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lunes, 12 de marzo de 2012

Las ciudades invisibles. Italo Calvino



     "Pero por manifiesto u oscuro que fuese, todo lo que Marco mostraba tenía el poder de los emblemas, que una vez vistos no se pueden olvidar ni confundir. En la mente del Jan el imperio se reflejaba en un desierto de datos frágiles e intercambiables como granos de arena de los cuales emergían para cada ciudad y cada provincia las figuras evocadas por los logogrifos del veneciano.. (…)
     -El día que conozca todos los emblemas -preguntó a Marco- ¿conseguiré al fin poseer mi imperio?
     Y el veneciado: -Sire, no lo creas: ese día serás tú mismo emblema entre los emblemas."



     Llevo tiempo queriendo traer este libro, pero no lo encontraba. Y quería echarlo un vistazo por encima, ver el prólogo del propio autor y releer un par de párrafos que tengo marcados. Me gustó comprobar que no ha perdido brillo con el paso del tiempo y que disfrutaba exactamente igual con la musicalidad de lo escrito, porque fue justo lo que me pasó en una primera lectura. Disfruté de cada palabra. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Las ciudades invisibles.


     Hoy os presento al emperador de los tártaros, Kan, un hombre que gobierna su imperio en base a lo que le dicen sus consejeros, pero que poco sabe de él. Marco Polo es su embajador favorito, y lo va describiendo las ciudades que visita, que se forman en la imaginación del Gran Kan, generándole una pregunta. Si una ciudad existe y él la imagina, ¿el proceso también se dará al revés? Marco Polo es el encargado de levantar un mapa de ciudades invisibles con nombre de mujer.

     Las conversaciones entre estos dos hombres nos ofrecerán reflexiones e imágenes que me provocaron un enorme placer en su lectura. Es un libro corto, de unas doscientas páginas, que esta estructurado en pequeños capítulos y que pueden leerse incluso por separado. No es un libro histórico pues carece de rigor, tampoco lo es de viajes, no se trata de eso. Tenemos diálogos intercalados con las ciudades. Marco Polo hace de extraordinario narrador al dar la huella de cada ciudad, poco importa como es o sus habitantes, lo importante es la parte de la ciudad que ya se queda en él. Así la ciudad es el verdadero protagonista, pero en su concepto, así lo reconoce el propio Marco Polo cuando, al preguntarle el Gran Kan por Venecia, que no había sido descrita, le responde que en cada una de las ciudades que le ha ído contando, estaba también su Venecia. Invita pues a la reflexión.

     Es, como todos, un libro abierto a las libres interpretaciones, aunque nos encontramos con un prólogo explicativo del autor en el que nos ilustra sobre los motivos de esta curiosa lectura. Según sus propias palabras:

     Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando cada vez es más difícil vivirlas como ciudades

     Hablemos pues de las ciudades, ese objeto de interés en tanto en cuanto simbolizan una creación humana, con su arquitectura, jerarquía, relaciones entre sus habitantes. Manifestaciones humanas con nombres de mujer para Calvino quedando vinculadas así a la libre creación. Tenemos ciudades de deseo, como Despina, otras que están suspendidas sobre un abismo cual telaraña y Laudomia, la ciudad de los muertos. Las hay microscópicas en expansión, bidimensionales, sutiles, incluso desdobladas en el espejo de un lago. Las hay con descripciones extensas y otras que nos son contadas en apenas un puñado de líneas. Pero todas ellas comparten una suerte de halo mágico hacia el lector, como un hechizo que provoca la sensación de musicalidad, casi de evocación a los oídos, olvidando que nuestra percepción, depende en este caso solo de la vista.

     Una joya que os recomiendo a todos, un libro especial, cosa que no se puede decir de muchos.

     Hoy os iba a preguntar como sería vuestra ciudad invisible, pero no me atreví a entrar en filosofías, temas comprometidos. En lugar de eso, y como si esto fuera un libro de viajes, os pregunto por una ciudad, da igual si es la vuestra o la que os gustaría conocer. Eso lo dejo a elección. Yo... me quedo con Munich.

     Gracias