miércoles, 23 de septiembre de 2015

Sueño ligero. Jessica Treadway



     "Cuando llegué a casa del trabajo, el inspector me estaba esperando. Sentado en su propio coche, un Civic, no en uno de la policía, en el lado del camino particular donde solía aparcar Joe. Puede que estuviera haciendo un crucigrama; le vi bajar un periódico doblado cuando entré y me detuve a su lado."

     Me regalaron este libro no hace mucho y, una noche de estas, entre lecturas más densas, me animé. Fue terrible, porque lo cerré con pena y curiosidad por el desenlace a una hora intempestiva de verdad. Al día siguiente, lo terminé. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Sueño ligero.

     Conocemos a Hannah tres años después de una terrible agresión. Alguien entró en su casa y la golpeó con un palo de cricket hasta dejarla al borde de la muerte. Ella tuvo más suerte que su marido, que murió esa noche. Aunque en realidad no fue "alguien" ya que declararon culpable al novio de su hija menor,, y su hija jamás quedó libre de toda sospecha ya que la madre la señaló. Hoy Hannah no recuerda nada de esa noche, pero el detenido por lo sucedido ha apelado: tiene que evitar que salga libre como sea, tiene que recordar.

    Treadway escribe una novela entretenida partiendo del punto de vista de Hannah, una mujer tan marcada por las secuelas físicas, como por las psicológicas que le dejaron lo sucedido en su casa. Utiliza un recurso que viene siendo habitual últimamente; la falta de memoria. Sólo que esta vez su protagonista se empeña en querer recordar, se fuerza a ello. Tal vez así descubra por qué señaló a su hija como implicada en lo sucedido esa noche. De sus dos hijas, Iris y Dawn, su favorita siempre fue la última, más parecida a ella, acomplejada por su ojo vago y deseosa de encajar y complacer. Entonces, ¿por qué señalarla? Además al hacerlo sembró una duda, y el agresor era en ese momento el novio de Dawn, y la gente no olvida, hay quien sigue sospechando de ella. Aunque también hay quien piensa en un joven vecino problemático que lleva años hostigando al vecindario. Hannah se pierde, necesita recordar esa noche. Puede que sea lo más duro que vaya a hacer en su vida, pero lo necesita.
     En los últimos tres años apenas ha tenido noticias de su hija menor, y ha visto como cambiaba la mayor. Ahora Dawn vuelve con ella, quiere ayudarla, acompañarla mientras recuerda. Y Hannah mira atrás, recuerda la infancia de sus hijas, los años felices, y busca el ahora. De este modo, entre recuerdos y actualidad, la tensión de la trama se hace cada vez más palpable mientras empezamos a temer lo que puede encontrarse la protagonista tras su siguiente recuerdo, su siguiente paso.

     Sueño ligero es una entretenidísima novela en la que la autora va tejiendo los demonios interiores junto a los que destrozaron la vida de la protagonista. Nos hace mirar todo con lupa, sospechar de todos, temernos lo peor, y mientras lo hace avanza con paso firme por una historia con personajes sólidos que tienen sus dudas y puntos débiles que se empeñan en ocultar. Queda reflejada a la perfección la personalidad dispar de las hijas de una misma familia y también que hay desgracias que llegan  destrozan la vida de las personas como un tsunami del que parece imposible recuperarse. Y ahí sobresale la protagonista, empeñada en seguir adelante mientras empezamos a temer que el final no esté a la altura de la historia. En este caso lo está, y no sólo eso, sino que además da un paso más que no puedo desvelaros.
     Lo que si puedo deciros es que, una vez empezada, es difícil interrumpir su lectura. Consigue que necesitemos saber qué ha sucedido y acaba robándonos horas  de cualquier esquina, provocando ese "un capítulo más" que nos dibuja ojeras. Me ha gustado, es entretenido y está bien rematado. Tres cosas que no siempre se pueden decir.

     Y vosotros, ¿recordáis el último libro que os mantuvo despiertos para avanzar "un poco más"?

