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lunes, 15 de octubre de 2018

La muerte del comendador. Haruki Murakami


     "Hoy, al despertarme de una breve siesta, el hombre sin rostro estaba frente a mi. Se había sentado en una silla delante del sofá donde yo dormía y me miraba fijamente con sus ojos imaginarios en un rostro inexistente".

     La publicación de una nueva novela de Haruki Murakami siempre causa cierto revuelo. Es cierto que en España, entre la demora de sus primeras obras y las reediciones ilustradas, no somos tan conscientes de la espera entre título y título, pero, aún así, muchos son los que corren a las librerías. Hoy traigo a mi estantería virtual su último título, se trata de La muerte del comendador.

     Conocemos a un narrador sin nombre con talento para ser artista y de profesión retratista que, a sus treinta y tantos años, lleva una vida anodina. En el momento en que le conocemos su mujer le deja, y decide comenzar un viaje a ninguna parte en coche, utilizando este camino para reflexionar. Sin embargo, la espalda y el cerebro hacen que su viaje termine y nuestro protagonista se encuentra de pronto viendo en una vieja cabaña que pertenece al padre, artista también, demenciado de un amigo. En esa casa remota se encontrará con un vecino muy peculiar llamado Menshiki, un cuadro titulado "Killing Commendadore", la historia de una niña y un mundo al que llega tras una suerte de campana.

     Dicen que La muerte del comendador es un homenaje personal del autor a El gran Gatsby, libro que entusiasma a Murakami. No lo pongo en duda, de hecho,  me encontré reconociendo el homenaje en la escena en que conocemos al vecino, descubrimos que es millonario y excéntrico (aunque este no de fiestas, en realidad prefiere desaparecer de la parte pública) y también asistí a como ese reconocimiento se escurría de entre mis dedos a medida que la irrealidad irrumpía en la novela de Murakami, casi tomándola durante la segunta mitad del libro.
     Murakami es un autor capaz de planchar camisas durante páginas y páginas y también capaz de crear mundos irreales a partir de una simple marca en la piel, casi como Alicia a través del espejo. Bien, pues en este libro mezcla ambas cosas, de tal modo que comenzamos en la realidad y conocemos al protagonista, que es abandonado por una mujer a la que eligió mas por recordarle a su hermana que por amor, viaja, da clases de arte y se acuesta con un par de mujeres en relaciones nada entusiastas, conoce vecinos, pinta, mira o no mira senos... y mientras todo eso sucede somos consciente de que algo acecha en esa cabaña, y es la irrealidad, que parece esperar al protagonista para engullirle y junto a él también al lector.

     El lector de Murakami encontrará sus habituales: desde el hombre casado, hastiado  cansado al que tampoco parece importarle su propio hastío con tal de no moverse, hasta los deseos, la sexualidad y sexualización, el arte y en esta novela la música, ya que el cuadro que marcará su vida representa una escena de Don Giovanni y una melodía será la que le conduzca  al templete. En la cabaña hay además una colección musical. y es que, poco a poco vamos reconociendo sus temas fetiche de aparición asegurada, y también esa tendencia suya a dejarse llevar de repente  sin previo aviso por lo irreal.
En este caso, al ser un primer libro, el autor se queda un tanto confuso, esperando que las respuestas lleguen el próximo año en una segunda parte, y eso que confieso me gustan más los libros de Murakami que dejan un pequeño espacio abierto que aquellos que parecen ser cosidos en su final sin fisura alguna proporcionándome más datos de los que me hubiera gustado.

     La muerte del comendador es, en definitiva, un libro que encantará a los habituales de este escritor eternamente nombrado en las quinielas del nobel y que este año decidió retirar su nombre de la lista del "Nobel alternativo", pero que no recomendaría a los no iniciados. No se trata en este caso de si estamos ante un libro entretenido o no, con Murakami, la mayoría de las veces, de lo que hablamos es de la dureza para el lector del ejercicio de comprensión lectora que supone su obra.

     Y vosotros, ¿pertenecéis a la legión de seguidores de la obra de Murakami?

     Gracias.

lunes, 29 de mayo de 2017

Manual de remedios literarios. Ella Berthoud y Susan Elderkin



     "Este libro es un manual de medicina, solo que algo diferente de los demás.
Para empezar, en él no se hace distinción entre dolor físico y dolor emocional; en sus páginas es tan fácil encontrar un remedio para la pérdida de apetito como lo es hallar la cura para la pérdida de esperanza."

