jueves, 8 de junio de 2017
Tiempos románticos. Vladimir Nabokov
"Martin volvió a experimentar una sensación que había percibido más de una vez en su niñez: una incontenible intensificación de todos sus sentidos, un impulso arrebatador y mágico, la presencia de algo, sólo por lo cual valía la pena vivir."
Lo bueno de las librerías de segunda o cuarta mano, es que se descubren títulos insospechados, como uno de Nabokov del que jamás habías oído hablar y que te traes a casa con la sensación de hallazgo afortunado. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Tiempos románticos.
Conocemos a Martín, un joven idealista y enamorado de una mujer llamada Sonia, quien no duda en repartir rechazos. Martin está enamrado con esa pasión enfebrecida del idealista romántico que vive una historia de desamor al no ser correspondido.
Estamos ante una de las nueve denominadas novelas rusas del autor, alguna casi desconocida, pero que merecen la pena porque permiten observar las diferencias entre las distitnas etapas de Nabokov.
Hay escritores, pocos, cuya lectura es un placer por el simple hecho de disfrutar de sus letras, de sus simbolismos, de paladear sus palabras. Nabokov es uno de ellos. Y es que no puede decirse que Tiempos románticos tenga una trama precisamente original, ya que no falta ni el enfrentamiento por una dama, pero aún así su lectura es un placer del que no deberíamos privarnos. En este caso, por poner un ejemplo, las descripciones y simbolismos que van apareciendo en la historia, son un verdadero placer para los sentidos y es que, si alguien sabe colocar la palabra precisa en el lubar exacto, ese es Nabokov. Muestra de ellos sería, sin ir más lejos, el apellido del protagonista, Edelweiss, la flor del amor eterno que incluso figura como planta en un momento dado en la propia obra. Otra es el camino hacia el final del libro, del que nos va dejando pistas cuyo significado se va aclarando a medida que llegamos al final dotando a la historia de una luz nueva que la mejora. Y es que, cuando uno es joven e idealista y cae presa de una pasión casi obsesiva, no se permite las medias tintas. Y es justo eso lo que nos cuenta el autor de un Martin al que no siempre entendemos, pero al que comprendemos en cada momento, incluso en la vuelta al ya famoso risco. Martin se empuja, se atasca en su propia obsesión ante la que solo de quedan tres opciones; la resignación ante el rechazo, la máxima decepción tras no haberse resignado o.. bueno, la más trágica de todas. Y el autor está decidido a dirigirse con paso firme hacia una de ellas sin que suponga una decepción que veamos el camino desde aproximadamente la mitad de la novela. Porque, si bien Martin es todo un personaje, esta novela permite al lector adivinar sin que influya en su lectura.
Tiempos románticos son los que todos vivimos cuando nos enamoramos, los que se entienden sobre todo en la juventud del primer amor, y también ha resultado ser una novela de uno de los grandes nombres de la literatura universal que parece sufrir esa desdicha de algunos escritores de "una sola obra". Hay mucho Nabokov más allá de Lolita. Y sería una pena que nos lo perdiéramos. Incluso en sus títulos menores, como posiblemente sea este, Nabokov siempre brilla. Quedan escritores cuya lectura es un placer siempre, trate sobre lo que trate el libro.
Y vosotros, ¿tenéis escritores de esos de una sola obra o procuráis buscar al menos otro título alejado del que les dio la fama?
Gracias.
