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sábado, 16 de junio de 2012

Manías.



     Todos somos algo maniáticos, está claro. Y los lectores tenemos muchas manías enfocadas a nuestro pasatiempo favorito, la lectura. En el círculo que me muevo he podido observar algunas de mis compañeros bastante asombrada, mientras que otras veces son ellos los que me miran con esa cara a mí. Lo que está claro es que nos ayudan a disfrutar, forman parte de la atmósfera que necesitamos para  que los ratos que invertimos entre letras nos resulten más placenteros. Y por eso hacemos uso de ellas pero nos cuesta confesarlas. Porque seamos sinceros, llevo ya media docena de líneas y aún no os he contado que me gusta ordenar los libros a mi antojo. Pero no los de mi casa, sino los de las librerías cuando están en estantes colocados de cualquier manera o me encuentro a Thomas Mann junto a William Faulkner si pone que su orden es alfabético. aunque claro, lo mío no es nada al lado de una compañera que se empeña en estirar todas las esquinas de los libros de tapa blanda que van quedando dobladas, aprisionadas entre otros tantos en un hueco digno de un buen jugador de tetris.
     Una de la manías más comunes, y no miro a nadie aunque hay un blog que nos enseña los suyos con cada libro, es el uso de marcapáginas. Aquí hay para cualquier excentricidad casi. Tenemos a los que usan el metrobus, el DNI caducado, un marcapáginas para cada libro o los que doblan la esquinita de la página por la parte superior (estas también las estira concienzudamente mi compañera). Pero, gracias a Dios, de esta manía estoy libro... digo libre. A mi lo que me gusta es meter el mando a distancia de la tele entre las páginas del libro. Me parece bastante práctico porque por su grosor no tardo nada en encontrar por donde voy leyendo. Eso sí, en mi  casa no opinan lo mismo ya que al resto de la familia si que les gusta ver la televisión.

     Y qué me decís del cuidado? Hay quien los forra para que no se estropeen como ya os comenté en una ocasión, quien los pone papel charol negro para que nadie sepa el título que están leyendo, quien les quita la doble cubierta para que, si se estropea, esa esté nueva y tape los desperfectos y finalmente los nudistas, que les gusta el libro sin artificios. Luego están los que los anotan, subrayan, pegan post it y los que están en el lado contrario que no los quieren ni tan siquiera dedicados, ya que eso significa que alguien ha posado un bolígrafo sobre ellos.
     Los colocamos en casa en pie, tumbados, por tamaños, colores, autores o editoriales o, en mi caso, por una mezcla de todo ello que parece que sólo comprendo yo. Lo cual me resulta bastante útil en el caso de prestar un libro, ya que su hueco parece que llama a gritos al huésped habitual de esa estantería. Porque otra de mis manías es no prestar libros salvo a personas muy concretas. No por nada, si yo me fío... pero... por si se les olvida. No vaya a ser que les guste atesorarlos y se olviden que tengo un hueco en casa para mi libro favorito, todos los son, no me gusta discriminar.

     Desde luego que, por lo que veo... somos todos unos maniáticos. Y digo esto mientras miro el montón que está colocado como una pequeña columna junto a la mesilla de mi dormitorio pensando qué libro será el que me acompañe mañana al trabajo, el que hará que no salude a media docena de personas, me tropiece un par de veces posiblemente en el mismo sitio que ya me he tropezado hoy y que, sin lugar a dudas, me acorte considerablemente los diez minutos de camino que tengo.

     Y vosotros, ¿tenéis manías lectoras?

     Gracias