jueves, 11 de agosto de 2016
Te dejé ir. Clare Mackintosh
"El viento le fustiga la cara con los mechones de pelo húmedo y ella cierra los ojos con fuerza para protegerlos de la lluvia. Cuando el tiempo está así, todo el mundo va corriendo a todas partes, caminando deprisa por las aceras resbaladizas y con la barbilla hundida en las solapas de los abrigos. Los coches les salpican los zapatos al pasar y el ruido del tráfico no le deja oír más que unas pocas palabras de la animada charla de su hijo sobre las novedades del día, que empezó en cuanto se abrieron las puertas de la escuela."
No hay verano sin thriller piscinero que atrape. Nos hablarán de unos mil, qué duda cabe, señalando fírmemente a un par, y luego aparecerá un tercero que desbancará a todos los anteriores. Hoy traigo a mi estantería virtual al que ha resultado ser ese tercero, se trata de Te dejé ir.
El mundo puede cambiar en apenas un segundo para una persona, que se lo digan a Jenna. Su vida cambia tras el atropello de su hijo y seremos testigos de excepción del suceso, del cambio y de la investigación y búsqueda de lo sucedido en ese momento.
Te dejé ir es una de esas novelas que sabemos se va a quedar en los círculos privados de la protagonista que abre la historia. Jenna y los detectives, el suceso tan terrible con el que comienza y todo lo que se teje a su alrededor. Una primera parte que tensa poco a poco el ambiente mientras el lector va conociendo, avanzando, descubriendo.... y una segunda en la que ya es imposible detener la lectura. Nada parece indicarlo mientras estamos en esa primera parte del libro, una parte que está bien y mantiene el ritmo y el interés. Pero entonces comienzan los juegos de manos y la autora consigue dejarnos con la boca abierta en uno de los espectaculares giros que contiene la novela. Volveremos atrás, miraremos buscando la trampa que no somos capaces de ver, y nos quedaremos como esos niños que acuden a un espectáculo de magia. Sólo que en este caso, la credibilidad de la autora no se tambalea.
Y entramos así, sin reponernos en la segunda parte. Conocemos, por ejemplo, a un narrador en primera persona que nos resulta terrible. La autora entra ya de lleno en los secretos, la violencia y el maltrato. Si levantamos la vista será sólo para coger aire, asfixiados por el ritmo y sucesos que no se ven interrumpidos para dejarnos respirar. A ello se unen los giros que la autora comienza a intercalar, intensificando el interés de un lector que hace ya muchas páginas que se entregó a la lectura.
No diré que es la novela del año, pero si que es una de las más entretenidas que me he tropezado. La comienzas y la terminas en apenas un suspiro y te preguntas cómo no has visto venir lo que iba a suceder. Cierto que ya venía con la fama de tener giros inesperados, pero da igual. A partir de ese capítulo que ronda el 21, la historia se vuelve frenética y avanzamos sin poder ni querer evitarlo.
Comenzaba hablando de la novela del verano, esa que nos entretiene dejándonos llevar sin pensar en más. Te dejé ir es justo eso. Una historia para abrir sus páginas y que se nos olvide el tiempo. Si es lo que buscáis en un libro, adelante, no creo que nadie pueda decirme que se sienta defraudado. Ahora lo que nos queda, es esperar y anotar el nombre de su autora.... buscar otro título. Como tantas otras veces con otros tantos nombres. Y cruzar los dedos, por supuesto.
Y vosotros, ¿cuál está siendo vuestra novela del verano hasta el momento?
Gracias.
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martes, 9 de agosto de 2016
Corazón tan blanco. Javier Marías
"No he querido saber, pero he sabido, que una de las niñas, cuando ya no era niña y no hacía mucho que había regresado de su viaje de bodas, entró en el cuarto de baño, se puso frente al espejo, se abrió la blusa, se quitó el sostén y se buscó el corazón con la punta de la pistola de su propio padre, que estaba en el comedor con parte de la familia y tres invitados. Cuando se oyó la detonación, unos cinco minutos después de que la niña hubiera abandonado la mesa, el padre no se levantó en seguida, sino que se quedó durante algunos segundos paralizado con la boca llena, sin atreverse a masticar ni a tragar ni menos aún a devolver el bocado al plato; y cuando por fin se alzó y corrió hacia el cuarto de baño, los que lo siguieron vieron cómo mientras descubría el cuerpo ensangrentado de su hija y se echaba las manos a la cabeza iba pasando el bocado de carne de un lado a otro de la boca, sin saber todavía qué hacer con él. Llevaba la servilleta en la mano, y no la soltó hasta que al cabo de un rato reparó el en sostén tirado sobre el bidet."
