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lunes, 2 de mayo de 2016

El show de Gary. Nell Leyshon


     "Allá vamos, pasen y vean. Por aquí, eso es. Toma asiento. Coge el libro. ¿Todo bien? ¿Estás cómodo? Estupendo. Pues que empiece el show de Gary.
     Tenemos mucho que hacer; muchas pruebas, digamos, por examinar. Pero prefiero no empezar por el principio porque llevaría mucho tiempo conocerme. Vayamos con una escena de los años chungos, así podrás hacerte una idea de cómo fui en otros tiempos."

     Leído Del color de la leche, tenía curiosidad por la siguiente novela que fuera a publicar su autora. Por eso no tardé en hacerme con este título y traerlo de paso a mi estantería virtual. Se trata de El show de Gary.

    Conocemos a Gary desde lo que parece su nueva vida, pero él está dispuesto a que lo acompañemos por todas sus vivencias. Por eso se presenta y nos relata una infancia pobre, una familia con dos hermanos, un padre delincuente y una madre que se deja caer en la nebulosa de la bebida; una pandilla poco recomendable y lo que parece  un sello genético garantizado para seguir las andanzas por los bajos fondos de su padre y tal vez, acabar como él, en prisión a temporadas. Un descenso entre drogas y carreras regado con alcohol, acaso con una salida, mientras nos recuerda que ahora va junto a su hijo.

     La primera percepción al abrir este libro es de miedo. Miedo a estar ante lo ya visto, el recurso usado y que hacía que Del color de la leche fuera un libro sobresaliente. La voz propia del protagonista. Sin embargo, pronto descubrimos que ante protagonistas con voz propia, ese recurso da además una personalidad añadida que no puede aportar una descripción con facilidad. El aire descarado y chulesco que transmite toda la novela viene provocada por ese toque prepotente que jamás pierde Gary, ni en los peores momentos.
     Leyshon, como ya hiciera en su anterior título, da de este modo voz a uno de esos personajes mudos que normalmente no tienen siquiera derecho a ser protagonistas de una novela. Usa, y tal vez abusa, de la excusa del entorno enjaulado en el que el Gary niño ya oye cómo es igualito a su padre aunque él no lo sepa. Parece que todo le condiciona hacia una vida marcada por la delincuencia de poca monta, incluso su padre, que percibimos como un hombre despegado, delincuente, irrespetuoso y de mano larga más que firme, no le mira dos veces hasta que no parece entrar en ese mundo. El orgullo de la semilla sembrada, primario, animal, se manifiesta únicamente cuando sigue la estela de un progenitor que nunca se paró a mirar a su hijo mayor antes de eso y también vemos como el hijo se ve impulsado ante ese reconocimiento buscando en él un cariño que nunca antes recibió. Lo hace además sin victimizar o justificar una actitud por su entorno. Puede considerar que el entorno moldee de una forma casi decisoria, pero no es la excusa. No hay excusa para la bajada a los infiernos de su protagonista.
     Y entonces Leyshon da la vuelta y comienza a contar capítulo a capítulo, peldaño a peldaño a recorrer el camino de Gary.

     La novela es un descenso y ascenso, un camino con un final que a mi me ha sabido a poco, pero que viene en realidad muy acorde con el tono del libro y que se vislumbra ya en las primeras páginas. En conjunto es una lectura muy amena y ágil que da muestra de que aún quedan formas diferentes de contar historias, formas que dan voces sin necesidad de crear héroes o antihéroes para dejarnos una novela que es un placer leer.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

jueves, 29 de enero de 2015

Del color de la leche. Nell Leyshon




     "éste es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano.
          en este año del señor de mil ochocientos treinta y uno he llegado a la edad de quince años y estoy sentada al lado de mi ventana y veo muchas cosas. veo pájaros y los pájaros llenan el cielo con sus gritos. veo los árboles y veo las hojas.
          y cada hoja tiene venas que la recorren.
          y la corteza de cada árbol tiene grietas.
          no soy muy alta y mi pelo es del color de la leche.
         me llamo mary y he aprendido a deletrear mi nombre. eme. a. erre. i griega. así es como se escribe."

