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lunes, 7 de enero de 2019

El vendedor de tabaco. Robert Seethaler


     "Un domingo de finales del verano de 1937 se desató una tormenta de violencia inusitada sobre la región de Salzkammergut. Hasta entonces, la vida de Franz Huchel había discurrido como un goteo anodino, pero esa tormenta le provocaría un vuelco tan súbito como trascendental. Ya con los primeros estruendos de los truenos lejanos, Franz corrió a la cabala de pescador que habitaban él y su madre en el pueblecito de Nussdorf, a orillas del lago Attersee, y se arrebujó bien en su cama, a salvo en su cálida guarida de plumones, para escuchar los inquietantes rugidos".

     Mi primer contacto con este autor fue el pasado año con su libro Toda una vida, una lectura sobre aislarse frente al mundo, y lo terminé satisfecha, con ganas de repetir. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El vendedor de tabaco.

     Conocemos a Franz, un joven que abandona su pueblo para irse a Viena. Corren los años 30 y el joven Franz comienza a trabajar como aprendiz vendiendo tabaco mientras deja que la ciudad le deslumbre. Uno de los clientes de la tienda en la que trabaja es el Dr. Freud con el que entablará conversaciones sobre la vida y el mundo. Un mundo que cambia a marchas forzadas con el comienzo del nazismo.

     El vendedor de tabaco es una novela de tono a ratos nostálgico en la que el autor se anticipa a la Segunda Guerra Mundial. En este caso, nos da una visión muy generalizada de Viena en los albores del nazismo partiendo de la base de que todo lector sabe lo que sucederá en no demasiado tiempo. Este es el ambiente en el que sitúa al impreciso Franz, un joven que peca de pacato a ratos, que rechaza el las opiniones viscerales y al que aún le queda mucho por aprender de la vida. Es ahí cuando su amistad con un ya entrado en años Freud puede ser el aporte que necesita la historia, pero el autor no desarrolla demasiado al personaje, convirtiéndolo a veces en un hombre sin las inquietudes y conocimientos que se le conocen, lo que provoca la perplejidad del lector. Y es que uno tiene la sensación, pese a que hay momentos en que la descripción de la ciudad se convierte en una delicia, de que el autor se queda corto casi de una forma permanente. Quizás no como error para él, ya que incluso en el tono percibimos que lo hace de una manera consciente, buscando mostrar a través de los ojos de una persona normal los sucesos que marcaron el comienzo de una gran guerra, solo que se queda corto y termina por perder verosimilitud. Quizás si no hubiera elegido precisamente a Freud...
     Seethaler busca escribir una historia tierna, con momentos simbólicos y un protagonista que vive con sorpresa los acontecimientos que le rodean mientras aprende sobre el mundo para orientar a los clientes. Porque no solo se vende tabaco, se vende placer. Y precisamente esa es la sensación que uno tiene ante la rutina de Franz, la de una placidez calma que, como ya conocemos el futuro, no tardará en verse asolada.

     El vendedor de tabaco es una novela amable que se lee casi del tirón ante la que uno tiene la sensación de cuento más que de realidad.

     Y vosotros, ¿Con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Toda una vida. Robert Seethaler


     "Una mañana de febrero de 1933, Andreas Egger encontró moribundo a Johannes Kalischka, el cabrero conocido por los habitantes del valle como Hannes el Corneta, lo levantó agarrándolo por el jergón de paja empapado, que desprendía un olor un tanto agrio, y lo arrastró durante tres kilómetros por un sendero cubierto con una gruesa capa de nieve."
 
     Vi este libro en twitter y creo que tardé apenas un minuto en decidir que me interesaba. Y mucho. Menos de una semana después, hoy traigo a mi estantería virtual, Toda una vida.

     Conocemos a Andreas Egger, abandonado en la puerta de su tío con unos pocos billetes metidos en un saco que llevaba al cuello, en un pueblo de las montañas. Son los años treinta y Egger comienza una vida como sobrino bastardo en una familia con hijos que lo trata como a un animal de carga. Seguiremos su vida y sus pasos hasta su muerte con más de setenta años, en ese mismo pueblo que lo viera llegar siendo un niño.

     En toda una vida siete décadas de historia son condensadas en su protagonista, Egger. Un hombre tranquilo, que ve como la vida pasa por delante de sus ojos mientras él camina cojeando en busca de un nuevo empleo; tal vez colocando cables del teleférico, tal vez enseñando el lugar a los turistas que poco a poco comienzan a llegar.. lo mismo da. Él busca un empleo, lo consigue y lo lleva a cabo. el mundo, mientras tanto, cambia a su alrededor. Y Egger mira. Porque esta es su novela. La de un hombre sencillo que descubre las durezas de su existencia desde sus primeros años cuando su tío, al pegarle, termina por provocarle la lesión que le dejará la cojera como recuerdo. La de un hombre que mira las montañas, capaz casi de ver su silencio y su grandeza y que mide los días en el tiempo que tarda el sol en esconderse tras ellas. Un hombre lento, casi calmo, del que Seethaler no hace una víctima en ningún caso, que no se sorprende por la vida, casi ni por la guerra. Porque la guerra llegó también a sus montañas, y Egger pasa ocho años en campamentos rusos. Y no hay drama. Solo el relato de una vida. Una vida que, cuando terminamos el libro, ha pasado por muchos momentos, aunque durante el camino apenas hayamos sido conscientes, porque, a fin de cuentas, y esta es una de las reflexiones a las que nos conduce esta lectura: la vida es eso que nos va sucediendo a medida que cumplimos años. Y no, no es una reflexión tan sencilla como puede parecer en un primer momento.

     Quizás lo que más sorprende de la novela de Seethaler es la sencillez con la que relata una época llena de avances y cambios que vivieron varias generaciones. No necesita ochocientas páginas, porque Egger nunca hubiera sido capaz de llenar tantas páginas con lo que sentía. Y eso lo convierte en un personaje entrañable para un lector que no duda en acompañarle. Toda una vida es una novela de un personaje que termina siendo para nosotros una persona. Quizás no hemos conocido a alguien como Egger, pero todos nos hemos tropezado con algún tipo de Egger en la vida. Y ese es el hilo que nos une a este estupendo libro que lejos de perderse en descripciones, te consigue llenar de sensaciones. La primera de ellas, la paz.

     Me ha gustado. Merece la pena su lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.