No he querido saber pero he sabido, comienza este libro publicado en 1992 para éxito y gloria de su autor hoy encumbrado. Uno de los comienzos más impactantes que recuerdo haber leído, capaz de lograr que imaginemos la escena con total claridad. Hoy traigo a mi estantería virtual, Corazón tan blanco.
Conocemos a Juan Ranz, narrador de la historia que es, además, contada en primera persona. Ranz, llevado por la vida que le muestra que guarda secretos, o tal vez por los recovecos en los que se cuelan los resquicios de luz, como un consejo de su padre el día de su boda, es empujado a investigar un secreto que ha acompañado a su familia durante años. Luisa, su mujer, se irá covirtiendo en cómplice de esta búsqueda que les llevará a desempolvar la historia de su familia más reciente encontrando en ella muertes como la que abre el libro, dudas, culpa, y mucho silencio acumulado.
Hablar de la trama de esta novela, entretejida de una forma magistral con Macbeth, es relativamente complicado, ya que no quiero privar a ningún lector de ir descubriendo paso a paso lo descubierto por el narrador sobre su familia. Baste decir, por lo tanto, que Marías juega con la necesidad de saber que uno a veces siente, sobre todo si intuye que hay secretos importantes, y con la sensación de tal vez no querer saberlo, una vez los ha descubierto. Esto provoca que el lector se convierta en cómplice de quien guarda el secreto, ya que uno no puede evitar preguntarse si es realmente necesario saberlo todo, sin darnos cuenta de que nos traicionamos a nosotros mismos por llevar más de doscientas páginas sin soltar la historia buscando precisamente, ese secreto. Tres matrimonios más el del narrador, viajes, encuentros, historias secundarias que se tocan en amantes ocasionales y un torrente de reflexiones, es lo que ofrece Marías en esta novela en la que nada queda libre al azar. Incluso el matrimonio protagonista se dedica a la traducción, mostrando con su trabajo una curiosa capacidad para manipular la verdad. Tanto, como aquel que la oculta.
Con ello el autor consigue reforzar la idea principal de una trama capaz de ir envolviendo hasta al más indiferente de los lectores, que no puede hacer otra cosa que preguntarse qué sucedió para llegar al punto en el que comienza la novela. Y también sobre sus posteriores consecuencias. La elección, la del disparo, la del silencio, la de saber... son todas ellas conscientes, aunque no siempre razonables salvo para quien las argumenta. Y sin embargo, en este caso, somos capaces de comprender el camino recorrido por cada uno de los personajes, muchos de los cuales a la sombra de un sentimiento que tal vez desconozcan y es la culpa.
Os preguntaréis ahora el motivo por el cual el libro se teje con aires de Macbeth, y si existe en ambos, además del silencio, el secreto y la culpa ya nombrados, un asesinato. Y podría explicarlo, pero me temo que en caso de hacerlo, perdería la efectividad que supone el descubrir esta historia al ritmo lento que propone el autor. Podría ahora hablar de enamoramientos, secretos, mentiras y formas de engañar. De oyentes involuntarios y otros forzados y adjudicar estos mismos adjetivos a quienes confiesan.; y con todo ello azuzar la curiosidad por un libro ya casi convertido en clásico moderno. Pero incluso si dijera todo esto, me faltaría explicar el placer que supone leer a Javier Marías en sus divagaciones frente a temas como el matrimonio o cualquier otro que le pase por la cabeza y termine en la punta de su pluma.
Corazón tan blanco es un libro redondo. De esos cuyo concepto mejora en el lector a medida que transcurren días y la historia se asienta en nuestro interior, se pone cómoda y nos da otra perspectiva. Una fantástica lectura para todos y, posiblemente, el mejor libro para comenzar con este autor.
Comenzaba hablando del principio del libro, y es que hay principios inolvidables en la historia de la literatura. Y vosotros, ¿recordáis particularmente el comienzo de alguna lectura?
Gracias.
"Mis manos son de tu color, pero me avergüenzo de llevar el corazón tan blanco."
Macbeth
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lunes, 8 de agosto de 2016
La oficina. Lars Berge
"La caja de cartón ocupaba todo el palé sobre el que se hallaba, una superficie estándar de 1.168 x 768 milímetros. Medía su buen metro de alto y la habían cerrado con cinta de embalaje y unas resistentes tiras blancas de nailon.