     Hoy traigo un título que ha ido sonando en mi entorno de forma persistente durante los últimos meses. Como si se tratara de una gripe, poco a poco iban cayendo uno tras otro en una lectura que les dejaba afectados, quizás no en cuerpo, pero si en ese espíritu lector que tenemos quienes disfrutamos de esta práctica. Al final la gripe se convirtió en epidemia y el libro consiguió el Premio a la Mejor Novela según los libreros de Madrid. Hoy traigo a mi estantería virtual, Del color de la leche.

     Conocemos a Mary, una chica de campo, acostumbrada a la vida dura, el trabajo duro y a recibir un trato más duro aún. Mary nunca se ha movido de la granja de la familia hasta que su padre la envía a cuidar a la esposa del vicario. Allí, aprenderá a leer y escribir mientras se siente totalmente desubicada, consiguiendo que las líneas negras que veía antes en los libros cobren un significado.

     este es mi libro y estoy escribiéndolo con mi propia mano, resuena como un estribillo en la mente del lector una vez que termina de leer la historia de Mary. Porque la autora, con esa aparente sencillez en estructura y vocabulario, nos ha convencido de que estamos leyendo la historia contada directamente por su protagonista, y nos lo va recordando, reafirmándose. Una niña con el pelo del color de la leche, un problema en una pierna y una lengua incapaz de estarse quieta, que no tarda en robarnos el corazón. Así es Mary, pero es muchas más cosas. Es una niña que desconoce muchas cosas de la vida exactamente igual que desconoce el nombre de objetos que no tiene o no ha utilizado, y es, sobre todo, una niña que está acostumbrada a un mundo. Su vida no es fácil, no lo ha sido nunca, no lo era en la granja familiar dominada por un padre violento y una madre que no hacía nada por evitarlo, en la que sus hermanas y ella sólo conocían el trabajo. Allí, el abuelo será quien nos haga ver un lado quizás más privado de Mary en su relación con él, en su reencuentro.. Y, sin embargo, pese a la dureza que nos relata, Mary no puede evitar echarlo de menos cuando su vida cambia  a la vicaria. En ella se vive mejor, pero nuestra protagonista no encuentra su sitio. Será allí, en su nuevo trabajo, cuando aprenda a leer y a escribir. Pero no estamos ante una de esas historias victorianas en las que tenemos una heroína que vive y lucha saliéndose con la suya, que es lo bueno. No. Este es el libro de Mary y ella lo está escribiendo con su propia mano. Y su vida nunca ha sido fácil.

      Leyshon consigue en un puñado de páginas conmover al lector en una historia desgarradora. Ha resultado además una novela realmente sorprendente, en parte porque he tenido la suerte de llegar a ella sin conocer su desarrollo más allá de lo que os he contado, ya que en caso contrario perdería una parte importante de su fuerza narrativa. En el libro, cada personaje, cada gesto narrado con una sencillez que ralla en lo simple, queda dibujado a la perfección en nuestra mente, mientras lo vemos con los ojos de una narradora que no tiene problema en dirigirse a nosotros haciéndonos totalmente partícipes de su historia. Una narradora excepcional, honesta y sincera que, sin que nos demos cuenta, no dejará que nos movamos hasta no haber leído su testimonio al completo.
     Hay muchas cosas que no cuento y que suceden en este libro. Pero tiene que ser así.

     Del color de la leche es una novela que hay que leer y también que recomendar. Una historia que merece la pena ser descubierta y que forma un dúo perfecto con la forma en que está contada.

     Y vosotros, ¿sois de los que caéis en los libros que parecen ir de mano en mano en vuestro entorno?

     Gracias