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viernes, 4 de noviembre de 2011
La montaña mágica. Thomas Mann
"A la derecha, entre la puerta y la mampara, estaba situada la garita del portero. De ella salió a su encuentro, vestido con la misma librea gris que el hombre cojo de la estación, un criado de tipo francés que, sentado ante el teléfono, leía unos periódicos. Les acompañó a través del vestíbulo bien alumbrado, a la derecha del cual se encontraban los salones. Al pasar, Hans Castorp lanzó una mirada y notó que se hallaban vacíos.
- ¿Dónde están los huéspedes? - preguntó a su primo.
-Hacen la cura de reposo - respondió éste -. Yo tengo permiso para salir hoy, pues quería ir a recibirte. Normalmente también estoy tendido en la galería, después de la comida.
Faltó poco para que la risa se apoderara de nuevo de Hans Castorp.
- ¡Cómo! ¿En noche oscura y con niebla os hayáis tendidos en el balcón? - preguntó con voz vacilante.
- Sí, es lo ordenado. Desde las ocho hasta las diez. Pero ven ahora a ver tu cuarto y a lavarte."
Hoy vuelvo a los clásicos, sin desmerecer la literatura contemporánea es aquí donde mejor me manejo. entre páginas de hace años, cuando no siglos, que llevan recorriendo el mundo esperando ser leídas. No podía faltar aquí Thomas Mann. Cuentan, dicen, que estuvo a punto de conseguir el Premio Nobel de Literatura dos veces, si es cierto o no queda para aquellos que se dedican a la documentación y nos lo quieran esclarecer yo, de momento, os cuento el rumor (ya sabéis, las anécdotas me pierden). Y, por cierto, el título esta vez es La Montaña Mágica.
Nos cuenta esta obra la vida en un sanatorio de tuberculosis en el que coinciden dos primos antagónicos. Allí reunidos junto con una tropa de burgueses nos irán mostrando las vidas interiores y exteriores de los curiosos huéspedes con los que comparten residencia.
Estoy segura que os parecerá, de entrada, un libro extensísimo. Pero si os cuento que es una novela de amor, enfermedades y guerra, política, arte e historia empezaréis a pensar que le faltan páginas. Es cierto también que contiene pasajes cargados de elucubraciones mentales de los personajes que a muchos les pueden parecer un tanto tediosas pero, si empezáis a conocer a los personajes estáis irremediablemente perdidos.
Nos encontramos ante una auténtica avalancha de personajes, cada uno con sus peculiaridades sus virtudes y defectos y, sobre todo, sus rarezas. Entramos en el Berghoff y, al igual que sus huéspedes, ya somos incapaces de alejarnos de él lo cual nos genera un leve resentimiento hacia Mann por hacernos sentir a ratos como un personaje más de la historia. Compartiremos hotel con apariencia de sanatorio, o tal vez lo contrario, con sus otros huéspedes y nos descubriremos atrapados en esta dura novela, condicionados por el personaje que en ese momento sea el dueño de las páginas del libro. Exactamente igual que nos puede influir el estado de ánimo aquella gente que entra y sale de nuestro entorno. No es tarea fácil la de Mann conseguir que no nos sintamos perdidos, y la logra de forma brillante en esta obra opresiva que hará que busquemos los secretos que se esconden tras las paredes. A ratos incluso me descubrí buscando sombras fantasma que nunca llegaron a aparecer y me lo justificaba a mi misma diciendo que por la época en que se escribió el libro era imposible que trataran el sexo. cúantas veces quise empujar a su protagonista por las puertas del sanatorio y temía al mismo tiempo que se marchara dejando el libro a la mitad. Todas esas cosas lo convierten en una obra memorable e imprescindible en esta mi biblioteca virtual.
Aprovechando que Halloween acaba de pasar os diré que, al igual que otras obras que traje, La montaña mágica no admite un término medio. O te apasiona y la recuerdas una y mil veces con una sonrisa por las mil anécdotas que allí sucedieron, o la aborreces porque te resultó un ladrillo aburridísimo. Pero, y esta es la parte temible, en cualquiera de los casos... no importa si la has terminado o no... es un libro que te acompañará el resto de tu vida. Sólo por eso merece la pena que lo descubráis.
Gracias.
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