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miércoles, 4 de mayo de 2016

Crezco. Ben Brooks


     "Son las 2:46 y sigo despierto. Hay varias causas para el insomnio, como una glándula tiroides hiperactiva, la diabetes, los espasmos musculares violentos, una comida pesada o el exceso de cafeína. El insomnio también puede ser resultado del estrés. Estoy estresado porque pienso en Keith y en que mató a su ex mujer."

     Leí Lolito hace tiempo y descubrí a un irreverente y jovencísimo escritor que parecía tener mucho que decir y pocas ganas de morderse la lengua. Me quedé con ganas de más. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Crezco.

     Conocemos a Jasper y su grupo de amigos cuando está cerca de cumplir los dieciocho. Les acompañamos en su vida, sus correrías y sus impulsos.

     Hay una suerte de atracción para determinado tipo de lectores por las historias de momentos claves en la vida de las personas normales. No buscan guerras, desdichas o desgracias, sino personas. Y uno de los momentos determinantes en la vida de cualquiera, es ese que llaman de iniciación a la vida adulta. Y eso es lo que nos cuenta Ben Brooks en esta novela.
Crezco es justo ese paso de la infancia a la edad adulta llamado adolescencia y que viene marcado por experiencias muchas veces no contadas, o no reconocidas, pero pasadas por muchos. es cierto que Jasper, en este caso, vive un poco más al límite de lo normal, pero si durante la lectura ampliamos miras, descubrimos que es un personaje tan normal como preocupante. Las hormonas, el sexo, la bebida y las drogas que son de fácil acceso cuando uno ronda los dieciocho pueblan las páginas de esta novela en la que un adolescente se confiesa como no lo haría siquiera en un diario por miedo a ser descubierto.
   
      Las críticas hacia esta obra de Ben, son practica mente encontradas, como supongo que puede serlo su lectura. Por un lado, a mayor cercanía con el protagonista, mayor reconocimiento hacia lo expresado. Tal vez no tan marcado, no tan extremo, pero ahí está. La pulsión por experimentar, por el porno ahora tan accesible en las redes, ese momento en que uno no sabe si avanza o retrocede pero que algo le impide volver atrás y, a fin de cuentas, tampoco es tan malo querer vivir y mirar un poquito menos los estudios. La apatía latente hacia el propio hogar y el compañerismo casi hermanado con esas personas que están tan cerca de nosotros durante esa época. Nuestros verdaderos confidentes. La segunda lectura puede hacerse casi desde el miedo. Desde una edad adulta que olvida aquellos días, porque no los vivió (dicho esto con la boca grande o pequeña) o porque tiene a alguien cercano que no quiere pensar lo que hace mientras dice que estudia.
     Crezco es ante todo honesta, de ahí el miedo que puede provocar. Es fácil distanciarse de un protagonista asesino o ladrón de bancos, pero el adolescente que dice que estudia mientras se va con amigos, no nos es tan ajeno. No le disculpamos, vemos su error, pero hasta cierto punto somos capaces de entender por lo que pasa. Y eso es lo que nos parece aterrador y conmovedor al mismo tiempo. acabamos reconociendo en su protagonista al amigo, al vecino...

      No entraré a valorar si coger el entorno y reflejarlo cargando un poco las tintas tiene más o menos mérito, eso es cuestión de cada cual. Como novela social, como reflejo realista, es una novela francamente acertada que no se pierde en hilos secundarios que oculten lo que realmente nos quiere mostrar. no llega al exceso de Trainspotting, ni tampoco creo que esa sea la intención del autor. En realidad creo que si tuviera que hacer un resumen, este sería algo así como: lo que ves, es lo que muchas veces hay.

     Me gusta Ben Brooks: es gamberro, irreverente, inteligente y mordaz. Y consigue algo complicado: que entendamos a sus protagonistas, en este caso un joven situado en el umbral de la edad adulta, complicada fase.