Según el albarán, contenía mobiliario de oficina. Sin embargo, del interior salía un ruido raspante que, al cabo de un rato, se transformó en unos sonoros golpazos asestados contra el sólido cartón, cosa que acabó despejando todas las dudas sobre si la caja no alojaba en realidad a un ser vivo."
Todos tenemos nuestras rarezas, y entre ellas está el gusto por otras rarezas. De hecho, las detectamos apenas posamos la vista sobre ellas y nos sentimos atraidos hasta el punto de necesitarlas sin saber aún que lo son. Hoy traigo a mi estantería virtual, La oficina.
Conocemos a Jens Jansen, un hombre que ocupa uno de esos puestos a los que ahora se les llama bajo título inglés, brand manager, en una empresa que fabrica cascos para ciclistas. Jansen lleva una vida gris y desmotivada, tiene un puesto en el que no trabaja demasiado ni tiene muchas responsabilidades, no aspira a ascender, no le gusta lo que hace... nada nuevo para muchos en realidad. Pero Jansen busca una curiosa solución y es llevar lo fugurado a lo real y esconderse del mundo. Se esconde en una zona en desuso de su oficina, desapareciendo sin que sus compañeros parezcan notarlo en un primer momento.
Con esta premisa del hombre gris y hastiado que no encuentra motivaciones en su vida, Berge nos deja una comedia a ratos tronchante, marcada por un sentido del humor ácido que va poco a poco descarrilando para conseguir una crítica feroz hacia la sociedad actual. Estructurada en capítulos cortos que comienzan a su vez por algún tipo de slogan publicitario, no tardamos en notar que la alienación como empleados o consumidores en la sociedad moderna, será uno de los pilares sobre los que va a apoyarse la historia. Una historia en la que su cobarde protagonista se esconde consiguiendo enterarse de loq ue sucede en la oficina y ver a sus compañeros con otros ojos tras escuchar sus conversaciones. Veremos como sale únicamente por las noches para alimentarse, y también las reacciones de quienes echan en falta su presencia, como por ejemplo su novia, y las posibles explicaciones que se les ocurren y que van del sucidio al secuestro.
No me cabe duda de la valentía que hay que tener para escribir una comedia, o tal vez sería mejor decir una novela muy divertida, sin caer en el ridículo del chiste fácil, pese a esconder anécdotas entre sus páginas y, en este caso, Berge lo consigue hacer bien. Incluso muy bien. Tal vez sea por el resentimiento solapado a determinado tipo de empresas y condiciones que se esconde tras alguno de sus chiste, o por su particular forma de caricaturizar los rasgos de algunos de los figurantes de la novela. El caso es que a medida que avanzamos nos vamos dejando caer en la posibilidad de esta situación que ya se nos antoja francamente divertida y, pese a saber que no estamos ante un novelón, disfrutamos del camino.
Comenzaba hablando de rarezas y es que, la sola idea que articula la historia es, cuanto menos, extraña. Pero también divertida. Así que hoy os invito a sonreís, incluso reir a carcajadas algún rato, con una novela nórdica. No todo va a ser sangre en la llamada literatura del frío.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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viernes, 5 de agosto de 2016
El Club de la Lucha 2. Chuck Palahniuk
"Algunos amigos imaginarios ya nunca desaparecen."
Para muchas generaciones El club de la lucha será un momentoq ue no olvidarán de su vida. Bien en el cine, la mayoría, o en el libro, incluso en ambos, se vieron escandalizados, empujados, motivados y, sobre todo, sacudidos. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El club de la lucha 2.
Han pasado veinte años desde El club de la lucha, pero sólo diez para sus personajes. Sebastian, ahora que sabemos el nombre del narrador y protagonista de la primera parte, se ha casado con Marla y tienen un hijo de 9 años con unas aficiones un tanto peligrosas. Un trabajo mediocre y un matrimonio que hace aguas, provocan que Marla añore a Tyler. Y dedida llamarle. Para ello cambia la medicación de Sebastian, provocando la vuelta de un Tyler más extremo que nunca.
