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lunes, 19 de junio de 2023

Los destrozos. Bret Easton Ellis

 


     "Comprendí hace muchos años que un libro, una novela, es un sueño que pide ser escrito igual que uno se enamora: el sueño se vuelve irresistible, es imposible hacer nada al respecto, al final te rindes y sucumbes por más que tu instinto te diga que salgas corriendo porque eso va a acabar siendo un juego peligroso: alguien saldrá malparado. Para algunos de nosotros, las primeras ideas, las imágenes, las manifestaciones iniciales pueden hacer que el escritor se sumerja automáticamente en el mundo de la novela, en sus amoríos y en su fantasía, en sus secretos. Otros pueden tardar más en experimentar esta conexión con mayor claridad, años en darse cuenta de cuánto necesitaban escribir la novela o amar a esa persona, revivir ese sueño, incluso décadas después".


     Ellis es otro de esos escritores de los que leo todo lo que se publica. Desde aquel Glamourama no he fallado a una sola de sus citas y esta vez ni siquiera pude contenerme hasta que saliera la traducción. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los destrozos.

     La nueva novela de Ellis se adentra en el terreno de la autoficción desde las primeras páginas. Un agradecimiento y nota del autor que se sienten sinceros, con la dosis justa de ese punto de lo llevaba dentro y me marcó que seguramente esté ahí para prepararnos los sentimientos para lo que nos vamos a encontrar después. Porque volvemos la vista atrás a lo que debieran ser aquellos maravillosos años y nos encontramos mirando a Bret, el joven adolescente bisexual un tanto tímido con un grupo de amigos que no tiene nada fuera de lo común salvo, quizás, la forma en que se tratan las relaciones personales: naturalidad. Y a esa escuela a la que todos acuden llega un chico nuevo. Y a la zona un asesino en serie. Os lo imagináis, ¿verdad? La mente de Bret, hormonada, a veces bajo la influencia de determinadas sustancias y, sobre todo, que es la mente de Bret de la que todos sabemos qué personajes han salido, empieza a elucubrar sobre si la llegada del chico nuevo y la existencia de ese asesino guardan algún tipo de relación.

     Ellis construye un libro que representa, por una parte, una época dorada de estudiantes que pasean y viven y todo es bonito y privilegiado (recordemos su título "Hombre blanco privilegiado" que se modificó para entender ese sentimiento que el autor ha marcado a lo largo de su vida en su obra) y hay cine y música y sexo. Sin preocupaciones aparentes. Salvo el nuevo y la sospecha, los asesinatos como obsesión para Bret.

     Los destrozos es en definitiva una novela de formación, de paso a la vida adulta, en la que el futuro escritor, que está preparando Menos que Zero, sirve como llave para entrar al mundo que todos apreciamos de Ellis. Un mundo estético y vacío, de brillos, sonrisas, colores, sexo y drogas, un lugar cinematográfico habitual protagonizado por el holograma en que parece convertirse el protagonista, que mantiene una imagen que no es la suya, quizás ni siquiera lo que vemos debajo sea su imagen real, y le añade para regocijo de sus fans al asesino terrible que pasa a poblar los sueños del futuro escritor. Y mientras sus amigos parecen cubicar rápidamente la existencia del mal y seguir en su burbuja, Bret mira al nuevo compañero preguntándose si también es un holograma, si esconde algo malo... Una maravilla Los destrozos. Se siente como volver a casa, solo que esta vez es una casa terriblemente disfuncional.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

    Detalles:

     La primera imagen de la reseña corresponde a la edición en España por parte de Literatura Random House.
     El resto de imágenes indexadas en la reseña se las hice a mi ejemplar The Sards publicado por Swift Press.





martes, 28 de abril de 2020

Blanco. Bret Easton Ellis


     "En algún momento de los últimos años, y no puedo precisar cuándo exactamente, una irritación vaga pero casi abrumadora e irracional comenzó a acosarme hasta una docena de veces al día. Dicha irritación nacía de cosas tan aparentemente nimias, tan ajenas a mi campo de referencia habitual, que me sorprendía tener que pararme a respirar hondo para desarmar un fastidio y una frustración que se debían a la tontería de otros: adultos, conocidos y desconocidos en las redes sociales que exponían sus juicios y opiniones apresurados, sus preocupaciones sin sentido, siempre con la inquebrantable certeza de tener razón".

