes lomas.) Sí, sí…, te conozco, Jerusa; distingo un montón de tejados rojos y de ventanales blancos…; más allá, manchas de verde lozano. Eres Jerusa, te siento bajo mis pies, te huelo al pisarte… Tu ingratitud me da en el olfato. Hiciste escarnio del que fue tu señor, aplicándole un mote burlesco… Pues ahora, «el león flaco de Albrit», que nada te pide, que para nada te necesita, te manifiesta su desprecio con toda la efusión de su alma, no queriendo de ti ni un pedazo de tierra para sepultar sus pobres huesos".      

     Hay libros que son conocidos por sus adaptaciones casi más que por sus letras. Hoy traigo a mi estantería virtual, El abuelo.

     Conocemos al conde de Albrit, un viejo aristócrata que se fue a las Américas y regresa, lejos de lo que muchos pensáis, arruinado, casi ciego y con bastante mal humor. Así llega a Jerusa, el pueblo en el que estaba su casa que fue subastada y adquirida por quienes fueron sus sirvientes pero que él sigue considerando suya. Y estos sirvientes son quienes están a cargo de sus nietas Nell y Dolly, ya que su madre, la Condesa, les paga por cuidarlas.

     Si ya me resulta curioso que celebremos el centenario de una muerte, más aún que la gente lo aproveche para lanzar piedras a uno y otro lado sobre si hay o no que leer al finado. y es que llevo unos días viendo como unos tildan de aburrido lo escrito por Galdós y otros llaman modernos de salón, aunque sin decirlo con todas las letras, a quienes critican la obra del conocido escritor. Personalmente creo que hay nombres a los que cualquier excusa es buena para acercarse y, en este caso y puesto que los Episodios Nacionales son más que reconocidos, es interesante optar por descubrir propuestas que se salgan un poco de lo común. Por eso he elegido El abuelo. Porque ahora que todo el mundo quiere innovar, ahora que le ponemos etiquetas de moderno o posmoderno y cualquier día de supermoderno, se nos olvida un poco mirar hacia lo ya escrito.

     El abuelo es una novela dialogada en la que el autor va a recrear una trama en un diálogo casi constante en el que los hablantes, cual obra de teatro, van designados al principio de cada guión y en la que apenas hay texto narrativo y mucho menos si vamos más allá de las descripciones. Es fácil dicho esto pensar en una obra de teatro, pero el propio autor subtitulo a El abuelo como Una novela en cinco jornadas y, por si esto fuera poco, se encargó personalmente de adaptar la novela al teatro para que pudiera ser representada. Hay que decir que a través de los diálogos no solo percibimos las opiniones y las acciones, también los cambios sociales y morales de la época y se nos deja entrever aquello que no se dice, y no solo lo expresado.

     Comentaba antes una escueta sinopsis en la que quedaba clara la importancia de la relación entre el viejo conde y las nietas más que por lo expresado, por el título del libro. Diré ahora que la madre de las niñas se ha quedado todo en esta novela pese a no aparecer personalmente demasiado. Es una mujer que lleva su vida, que ahora es viuda y posee la herencia del hijo del conde incluido el dinero y el título. Y sus hijas, cuidadas por los antiguos sirvientes y ahora propietarios, son 50% nietas del conde, es decir, solo una es nieta sanguínea, y descubrir quién es la bastarda se convierte en misión del viejo cascarrabias. Es evidente que uno empieza a leer esta novela y, ya en las primeras páginas se huele el final típico de el cariño no va en la sangre y bla bla bla, pero eso no quita o quizás precisamente por eso, el libro aporta mucho más que la búsqueda de este abuelo que, si bien se antoja en la obra incluso entrañable, todos sabemos que en la vida real se nos haría difícil de soportar.
     Entramos entonces en esta suerte de microsociedad en la que los antiguos sirvientes sienten una lealtad de la que no terminan de despegarse, en la que todos saben las tiranteces de los demás y en la que el maestro... bueno, Don Pío se alza como el otro gran protagonista de la historia con momentos memorables.

     El abuelo me ha gustado y mucho: descubrir en 5 días el cambio absoluto de su protagonista y vivirlo con él ha sido un auténtico placer que ha despertado en mi las ganas de volver a ver la famosa adaptación cinematográfica. Pero, incluso si ya la habéis visto, os recomiendo acercaros a esta novela. Sea o no centenario de nada que, a fin de cuentas, los lectores medimos los tiempos en títulos: el tiempo que tardamos en comprarlo, en leerlo, el que lo tenemos esperando o, el peor de todos, el que nos tiene esperando un título a nosotros hasta que es publicado, ¡o incluso escrito!