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martes, 6 de junio de 2017
Los casos de Horace Rumpole, abogado. John Mortimer
"Yo, Horace Rumpole, abogado, a punto de cumplir sesenta y ocho años, letrado de poca monta en el Tribunal Penal Central de Inglaterra y Gales, comúnmente conocido como Old Bailey, marido de la señora Hilda Rumpole (para mí es «Ella, la que Ha de Ser Obedecida») y padre de Nicholas Rumpole (profesor de Sociología en la Universidad de Baltimore, siempre he estado muy orgulloso de Nick); yo, cuya mente rebosa de antiguos crímenes, anécdotas jurídicas y fragmentos memorables del Oxford Book of English Verse (en la edición de sir Arthur Quiller-Couch), además de un amplio conocimiento sobre manchas de sangre, grupos sanguíneos, huellas dactilares y falsificaciones mecanografiadas; yo, en la actualidad el miembro de mayor edad de mi bufete, tomo la pluma a mi avanzada edad en un momento de calma en el trabajo (no hay mucho delincuente por aquí, parece que los más notables villanos de Inglaterra se encuentran de vacaciones en la Costa Brava), a fin de intentar reconstruir por escrito algunos de mis triunfos más recientes (y ciertos desastres no menos recientes) acontecidos en los juzgados, y de paso conseguir algún dinero que no caiga de inmediato en manos de Hacienda, en las de mi ayudante Henry ni en las de Ella, la que Ha de Ser Obedecida, y quizá también de entretener un poco a los que, como yo, han encontrado en la justicia británica una fuente inagotable de diversión inofensiva."
Tenía este libro en casa desde hace bastante tiempo, de hecho ni recuerdo si fue compra o regalo, simplemente apareció (algo similar a lo que le sucede, curiosamente, al protagonista con su esposa). El caso es que finalmente lo leí y hoy traigo a mi estantería virtual, Los casos de Horace Rumpole, abogado.
Conocemos a Rumpole a lo largo de seis relatos que no son otra cosa que seis casos en los que ha trabajado. Como nexo de unión está su vida matrimonial, esa suerte de amor discutido con Ella, La Que Ha De Ser Obedecida además del tono mantenido en primera persona y algún personaje secundario. Ambientado en Inglaterra a finales de los sesenta recorrerá del divorcio al asesinato mostrando sus trucos mientras investiga para terminar en la sala de juicios.
El humor inglés siempre ha sido una debilidad para mi. No iba a serlo menos en este caso, así que ha sido un placer conocer a Rumpole quien armado de ironía y sarcasmo nos dejará meter la nariz en seis de sus casos. No es un abogado importante, y no escatimará ocasión de demostrar que tanto las fuerzas policiales como los jueces, son, en el mejor de los casos, estúpidos o desinteresados en el noble arte de repartir justicia. Lejos del detective clásico, este hombre aficionado al clarete que necesita de su ingenio para sobrevivir, con una esposa temible y un hijo que parece querer seguir sus pasos personales, no tarda en ganarse el corazón del lector.
Me sorprendió, tengo que reconocerlo, la ambientación. Supongo que por la cubierta, o por otros libros de la editorial ya leídos, tenía la idea por no decir la firme convicción, de estar ante una novela de corte victoriano. Nada más lejos de la realidad. El Londres que nos presenta Mortimer, el de finales de los sesenta, principios de los setenta es una ciudad accesible, de a pie, en la que, si corre el champán, es de marca blanca. Y me sorprendió, y reconozco que me gustó, que así fuera, como también me gustó no estar ante una suerte de Poirot capaz de deducir con su mente brillante cualquier enigma.
El resultado es un libro francamente entretenido que se puede leer a la perfección como si fueran seis relatos, o como una novela completa en la que se suceden los casos. Encierra el reflejo de una sociedad muchas veces olvidada y mucha, mucha crítica social. Esta irá desde el matrimonio, hasta a las fuerzas de seguridad, pero siempre sin perder el sentido del humor en el que Mortimer demuestra ser un experto maestro.
Muchas veces somos reacios a los relatos, y por eso, libros como este que funcionan casi como un híbrido entre los cuentos y la novela, son una perfecta opción para tantear el terreno sabedores de que vamos a disfrutarlo. Y vosotros, ¿os gustan los cuentos?
Gracias.
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lunes, 5 de junio de 2017
Fuego. Joe Hill
"Harper Grayson había visto arder en la tele a un montón de gente, como todo el mundo, pero la primera persona a la que vio quemarse en vivo fue en el patio de detrás del colegio,
En Boston y otras zonas de Massachusetts, los colegios estaban cerrados, aunque allí, en New Hampshire, seguían abiertos. Se sabía de casos en el estado, pero eran pocos. Harper había oído que retenían a media docena de pacientes en un ala segura del hospital de Concord, donde les atendía un equipo médico con trajes de protección de cuerpo entero y enfermeras armadas con extintores."
