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miércoles, 28 de diciembre de 2011

También olvidado. Damián Montes





     "A veces se para uno a pensar en los conocidos que se van de este lugar y que no vuelven o que vuelven pero cambiados. Mi nombre es Mauro Ruiz y soy uno de los pocos que han permanecido aquí y no han emigrado.
Éste es un pueblo como otro cualquiera, quizá un poco apartado, pero es algo que lo hace más atractivo. Verdaderamente poco importa el nombre, no porque no pretenda hacer publicidad de él ni nada por el estilo, eso se debería sobrentender, sino porque realmente a nadie el importa ya ni a nadie el ha importado desde hace unos cuantos años."



     Esta vez traigo un libro que me tocó en un sorteo. La primera vez que me toca algo, dos libros del mismo autor; un nombre que me resultaba desconocido y que, al investigar sobre él, me pareció que tenía sentido del humor, ironía en forma de crítica enmascarada y, posiblemente, algo que aportar a mis lecturas. Por eso me apunté. Tras leer los libros y sin ser condición de sorteo, me he decidido a traer También olvidado, mi última lectura, para compartirla con todos.

     Os presento a Jaime, un chico de ciudad que está pasando una mala racha. El destino le lleva a tener un desfallecimiento en carretera y ser recogido por un muchacho que, lejos de las desconfianzas del mundo moderno, se lo lleva a su casa hasta verlo restablecido. Durante esos días, ambos hablan de mil cosas y, tiempo después Mauro, así se llama el confiado samaritano, escribe una carta a su nuevo amigo haciéndole partícipe del tipo de vida que lo han llevado a convertirse en el hombre que es.

     No es un libro epistolar, ya que es una única carta en forma de relato la que llega a Jaime, quien decide mostrárnosla haciendo de ese relato la historia de una época. Todos hemos visto carreteras, autovías incluso, que pasaban por pueblos donde existían gasolineras, incluso el típico bar/tienda en el que paran los autobuses de larga distancia para que los pasajeros tomen el fresco y  estiren las piernas. Pero, cuando la modernidad se impone y se trazan nuevas carreteras, muchos de esos pueblos quedan relegados al olvido, cierran bares, gasolineras y persianas de las casas y esos pueblos van quedando desconectados del mundo. Así es el pueblo de Mauro. Y así nos lo presenta el autor, narrándolo un hombre sencillo de formas sencillas que no tiene pelos en la lengua a la hora de contar su vida.
     Poco le importa lo que no sabe de la vida moderna, porque.. no lo dije, pero es el siglo XXI. Eso sí, un siglo XXI que poco difiere de los pasados años 70 porque hay historias condenadas a repetirse. Nos vemos invitados a una vida rural con personajes como Rosita o Paco, curas que pueden ser santos para sus feligreses y mujeres de moral distraída que se transforman en respetables señoras. Aunque Mauro no habla con esa finura sino que nos traslada un lenguaje llano, se disculpa incluso por si nos ofenden las formas en un tono que uno no puede evitar dudar si es sincero o nos lo dice a media voz porque somos "finos".

     Ahí es donde entran los tonos, he sonreído muchas veces, me he apenado, incluso me he escandalizado y me he reído de mi misma por haberlo hecho. A fin de cuentas, sólo está dando un pequeño boceto de su vida. La vida de un pueblo olvidado por una persona condenada a ser, también olvidada. Incluso su carta llegó con retraso en una sonrisa del destino. Una historia que nos suena común pero que no tiene que ser una historia más.

Gracias.