     Hay libros que uno compra porque quiere tenerlos, incluso sabiendo que no es una novela, que no va a leerlo del tirón, dudando incluso de si lo va a llegar a leer algún día. Sí, esos libros existen, y se nos antojan y los necesitamos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Manuel de remedios literarios.

     El ser humano es complejo, a veces un torbellino de emociones, otras una marioneta que se ve en el torbellino de emociones es la vida. Acusamos a semejantes de fríos cuando les vemos impasibles ante los golpes de la vida, ya sean alegrías o penas, y luego buscamos refugio para los que nosotros recibimos. Y los lectores, nos refugiamos en libros. Y es justo ese el momento en el que este libro comienza a ser divertido, por las curiosas asociaciones, unas más obvias que otras, que las autoras nos van ofreciendo. Yo, por ejemplo, no me sorprendí ni siquiera un poquito cuando vi que si uno se siente como un idiota por uno de esos reveses de la vida, Dostoievski puede ser la elección, o al menos la compañía adecuada. Pero sí que puse en serias dudas que lo mejor para la depresión sea leer a Sylvia Plath, exactamente igual que dudé de lo efectivo, pero no de lo divertido de la compañía, de Scott Fitzgerald cuando uno se siente un comprador compulsivo. Y así hasta cuatrocientas entradas que nos ayudarán con el Cándido optimismo o la ira, gracias a Hemingway. Nos explicarán que es muy importante tener emociones, usando como ejemplo el fantástico Jonnhy cogió su fusil como cura para aquellos que no sienten empatía. Y ojo, doy fe de lo efectivo del remedio ya que si uno no es una piedra, e incluso algunas piedras estoy segura de que también, sufrirá en su alma los devastadores efectos del libro. Veremos en La metamofosis el remedio cuando tenemos una cura de identidad y aprenderemos que en la vida el amor es importante, lo podemos buscar junto a Austen o curarnos tras un fracaso gracias a Nick Hornby y su alta fidelidad.
     Y así siguen desgranando las autoras de este libro los momentos estelares de la humanidad, paso a paso en cada vida cotidiana. La mujer del viajero en el tiempo como terapia o Chandler para hablar de bebida, citarán el acoso escolar y, como no, hablarán de adulterio en una larga lista que irá desde Madame Bovary hasta El verano sin hombres. No hay ni un solo momento de nuestra vida que se escape de este par de mujeres, enfrentándose valientemente, no como sucede en Matar a un ruiseñor, más apto para cobardes, a temas tan mundanos como la eyaculación precoz o la diarrea, sin olvidarnos de la gripe masculina, que es a todas luces mucho peor que cualquier otra gripe. Hablan de orgasmos y frigidez, nos presentan Las Venus de las pieles, en lugar de nombrar a Grey, y también de Sarah Waters o Alan Hollinghurst y su erotismo homosexual. Creo que con esta retahíla os podéis ir haciendo una idea de todo lo que aparece en este hermoso libro. Porque además de todo esto, además de las citas, recordarnos títulos, anécdotas, dar una visión un tanto diferente de los libros que ya hemos leído o no, sin importar si son clásicos o títulos actuales, el libro es físicamente hermoso. La edición está muy trabajada, la tipografía, las hojas que separan cada una de sus partes, y eso lo eleva a la categoría de tesoro o tal vez de manual de botica un tanto pasado de moda que uno luce con orgullo en el estante y conserva con cariño en la mente. Pero merece la pena y es, creo, un ejemplo de cómo la edición digital nos va a seguir privando de determinados placeres que el libro físico nos da.

     Las autoras estudiaron literatura y llevan desde 2008 "curando" gracias a la biblioterapia sin que por ello se crean médicos o afirmen que este libro sea un compendio de medicina o, líbreme Dios, de autoayuda. Pero sí es cierto que muchas veces el libro adecuado nos acompaña en los mejores o peores momentos de nuestras vidas, y le tomamos especial cariño al título que nos acompañó. Eso no creo que lo pueda poner en duda nadie a estas alturas. Y por eso, como tesoro, como curiosidad, como objeto o como pequeñas píldoras, recomiendo este Manual de remedios literarios. Por todo eso y porque además es una preciosidad. Sin olvidarnos de que a los lectores, con permiso de nuestro querido Don Quijote, los libros nos acompañan y nos sirven, más de una vez, para mantener los pies en la tierra una vez cerramos sus páginas.

