"Mi padre me había contado que, antes de que yo naciera, se dedicaba a cazar moscas con un arpón. Me enseñó el arpón y una mosca aplastada.
- Lo dejé porque era muy difícil y estaba muy mal pagado -me explicó mientras volvía a guardar su antiguo material en una caja lacada-. Ahora monto talleres mecánicos. Trabajas mucho, pero te ganas muy bien la vida."
Leí este libro en francés hace ya unos meses por el ruido mediático que tuvo en el vecino país. Ahora aparece editado en el nuestro, bajo un conocidísimo sello, y es por eso, que hoy traigo a mi estantería virtual, Esperando a Mister Bojangles.
George es un hombre jubilado a una edad temprana, con el tiempo y el dinero adecuados para poder mantener a su atípica familia y pasar su vida junto a ellos. La familia está compuesta por una mujer, cuyo nombre varía varias veces a la semana y un niño encargado de contar la historia. Tienen además una grulla gritona como mascota, de nombre Miss Superflua.
Hasta aquí y con ese argumento pudiera parecer una historia normal, aburrida incluso, pero nada más lejos de la realidad. Bourdeaut nos regala en su primera novela una tragicomedia sobre la vida y el amor. Pareciera que el autor se hubiera preguntado si uno puede enloquecer de amor y, respondiéndose afirmativamente, hubiera puesto en el camino a esta extraña pareja de excéntricos destinados a enamorarse. Y eso no significa que George no se diera cuanta de que a esa mujer de ojos verdes algo le sucedía, pero ¿qué importa un poco de excentricidad cuando uno está enamorado? Y así les deja conocerse y reinventarse una y otra vez a base de disparatadas historias que nos va relatando su hijo. Un niño feliz, que compite con su madre a saltos en el sofá, aprende matemáticas entre jarros de agua y, lejos de preocuparse por su expulsión escolar, vive en una suerte de fantasía continua sin necesidad de salir de casa. Y así es como son y buscan su propia felicidad, mirando a ratos de reojo a la vida real a través de las ventanas, entre giros al son de una vieja canción de Nina Simone, de la que toma el título la obra.
Mr Bojangles en la canción baila, siempre baila, incluso en la desgracia. Y para cuando nos damos cuenta del detalle, Bourdeaut deja que la realidad se cuele en el domicilio familiar, y con ella la tristeza a la que parecen empeñados en vencer al ritmo de la canción. La novela, hasta ese momento divertida y disparatada, vira hacia lo trágico cuando la mujer es diagnosticada y separada de una familia que no concibe la vida sin ella y decide intervenir y rescatarla para volver a tener su propio mundo. Pero, la realidad, una vez penetra en la vida, es como el agua, que aunque sea silenciosa, siempre acaba encontrando el lugar por el cual brotar. Y así es como se desarrolla la última parte de la novela, quizás el último tercio, convirtiendo el argumento en un original ejercicio narrativo que da muestras de una destreza a la hora de escribir equiparable a la originalidad de la historia.
Esperando a Mister Bojangles es una lectura divertida, con un regusto trágico, que merece la pena ser descubierta. Tiene pinta de no ir a hacer mucho ruido en nuestro país, quizás porque somos menos dados a estas novelas que se salen de las pautas habituales en sus argumentos, pero precisamente ese es el motivo por el cual la recomiendo. Además, siendo sinceros, todos quisimos una casa como la del narrador cuando éramos niños, y Bourdeaut convierte en un placer el descubrir, en un primer lugar la justificación de su historia y luego, sin pausa, su final.
Me ha gustado, de hecho la he terminado en lo que transcurren dos tardes, una sonrisa y una bonita melodía.
Y vosotros, ¿alguna vez os decantáis por este tipo de novelas, de argumentos diferentes a lo habitual?
Gracias.
PD. No me resisto a poneros la canción diciendo eso de baila, ¡Baila, Mr Bojangles!