Hay que decir en primer lugar que esta segunda parte es en formato cómic, pero no está escrito en la forma habitual tampoco para ser un cómic. Supongo que si hablamos de Palahniuk es muy difícil pensar que cualquier cosa salida de su cabeza, sea corriente. Cameron Stewart hace un trabajo magnífico como dibujante dejando patente todo el cáos que encaja a la perfección con la narración de Chuck, al que terminamos llamando por su nombre de pila, y ahora os explicaré el motivo.
En esta historia, Marla será la causante del caos al resucitar a quien muchos añorarán. No faltan casas que explotan, investigaciones, hijos secuestrados, niños con aspecto de ancianos, sexo, golpes y muchas, muchas drogas. La violencia está servida y tiñe de rojo las páginas de un cómic que, por momentos, conduce al lector a la misma deriva que parece dejarse ir su protagonista. Y cuando todo se complica y estamos en una espiral sin demasiado sentido, ¿a quién acudimos? Pues al autor. Sí, Chuck se deja caer por la rama metaliteraria apareciendo bastante favorecido dicho sea de paso, para adentrarse en esta segunda parte de la historia que tiene un final apoteósico que me hizo soltar un par de carcajadas. Y es que, por mucho que me digan que hay que aprender a esperar lo inesperado, esta vez el autor me ganó, lo confieso.
El club de la lucha 2 es una novela gráfica pensada principalmente para fans, no tengo del todo claro si fans de Tyler o del autor, posiblemente lo segundo. Solo así se entiende el giro que va tomando la historia que es mucho más que una simple continuación o intento de recuperar al personaje que en su día le dio la fama.Porque aquellos que crean que ese es el objetivo de este título, pronto se darán cuenta del error que cometen.
Me he divertido. me aventuré en un formato que frecuento poco movida tal vez por la nostalgia del momento en que descubrí la primera parte, y me dejé arrastrar por la locura, disfrutando de esta historia. Sólo así puede leerse e incluso recuperar más de un nombre que, tal vez, tengamos aparcados en nuestra memoria. A fin de cuentas, ya lo avisan en la cubierta con la frase que abre esta entrada.
Algunos amigos imaginarios ya nunca desaparecen.
Aunque ahora que hemos terminado y la releemos, tal vez suene un poco más amenazadora que al principio.
No os voy a contar más, ni de Tyler ni de la forma en que se trata su "relación" con Sebastian, ya que no quiero estropearle a nadie El club de la lucha. Además...
La primera regla del Club de la Lucha es: Nadie habla del Club de la Lucha.
Estoy segura de que más de uno se ha sorprendido de ver un cómic en el blog, ya que no es algo habitual. Pero de vez en cuando me acerco también a ellos. Y vosotros, ¿leéis comics?
Gracias.
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jueves, 4 de agosto de 2016
Una cocina a prueba de ratones. Saira Shah
"Los dolores vienen y van en oleadas. No se parecen en nada a los subidones orgásmicos descritos por mi profesora new age de preparación al parto, pero tampoco son tan terribles como los relatos de mi madre de pelvis partidas en dos y mujeres que enloquecen de pura agonía."
Suelo comentar los motivos por los que llego a un libro. en este caso fue el título y ni siquiera le di la vuelta, de hecho cuando leí el primer párrafo que abre esta entrada lo cerré y me quedé mirando un rato la cubierta un tanto extrañada. Hoy traigo a mi estantería virtual, Una cocina a prueba de ratones.
Anna y Tobias forman un matrimonio joven y de éxito que han decidido dejarlo todo en Londres para irse a vivir al sur de Francia en cuanto nazca su hijo. Ella es chef y él es creativo, compositor para ser exactos. Todo parece estupendo para esta pareja que está a punto de conocer las alegrías de la paternidad hasta que nace su hija con un serio trastorno cerebral al que, en un primer momento, ni siquiera los médicos se atreven a poner nombre. Ven como su vida se rompe en pedazos junto con todas sus ilusiones mientras tienen que recomponer sus ideas y aspiraciones en lo que su hija intenta sobrevivir en el hospital, entre tubos y medicinas. Languedoc será el lugar elegido, una casa inhóspita que parece tener carácter propio y pocas ganas de tener inquilinos, para comenzar su nueva vida junto a Freya y un puñado de vecinos.