     Y vosotros, ¿qué libro tenéis entre manos?

     Gracias.

lunes, 17 de febrero de 2020

Breve crónica del Breve

Raquel Taranilla. Fotografía de Abel García Roure
   
     Todos sabemos que febrero se caracteriza porque un lunes se otorga el Premio Biblioteca Breve, este año en su edición número 62. Por eso muchos somos los que acudimos al evento, este año el día 10 de febrero para ver quién se lleva el llamado Planeta Literario. Allí reunidos nos dijeron que este año se había llegado casi a los 1000 manuscritos y que la Novela Negra había sido el género más  habitual.
     Este año un jurado formado por Lola Larumbe, Fernando León de Aranoa, Clara Usón, Pere Gimferrer y Elena Ramírez, habían otorgado por unanimidad el galardón, y os 30.000 euros que lo acompañan, a Raquel Taranilla, por su novela "Noche y océano".
   
     El jurado explica las virtudes de la novela que la hicieron merecedora del premio destacando su originalidad, la poderosa voz de la narradora, la experimentación conceptual y la creación tanto literaria como cultural, así como el desencanto y la excentricidad de la narración. El juego de verdades o mentiras, la exageración casi paródica, la ironía y nombres de escritores como Joyce o Foster Wallace salieron durante las palabras del jurado ante una escritora que parecía casi asustada ante tanta atención.
"Noche y océano" parte, nos dicen, del robo del cráneo del mítico director de cine Murneau y, ante la lectura de la noticia, la protagonista y narradora de la novela, una profesora universitaria llamada Bea, está segura de conocer al culpable. Bea señala a Quirós, otro cineasta.

     Con todos estos datos era el turno de conocer a la ganadora, Raquel Taranilla, un misterio hasta ese momento para todos. Raquel nos dijo que se presentó al premio "hastiada" y que fue una sorpresa para ella el habérselo llevado. También nos habló de las cosas que comparte con la protagonista de su novela, ya que ambas son profesoras universitarias, y lectoras obedientes que, pese a tener una nutrida maleta de lecturas, apenas la han elegido salvo por ser lo que tocaba, y seguramente tampoco la hayan aprovechado. Habló de la precariedad que hay en nuestro país para quienes siguen la carrera académica. Una precariedad que ella misma ha vivido y que refleja en Bea. Una precariedad que le lleva a pensar en si es adecuado decir a sus alumnos que es una gran opción cuando ella sabe que es "una mierda" y que tiene a muchos compañeros completando su trabajo con el de camareros para así completar un sueldo que no les permite formar una familia en condiciones normales. Taranilla habla de sus lecturas, no tiene problema en decir que no ve su novela como una película, algo que parece ser de un tiempo a esta parte la meta de todo escritor, y desgrana poco a poco su visión de un mundo que, por exceso de información ha provocado que vivamos entre ruido más que mejor informados.
"Noche y océano", dice, toma su título de una obra de Benety le gusta porque su unión refleja el punto más oscuro. Y también le gusta la portada elegida, instando a la prensa a leer la novela para que comprendan por qué, aunque apunta que es perfecta para la voz casi desquiciada de su protagonista. Habla entonces de uno de los escritores estrella de Seix Barral y afirma que su novela es una respuesta a "Aires de Dylan" de Vila-Matas, que le sentó "como una patada en la cara" porque el reflejo de su generación que daba era injusto además de equivocado. Así que frente a la pareja de la novela de Vila-Matas, ella propone a Bea y Quirós y lo hace en un intento de obligar al escritor a mirar de otro modo y ver la lectura que Taranilla hizo de su famosa novela, y así recapacitar. Por supuesto, explicó, eso no significa que no le guste Vila-Matas, al contrario, disfruta de sus libros. Pero exactamente igual que su anterior libro nació de su propia experiencia en un hospital, este lo hace de la molestia y el malestar que le provoca ese título en particular.

     Los allí presentes descubrimos a Raquel Taranilla y vimos a una chica tímida, que yo me preguntaba cómo podía enfrentarse a dar clases con esa voz tenue, y la vimos crecer en cuestión de minutos hasta captar el interés de todos los presentes con una voz firme que no le temblaba al hablar de aquello que le parecía importante señalar y que nos dejó, diría que a todos, con las ganas de leer su libro. Pero para eso tendremos que esperar al 10 de marzo.