No tengo del todo claro si tener por padre a Stephen King es una ayuda o un lastre a la hora de llegar a los lectores. No tengo duda de la puerta que puede abrir para entrar en una editorial, pero las comparaciones son constantes y encontrar el propio camino.. es ya es otra cosa. Un poco por eso es por lo que leo a Joe Hill. Y hoy traigo a mi estantería virtual, Fuego.
Conocemos a Harper Grayson, una enfermera casada con un escritor, en un momento complicado para el mundo. Estamos en un futuro apocalíptico en el que la gente enferma de lago llamado "Escama de dragón" y termina por estallar en llamas. Ambos han hablado de la posibilidad de un final, como todos el mundo, cuando Harper se entera de que está embarazada. Su forma de pensar cambia enfrentándose a su marido, a la vez que descubre en su piel las primeras señales de haber contraído la peligrosa enfermedad. Es entonces cuando descubre a el bombero, un hombre que ha aprendido a controlar y dominar esta enfermedad e incluso utilizarla. Tiene que llegar a él.
Es notable el cambio y rápida evolución de este escritor. Para empezar, Fuego es una novela que se aleja bastante de sus anteriores títulos, y además no le ha temblado la mano a la hora de escribir, dejando a sus lectores una vasta extensión de páginas en las que va derramando su historia. La enfermedad que plantea, es cuanto menos espectacular; escamas de dragón que se manifiesta inicialmente como una suerte de tatuaje en la piel en forma de escamas iniciándose así un proceso que finalizará cuando el infectado estalle. Hasta aquí, y pese a la espectacularidad y al hecho de convertir a sus enfermos en bombas humanas, Hill sigue las premisas de toda buena novela apocalíptica. Va desarrollando sus personajes, ayudado de un narrador omnisciente, y conocemos el desarrollo y los cambios que se producen en una sociedad, que se convierte en un peligro similar al de la propia enfermedad. El mundo gira, y hay escuadrones que cazan enfermos para confinarlos, las relaciones cambian, lo cotidiano deja de ser tranquilo. Y eso lo refleja perfectamente el proceso de conversión que sufre el marido de Harper, de una forma casi espeluznante. Es entonces cuando descubrimos esa suerte de campamento de refugiados que sobreviven y aprenden sobre la enfermedad. Pero Hill tampoco convertirá este lugar en un oasis. El mundo se ha vuelto un lugar cruel y lleno de extremistas, y también ese extremismo llega a los grupos más pequeños. Y tal vez ese sea el mayor acierto de la novela, el pesimismo. Posiblemente sea lo que la salve de ser una novela más y consiga aguantar la tensión de la historia hasta las últimas páginas.
El resultado es una historia que sigue los cánones marcados en el género, incluida la conexión entre enfermos o las explicaciones y evolución de la enfermedad que salpican la novela. Se aprovecha de ello y de una protagonista con la que es fácil empatizar para hacer una crítica social sin tapujos y, aunque la novela tiene algún altibajo, es una lectura entretenida que despierta el interés en el lector que necesita saber qué sucederá hasta llegar a un final coherente con lo que nos había planteado.
Me ha gustado. Lo recomendaría incluso como primera obra de Hill para quienes aún no se han acercado a sus letras. Les garantizo un buen puñado de horas de entretenimiento. Sin más.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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jueves, 1 de junio de 2017
La ola. Morton Rhue
"El lunes introduje a mis alumnos de historia de segundo año a una de las experiencias que caracterizaron a la Alemania nazi: la disciplina. Les hablé acerca de la belleza de la disciplina; de cómo se siente un atleta al haber trabajado dura y regularmente para tener éxito en el deporte; de cómo se empeña un bailarín o un pintor para perfeccionar un movimiento; de la tenaz paciencia de un científico en la prosecución de una idea; acerca del poder del deseo; acerca del uso del esfuerzo físico para el logro de habilidades mentales y físicas superiores; acerca del triunfo final."
Tenía este libro por casa desde hace una eternidad, pero no ha sido hasta hace unas semanas que me he animado a echarle un vistazo que se convirtió en lectura. Hoy traigo a mi estantería virtual, La ola.
