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viernes, 21 de junio de 2013

París era una fiesta. Ernest Hemingway




     "Para colmo, el mal tiempo. Se nos echaba encima en un solo día, al acabarse el otoño. Teníamos que cerrar las ventanas de noche por la lluvia, y el viento frío arrancaba las hojas a los árboles de la place Contrescarpe. Las hojas se pudrían de lluvia por el suelo, y el viento arrojaba lluvias al gran autobús verde en la parada de término, y el Café des Amateurs se llenaba y el calor y el humo de dentro empañaban los cristales. Era un café tristón y mala sombra, y allí se agolpaban los borrachos del barrio y yo me guardaba de entrar porque olía a cuerpo sucio y la borrachera olía a acre. Los hombres y mujeres que frecuentaban el Amateurs andaban bebidos casi siempre, o sea siempre que el dinero les alcanzaba; generalmente pedían vino, libros o medios litros."

     Siempre he reconocido que me gustan las anécdotas, que tengo un lado cotilla bastante acusado cuando se trata de literatura. Hay escritores, no muchos, de los que me gustaría poder  saber más, ver más.. y claro, al final.. me quedo con lo anecdótico, con las pequeñas trivialidades,. Así que si intuyo que un libro las contiene, ese libro es mío. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, París era una fiesta.

     Para cuando se publicó esta novela ya conocíamos a Hemingway. De hecho la escribe al final de su vida y se publica de forma póstuma. En ella nos habla de París en los años veinte y de las posibilidades que ofrecía a los artistas. Entre ellos estaban los que luego formarían la denominada Generación Perdida. Una historia sobre un escritor en sus comienzos y una ciudad que tenía una particular forma de acoger a estas futuras figuras.

     En este libro, Hemingway consigue realmente que nos traslademos a ese mágico ambiente que era el París de los años veinte. Un grupo formado por personas como Pound, Fitzgeralz o Joyce se darán cabida en las páginas de este libro mostrándonos sus disputas y amores, para seguir disfrutando del momento que les ha tocado vivir. Y, como siempre, la doble lectura. Por un lado los ambientes maravillosos de ese París de los años veinte. Vemos la parte bohemia, los artistas, literatos... reflejado en sus páginas sin que, para ello, Hemingway pierda su particular tono directo. Y por otro lado vemos entresijos en los que los escritores se pinchan unos a otros buscando la supervivencia en el mejor de los casos.

     Me gustó asistir a conversaciones, conocer el origen del término Generación Perdida que tanto me gusta... y asistir, en definitiva, como espectadora de lujo a un momento que muchos han intentado reflejar y que Hemingway  plasma a la perfección. Lo que ya sería más discutible es la opinión que nos generen dichos retratos, que a veces roza lo caricaturesco, a través de sus propias palabras. Porque era también un momento de excesos, de copas, de puyas... y de espectadores de excepción, gracias al autor que, por supuesto, no es objetivo en sus valoraciones. Pero forma parte del encanto del libro que sea así, lo hace más real.

     Y vosotros, ¿tenéis un lado cotilla literario?

     Gracias

lunes, 26 de noviembre de 2012

EL viejo y el mar. Ernest Hemingway




     "Era un viejo que pescaba solo en un bote en la corriente del Golfo y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado, los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salao lo cual era la peor forma de la mala suerte;  y por orden de sus padres, el muchacho había salido en otro bote, que cogió tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota."

     Este fin de semana hablaba de prejuicios, unas veces razonados y otras no. Yo los tuve durante un tiempo con este libro. No me digáis el motivo... creo que fue porque me lo regalaron hace muchos años y la palabra "viejo" me sonó despectiva. De alguna forma trágica incluso. Y eso condenó al libro en su estante durante meses que se convirtieron en años. Hasta que, finalmente, me decidí a leer esta historia. Hoy traigo a mi estantería virtual, El viejo y el mar.

     Conocemos a Santiago, un anciano pescador que lleva ochenta y cuatro días sin pescar nada. De hecho ha perdido a su ayudante, pues su familia temía que estuviera con un patrón gafado. El día ochenta y cinco, sin embargo, se encontrará con la presa que le ha desvelado. Vivirá una lucha con este gran pez hasta ver si puede llevarlo a puerto o no.

     En realidad podría decirse que lo que hoy traigo es un cuento. Sólo que la palabra cuento se toma muchas veces de forma peyorativa, cuando realmente no es así. Así que diré que es un relato corto, para leer del tirón, escrito de una forma sencilla y sin pretensiones. A partir de aquí, una vez que vamos pensando en lo que hemos leído cerrado ya el libro, es el momento en que nos abrimos a su historia. Descubrimos un hombre en el ocaso de su vida que lucha, pensamos en todo lo que nos han dicho en apenas un puñado de palabras y comprendemos la belleza y emotividad del relato que hasta hace unos minutos tuvimos entre manos.