     Gracias.

viernes, 7 de febrero de 2020

El espantapájaros. Nathaniel Hawthorne


     "-¡Dickon! -gritó la Madre Rigby-. ¡Un tizón para mi pipa!
     La pipa estaba en la boca de la anciana cuando pronunció estas palabras. La había insertado allí después de cargarla d sin agacharse para encenderla en la lumbre de la chimenea, donde en verdad no había señales de que hubieran atizado el fuego esa mañana. Sin embargo, apenas hubo dado la orden, la cazoleta de la pipa emitió un intenso fulgor rojo y una bocanada de humo brotó de los labios de la Madre Rigby. Jamás he logrado descubrir de dónde salió el tizón y cómo llegó hasta allí transportado por una mano invisible".

     Hawthorne es, vaya por delante, uno de mis escritores favoritos. Y el libro que hoy traigo a mi estantería virtual, fue descubierto en una esquina del estante más escondido de una librería. Se trata de El espantapájaros.

     Madre Rigby es una bruja de Nueva Inglaterra y, como buena bruja, fuma en pipa. La historia comienza una mañana en la que la bruja decide crear un espantapájaros para que cumpla su función en su campo de maíz asustando a los pájaros que ya han descubierto esa zona. Sin embargo, el producto de su creación le agrada tanto, que decide dotarlo de vida. A fin de cuentas, hay muchos hombres en el mundo que están tan huecos como el propio espantapájaros. Y le pone de nombre, Feathertop.

     Es curioso lo que pasa con los lectores y es que las lecturas que vamos acumulando, forman parte de nosotros hasta el punto de marcas las próximas. En mi caso, y pese a que el espantapájaros que hoy conocía posee piernas y su cabeza es una calabaza, durante todo el cuentito llevó el rostro de este otro perteneciente a la fábula "El castillo ambulante". Supongo que la pipa, la casaca y la bruja fumadora fueron cosas determinantes a la hora de hacer la asociación. Pero vayamos con el cuento que, al igual que todos los buenos cuentos, tiene incluso su propia moraleja. Escrito en 1852 y publicado en dos partes antes de ser recogido de forma íntegra, Hawthorne combina en su cuento el más puro divertimento y la crítica más feroz. Con un narrador que dice recordar un cuento relatado por su abuela, escucharemos los curiosos regalos que la bruja le hace al esperpéntico protagonista sabiendo que, ni siquiera la vida, es un presente que no contenga una doblez. Solo vivirá si fuma, y de bronce su cara es dura, sus educadas maneras dan risa y su contenido hueco le harán pasar por el mejor. En cuento a las riquezas que se le otorgan son ridículas para el lector, pero declamadas con tanta solemnidad, que la crítica que las acompaña a medida que la población toma al protagonista por un lord, que es imposible nos pase desapercibida. En cuento a la misión, porque todo protagonista de cuento ha de ser un poco Caperucita y tener tanto inocencia como misión, no es otra que deslumbrar a un poderoso e incluso a su protegidísima hija. Ahí ya entra en juego y no sale hasta el final del cuento el tema de las apariencias, las mentiras y las fachadas de cada uno y sobre lo que realmente parece importar en esta sociedad. De hecho el libro tiene un potsfacio en el que Cárdenas da buena cuenta del tema diseccionando esta parte y mostrando cómo hasta un cuentito con buena puntería, puede dar pie a una discusión de lo más interesante.

     Personalmente diré que la vigencia de este cuento es absoluta y que, por desgracia, eso no me ha cogido de sorpresa. En cuanto a la discusión, estoy segura de que es la forma más acertada de enfrentarnos al cuento, pero también, lo reconozco, le quita parte de la diversión. Y es que el conjunto es eso que ahora dicen delicioso como si el cuento fuera una tarta, y que antes se decía recomendable para cualquier lector. Siempre y cuando, claro está, no olvidemos que su extensión es mínima, que es realmente corto incluso para un relato y que si queremos leer algo más consistente, "La casa de los siete tejados" es un magnífico ejemplo de hasta dónde es capaz de llegar el autor.

     Ha evitado de manera consciente hablar de "La letra escarlata" hasta este momento. Y es que, si bien es una gran novela en la que aparece la "marca de la casa" en forma de crítica a la sociedad, sobre todo a esa más conservadora que mira las apariencias, considero que es un título marcado por su adaptación cinematográfica que no supo captar, porque era imposible, el tono del escritor.

     El espantapájaros es un cuentito que encantará a quienes ya conozcan a Hawthorne y que puede servir de aperitivo para quienes aún no lo hayan leído. Acérquense sin miedo al escritor.

     Me gustan los cuentos, cada vez más. Y me gustan los cuentistas. Y vosotros, ¿sois lectores de relatos?

     Gracias.