     Nunca he faltado a una cita con Ellis. Más allá de lo que cuenta me gusta cómo lo cuenta, y eso se ha mantenido así independientemente del momento y el título. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Blanco.

Hombre blanco privilegiado. Ese iba a ser el título original del libro. Supongo que al final decidieron rebajar su carga al reducirlo a blanco y es que, si el autor es Bret Easton Ellis, es muy fácil caer en la tentación de vender la simple provocación.
     En esta ocasión y tras nueve años alejado de las librerías, que no de la polémica, Ellis se ha decantado por un libro autobiográfico en el que desgrana una infancia rápida marcada por unos padres que no aplicaban restricciones, para entrar en su época universitaria y avanzar a partir de su primera novela, Menos que cero, cuyo éxito le pilló totalmente desprevenido. A partir de ese momento y siempre según sus memorias, su vida ha estado marcada por las etiquetas. Como él mismo dice, o su obra gusta u horroriza, y no hay opción a puntos intermedios. Ellis nos regala en su Blanco constantes alusiones al cine y a la música que nos recuerdan a cómo se articulaba American Psycho y también a su fama de provocador.
     Es cierto que el libro tiene un punto provocador, posiblemente más en los momentos en los que menos lo pretende, como por ejemplo cuando habla de la opinión pública actual sobre los gays y cómo el hecho de intentar normalizar por la fuerza algo que ya debería de serlo, no es otra cosa que una forma de represión a la hora de hablar en público como lo haría junto a su círculo de amigos. Según Ellis, algo está aceptado y normalizado siempre y cuando te atengas a las normas de lo que se considera aceptado y normalizado. Y las normas nunca han ido con él. Sin embargo, a medida que uno avanza y lee la autovisión del autor sobre sí mismo descubre que quizás ya se haya convertido en aquello que tanto ha criticado y es en lo que su primer título de la obra prometía, un hombre blanco privilegiado. Y es que Ellis, que afirma no haber votado a Trump como muchos supusieron en su momento, es demasiado autocomplaciente en un libro cuya capacidad para señalar aquello que no le gusta es la marca de agua de cada página. Son los demás los enfurecidos, los intolerantes o los que se calientan dejándose llevar por una ideología. Ellis se presenta como la voz de la razón. Él no es politólogo ni vota porque nadie le convence, él no sigue ningún discurso en particular, pero nadie se lo puede criticar ya que, a poco que pensaran, verían que es lo adecuado. Su postura es la racional y nadie discute seriamente a la razón. Eso lo lleva a mirar con cierta indulgencia los comportamientos que le rodean, incluso cuando se disculpa.
     Para los amantes de las letras de Ellis el libro tiene el inconfundible atractivo de hablar de su obra anterior, incluida American Psycho, así como una pequeña relación de comportamientos ante sus publicaciones. Ellis dice que pocos han sido tan criticados como él, que si un libro suyo no gustaba a un crítico, éste no se limitaba a dejarlo pasar, al contrario, sus palabras eran dardos lanzados con una suerte de regusto por parte de quien afilaba la pluma. Y yo me pregunto si no sigue siendo esa la imagen que se quiere dar del que hoy es un hombre de mediana edad, con una sólida posición económica y una pareja dos décadas más joven que poco a poco comienza a considerarse una vieja gloria y tal vez por eso de vez en cuando agita tuiter con alguno de sus comentarios. Comentarios que, al juzgar por el prólogo de su último libro, habrán de quedar un tanto aplacados tras la purga de ira que ha realizado el autor.
   
     Por último señalar como particularmente interesante las divagaciones sobre la tecnología y su impacto en nuestras vidas y que van desde la relativización de aquello que de repente se pone a un click de nuestros ojos, hasta la cultura del like. La valoración, la necesidad de "gustar" en las publicaciones o de al menos obtener una reacción y también la tiranía del entendido que se cree capacitado para valorarlo todo y la venganza de quien hasta hace poco solo podía ser valorado.

     Blanco es un libro interesante en la medida en que nos lo parezcan las opiniones de su autor. Comenzaba diciendo que me gusta cómo escribe Ellis, y ese ha sido un placer añadido para una lectura cuyas opiniones he compartido o no pero que, al igual que la mayoría de su obra, me ha mantenido más que entretenida.

     Y vosotros, ¿os quedáis en la ficción o también os adentráis en el terreno de lo personal?