Conocemos al profesor de historia Ben Ross. Está explicando el nazismo en una clase de adolescentes cuando uno de ellos le pregunta cómo es posible que los alemanes tuvieran un comportamiento semejante siguiendo una ideología tan atroz. Ben decide entonces llevar a cabo un experimento, la tercera ola, en el que la clase verá reforzada su unidad y se someterá a unas severas normas que restrinjan sus libertades. Pronto se da cuenta de que además de funcionar, empiezan a acosar a quienes no les siguen, y cinco días después tiene que suspender el experimento. Ha tenido demasiado éxito.
Morton Rhue es un seudónimo de Todd Strasser, autor de libro juveniles. En este caso se basa en una historia real. En otoño de 1967 en un instituto de Palo Alto, California, un profesor de historia llamado Ron Jones recibió la pregunta de un alumno; "¿Cómo es posible que el pueblo alemán alegue inocencia a la masacre del pueblo judío?" Jones no tiene respuesta y así nace la idea del experimento, que llevó el nombre de The Third Wave. Lo que no se esperaba era la velocidad con la que su experimento caló entre sus alumnos que no tardaron en espiarse y acosar a quienes no cumplían las directrices. Tanto es así, que cinco días más tarde, el profesor tuvo que abortar el experimento para intentar frenar el monstruo que había creado.
Si alguien se dispone a leer este libro, es vital que sepa que está basando en un hecho real. Ya sea antes o al finalizarlo, es fundamental que reciba esa información, ya que solo de este modo el tema tratado en el libro alcanza toda su dimensión. Supongo que por eso es un título de lectura obligatoria en algunos institutos, pero tampoco está demás como lectura adulta. Aunque eso es si nos referimos al tema, que es intranquilizador ya que abre de forma descarada la posibilidad a que la historia se repita. en cuanto a la calidad literaria en cambio, estamos ante un libro simple, con pocas descripciones y que va directamente a los sucesos. Es casi como si un testigo de primera mano nos estuviera relatando lo sucedido en aquel instituto y nosotros le apremiásemos para conocer el final con un: luego me cuentas detalles, ahora sigue, sigue... Y realmente así es como se siente el lector. Por una parte horrorizado ante la posibilidad que abre, y por otro con curiosidad por saber qué sucedió para que tuvieran que suspender el experimento. Dos personajes principales, sobre los que la historia bascula, y la idea de las sociedades en masa y la importancia del pensamiento propio y la individualidad. Y poco más aporta este libro del que buscaré su adaptación cinematográfica.
Pero sigo diciendo; el tema es interesante. Mucho. Y casi aterrador. ahora le toca a cada uno decidir si con eso es suficiente para decidirse a leerlo. Y si lo lee, mirar luego alrededor... porque de eso se trata en esta historia.
Y vosotros, ¿alguna vez os animáis con libros basados en hechos reales?
Gracias.
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martes, 30 de mayo de 2017
El astronauta de bohemia. Jaroslav Kalfar
"Me llamo Jakub Procházka. Es un nombre común. Mis padres deseaban para mí una vida sencilla, de buena camaradería con mi país y mis vecinos, una vida al servicio de un mundo unido en el socialismo. Hasta que el Telón de Acero se desplomó con sordo estruendo y el hombre del saco invadió mi país con su amor consumista y sus libres mercados. Antes de convertirme en astronauta, el hombre del saco y sus nuevos apóstoles me preguntaron si prefería cambiarme el nombre por otro más exótico, más occidental; más digno de un héroe. Rehusé.
Me quedé con el que tenía, común y sencillo."
En este caso la propaganda funcionó. Al menos conmigo. Las comparaciones con Murakami unidas a lo extraño del título me convencieron. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El astronauta de bohemia.
En el año 2018 una nube de polvo tiñe los cielos nocturnos de un color púrpura. Mientras las grandes potencias no se deciden a enviar a nadie a recoger muestras, los checos deciden enviar un cohete con un tripulante, Jakub Procházka, astrofísico, a Venus para intentar saber algo más de la misteriosa nube. Destinado a ser un héroe y levantar el orgullo de su país, Jakub se embarca en esta peligrosa misión.