     Gracias

martes, 22 de septiembre de 2015

Reparar a los vivos. Maylis de Kerangal


     "Lo que es el corazón de Simon Limbres, ese corazón humano, desde que se aceleró su cadencia en el instante de nacer cuando otros corazones se aceleraban a la par, saludando el evento, lo que lo hizo brincar, vomitar, engordar, danzar liviano como una pluma o pesar como una piedra, lo que lo aturdió, lo que lo hizo derretirse, el amor; lo que es el corazón de Simon Limbres, lo que filtró, registró, archivó, caja negra de un cuerpo de veinte años, no lo sabe nadie con exactitud; sólo una imagen en movimiento, creada por ultrasonidos, podría emitir su eco, mostrar su alegría que dilata y su tristeza que encoge."

     Hay temas que son universales, seguros, que no fallan. Hay temas tan atractivos, como duros.
Y volver a ellos es una constante. Por eso me fijé en este título y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Reparar a los vivos.

     Conocemos a Simon Limbres el día en que muere en un accidente de tráfico. Regresa con sus amigos de hacer surf. Ese mismo día se pone en marcha una maquinaria tan terrible como milagrosa y, durante 24 horas, seguiremos cada instante la sombra de esta muerte, fijándonos en la estela de un corazón que servirá para salvar la vida de una traductora de 50 años.

     La apertura del libro es un golpe directo al lector: la vida, el mar, el surf, la insultante juventud que espera entrar a un mar helado: las olas, los sentimientos, el instante... ESE instante. Y automáticamente su precio: el reverso, la muerte de Simon. Y la tarea de Kerangal es hacer de Simon el gran protagonista de la historia. Su figura postrada en la cama de un hospital, su muerte ya declarada, es la gran protagonista de una historia que torna lo trágico en hermoso mediante el uso de las palabras. Porque si algo define este libro es la belleza de las palabras que fluyen en frases que se van dilatando, que hablan de música, de sentimientos, de sensaciones. Frases larguísimas que nos roban el aire como muchas veces lo hace la propia vida, como se lo hace a sus protagonistas el conocer la muerte de su hijo. Kerangal ya lo hizo, ya nos metió de lleno en el tema, desde el momento en que suena el teléfono de la madre de Simon estamos en sus manos, temiendo su llegada al hospital. Pero llega, y también el padre, a encontrarse con la tragedia vestida de blanco dando la peor noticia que se puede recibir y justo tras asestar ese golpe, abrir otra posibilidad, la de la vida que se abre camino a partir de una muerte: la donación. Un tema complejo, lleno de implicaciones de todo tipo. Salvar vidas a partir de la muerte de lo que más se quiere, convertir al fallecido en salvador, en ayuda; luchas contra todas las reticencias, la decisión en un momento de dolor, las creencias, los prejuicios, el miedo a que le quiten lo suyo, a que nos lo quiten: el luto. Es complicado, muy complicado. Y la autora sabe entrar en ello para hacernos reflexionar mientras leemos, para que sin apenas darnos cuenta tomemos posiciones al respecto.
     España es un país en el que las cifras de donaciones dicen mucho a favor de nosotros. Pero sigue siendo un tema espinoso, siempre que se mezclan los sentimientos lo es. Por eso continuamos la lectura, que da paso a un fuerte componente médico; nos lleva por las listas de espera, las necesidades las edades las ilusiones, los quirófanos. Trasplantar un corazón: el corazón como órgano y también como depósito de sentimientos; quitar un corazón a un hijo, decidirlo, salvar una vida con él...  una vez más complicado. Y esa será nuestra estela a seguir hasta hallar a quien lo reciba. Reparar a los vivos, a todos. Quizás incluso al lector.

     Reparar a los vivos es una historia que transcurre en un día, llena de musicalidad en sus hermosas letras que nos habla de una tragedia y también de un milagro. Asfixiante en sentimientos, en sensaciones, nos conduce por el difícil camino de la donación de órganos mientras nos muestra a la vez la parte más profesional; los médicos. Esa doble mirada que va siempre de la mano con la familia que dona, con la que recibe, evita que el libro caiga en un sentimentalismo barato y también le otorga a la narración algo de solemne, de real. Hablar sólo de familias o sólo de quien opera hubiera sido dejar coja una novela cuya lectura se antoja casi necesaria por lo reflexivo.

