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viernes, 18 de septiembre de 2015
Los tres. Sarah Lotz
"Pam alza la vista y la dirige a la señal luminosa del cinturón de seguridad; tiene muchas ganas de que se apague. No va a poder aguantar mucho más tiempo: casi oye cómo le regaña la voz de Jim por no haber ido al baño antes de subir al avión: "¿Sabes que no andas demasiado bien de la vejiga, Pam, ¿se puede saber en qué estabas pensando?"
Un regalo es un regalo, y entre el diseño y la sinopsis, prometía ser una lectura, como mínimo, entretenida. Por eso no he tardado en leerlo, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los tres.
2 de enero de 2012. Cuatro aviones se estrellan matando a más de mil pasajeros. Los accidentes ocurren en lugares dispares: África, Japón, el océano y Florida.Pronto se descubre que hay tres supervivientes, muy jóvenes, de tres vuelos distintos, a los que comienza a conocerse rápidamente como "Los Tres". La prensa les acosa elaborando teorías de todo tipo sobre estos niños milagro, acosando a las familias y empeñada en que tiene que haber un cuarto superviviente del último vuelo. ¿Cómo son estos supervivientes?
Para contar esta historia Lotz opta por dar un enfoque realista a la hora de narrarlo, y estructura el libro como si se tratase de las notas tomadas por Elspeth Martins, periodista. De este modo introduce recortes de prensa, testimonios, mensajes recuperados de los móviles de los pasajeros, páginas web y todo lo que considera necesario para intentar introducir al lector en una trama particularmente macabra a grandes ratos. Y si digo macabra, es porque nos sitúa así en los aviones, en los momentos de los accidentes o, por ejemplo en el caso de Pam, la mujer con la que comienza el libro, nos deja ver qué sucede justo después: el humo, la muerte, las imágenes... Así que si tenéis miedo a volar, no es el mejor libro para llevaros a un aeropuerto. A partir de las tragedias, el mundo se conmueve y Lotz nos muestra reacciones, haciendo una especial crítica a la falsa fe que puede aparecer en momentos en los que se han sufrido grandes tragedias, aprovechándose del sentimiento social: apocalípticos y salvadores excitados ante lo sucedido.
Con una forma de narrar diferente por las estructura, y muchos personajes apareciendo en las primeras páginas, la autora consigue captar el interés lector y nos lleva cuidadosamente para que no nos perdamos entre las historias que va tejiendo. Para cuando nos damos cuenta, ya nos hemos sumergido en el libro, que muestra sus cartas intranquilizadoras, casi rozando la palabra terror, desde el principio. Los accidentes y, más importante, los supervivientes. La corriente de suposiciones nos arrastra mientras recogemos testimonios y vagamos por bosques de suicidas. La intriga está servida, y Lotz incluso nos hace dudar de si alguno de los testimonios será real o se habrá dejado llevar por el sensacionalismo de la historia, que es otro punto que refleja; la actitud de la prensa en estos casos y la persecución y ofertas a la que se ven sometidos estos niños.
Los Tres es una novela que mantiene un pulso narrativo pero que, a mi, me dejó un sabor agridulce al final. Ya he comentado alguna vez que soy muy quisquillosa con los finales, y esto es una simple apreciación personal, pero me dejó la sensación de ligereza, descafeinado cuando yo esperaba tener algo sólido a lo que agarrarme para redondear el argumento. De este modo, y pese a tener un buen punto de partida, la historia termina desdibujada.
Con todo, es una lectura entretenida, para pasar el rato aunque no vaya a quedar en el recuerdo transcurrido un tiempo prudencial. Pero, y pese a que hay opiniones para todos los gustos, ¿no es fantástica la lectura como simple evasión?
Gracias
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viernes, 21 de agosto de 2015
Cuentos de los Mares del Sur. Jack London
"El Pyrenees, cuyo casco de hierro estaba muy húmedo por su carga de trigo, bogaba perezosamente, lo que facilitó la tarea al hombre que subía a bordo desde una pequeña canoa con flotadores. Cuando sus ojos llegaron a la altura de la borda y pudo ver la cubierta, le pareció que había una tenue neblina, casi invisible."
Siempre me ha gustado la palabra cuento. Ya sé que ahora parece que es palabra queda reducida a los cuentos infantiles, y que los adultos, si acaso, leemos relatos. Pero yo sigo utilizando el término cuento que muchos prefieren dejar de lado como si sonara demasiado ligero, y decir a quien los escribe, cuentista. De hecho es un género que me parece complicadísimo y del que disfruto mucho. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Cuentos de los Mares del Sur.
Hacer un resumen de un libro de relatos siempre parece complicado. Se puede pasar de la enumeración a un breve apunte de cada uno, y acabar teniendo la sensación de que se ha contado demasiado. Baste entonces decir que este libro contiene ocho estupendos relatos en los que London nos habla de viajes y de naturalezas salvajes, bien por tratar de misioneros, caníbales y codiciosos, o de fuerzas de la naturaleza que pasan por fuego y, evidentemente, agua.
Si hace apenas unos días hablaba de autores que parece que sólo conocemos por un título, hay otros a los que hemos recluido a las lecturas infantiles o juveniles y en los que no reparamos en la vida adulta. Una misma editorial es la que parece empeñada, en ambos casos, en ampliar las miras del lector y descubrirnos nuevos textos, lo cual siempre es de agradecer. Y así nos encontramos esta recopilación de relatos de un hombre cuya vida ya parece una novela en sí.
London fue un hombre vital cuya azarosa vida estaba en un movimiento constante en busca de aventuras. Vagabundo, traficante de perlas, patrullero, periodista o eterno viajero, fue capaz de pasmar todo ello en la extensa obra que nos dejó a su muerte.
En sus Cuentos de los Mares del Sur nos encontramos con historias cuyas aventuras no querríamos vivir, pero que se disfrutan terriblemente durante su lectura. La naturaleza de London es terrible, hay huracanes que parecen empeñadas en matar isleños subidos a árboles, aferrados a la vida que les es arrebatada por un viento que no deja nada a su paso. Se puede rezar en sus cuentos por seguir vivo ante la tragedia o por la muerte de un bebedor que parece ser odiado por todos. Si Steinbeck nos hablaba de una perla y sus consecuencias, London en La casa de Mapuchi encuentra la suya, dejándonos un desolador paisaje y la tenue esperanza de un sueño. Sus historias tienen una fuerza arrolladora que consigue que el lector se sumerja de lleno en cada cuento, con la sensación de ser testigo presencial de escenas apenas esbozadas muchas veces. No necesita un gran despliegue descriptivo, no es el único que ha pasado por esos mares y nos ha dejado sus relatos. Pero cada uno es una nueva vivencia que merece ser descubierta por el lector. Por eso es importante regresar a estos autores con una mirada adulta. Porque reducir la obra de London a literatura de aventuras es perderse gran parte de su contenido, quedarse en la superficie de lo que nos relata con esa particular crudeza que provoca que el lector no sea capaz de levantar la vista.
Leí hace tiempo que hay autores que no se limitan a escribir libros, si no que crean lectores. Jack London es uno de esos escritores, que provoca con sus personajes, algunos de ellos realmente inolvidables, que despierte la pasión del lector por las buenas historias.
Y vosotros, ¿sois aficionados a los cuentos o relatos?
Gracias
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