lunes, 16 de febrero de 2026

El pozo. Hye-young Pyun

 


     "Ogi abrió los ojos despacio. La claridad lo deslumbró. Entre la neblina, vio un brillo blanco. Cerró los ojos y los abrió de nuevo. El esfuerzo de este gesto lo reconfortó: quería decir que estaba vivo; la resistencia física a abrir los ojos o tener que entrecerrarlos por la luz eran prueba de ello. 

      Observó el techo, de pladur con filas de lámparas fluorescentes. Todas las luces estaban encendidas. Debía de estar en un hospital; era el único lugar que necesitaba tanta iluminación. 

      Intentó girar la cabeza, pero no lo consiguió. Al menos, podía mover las pupilas".

     Había leído comparativas de esta novela con Misery, así que ni lo dudé. Hoy traigo a mi estantería virtual, El pozo.

     Conocemos a Oghi, un hombre de 47 años, cuando despierta en un hospital de Seúl tras haber estado en coma como consecuencia de un grave accidente de coche. Poco a poco Oghi se va situando hasta descubrir que su esposa falleció en el accidente, dejándolo hecho polvo ya no solo física, también psicológicamente. Sin embargo Oghi se va a ir recuperando, y, un día, el hospital le da el alta y lo manda a casa bajo la supervisión de alguien con quien conviva. Ese viene a ser uno de los problemas, que Oghi no era precisamente un animal social, así que su suegra será quien se haga cargo, llegando a mudarse con él.  ¿Por qué haría algo así? Pues esa es la pregunta que va permeando en la mente de Ogi que empieza a repasar su matrimonio y lo que puede saber su suegra que, por cierto, parece estar cavando un agujero en el jardín mientras su vida se limita a estar ahí tirado en la cama y sin poder comunicarse debido al estado de su mandíbula.

     Vale, si habéis leído Misery, entendemos todos que la comparación es bastante fácil. Lo que pasa es que en esta novela, la incapacidad del inválido y su impotencia ocupan muchas páginas. Demasiadas. Oghi es dejado solo, humillado durante las visitas y arrinconado hasta el punto de parecer un secuestro. La suegra mientras tanto se va convirtiendo en un personaje cada vez más siniestro y el lector... bueno, poco a poco va viendo que en realidad su protagonista no es tan bueno. Y aquí, si nos queremos poner literarios, están los simbolismos: Oghi encerrado en su cuerpo sin poder moverse ni comunicarse vs Oghi encerrado en la casa. El vacío de la vida tras el duelo que es como un agujero que se nos hace dentro y el agujero del jardín o tal vez este último sea como la vida del protagonista, vacía y sin nada. 

Una diferencia con Misery es que aquí el protagonista nos cae mal. Que no diré yo que se lo merezca, pero bueno no era y su difunta esposa que lo acusaba de ser un estirado bien hubiera podido acusarlo de gilipollas, porque ni siquiera le importa a nivel personal cómo se comportaba con ella, solo le preocupa de cara a su presente. Otra es que no hay una explicación para la actitud de la suegra a la que vemos cavar de forma visceral. Y poco más hay en realidad. Una pena.

     El pozo es una novela corta que se llega a hacer pesada ya que no sucede nada en realidad. Más que terror psicológico yo diría que es una novela poco confortable si es que esa etiqueta existe, a la que le hace un flaco favor la publicidad que se le ha dado.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

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