     Me ha gustado recorrer el camino, me ha dejado sin aire a ratos, como la vida misma. En su versión más trágica y también en la más hermosa. Sin cargar tintas.

     Y vosotros, ¿hay algún tema que consideréis una apuesta segura en vuestras listas de lecturas?

     Gracias

lunes, 21 de septiembre de 2015

Morir no es tan fácil. Belinda Bauer


      "Morir no es tan fácil como lo pintan en las películas.
     En el cine, un coche patina en el hielo, derrapa por en medio de la carretera y vuelca por el borde del acantilado.
     Se cae, da la vuelta, se abren las puertas, se abolla y describe un arco, se abolla y describe un arco..., hasta que por fin choca contra un árbol y se queda con las ruedas bocariba, como una tortuga echando una bocanada de humo. Otros conductores se detienen en seco, dejan la puerta abierta y corren hacia el precipicio para contemplar con horror como el coche,,,
     El coche hace una pausa dramática.
     Y entonces estalla en llamas."

     Hay libros cuyo diseño hace que no sepa qué pensar. No sé si es un libro que tengo que tomarme en serio o se trata de algo ligero que busca una sonrisa. Así que espero a que lo lean otras personas. Eso hice con este, y tras ver una sucesión de buenas opiniones, me animé. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Morir no es tan fácil.

     Conocemos a Patrick, un joven con síndrome de Asperger. Patrick busca los motivos, las causas racionales a todo lo que le rodea y vive en rutinas que lo hacen sentirse bien, aunque no siempre provocan la comodidad de quienes le rodean. Desde que su padre falleciera cuando él contaba con 8 años le ha obsesionado encontrarlo, el lugar al que van las personas cuando mueren, la explicación racional. Ahora Patrick ha crecido, tiene una relación horrible con una madre que parece temerle, y ha entrado en la universidad de Cardiff a estudiar anatomía. En la clase de anatomía tiene el cuerpo donado a la ciencia de un hombre, él y su grupo de estudiantes tienen que encontrar la causa del fallecimiento. Pero, ¿y si no le encajan con una muerte natural?

     Morir no es tan fácil es una novela narrada a tres voces que se van seleccionando hasta quedar sólo uno. Escrito con un tono ligero, pese a la seriedad de la muerte, confieso que en su primera parte me hizo incluso reír en algún momento.Sin embargo, no tarda en presentarnos el crimen y la angustia de un testigo confinado a una cama, y a un silencio obligado. Con dos escenarios totalmente diferenciados y tan dispares como una unidad de neurología hospitalaria en la que se encuentran ingresados los pacientes en coma, y la sala de una universidad llena de estudiantes cumpliendo una tarea, la autora consigue unirlas sin problema dando pie a un original misterio.
     Las voces que forman la historia son las de un hombre en coma que lucha por poder recuperarse o, como mínimo, tener la capacidad de comunicarse con su entorno. La de Tracy, una enfermera de la unidad cuyo objetivo es cazar a un marido que la haga vivir como a una princesa. Y la que nos cuenta la historia de Patrick, que se enfrenta al cadáver de un hombre buscando las respuestas que le piden, y la también la solución a sus propios enigmas. Además, mezclándose entre las voces y la trama hay alcoholismo, integración, rechazo, competitividad, egoísmo, intereses, culpa... y un puñado de personajes habituales, alguno bastante interesante.

     No es la primera vez que nos encontramos un protagonista con Asperger,  pero es cierto que esta vez no está caracterizado hasta el último detalle, ya que la autora opta por presentar y representar los rasgos que necesita para su historia, es decir, la racionalidad llevada al extremo. Lo mismo sucede con el resto de personajes, que sin estar perfectamente dibujados cumplen su función sin salirse de las guías que delimitan una novela escrita para entretener al lector durante unas cuantas horas. Y tengo que decir que lo consigue, si bien se ralentiza un poco en su parte central, se recupera sin problemas para dejarnos una historia muy entretenida en la que se mezclan personajes de todo tipo que parecen tener un interés personal en lo que allí sucede.