Con un fuerte contenido autobiográfico, Sarira Shah cuenta su historia desde quien ha tenido que sobreponerse a desafíos diarios no sospechados ni deseados. Con aspecto de historia cruel y la clara intención de evitar la moralina, la autora nos muestra como la vida puede dar al traste con todos tus planes en apenas un instante. Eso es lo que le sucede a la pareja protagonista, con una vida perfecta y ensayada; casi de revista, cuando descubren que su hija tiene un problema de salud que se irá haciendo más grave con el tiempo hasta un fatal desenlace. ¿Qué sucede en la vida de una pareja cuando se les pone esa dura prueba? Dice Anna cuando ve a su hija por primera vez, que hay un mecanismo en el cerebro que hace que la imagen perfecta del bebé perfecto que uno tenía en la cabeza, se adapta con un click de forma inmediata al que sostiene en brazos la primera vez que ve a su hija. Que nace un amor irrompible y único que provoca felicidad. Pero Anna, al igual que su marido, sabe que esa niña tiene poca esperanza de vida, que la poca vida que tenga estará llena de angustias, ingresos y medicaciones, y que las opciones son pocas. Entonces la valentía de la autora es incluso superior a la de los protagonistas, ya que les deja desnudos ante el lector. Vemos como se preguntan qué hacer, y cuánto amor darán sabiendo que será un sufrimiento fatal, casi una agonía; no ya la muerte, sino la enfermedad y pensar que tal vez ni siquiera les reconozca.
Así que deciden, avanzan y se mudan y la casa aparece como protagonista, una casa que se niega a ser dominada, con ratones que se pasean por la cocina sin dejarse impresionar por los nuevos inquilinos. Tobias tiene que crear, Anna busca su espacio en un lugar remoto y los vecinos comienzan a aparecer aportando una visión diferente del mundo a la que podían haber tenido en Londres. Lo salvaje, los instintivo, los sentidos parecen adueñarse de todo y la joven pareja se aferra a donde puede para sobrevivir.
Una cocina a prueba de ratones es la historia de una lucha por seguir avanzando. Lucha contra prejuicios ajenos y propios, contra la mirada de otros y también contra la propia mirada. Es la historia de cómo hay impulsos que nos mueven incluso más allá de lo que pensamos y de cómo la vida, por difícil que parezca, nos deja grandes remansos de paz. Una buena novela, con momentos duros, y dulce como las confituras que prepara su protagonista... algunas con un regusto amargo.
Y vosotros, ¿os dejáis ganar por el título de una novela sin mirar más alguna vez?
Gracias.
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martes, 2 de agosto de 2016
El impresor de Venecia. Javier Azpeitia
"Entre la diversidad de tipos que conforman la especie humana, uno de los más peculiares es el de quienes renuncian a vivir el mundo para leerlo. Son todos especímenes muy semejantes entre sí, fáciles de distinguir por sus carencias, tan singulares. En general viven vidas apagadas, más aún comparándolas con las encendidas vidas que encuentran en sus lecturas. Nunca les brillan los ojos frente a los demás, sino en la soledad de sus gabinetes, donde, rodeados de mamotretos y a la luz insana de las bujías, se sumergen en un río de palabras en el que afirman encontrar todo lo que los demás buscan por las calles de las ciudades y los caminos perdidos de la tierra."
A veces uno entra en su librería de siempre, y su librera le pone un libro en la mano. Sin preguntas y apenas sin saludos, de forma que no deja lugar a duda alguna. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El impresor de Venecia.
Estamos en el siglo XVI, y conocemos a Paolo cuando llega a una villa Veneciana cargado con un montón de libros. Su intención es hablar con su madre y así recomponer la vida de su famoso padre ya fallecido, Aldo Manuzio. La percepción de este joven sobre su padre es demasiado buena comparada con la realidad que le irá descubriendo su madre. Y de este modo, en pleno Renacimiento, conoceremos la vida de este hombre que editó, robó manuscritos, apasionado y amante de los libros con unos ideales que podían verse atacados por la censura.
En esta novela Javier Azpeitia nos introduce con un estilo impecable en una de las ciudades más importantes del Renacimiento. Y es en este ambiente, y rodeado de datos reales, en el que conocemos a uno de los personajes más relevantes de la ciudad: Aldo Manuzio. Estudió latín y griego y fue un apasionado de la literatura griega, obsesionado casi con preservarla para evitar su pérdida física descubriremos sus perfeccionistas proyectos de edición de estas obras. La vida de este hombre, evidentemente más compleja que lo que relata el autor, está llena de nombres ilustres y datos técnicos que revelan el elevado conocimiento del autor de esta época, pero también su saber hacer, al no resultar la novela pesada ni perder un cierto tono de ironía y ligereza en ningún momento. Manuzio se descubre como un hombre apasionado que sufrió ataques y boicots a su empresa alguno incluso de sus círculos más cercanos, pero que siempre siguió adelante. No en vano, muchas de sus ideas han llegado hasta nuestros días, en incluso el sello de la Imprenta Aldina le resultará familiar a más de uno.