¿Será o no será un libro de ciencia ficción? Esa parece la pregunta más frecuente en el lector que descubre este título dentro de una colección de una editorial que no suele prodigarse en estos temas. Así que quizás debamos de comenzar por ahí. Es un libro de ciencia ficción, pese a que la ciencia que explique el autor, poca, no es demasiado fiable, que que el protagonista viaja efectivamente al espacio e incluso hay un contacto extraterrestre. Y no lo es, puesto que no trata de una historia de ciencia ficción, es un libro en el que todo tiene su motivo y la soledad del protagonista además, hace que su vida pasada y su presente invadan la novela tanto, como la historia de su país. Y estos son en realidad los temas sobre los que se articula el libro.
Bien, acabado ese punto que consideraba importante,entremos un poco en lo que nos deja esta arriesgada primera novela de un tal Jaroslav. Y empecemos por el título. Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, una tribu vagaba por el mundo buscando un lugar en el que establecerse. Esa tribu tenía un rey que falleció apenas llegaron a lo que es hoy Moldavia dejando tres hijas, de las cuales, una sería la encargada de heredar su poder. Y la elegida fue la menor, Libuse, que poseía el don de la profecía, y por eso fue proclamada reina. De ahí viene la República Checa pero no solo eso. La reina Libuse, cuentan, fue capaz de profetizar la fundación de Praga diciendo: Veo una gran ciudad, cuya gloria alcanzará las estrellas.
Y ahí estamos nosotros viendo a Jakub intentando alcanzar las estrellas y con ello la gloria para su nación en una misión arriesgada que el autor despoja de todo glamour al hablarnos, cual anuncio insertado en serie, de los patrocinadores de una misión, que lleva consigo el olor a plástico de productos de dudosa calidad. Por eso es tan importante la historia reciente de la República Checa y se percibe un ligero tono satírico sobre esa ambición por recuperar la prominencia ya olvidada de un país. Pero no es lo único que se busca recuperar en este libro, Jakub también recupera la memoria de un padre informador, cuya vergonzosa memoria espera borrar el protagonista mediante su honrosa misión; e intenta además recuperar un matrimonio que hace aguas a todas luces por una misión no hablada lo suficiente y que ahora provoca silencios incómodos entre él y su mujer, que no se resigna a convertirse en "la que espera". Y si hablamos de silencios tendremos que pensar en uno de los momentos más divertidos del libro, la aparición de una suerte de araña con los labios pintados, de la que no desvelaré nada en absoluto.
Con todos estos ingredientes y una prosa que llama la atención Jaroslav apuesta por una novela arriesgada y divertida en la que ni siquiera el nombre del cohete es al azar. Le ha faltado, como suele suceder en estas novelas que apuestan por la originalidad, un poco de determinación a la hora de poner nombre a las cosas, ya que hay un punto difuso que no llegamos a coger del todo dentro de esta crítica colectiva o individual, pero eso no empaña una lectura fresca y diferente que aporta realmente más de lo que en un primer momento hubiera pensado.
Y vosotros, que ayer no os pregunté, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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lunes, 29 de mayo de 2017
Manual de remedios literarios. Ella Berthoud y Susan Elderkin
"Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente de los demás.
Para empezar, en él no se hace distinción entre dolor físico y dolor emocional; en sus páginas es tan fácil encontrar un remedio para la pérdida de apetito como lo es hallar la cura para la pérdida de esperanza."
Hay libros que uno compra porque quiere tenerlos, incluso sabiendo que no es una novela, que no va a leerlo del tirón, dudando incluso de si lo va a llegar a leer algún día. Sí, esos libros existen, y se nos antojan y los necesitamos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manuel de remedios literarios.