     Con una clara influencia de El curioso incidente del perro a media noche, Morir no es tan fácil se mueve entre la novela de misterio y la del propio descubrimiento, ya que desarrolla la evolución de Patrick a lo largo de sus páginas. Tengo que reconocer que, si bien hay muchas partes que no me han convencido, la historia me ha parecido francamente original y entretenida. Una novela para pasar un buen rato, tan curiosa como el diseño de su cubierta.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

viernes, 18 de septiembre de 2015

Los tres. Sarah Lotz


     "Pam alza la vista y la dirige a la señal luminosa del cinturón de seguridad; tiene muchas ganas de que se apague. No va a poder aguantar mucho más tiempo: casi oye cómo le regaña la voz de Jim por no haber ido al baño antes de subir al avión: "¿Sabes que no andas demasiado bien de la vejiga, Pam, ¿se puede saber en qué estabas pensando?"

     Un regalo es un regalo, y entre el diseño y la sinopsis, prometía ser una lectura, como mínimo, entretenida. Por eso no he tardado en leerlo, y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Los tres.

     2 de enero de 2012. Cuatro aviones se estrellan matando a más de mil pasajeros. Los accidentes ocurren en lugares dispares: África, Japón, el océano y Florida.Pronto se descubre que hay tres supervivientes, muy jóvenes, de tres vuelos distintos, a los que comienza a conocerse rápidamente como "Los Tres". La prensa les acosa elaborando teorías de todo tipo sobre estos niños milagro, acosando a las familias y empeñada en que tiene que haber un cuarto superviviente del último vuelo. ¿Cómo son estos supervivientes?

    Para contar esta historia Lotz opta por dar un enfoque realista a la hora de narrarlo, y estructura el libro como si se tratase de las notas tomadas por Elspeth Martins, periodista. De este modo introduce recortes de prensa, testimonios, mensajes recuperados de los móviles de los pasajeros, páginas web y todo lo que considera necesario para intentar introducir al lector en una trama particularmente macabra a grandes ratos. Y si digo macabra, es porque nos sitúa así en los aviones, en los momentos de los accidentes o, por ejemplo en el caso de Pam, la mujer con la que comienza el libro, nos deja ver qué sucede justo después: el humo, la muerte, las imágenes... Así que si tenéis miedo a volar, no es el mejor libro para llevaros a un aeropuerto. A partir de las tragedias, el mundo se conmueve y Lotz nos muestra reacciones, haciendo una especial crítica a la falsa fe que puede aparecer en momentos en los que se han sufrido grandes tragedias, aprovechándose del sentimiento social: apocalípticos y salvadores excitados ante lo sucedido.
     Con una forma de narrar diferente por las estructura, y muchos personajes apareciendo en las primeras páginas, la autora consigue captar el interés lector y nos lleva cuidadosamente para que no nos perdamos entre las historias que va tejiendo. Para cuando nos damos cuenta, ya nos hemos sumergido en el libro, que muestra sus cartas intranquilizadoras, casi rozando la palabra terror, desde el principio. Los accidentes y, más importante, los supervivientes. La corriente de suposiciones nos arrastra mientras recogemos testimonios y vagamos por bosques de suicidas. La intriga está servida, y Lotz incluso nos hace dudar de si alguno de los testimonios será real o se habrá dejado llevar por el sensacionalismo de la historia, que es otro punto que refleja; la actitud de la prensa en estos casos y la persecución y ofertas a la que se ven sometidos estos niños.

     Los Tres es una novela que mantiene un pulso narrativo pero que, a mi, me dejó un sabor agridulce al final. Ya he comentado alguna vez que soy muy quisquillosa con los finales, y esto es una simple apreciación personal, pero me dejó la sensación de ligereza, descafeinado cuando yo esperaba tener algo sólido a lo que agarrarme para redondear el argumento.  De este modo, y pese a tener un buen punto de partida, la historia termina desdibujada.

     Con todo, es una lectura entretenida, para pasar el rato aunque no vaya a quedar en el recuerdo transcurrido un tiempo prudencial. Pero, y pese a que hay opiniones para todos los gustos, ¿no es fantástica la lectura como simple evasión?