El impresor de Venecia ha resultado una lectura diferente y más que satisfactoria escrita con un estilo impecable, a ratos francamente hermoso. No cabe duda que hay una moda no declarada de libros que hablan sobre libros o librerías y, en este caso, os propongo un viaje en el tiempo a una ciudad ya de por sí mágica, para disfrutar de este pequeño homenaje literario a la palabra impresa. Una delicia en muchos sentidos.
No os digo más, descubrid los rincones que esconde la novela.
Ya se que no es lunes pero decidme, ¿qué libro tenéis entre manos esta semana?
Gracias.
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lunes, 1 de agosto de 2016
Sueños de trenes. Denis Johnson
"- No lo puedo soltar -dijo aquel tal señor Toomis-. ¡Soy el que lo tiene agarrado del cuello!
Y se rió mientras una ráfaga de confusión le cruzaba el rostro.
-¡Yo lo tengo bien cogido! -dijo Grainier, agarrando con más fuerza en sus brazos los dos pies del pequeño demonio-. ¡Lo tengo yo, al cabrón, y yo me encargo!"
En el año 2011 el Premio Pulitzer quedó desierto, este libro junto con El Rey Pálido y Tierra de Caimanes, estaba nominado. Tres grandes según todas las opiniones. Hoy traigo a mi estantería virtual, Sueños de trenes.
Conocemos a Robert Grainier, un hombre trabajador de esa Norteamérica de principios del siglo pasado, al que acompañamos a lo largo de su vida. Una vida que se ve marcada por las praderas, la madera, la tragedia y, como no, los trenes.
Dicho así no parece mucho, y Johnson tampoco lo pretende ya que su novela es una de esas en la que un protagonista aparentemente gris, pretende dar reflejo de una época ya pasada. Supongo que ahora muchos habéis recordado al querido Stoner, y hasta cierto punto con razón, ya que son novelas que se articulan siguiendo a un hombre que no es ni héroe ni antihéroe y que podría haberse dedicado a cualquier otra cosa y estaría contando la misma historia. Una de esas historias anónimas sucedidas mil veces que no suelen tener voz hasta que un escritor decide fijarse en ellas consiguiendo así hablar de ese hombre anónimo.
Grainier vive en un mundo áspero, y Johnson se pone a su lado para hacer de la narración un camino igualmente áspero. Para que sintamos las vías y la madera al ser talada, para que veamos montañas, cenizas y tragedia. Porque Grainier se ve sacudido por la tragedia, y tiene que seguir adelante. En una de esas zonas que florecieron al amparo del metal férreo, Robert Grainier ve como su vida se tiñe de negro y opta por avanzar, cubriéndose con la coraza de la soledad, como hicieran tantos otros hombres en aquella época. Podría decirse que es la historia de un superviviente de un mundo hostil que quedó hace tiempo atrás.
Toca entonces preguntarse si uno está a la altura de una obra ensalzada tanto y por tantos nombres ilustres del mundo literario. Y en mi caso, con este título, la respuesta es un clarísimo "no". Me ha parecido que Johnson se dispersa, atreviéndose incluso con un toque fantástico, intentando tocar demasiadas cosas en pocas páginas. Como suele suceder en estos casos los detalles se desdibujan y, exactamente igual que recurre al conocimiento cinematográfico del lector para que éste haga la mitad del camino a la hora de ver los parajes que nos representa; los personajes secundarios se ven debilitados y los sentimientos empañados por una distancia que se hubiera podido solucionar con un poco más de sangre... o tal vez una veintena más de páginas. Ha sido una buena lectura, de eso no tengo duda, pero se ha quedado corta y, por lo tanto, imperfecta, distante.
Muchas veces las comparativas con grandes nombres hacen un flaco favor a los libros que pretenden impulsar. Los lectores llegamos atraído por uno de los nombres, tal vez más, y nos encontramos un resto pero no un espejo, casi sin ser conscientes de que son espejos inalcanzables debido a lo rimbombante de las fajas. Lecturas que, sin pretenderlo, se ven empañadas por incluir demasiados nombres.
Así que decidme, ¿vosotros hacéis caso de las fajas promocionales?
Gracias.
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