El ser humano es complejo, a veces un torbellino de emociones, otras una marioneta que se ve en el torbellino de emociones es la vida. Acusamos a semejantes de fríos cuando les vemos impasibles ante los golpes de la vida, ya sean alegrías o penas, y luego buscamos refugio para los que nosotros recibimos. Y los lectores, nos refugiamos en libros. Y es justo ese el momento en el que este libro comienza a ser divertido, por las curiosas asociaciones, unas más obvias que otras, que las autoras nos van ofreciendo. Yo, por ejemplo, no me sorprendí ni siquiera un poquito cuando vi que si uno se siente como un idiota por uno de esos reveses de la vida, Dostoievski puede ser la elección, o al menos la compañía adecuada. Pero sí que puse en serias dudas que lo mejor para la depresión sea leer a Sylvia Plath, exactamente igual que dudé de lo efectivo, pero no de lo divertido de la compañía, de Scott Fitzgerald cuando uno se siente un comprador compulsivo. Y así hasta cuatrocientas entradas que nos ayudarán con el Cándido optimismo o la ira, gracias a Hemingway. Nos explicarán que es muy importante tener emociones, usando como ejemplo el fantástico Jonnhy cogió su fusil como cura para aquellos que no sienten empatía. Y ojo, doy fe de lo efectivo del remedio ya que si uno no es una piedra, e incluso algunas piedras estoy segura de que también, sufrirá en su alma los devastadores efectos del libro. Veremos en La metamofosis el remedio cuando tenemos una cura de identidad y aprenderemos que en la vida el amor es importante, lo podemos buscar junto a Austen o curarnos tras un fracaso gracias a Nick Hornby y su alta fidelidad.
Y así siguen desgranando las autoras de este libro los momentos estelares de la humanidad, paso a paso en cada vida cotidiana. La mujer del viajero en el tiempo como terapia o Chandler para hablar de bebida, citarán el acoso escolar y, como no, hablarán de adulterio en una larga lista que irá desde Madame Bovary hasta El verano sin hombres. No hay ni un solo momento de nuestra vida que se escape de este par de mujeres, enfrentándose valientemente, no como sucede en Matar a un ruiseñor, más apto para cobardes, a temas tan mundanos como la eyaculación precoz o la diarrea, sin olvidarnos de la gripe masculina, que es a todas luces mucho peor que cualquier otra gripe. Hablan de orgasmos y frigidez, nos presentan Las Venus de las pieles, en lugar de nombrar a Grey, y también de Sarah Waters o Alan Hollinghurst y su erotismo homosexual. Creo que con esta retahíla os podéis ir haciendo una idea de todo lo que aparece en este hermoso libro. Porque además de todo esto, además de las citas, recordarnos títulos, anécdotas, dar una visión un tanto diferente de los libros que ya hemos leído o no, sin importar si son clásicos o títulos actuales, el libro es físicamente hermoso. La edición está muy trabajada, la tipografía, las hojas que separan cada una de sus partes, y eso lo eleva a la categoría de tesoro o tal vez de manual de botica un tanto pasado de moda que uno luce con orgullo en el estante y conserva con cariño en la mente. Pero merece la pena y es, creo, un ejemplo de cómo la edición digital nos va a seguir privando de determinados placeres que el libro físico nos da.
Las autoras estudiaron literatura y llevan desde 2008 "curando" gracias a la biblioterapia sin que por ello se crean médicos o afirmen que este libro sea un compendio de medicina o, líbreme Dios, de autoayuda. Pero sí es cierto que muchas veces el libro adecuado nos acompaña en los mejores o peores momentos de nuestras vidas, y le tomamos especial cariño al título que nos acompañó. Eso no creo que lo pueda poner en duda nadie a estas alturas. Y por eso, como tesoro, como curiosidad, como objeto o como pequeñas píldoras, recomiendo este Manual de remedios literarios. Por todo eso y porque además es una preciosidad. Sin olvidarnos de que a los lectores, con permiso de nuestro querido Don Quijote, los libros nos acompañan y nos sirven, más de una vez, para mantener los pies en la tierra una vez cerramos sus páginas.
Y vosotros..., digo normalmente a estas alturas. Vosotros hoy, en realidad lo que me gustaría que pusiérais, es un título y el momento de la vida o estado con el que lo relacionáis. Eso si que sería divertido, nuestro propio manual para automediarnos literariamente. Yo, por ejemplo, para superar esos momentos de carácter adolescente que nos llegan de amigos, hermanos, hijos..., recomiendo El guardián entre el centeno. ¿Jugamos?