     Gracias

jueves, 17 de septiembre de 2015

La hija exranjera. Najat El Hachmi



    "Esta madrugada ha escarchado. Mientras el rocío se iba helando sobre los campos perfumados de purines, yo me revolvía una y otra vez en mi cama, que no dejaba de chirriar. Esta ridícula cama de muelles mía, estrecha y corta, en mi siempre oscura habitación del casco antiguo. Mi madre debe de haberme escuchado, tiene muy fino el oído, tiene muy ligero el sueño."

     Esta vez el libro me llegó en forma de regalo, por sorpresa. No me había fijado demasiado en él y al verlo la cubierta me llamó la atención, la serenidad que hubiera podido transmitir esa imagen quedaba apagada en unos ojos cerrados, en un gesto casi de protección, como si esa mujer tuviera frío. Y lo empecé ese mismo día... Hoy traigo a mi estantería virtual, La hija extranjera

     En este libro conocemos a su protagonista a través de sus propias palabras. Es ella quien nos relata su vida en un monólogo que comienza al terminar el bachillerato. Es una joven marroquí que ha llegado a un nuevo mundo al cambiar su país de residencia junto a su familia, ahora vive en una ciudad de Catalunya. Ahora estudia y vive una vida diferente, aunque en su casa, aún le parece seguir en su pueblo natal. Y ahora es momento de elegir, de avanzar a la vida adulta, casarse, estudiar.. es un momento importante, decisivo.

     La hija extranjera es una novela de puntos de fricción. La protagonista, una joven integrada en la sociedad a la que se traslada, disfruta con la literatura y con su salida al mundo adulto. Y sin embargo tiene otra vida, una interior, en su casa, con su madre, que es muy diferente. Dos mundos cuyos grados de separación quedan perfectamente reresentados en el idioma materno y en esas palabras en las que la narradora pone todo su empeño por encontrar un equivalente en castellano sin lograrlo. Esa forma de nombrar a la tetera para el café o a un tipo determinado de pañuelo. Esa sensación de no estar donde se debe y no ser ella misma mientras busca su sitio. El libro comienza cuando mira un tren y habla de huir; pero se queda, decide incluso casarse sin saber que tal vez pueda estar cerrando una jaula. Lucha por fusionar ambos mundos, por creerse que así es su sitio. Y por llegar a conocerse para encontrarlo realmente.

     En esta novela se refleja con gran nitidez cómo se siente una persona que, teniendo casa, no encuentra eso que denominamos hogar, en el que nos sentimos uno mismo. En el mundo que vive, se le pide que se case, que siga unas normas que son las costumbres tradicionales pasadas de generación en generación. Su madre la ata a ese mundo. La madre, esa gran protagonista que lucha porque su hija tenga más libertades y también soporta las miradas de su pueblo por lo que consideran rebeldías impropias. Y la hija, a la que todos miran. La hija llega a una sociedad cuya mirada se detiene en una nacionalidad o un pañuelo, una mirada dura que la ve capacitada para limpiar o cocinar... y en privado tiene otra que la juzga como rebelde por pensar por sí misma. Da voz de este modo a miles de personas que viven en esta situación, de inmersión a medias, juzgada por todos. Un tema complicado. Una crítica a ambas partes, a ambos mundos.

    En doscientas páginas la autora ha sabido dar una voz solvente, que de forma pausada y reflexiva invita al lector a descubrir el interior de una realidad cercana. Nos presenta a una mujer que busca su sitio, a la que terminados admirando. Una mujer valiente y una relación madre e hija muy especial; porque también es una hermosa novela de amor entre ambas.

     Y vosotros, ¿sois de los que os detenéis a observar las cubiertas de los libros?

     Gracias

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La familia Moskat. Isaac Bashevis Singer


     De vez en cuando uno necesita una novela que desprenda ese olor a buena literatura desde sus primera páginas. Uno de esos libros que nos acompañan un tiempo bajo el brazo y para siempre bajo la piel. Y de vez en cuando, uno tiene suerte, y se topa con un título así. Hoy traigo a mi estantería virtual, La familia Moskat.

