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miércoles, 25 de abril de 2012
Principes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra. John Irving
Cuando uno abre este libro, estas son las primeras palabras que encuentra escritas:
"El convencionalismo no es moralidad.
El fariseísmo no es religión.
Atacar lo uno no significa agredir lo otro.
Charlotte Brontë, 1847"
Es casi seguro que cuando habéis visto el título de hoy, la imagen que teníais presente era la de una luz que se apagaba para que durmieran niños, mientras una voz amable les de cía "Buenas noches, príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra". Esta frase repetida en Las normas de la casa de la sidra se hizo bastante famosa, al igual que la película, incapaz de dejar a nadie indiferente ante los temas que abordaba y cuyo guión adaptado de esta obra, fue realizado por el propio autor. No obstante quedó escueta, dejaba muchas cosas en el tintero, matices, facetas.. que son las que consiguen abrir un arcoiris al pasar la luz por un cristal. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.
Conocemos a Wilbur Larch, un médico, director de un orfanato, junto a la de Homer Wells, el eterno huérfano rechazado al que nadie adopta. Larch opta en su vida por practicar el aborto para no tener que recoger a niños abandonados a su suerte, mientras que Homer no ve bien esta práctica y se niega a terminar con una vida humana. Homer por tanto deja discurrir su vida por un camino diferente, se enamora de una chica a la que conoce en el orfanato...
Creo que todos nos quedamos con la imagen del doctor, ese punto de inflexión que tiene en su vida cuando una mujer fallece, llevándole a una zona clandestina en la que se aborta y comienza a observar las condiciones y a tener un dilema moral en el que decidirse. Hay huérfanos inolvidables como Melony, pasajes tremendos que dan rabia, emocionan y sacan sonrisas.
Dentro de la clara emotividad que puede existir en este libro, y del dilema sobre el aborto que plantea, tanto hablando de la contracepción como de la importancia de conocer la responsabilidad que supone la paternidad, no es un libro sensiblero que monotematice. Vemos muchos otros temas entretegidos en una estrecha relación entre las paredes de este orfanato, hay falsedades documentales, por "necesidades clínicas", hay lealtades, infidelidades, mentiras, drogas, prejuicios.... y todo esto va calando en el ánimo del lector que se va viendo atrapado en la prosa de Irving y vapuleado en función de un hilo argumental compacto.
Hoy traigo un libro duro y conmovedor, que no pierde ese toque especial que Irving imprime a sus libros, con sus giros y muertes tan "especiales". Una joya, no os quepa ninguna duda. Aún hay puestos de libros en muchas ciudades, tal vez esté esperándoos en uno de ellos.
Y a vosotros, ¿os sonaba esta frase?
Gracias
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