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viernes, 5 de abril de 2013
Atomka. Franck Thilliez
"Se vivía bien en aquella ciudad de Europa del Este donde la primavera era agradable. Avanzada la noche, Piotr y Marusia Ermakov se aproximaron a sus ventanas para asistir a un espectáculo único. A unos tres kilómetros, unos colores azules, naranjas y rojos muy vivos se habían adueñado del cielo. Los vecinos eran unánimes y se comunicaban de un balcón a otro: el espectáculo era magnífico.
Al día siguiente, a pesar de cierta agitación en las casas, los chiquillos seguían jugando a torso desnudo en el parque, cerca de la noria y de los autos de choque. Los campesinos vendían sus verduras en la plaza del mercado y las mujeres conversaban entre ellas, a pesar del zumbido de los helicópteros y de la cacofonía de las sirenas perdidas a lo lejos. Allá, en el horizonte, había sucedido algo por descontado no era divertido, pero aunque se hablara de ello no suscitaba preocupación. ¿Acaso no les habían dicho que la ciudad era tan segura como el centro de la plaza Roja?"
Hablar de novela negra de calidad se ha convertido en sinónimo de hablar de Thilliez. Este autor se ha abierto hueco con su saga protagonizada por la pareja de investigadores Franck Sharko y Lucie Henebelle. Por eso, tras algo más de un año de espera tras la publicación de Gataca, hoy traigo a mi estantería virtual, Atomka.
A poco tiempo de celebrar la Navidad recuperamos a Sharko y Lucie. Pero las suyas no serán unas navidades ordinarias porque se enfrentarán a un nuevo caso. Un cuerpo en un congelador chicas muertas o encontradas al borde de la muerte en lagos helados, una periodista desaparecida... y un nuevo caso que les llevará a viajar, a enfrentarse a nuevos monstruos y viejos fantasmas en busca de la pieza que encaje resolviendo este enrevesado caso.
Si algo caracteriza a Thilliez es la facilidad que tiene para embarcarnos en una historia enrevesada y luego conectarla de forma que se nos antoje fácil. No nos damos cuenta de la monumental tela de araña que ha tejido a nuestro alrededor hasta que intentamos hablar del argumento. Es entonces cuando ampliamos horizontes y vemos que nos ha tenido viajando por varios países y encajando piezas aparentemente inconexas en una historia enrevesada y trepidante. Y lo hace con mano firme, sin perdernos ni buscar confundirnos para luego dar un salto mortal que nos deje boquiabiertos. No, ese no es su estilo. Su estilo es razonado y con bases sólidas que convencen al lector mientras nos va descubriendo las sombras de sus protagonistas. Aquí nadie se libra, y sus vidas tampoco han sido un camino de rosas, pero eso ya lo sabemos de entregas anteriores. Y lo sabemos por ellos, nos ganan por su honradez, sus dudas, sus miedos y su solidaridad entre ellos. Pocas veces me he encontrado con una pareja que conecte tan bien con el lector, al que se le permite ver su evolución personal. No se mantienen en una pose estática sino que también buscan su sitio, junto a nosotros que les acompañamos en sus carreras e investigaciones, intentando adelantarlos, siguiendo el hilo de sus pensamientos.
Atomka también habla de centrales y átomos, y despliega una documentación que salpica la historia contribuyendo a no dejar agujeros en el suelo de la trama, algo que siempre es de agradecer. De hecho la novela abre con una explosión que bien puede recordarnos a la tragedia sucedida en Fukushima, sucedida cuando el autor ya había comenzado a escribir este título. Una tragedia que nos lleva además a reflexionar si tal vez, sólo tal vez, no sea posible que algo de lo que este hombre nos cuenta...
Hoy os invito a sumergiros en una historia autoconclusiva que demuestra una vez más que la mejor novela negra no tiene que venir del frío. Aunque vayamos a ver mucho hielo entre sus páginas. Si aún no conocéis a Thilliez, no se a qué estáis esperando, y si no os he convencido... bueno, mañana entrevistamos al autor.
Y vosotros, ¿sois aficionados a la novela negra? Me gustaría conocer alguno de vuestros autores del género favoritos, y cotillear un poco si "vienen del frío".
Gracias
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