     Y vosotros..., digo normalmente a estas alturas. Vosotros hoy, en realidad lo que me gustaría que pusiérais, es un título y el momento de la vida o estado con el que lo relacionáis. Eso si que sería divertido, nuestro propio manual para automediarnos literariamente. Yo, por ejemplo, para superar esos momentos de carácter adolescente que nos llegan de amigos, hermanos, hijos..., recomiendo El guardián entre el centeno. ¿Jugamos?

     Gracias.

jueves, 28 de enero de 2016

Esta noche moriré. Fernando Marías


     "Me suicidé hace dieciséis años. Es un tiempo más que suficiente para que usted me haya olvidado. Delmar, o al menos para que se hubiera desdibujado en parte la nitidez de mi recuerdo."

     Conozco muchos libros que han saltado a la gran pantalla, alguno que ha aparecido como adaptación de lo creado para la gran pantalla... pero no conocía ninguno que se hubiera convertido en un espectáculo realizado por el propio autor en forma de monólogo, eso picó mi curiosidad desde que me enteré. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Esta noche moriré.     

     Pongamos que hace veinte años Fernando Marías concibe una interesante historia sobre una Corporación que se encarga de utilizar sus influencias para conseguir que escritores que luego serán famosos, entreguen un manuscrito que luego ellos puedan sacar años después de su muerte. Pongamos que, además, un hombre descubre que toda su vida ha sido víctima de la venganza de un fantasma que escribe una carta desde la tumba, y que el autor consigue angustiarnos con la mera posibilidad de que algo así pueda suceder. Y pongamos también que ambos hilos formen parte de una novela, titulada Esta noche moriré.
     A lo largo de esos años, y tras pasar por alguna editorial, esta historia que contenía ya en su escueta extensión dos hilos que valían por sí mismos un argumento completo, vuelve a ver la luz con un cambio que puede parecer sutil, pero no lo es. Su autor parece haber tomado la decisión de reinventar ese término tan de moda que es la metaliteratura, y derribar la cuarta pared para dirigirse al público directamente en un monólogo en el que habla no sólo de la novela, sino de la Corporación. Una Corporación que sería responsable de muchos de esos inéditos que vemos que aparecen en la prensa cada ciertos meses... o años. Algunos incluso de forma muy oportuna y cercana a determinados aniversarios. La edición que llega ahora a las librerías, y siempre que decidamos hacernos partícipes de la historia, se vería como un desafío valiente a esa Corporación, al finalizar con el texto del monólogo que, a buen seguro marcará a Fernando Marías de cara a estas personas cuyo poder nos ha ido mostrando en las páginas precedentes.

     Esta noche moriré ha sido muchas veces descrita como inclasificable cuando yo diría que es una novela de sentimientos viscerales, de venganza. De hecho, uno de los sentimientos que más placer proporciona al ser humano es precisamente la venganza, de inmediata satisfacción una vez llevada a cabo, o saboreada simplemente en su planificación. De ahí que el protagonista de esta novela, sea realmente interesante por su negrura. Corman, dispuesto a vengarse del policía que lo encerró y cuya sed de venganza ni siquiera termina en la tumba. Un hombre capaz de lo peor y con la necesidad de exhibir su poder ante su víctima, porque no hay peor golpe que el último, ni mayor estocada que la que nos quita la venda de los ojos. Y frente a él Delmar, el hombre venido a menos que tendrá que enfrentarse a una revelación capaz de hacer que su mundo, o lo que queda de él, se tambalee.
Esta es la historia que se desarrolla ante un lector atónito que va sintiendo la tensión y la angustia creciente que provocan las palabras de Corman: y la ruptura de Delmar, su rabia y su necesidad de no quedarse impasible ante lo que le es revelado. Una novela que consigue parecer sencilla, con una trama realmente enrevesada que se desarrolla de forma diabólica, demostrando que un buen thriller no necesita colocar un muerto en la primera página. Las páginas se llenan de giros y sorpresas consiguiendo una tensión que crece palabra a palabra mientras el lector mueve la cabeza incrédulo, asistiendo además a una narración que cuida la verosimilitud componiendo un juego de voces final que termina de encajar todas las piezas.

     Una novela más que recomendable y un nombre al que seguir la pista.

     Como lectora necesito creer lo que me cuenta una novela, no me importa demasiado hacer un acto de fe, pero necesito que todo esté bien encajado para creer la trama. Cuando eso cojea, me cuesta muchísimo llegar al final y por eso es un punto que valoro tantísimo. Y vosotros, ¿sois muy exigentes con la verosimilitud cuando estáis leyendo una historia?

     Gracias