     Cierras el libro y no puedes evitar mirarte las manos, sabiendo que no eres Santiago, que no ha sido tu lucha aunque te hayas emocionado. Y miras el mar, la mar, con otros ojos. Por un momento con los ojos de un pescador capaz de enfrentarse a tiburones. Entrañable este Santiago que llevaré conmigo para siempre. Tal vez por venir de una tierra con tradición pesquera, o tal vez no haga falta ser de este tipo de tierras para apreciar al protagonista. Lo que es si que os puedo decir, es que la historia conmueve. No llega a ciento cincuenta páginas y la vivimos como propia con un ritmo pausado, adecuado a la edad. La soledad, la vejez, la fuerza de voluntad y la espera, sobre todo la espera. Antes de darme cuenta ya tenía el final encima, perfecto, cosa que pocas veces se puede decir en un libro. Acompañada por un narrador que es capaz de ceder su puesto al protagonista, he vivido la salida al mar, el hambre, la lucha con un pez, con varios, ¡tiburones! He olido la mar y escuchado gaviotas. Y lo primero que pensé al hacerlo, es que podía haberlo disfrutado mucho tiempo antes.

     Hoy traigo un libro conocido por todos, al menos en título. Un libro que, como suele suceder en estos casos, hizo correr ríos sobre el origen de su protagonista, diciendo si era tal o cual patrón del barco del autor. Parece que ahora se decantan por un hombre canario... pero sólo lo parece, siempre hay quien discuta teorías cuando el autor no puede confirmar ninguna. De lo que no cabe ninguna duda, es de que se trata de un título imprescindible en cualquier biblioteca.

     Y vosotros, ¿cuál es vuestro imprescindible, ese libro que si perdierais tendríais que volver a comprar?

     Gracias


jueves, 8 de septiembre de 2011

Fiesta. Ernest Hemingway



     "El taxi ascendió por la colina, dejó atrás la plaza iluminada, volvió a la oscuridad sin dejar de subir, y después dejó la cuesta para encontrar en una calle en penumbra detrás de St. Etienne du Mont. Corría suavemente sobre el asfalto. Pasó los árboles y un autobús parado en la place de la Contrescarpe, después torció para circular por los adoquines de la rue de Mouffetard. Había luces a, ambos lados de la calle procedentes de los bares y de algunas tiendas que cerraban muy tarde. Íbamos sentados algo separados uno del otro y nos aproximamos al descender por la vieja calle. Brett se había quitado el sombrero. Tenía la cabeza echada hacia atrás. Vi su rostro con claridad cuando entramos en la avenue des .Gobelins. La calle estaba cortada por obras y los obreros trabajando, en la calzada a la luz de unas lámparas de acetileno. El rostro de Brett era blanco y la larga línea de su cuello destacaba en la brillante luz de los faroles. De nuevo la calle se oscureció y la besé. Nuestros labios permanecieron juntos, apretados, pero ella se separó y se apretó contra el rincón del asiento, lo más lejos de mi que pudo. Se quedó allí con la cabeza gacha."


     Desde que abrí el blog he traído libros que hablaban de amores, engaños, muertes, dinero, política, ideales... así que, al final, he decidido traer un tema polémico de verdad, los toros. Y lo hago de la mano de Hemingway con su novela Fiesta.

     La novela nos cuenta la historia de un grupo de americanos y británicos residentes en Francia que viajan en tren hasta Pamplona, donde viven los siete días de encierros, vino, fiestas y toros. Estos amigos, dos chicos  y una chica, que ya van viviendo situaciones tensas en el viaje, vivirán en estos días todo tipo de situaciones, empezando por el enamoramiento de la chica con un torero.

     La novela, al ser considerada por muchos como un relato de una búsqueda de fiesta permanente, fué malinterpretada según el propio Hemingway, que la consideraba una tragedia, y eso hizo que suprimiera de su título precisamente la palabra con la que la conocemos hoy en el mundo hispano. El título original sería The sun also ries. Contribuyó con esta novela a hacer conocida un fiesta de la que se declaraba apasionado, de hecho fue habitual durante algunos años, verle corriendo los encierros o incluso en la arena del coso taurino.

     Pero, bromas y toros a un lado, lo que mejor refleja el autor en el libro, es una de esas generaciones perdidas que nacen de las sociedades cada determinado número de años. En este caso, es la generación post Primera Guerra Mundial, la que ya no dispone de la posibilidad de coger un arma para demostrar su valía y que aún tiene el temor a la muerte y que, por tanto, no sabe bien lo que busca salvo no pensar, huir de nada en concreto y perderse entre roles sexuales, calles y vinos.

    Es, a mi parecer, una novela que merece la pena ser leída, de la que destaco que, pese a haberse hecho famosa por tratar los Sanfermines, tiene más hojas que transcurren fuera, que dentro de Pamplona. Sin duda una buena forma de acercarse a Hemingway si aún no lo conocéis y a n Hemingway mucho menos denso que el que podemos ver en El viejo y el mar. En resumen, un libro de los imprescindibles en mi biblioteca.

     Gracias