     Gracias.

     "No convirtamos todo lo que escribo en una suerte de advertencia al público".

lunes, 19 de agosto de 2013

American Psycho. Bret Easton Ellis


     "Hay como una idea de Patrick Bateman, una especie de abstracción, pero no hay un yo auténtico, sólo una entidad, algo ilusorio, y aunque yo pueda disimular mi fría mirada y tú puedas estrecharme la mano y notar que su carne aprieta la tuya y puede que hasta puedas considerar que nuestros estilos de vida son parecidos: sencillamente yo no estoy aquí.
     Me resulta difícil tener sentido en un determinado nivel. Mi yo es algo fabricado, una aberración.
     Mi personalidad es imprecisa y está sin formar, mi inhumanidad es profunda y persistente. Mi consciencia, mi piedad, mis esperanzas desaparecieron hace tiempo, si es que existieron alguna vez."
   
     Hay muchos tipos de libros y también de películas, y tanto unos como otros pueden quedar grabados en la mente. en mi caso, como a mucha gente, la película me impactó y cuando acudí tiempo después al libro en el que se basaba, descubrí que lejos de robarle contenido el haber visto su versión cinematográfica, me servía de cierto apoyo lector. Hoy traigo a mi estantería virtual un título que sonó bastante en su estreno cinematográfico. Traigo, American Psycho.

     Conocemos a Patrick Bateman, un hombre de 26 años que parece tenerlo todo: físico, dinero, posición social y laboral en Wall Street. Lejos de convertirlo en un único privilegiado lo que hace es sumergirlo en una maraña de personas que están en su misma situación y que apenas podemos diferenciar entre sí. Salvo por una cosa, entre las aficiones de Bateman están las compras, la buena música, las drogas... y la búsqueda de emociones a través de la tortura y la muerte.

     Si hay una novela perturbadora, esa es la que hoy os traigo. Además lo es a muchos niveles, tanto por lo que cuenta como por la forma en la que lo hace. Ambientada en los años 80 lo primero a lo que nos enfrentamos es, al comienzo del libro narrado por el propio Bateman, a una confusa presentación de personajes hablando entre sí. Pero no es un problema del libro, no. Es la forma que tiene el autor de meternos en un ambiente plástico dominado por el consumismo y las apariencias en el que poco importa quien eres, ni siquiera a ti. Lo que importa es lo que tienes o con quién te mueves. Refleja así la superficialidad en grado extremo rodeándonos de marcas y sin darnos descripciones físicas reales de los personajes. Si se confunden entre ellos y ni lo notan, ¿qué nos importa a nosotros? Son hombres de trajes planchados que se dirigen a los mismos sitios a las mismas horas con parejas que parecen salidas de las mismas revistas. Lo único que les importa es la relevancia, ser vistos, ser invitados y también en el caso de nuestro protagonista, ser más. Más alto, más guapo, más amable.. siempre más. Y tal vez por eso en este mundo plástico busca más emociones, por encima de las drogas que consume habitualmente. Y para ello recurre a la crueldad y la muerte con escrupulosa meticulosidad haciéndonos testigos de ello.
     Y una vez que comienza a matar... nos conduce a una velocidad vertiginosa al final de un libro del que podría decirse que nos deja hacer una libre interpretación cerrando la historia con un broche redondo. Nos deja con la palabra en la boca para comentar la jugada maestra con la que se desmarca Ellis. Y por eso buscamos a quien lo haya leído o visto, aunque los segundos no nos valen, el libro da mucho más que la película. Para empezar, nos da escenas que indican un gran sentido del humor. Lleva el snobismo a extremos paródicos que hacen que nos sacudamos la sangre pulcramente, Bateman ha comenzado a ser una mala influencia para el lector, y pasemos un rato divertido entre tarjetas de visita de color cáscara de huevo.

     El libro es brutal a ratos, no apto para todos los públicos y mucho menos para todas las edades: es cínico, crítico, divertido, aterrador. Nos deja asomarnos a una mente pertubada que huye del término confesión porque no busca redimirse, o tal vez porque no lo necesita. Un psicópata casi obsesivo al que le gusta jugar mientras tiene todo bajo control y al que tardaremos en olvidar. No sabría si catalogarlo como una novela de terror, pero si os puedo decir que a mí me puso los pelos de punta en más de una ocasión.
     Con todo, una gran lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias