"¿Ser miedoso? ¿Calculador? ¿Cobarde? ¿Tener con mil visitas ocupada la tarde? ¿Utilizar mi pluma para escribir falacias?
No gracias, compañero. La respuesta es: no gracias.
Cantar, soñar, en cambio. Estar solo, ser libre.
Que mis ojos destellen y mi garganta vibre.
Ponerme, si me place, el sombrero al revés,
batirme por capricho o hacer un entremés.
Trabajar sin afán de gloria o de fortuna.
Imaginar que marcho a conquistar la Luna.
No escribir nunca nada que no rime conmigo y decirme, modesto:
ah, mi pequeño amigo, que te basten las hojas, las flores y las frutas,
siempre que en tu jardín sea donde las recojas.
Y si por suerte un día logras la gloria así,
no habrás de darle al César lo que él no te dio a ti.
Que a tu mérito dabas tu ventura, no a medra,
y en resumen, que haciendo lo que no hace la hiedra,
aun cuando te faltare la robustez del roble,
lo que pierdas de grande, no te falte de noble"
Hace mucho que no me acerco al teatro, hoy me apetece hacerlo a través de esta obra, que muchos identificamos directamente con el actor que la protagonizó. Una obra imprescindible, me vale en cine, una vez alguien dijo que el teatro había sido concebido no para ser leído sino representado. a mi también me gusta leerlo. Hoy traigo a mi estantería virtual a Cyrano, Cyrano de Bergerac.
Cyrano es un terrible espadachín, un hombre violento y locuaz, pero no es eso lo que le hace famoso sino su desproporcionada nariz. Y está enamorado de una mujer, su prima Roxana, que lejos de corresponderle se enamora de Christian, un hombre insulso que se vale de un pacto por el cual Cyrano escribe las cartas de amor que envía a Roxana.
Cyrano existió realmente. Fue considerado un libertino, también un intelectual pensador, dramaturgo, novelista y uno de los grandes escritores del siglo XVII en Francia. Incluso, entre sus obras de teatro satíricas encontramos algunas muestras de lo que hoy se ha dado en llamar anticipación científica. Sin embargo, el Cyrano que todos conocemos, es el de la obra de Rostand, limitado a su época militar, en la que destacó por su valentía y por los duelos, no fueron pocos en los que participó.
Esta obra ha dado lugar a varias óperas y diversas adaptaciones cinematográficas en las que se nos mostraba a un Cyrano estrafalario y romántico. Una obra que bien puede resumirse como un drama de caballeros y espadas y que cosechó éxitos desde sus comienzos. Repleta de poesía y sonrisas consigue que empaticemos de una forma casi instantánea con su narigudo protagonista. Un hombre valiente y temerario incluso, excepto con su gran miedo, el amor.
En una lectura más detenida nos topamos con los grandes principios de la época; el honor, el sacrificio, la valentía, la crítica a la superficialidad dominante, la verdad y la capacidad de amar. Una historia que se sigue con facilidad y fluidez llena de párrafos memorables que nos va desgranando la importancia del alma a la vez que nos saca una sonrisa, pues, tal vez, ¡el alma de este hombre resida en su nariz!
Una historia de humor, amor y mil pequeños detalles a la que os recomiendo acerquéis, ya seáis amantes de la novela romántica o no, pues contiene momentos para todos los gustos. Y, si la vida se compone de momentos y los libros los recordamos también pero por párrafos, os puedo asegurar que en este caso traigo uno que caso de tener la memoria adecuada recordaríamos párrafo a párrafo con una sonrisa pensando en nuestro buen amigo, el de la enorme nariz. No, en realidad no, lo recordaríamos por sus palabras, vertidas desde el corazón.
Y, si os animáis, la traducción de Mauro Armiño es una auténtica maravilla.
Y vosotros, ¿conocéis a Cyrano?
Gracias