     Conocemos a la familia Moskat. Meshulam Moskat, el patriarca, vive en Varsovia, y no sólo tiene éxito en sus negocios, sino que además mantiene unida a la familia. Y conocemos a su familia; sus esposas, hijos, amigos, parientes; a su mayordomo, al servicio y a todos aquellos que han tenido trato en algún momento con él. Y conocemos a Asa Heshel un joven judío agobiado por preguntas sobre sus creencias que se enamora de la nieta de Moskat.

     La familia Moskat comienza con tres árboles genealógicos. Eso da una posible pista de la cantidad de personajes que uno puede llegar a encontrarse en el libro. Y sin embargo, no debería de ser un disuasorio, ya que pronto nos situamos y seguimos fielmente a Asa Heshel. Singer nos deja en este libro un retrato completo de una sociedad desde principios del siglo XX hasta la entrada de los nazis en Varsovia en 1939. Una sociedad, la judía, que sería desmembrada cuando no destruida por el nazismo y que el autor nos muestra una y otra vez a lo largo de las páginas de este libro. No sólo a la familia protagonista, sino también todo aquello que les rodea, convirtiendo la lectura en un viaje al pasado.

     Descubrir La familia Moskat es descubrir la vieja Europa, dejarse llevar por la decadencia de una familia que se sustenta en un patriarca que, tal vez, elige mejor sus negocios que su compañía. Es acompañar al protagonista, que pronto descubrimos es Asa, en sus dudas permanentes y su pasividad a ratos irritante. Y es, sobre todo, abrir los ojos a una novela realista en la que el narrador se convierte en un mero observador que transcribe lo que sucede sin entrar a juicios. Sería fácil pensar que la novela ensalza a los judíos, sus creencias, se anticipa al sufrimiento convirtiéndolos en héroes... pero nada más lejos de la realidad que encontramos en sus páginas. Además hay mucho trato individual a cada personaje, lo que ayuda a que no nos perdamos entre sus dudas y casi constantes problemas matrimoniales. De hecho, se acerca más a una crónica de época, si se trata de poner etiquetas: la crónica de los judíos polacos. Encontramos en sus páginas a personajes complejos, personas de todo tipo se pasean por la historia dejando su impronta, en un libro que mantiene un ritmo constante y que, pese a su extensión, no cae en la descripción gratuita, no se frena, no decae, siempre hay algo que contar, no hay páginas sobrantes. Pertenece por tanto a esos libros que tiendo a etiquetar de manera personal como novelones, y siempre lo hago en el mejor sentido de la palabra. Completa el conjunto un brillante manejo del diálogo, con frases a veces cortas y certeras que releemos porque nos dirán mucho más de quien las dice que cualquier larga explicación. De hecho, y pese a que no marco los libros, tengo un post it puesto en lo que fue inicialmente el primer final de la historia, marcando un diálogo que será en mi caso esa imagen que irá siempre acompañando a la novela.

     Hoy traigo un libro imprescindible del que podría extenderme para explicar los magníficos secundarios, las distintas capas sociales que representa o cualquiera de las costumbres y dudas que desarrolla en una suerte de línea entre lo tradicional y lo moderno. Me limitaré a decir que es una novela sobre la decadencia, escrita con pulso firme por quien se convierte en observador para deleite del lector. Premio Nobel de 1978 y desconocido por muchos, perdido entre la marabunta de novedades que atestan las listas y librerías, os propongo rescatar a Singer. Paladear la buena literatura.

     Y vosotros, ¿sois de novedades o también os acercáis a autores más clásicos?

     Gracias



lunes, 14 de septiembre de 2015

Revival. Stephen King



     "Al manos en un sentido nuestras vidas son ciertamente como las películas. El elenco principal  se compone de la familia y los amigos. Los actores secundarios son los vecinos, los compañeros de trabajo, los profesores y los conocidos. Están también los papeles de reparto: esa cajera del supermercado de sonrisa bonita, el camarero cordial del barucho del barrio, los otros socios del gimnasio junto a los que hacemos ejercicio tres días por semana. Y hay miles de figurantes, todas esas personas que pasean por nuestra vida como agua por un cedazo, personas a quienes vemos una sola vez y nunca más (...) 
(...) Pero a veces entra en nuestra vida una persona que no encaja en ninguna de esas categorías.  Es el comodín que nos sale, muy de vez en cuando en una partida de naipes, a menudo en momentos críticos. En el cine se conoce a esta clase de personaje como el quinto en discordia, o agente de cambio."
   