Gracias.
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sábado, 27 de mayo de 2017
Disfrutar de la Feria del Libro
No cabe duda que la Feria del Libro de Madrid es todo un acontecimiento para todos los que somos lectores habituales, y también lo es para muchos ocasionales. Y sin embargo, de un tiempo a esta parte, parecemos los grandes olvidados a la hora de hablar de la feria. Nos dicen lo que tenemos que leer, y parece que luego debemos de avergonzarnos si, en lugar de comprar ese libro tan bueno, hemos optado por hacer cola durante más de una hora bajo el sol, para que nos firme el libro otro nombre más conocido tal vez por ser mediático. Y yo reivindico que las ferias son para los lectores, y que si nos van a criticar luego porque "las cosas son así y qué le vamos a hacer" luego en las casetas, te dicen los libreros, que a la feria solo se llevan los más vendidos. Y tal vez eso influya en las cosas, o tal vez no, pero es mi feria, y, señores, la paso como quiero. Y lo que es peor: la disfruto. Cada año. Y pienso repetir.
Así que este año voy a mirar esos carteles imposibles que seguro se podrían hacer un poco más sencillos, hasta ver qué día me cuadran dos escritores que me gusten mucho, cogeré sus libros (y el plural no es por el par de autores, recuerdo haber ido a una firma con siete títulos del mismo escritor) y me dirigiré a la feria sin importarme lo que opinen. Una vez allí me daré un paseo, me compraré otro par (o siete) y sopesaré nombres y colas, y futuras oportunidades en mi ciudad, que nadie parece tener en cuenta, que hay escritores que luego puedes ver, y otros que no vas a tener cerca hasta, con suerte el año que viene. Y no, no creo que me compre novedades ni top ventas, yo quiero una feria con libros intermedios, con un rinconcito en la caseta en el que meter la nariz, aunque sea un rincón pequeño en cada una, en el que tropezarme con clásicos o alguna bonita edición ilustrada. No quiero listas que me digan qué libro comprar ni otras pasada la feria que lamenten que tal señor tenía dos horas de cola, mientras que el multipremiado señor apenas firmó cuatro libros en una tarde. Quiero disfrutar, que no me digan culto ni tampoco que no tengo valor o criterio o base, como decía mi profesor de matemáticas del instituto a los alumnos rezagados. Y es que, al final, cuando llegan estas fechas que son además el pistoletazo de salida del comienzo del verano, uno acude con toda la ilusión, cargado con una bolsa, crema solar y un botellín de agua, y sale de la feria feliz y agradecido por aquél escritor admirado que se tomó la molestia en mirarte a la cara mientras firmaba tu libro (me ha pasado que no me miren, y también encontrarme con quien pasa el tiempo con cada lector como si fuera el único sin pensar que le restan 20 u 80 personas en esa cola, sabedor de que el lector perdona la espera cuando su escritor admirado le trata de manera personal). Pero cuando van pasando los días, se da cuenta de que no todo el mundo acude con la misma energía y entusiasmo y que hay quien va y mide y sospecha y critica... una pena, si os digo la verdad, ver que no lo disfrutan como nosotros. Y me da igual si son lectores, escritores o periodistas, todos ellos deberían de disfrutarlo. Mínimo como lo hago yo.
No voy a recomendar libros que comprar en esta feria, como tampoco lo hice otros años. Tampoco os voy a recomendar que hagáis unas colas antes que otras, sería tontería. todos tenemos nuestros gustos, filias y fobias y, en caso de recomendar algo, me iría a los clásicos o a esos libros que me entusiasmaron y parecieron pasar sin pena ni gloria, aunque no hace falta una feria para recordarlos. Pero en una feria es más fácil ver a Grey que a Unamuno, y eso ya lo sabemos todos. Así pues, disfrutemos, y que nadie nos diga a quién tenemos que ver o comprar y, muchísimo menos, leer. Es nuestra feria, sea en la fecha que sea, y en cualquier ciudad.
Y vosotros, ¿sois de ir a Ferias del Libro?
Gracias.
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