     Por cierto que me parece un libro estéticamente precioso. Y cada vez me fijo más en esas cosas. Y vosotros, ¿os fijáis en si un libro es o no bonito por fuera a la hora de elegirlo?

      Gracias.

jueves, 6 de marzo de 2014

Lolito. Ben Brooks


     "Tenemos quince años y estamos bebiendo sidra caliente bajo los pinos del patio de la catedral. Son las siete y media. La luna brilla tenue y todo huele a hierba recién cortada. Alice saca un tubo de Acne Gel, me lo pone en la mano y se tumba con los ojos cerrados. Sam y Aslam hablan de perros, de terrorismo y de qué rapero es el más rico."

     Si el título ya os ha sorprendido os recomiendo que pongáis el google el nombre del autor. Os encontraréis a un jovencísimo Ben Brooks con un flequillo imposible y una mirada de estar haciendo una gracieta que posiblemente solo entienda él, y tú ya que lo miras. Con estos ingredientes y Tras haber leído Crezco, era difícil resistirse. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Lolito.

      Etgar es un adolescente de quince años que vive la batalla de todo adolescente. Está en ese momento en que quiere tomar Nesquik de fresa pero acaba bebiendo alcohol, en el que sigue siendo un niño apático y sin demasiados amigos pero algo lo empuja hacia la edad adulta. Y ha nacido en un mundo en el que internet pone todo a un click y puede hacerse pasar por cualquiera en un chat de adultos. Es un juego. En el que se encuentran personas solas con vidas pálidas y se dejan llevar, un mundo de adultos que él no conoce pero que también lo arrastra. Está solo.

     Supongo que si Holden hubiera vivido en la era tecnológica se hubiera tomado un par de copas con Etgar. Ya lo imagino, uno hablando de literatura y otro de vídeos de internet en los que se alternan muertes, sexo y noticias disparatadas. Y también de cine. De comedias románticas de finales felices y de documentales educativos. En realidad no. No me lo imagino. Ninguno de los dos tiene demasiadas dotes sociales como para pensar que iban a terminar siendo amigos.
     Brooks nos presenta en la voz de Etgar los miedos del umbral hacia la edad adulta. tiene una novia que tal vez lo haya engañado. Tiene unos amigos que tal vez se vayan olvidándolo, y tiene un perro que no es como los de las películas. Sus padres se marchan unos días y Etgar se siente solo, sin ganas de hacer nada salvo beber, ver la televisión y cumplir esa odiosa obligación que le supone sacar al perro a la calle. Tal vez nos choque la vida que cuenta, lo que bebe, lo que hace... pero hoy mismo veía en las noticias que los jóvenes comienzan a beber a esa edad.
     El autor consigue un tono cercano, de confidencia, y nos enseña una familia moderna con un hijo al que tal vez consideremos raro. Tampoco importa demasiado, su padre con el que "coleguea" ha barajado la posibilidad de que sea raro, o gay, o algo.. a saber. Y nos muestra sus miedos, sus cambios, su transición que no es completa porque no es una novela de iniciación. Es una aventura, la de moverse de su estancamiento en el que podemos reconocer a muchos jóvenes para conocer a una mujer adulta. Y también nos muestra las consecuencias.

     Etgar no es simpático, puede incluso sacarnos de quicio... pero también nos hará sonreír, incluso reír con sus momentos de inocencia y Nesquik de fresa. Porque todos sabemos (a toro pasado), que con esos años seguimos siendo niños. Pero tenemos prisa por muchas cosas y se nos van mezclando las ideas de una forma un tanto peculiar. Casi, casi, como mezclar ese Nesquik con té.

     Un libro actual sobre personas perdidas.

     Hoy voy a hacer una pregunta que os resultará extraña. Pero la cubierta de este libro me llamó poderosamente la atención y me gustaría saber si os ha pasado lo mismo, ¿qué opináis de ella?

     Gracias