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lunes, 26 de marzo de 2012
Al este del Edén. John Steinbeck
"Bien, aquí tienes la caja que querías. He puesto en ella casi todo lo que yo tenía, y todavía no está llena. Hay en ella dolor y excitación, sentimientos, buenos y malos y malos pensamientos y buenos pensamientos… el placer del constructor, algo de desesperación y el gozo indescriptible de la creación.
Y, por encima de todo, la gratitud y el afecto que siento por ti.
Y todavía la caja no está colmada."
Decir a estas alturas que Steinbeck es uno de mis autores favoritos está demás. Fue uno de mis descubrimientos de adolescente, y lo sigo conservando hoy cuando, de vez en cuando, ojeo alguno de sus libros en busca de un pasaje que me resultó especialmente llamativo o me hizo reflexionar sobre un punto del mundo en el que me pareció se apoyaba. Normalmente sobre la naturaleza humana que quedaba reflejada en sus obras de esa forma tan especial que sólo él podía hacer. Hoy traigo un libro suyo que me gusta especialmente, una novela que no resalta por su técnica pero si por las horas tan divertidas que me hizo pasar en lo que parecía una historia familiar. Hoy coloco en mi estantería virtual, Al este del Edén.
Nos cuenta el autor la historia de dos familias norteamericanas, los Hamilton y los Trask, en un período de entreguerras. De la Guerra de Secesión a la Primera Guerra Mundial, utilizando para ellos tres generaciones.
Es fácil caer en la tentación de creer que por haber visto una película ya se conoce la historia del libro, pero no siempre es así. En este caso, la magnífica película de Elia Kazan, protagonizada creo recordar por James Dean, no debería de quitar a nadie el placer de descubrir la historia completa que nos trae el autor.
Haciendo un resumen aún más rápido os diría que es un libro sobre la naturaleza de las personas y, por lo tanto sobre el amor. Pero no hablo del amor romántico que ha llenado y llenará miles de páginas de la literatura universal, sino del amor en el más amplio sentido de la palabra, el fraternal, el filial, el platónico... y también del desamor, el odio y la venganza y el proceso de casi deshumanización que se produce en las personas que se dejan llevar por estos sentimientos igualmente viscerales.
En esta obra, construída en un comienzo como una suerte de memoria, conocemos a la familia materna del propio Steinbeck, su madre y sus abuelos son personajes de la obra e incluso el propio autor es un personaje secundario, nieto del patriarca Hamilton, haciendo las veces de narrador improvisado testigo de los acontecimientos. Improvisado porque el resto del tiempo el narrador es omnisciente, permitiéndonos así conocer mejor a todos y cada uno de los personajes que recrea, personas complejas cargadas de matices de los que vamos bebiendo sin darnos cuenta en esta magnífica historia. Y digo esto porque los personajes se escapan de la pluma del autor para desarrollar su propio carácter regalándonos una historia de contrastes, héroes y crueldades se mezclan con sangre, codicia y amores. Tenemos personajes que brillan por su bondad, moralidad y solidaridad y, en la otra cara nos presenta a quien nos muestra que la vida también esta repleta de violencia y maldad. Y aquí resalta el personaje de Cathy, capaz de adueñarse por si misma de la novela, obligándonos a seguir sin respirar casi sus pasos entre los que destacan, no sólo sus crímenes, sino la facilidad con la que los comete sin apenas necesidad de justificarse. Y aquí empiezan las discusiones sobre simbolismos del bien y el mal, la rectitud y el pecado.
Pero, como ya he dicho con otras obras, no es necesario hacer una tesis sobre lo que quería decir el autor para disfrutar de su obra. De hecho, la mayor parte de los lectores llegamos con el firme propósito de pasar un buen rato. Y vaya si lo pasamos de la mano de Steinbeck. Es fácil sumergirse en su historia sin pararnos a criticar cada movimiento, simplemente dejando que nos conduzca entre tretas y giros, dejando ver el fleco de lo que será la siguiente actuación y buscando ser más listos y anticiparnos a los escrito. Tarea casi imposible cuando se trata de personajes que se nos antojan reales, cuyas vidas transcurren en entornos sencillos, como el nuestro, y que se convierten en inseparables compañeros de viaje de una de las grandes historias de la literatura moderna. De esas por las que apenas importa que pasen los años, porque sabemos que si en tres generaciones hay errores que cometieron los padres y repiten los hijos... en la historia de la literatura hay obras que disfrutamos nosotros y también harán disfrutar a nuestros nietos.
Una historia de personas, de naturalezas... una vida. ¿Ya conocéis Al este del Edén?
Gracias
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