     Todos tenemos nuestras filias y nuestras fobias lectoras. Unas mejores y otras peores, unas las confesamos abiertamente y otras... bueno, otras depende. Yo he llegado a un punto en el que no tengo problema en confesar cada una de ellas, y la de hoy es fácil: disfruto leyendo a King. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Revival.

     Conocemos a Jamie cuando vive plenamente su madurez y decide relatarnos su historia. Y lo hace volviendo la vista a 1962, año en que contaba con 6 años y en el que lo más relevante de su vida fue conocer al pastor metodista, Charles Jacobs y su familia. El pueblo no tarda en caer fascinado antes esta nueva familia hermosa y encantadora hasta que un accidente trunca la vida de dos de sus miembros y trastorna al pastor, que hasta ese momento dividía su vida entre Dios y su pasión por los fenómenos eléctricos. Es entonces cuando rompe con todas sus creencias y se centra en sus experimentos, despareciendo de la pequeña ciudad que parece haber olvidado que Jacobs había, por ejemplo, curado al hermano de Jamie cuando perdió la voz. A partir de este momento seguiremos el tortuoso camino que es la vida de nuestro protagonista y sus encuentros con un Jacobs cada vez más perturbador.

     Revival abre con un comienzo potente, buscando la reflexión intranquila sobre el quinto en discordia del protagonista. A partir de ahí, King cae en su habitual nostalgia de infancia, paseos en bici (aunque aquí no hay bici), detalles pequeños y primeros amores. Nada  nuevo para un escritor que parece recrearse en tiempos pasados para, en lugar de mostrar lo idílico, romper en pedazos esos pequeños paraísos y poner así a prueba a sus personajes. Y también al lector, al que va advirtiendo durante el camino: incluso antes de leer Hay algo, ya habíamos pensado en ello. Esta vez le toca a la religión, un tema complicado que había rozado anteriormente pero con el que nunca había entrado tan de lleno, y la diferencia, si es que la hay, entre un pastor cuyos sermones son convincentes, y un charlatán. Incluso hace bromas al respecto. Se desliza de este modo por un camino cercano a la normalidad en el que a veces, olvidamos de prestar atención a las señales, porque nuestros ojos están fijos una vez más en Maine o Tulsa, siguiendo la magnética figura de Jacobs. Lo vemos además a través de los ojos del protagonista que, ni siquiera en sus mejores momentos, parecía poder evitar tener cierto recelo. Jamie es el eterno protagonista de King que ve como su mundo se agrieta hasta romperse, solo que éste también se deja caer antes de recomponerse con la ayuda de Jacobs estableciendo así un vínculo entre ambos que nos conducirá al verdadero centro del libro; al recodo inexplicable cuya sombra se proyectaba hasta en las primera páginas. A lo que buscamos cuando leemos al maestro del terror. Porque por mucho que haya dejado ese sendero un poco de lado, seguimos pensando así de King

     No voy a contar más del argumento, no sería justo. Pero Revival mezcla un poco ambos perfiles del autor, al sobrio narrador y al King de siempre. Nos deja además, muchas de sus marcas habituales en sus novelas, puestas ahí quizás como sello personal, pero que agradan al lector habitual que no puede evitar sentirse en casa al leer Castle Rock.

     Todo empieza con un mi, dice nuestro protagonista una y mil veces a lo largo del libro para hablar de su pasión por la música y sus dotes con la guitarra que lo llevan a tocar en pequeños grupos. Y sí, posiblemente tenga razón. todo empieza con mi pasión por los libros, con mi colección de libros de King en un espantoso tono dorado en los lomos y con la necesidad de seguir leyéndolo pese a que ahora es un narrador madura, cosa que celebro por él, y parece haber dejado de lado a payasos terroríficos y fans piradas que encierran a escritores. Pero echo de menos esos tiempos de cubos de sangre y hoteles aislados.

     Voy a seguir leyendo a King, porque disfruto con sus historias.
     Y he disfrutado con Revival. 
     Lo confieso.
     Es lo que hay.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias