lunes, 21 de noviembre de 2022

Sinsonte. Walter Tevis

 


     "Mientras recorre a pie la Quinta Avenida a medianoche, Spofforth arranca a silbar. Desconoce el título de la melodía y tampoco le interesa; es compleja, la silba a menudo cuando está solo. Lleva el torso desnudo y los pies descalzos, solo viste unos pantalones caquis; siente el pavimento viejo y deteriorado bajo los pies. Camina por el centro de la ancha avenida; hay parches de hierba y maleza alta a ambos costados, donde las aceras se agrietaron y luego se deshicieron hace ya mucho tiempo, y así continúan, a la espera de unas reparaciones que no llegarán nunca. En los parches de vegetación, Spofforth oye un variopinto coro de chasquidos y del roce de las alas de los insectos. El sonido lo inquieta, como siempre en esa época del año: la primavera. Hunde sus grandes manos en los bolsillos. De inmediato, incómodo, las vuelve a sacar y comienza un trote largo, ligero, atlético, en dirección a la enorme silueta del Empire State".

     Veamos si no me pasa como en la librería que pedí Sinsajo tres veces antes de encontrar el libro que traigo hoy a mi estantería virtual. Hoy traigo, Sinsonte.

     Viajamos al futuro y nos encontramos un futro postapocalíptico en el que el ser humano ha sido sometido de algún modo por los robots. La cosa es que quedan pocos seres humanos, pero los robots tampoco es que hayan tenido mucha más suerte. En este mundo conocemos a Bob, un robot que algo hizo y que hay otra cosa que no puede hacer (suicidarse, esto os lo cuento porque así es como crea una suerte de fantasía para la que necesita a uno de los dos humanos protagonistas). Convive con Bentley y Mary que parecen ser de los pocos humanos que quedan vivos. Él que pensaba enseñar a leer y que ha visto como le han designado a hacer algo muy diferente, la ve inteligente y decide enseñarla a leer...

     Sinsonte es una distopía en la que los robots han sido generados con una tendencia suicida menos el protagonista. Un mundo en el que un hombre sabe leer pero no es inteligente y otros que si lo eran no han llegado a crecer y en el que una mujer destaca y escapó a la criba para aparecer en un zoo de animales robóticos. Un lugar en el que no es legal leer y aprender y pueden detenerte y también obligarte a mantener la farsa del sueño de un androide. Es todo eso, sí, pero también es un conjunto de referencias al género, un lugar de películas que son un testimonio de lo que fuimos y un cierto análisis social en el que aparecen temas habituales como la desnaturalización, la superpoblación, la ausencia de niños o el control total por parte de entidades artificiales. Con todos estos elementos Trevis deja un relato lúcido en el que el futuro parece empujar a una vuelta al pasado que permita llegar a un final lo más feliz posible en un futuro no tan lejano. Como sucede en otras obras del género, los robots tienen el control, solo que aquí se les ha dado, es lo cómodo, eludir no solo tareas, si no también responsabilidades. De tal forma que el peso recae sobre la improbable figura del robótico protagonista. El que, como ya dije, no se pudo suicidar.
     Destaco el giro final que no voy a comentar por razones evidentes pero que me hizo parar la lectura y pensar con una sonrisa en la mente del autor. Y es que es el broche perfecto para la decadencia que representa en la novela.

     Sinsonte es una novela francamente entretenida que se lee de forma fluida y que hará disfrutar a los aficionados al género, que verán un clásico, tanto como a los que estén empezando a entrar en él.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD. Me siento orgullosa de haber terminado esta reseña sin hablar de Un mundo feliz, por poner un ejemplo, o hacer aclaraciones sobre las drogas que se toman en esta.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

El libro del sepulturero. Olivier Pötzsch

 


     "El potente haz de la linterna de petróleo se movía a tientas en la noche como un tentáculo fino y alargado. Su sigiloso revoloteo atravesó arbustos y árboles, recorrió un par de puestos de salchichas y tiovivos en la lejanía, palpó la elevada cúpula de la Rotonda y la pared trasera de un colorido teatrillo de títeres de cachiporra y se detuvo finalmente sobre la berlina de caja negra que se aproximaba desde el Prater a gran velocidad. El cochero refrenó los dos caballos y el carruaje se detuvo con las ruedas rechinando sobre la avenida principal del parque".

     Como regalo hay que decir que un libro es un objeto bastante socorrido que muchas veces hace que el futuro lector tenga entre manos un título que jamás hubiera mirado. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El libro del sepulturero.

     Hoy nos trasladamos a Viena a finales del s XIX. Y conocemos a Leo, un policía judío que es partidario de las nuevas tendencias en criminalística. Y también vamos a conocer a Augustin, sepulturero, de ilustre familia de sepultureros y un musico reconocido, August trabaja en el cementerio y escribe un libro sobre la muerte, lo que le hace poseedor de grandes conocimientos al respecto. Y también vamos a conocer a Julia, mujer valiente con una hija sordomuda y un curioso lugar de residencia. Ahora avancemos hacia una ciudad que crece rápidamente, con altos y bajos fondos muy separados entre si y empecemos a dejar cadáveres, sociedades secretas, música y pongamos como música de fondo a la familia de un ilustre compositor. O pongamos el violín del sepulturero, que cada cual elija.

     Las novelas históricas con asesinatos siempre se me antojan llenas de descripciones de época capaces de aburrir a un santo, y no siempre es así. Por eso suelo tender a evitarlas y tiene que pasar algo extraordinario, como un regalo, para que me termine animando a leerlas. En esta ocasión tengo que decir que precisamente la ambientación es buena sin que por ello se me haya hecho pesada una lectura de naturaleza entretenida en la que el toque de gracia le ha puesto la familia del compositor y ese leve aire feminista que le otorga la protagonista femenina, mucho mas interesante que Leo. La trama en cambio y pese a estar bien llevada, me ha resultado poco original, un tanto manida, y eso que le veo las partes que efectivamente no lo son, así que no tengo claro si es culpa del narrador o mía, ya sabéis ese clásico de "no eres tu, soy yo" que a veces se cumple con los libros. El hecho es que no me ha terminado de cuajar y donde el autor veía originalidad y ritmo en aumento a mi empezaba a dejarme la novela con la sensación de estar perdiéndome algo, porque el final me ha costado un pelín. No  porque no cuadre, simplemente me resulto...excesivo, teatral. Y, mirad, ahora que lo expreso en voz alta, el resto de la novela también me pareció teatral. Quiero decir, no hace falta que el sepulturero parezca una suerte de mendigo del inframundo, o que el entorno de julia sea tan peculiar e incluso su hija sea peculiar, o lo que hace en su tiempo libre. O que la otra familia, la que protagoniza una parte de la novela... En fin, que no hace falta, que a veces menos es más y que no por poner mucho se tiene garantía de originalidad, como en este caso. De hecho, si tengo que quedarme con un personaje, posiblemente sea Anna, y si tengo que elegir un lugar va a ser el propio cementerio hacinado y oscuro de una gran ciudad.

     El libro del sepulturero es una novela entretenida que tampoco tiene pretensiones de pasar a la historia de la literatura, pero con la que yo no he terminado de encajar. Eso no significa que a vosotros no pueda encantaros, todo libro tiene su lector.

     Y vosotros, ¿sois lectores de thriller histórico?

     "Si ardiera una vela sobre cada tumba de una víctima de asesinato, nuestros cementerios estarían alumbrados por las noches".

     Gracias.

     Gracias.

miércoles, 2 de noviembre de 2022

La raíz del mal. Hakan Nesser

 


     "El inspector de la policía criminal Gunnar Barbarotti titubeó un instante. Luego giró la llave en la cerradura de siete puntos. 
      No era habitual. A veces ni siquiera se molestaba en cerrar la puerta con llave. Si quieren entrar, lo harán de todos modos, solía pensar, no hay ninguna necesidad de que, además, causen un destrozo".

     De las últimas series que he empezado ha sido la de Barbarotti. De algún modo este hombre que tiene tantas dudas y una relación con dios de lo más personal, me pareció entretenido y llamó mi atención. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual. La raíz del mal.

     Gunnar se está preparando para irse de vacaciones cuando le llega una carta en la que se le avisa de que se va a producir un asesinato en Malingre. No quiere darle crédito a la carta, pero no puede evitar regresar a su ciudad y allí, efectivamente, aparece un hombre muerto. Esta carta solo será la primera de las que reciba y el asesino sigue, efectivamente, dando el nombre de las próximas víctimas convirtiendo la investigación en una carrera contra reloj que proteja a quienes llevan ese nombre mientras intentan encontrar un nexo de unión entre todas ellas.

     Frente a la avalancha de novelas negras basadas en el manido término "trepidante" a mi me llamó la atención que Barbarotti fuera más deductivo, más tranquilo. Y esta novela a doble hilo no iba a ser una excepción. De hecho, recuerdo que desde casi las primeras páginas, había un personaje (una niña) que me ponía los pelos de punta hasta el punto de descartarla directamente por exceso de obviedad. Y eso sucede porque nada se deja al azar en las novelas de Nesser. Hace que el lector se involucre pensando hasta el punto de evitar lo que crees que el autor quiere que pienses. Punto para él. 
Y aquí nos deja un hilo en el que se habla de un viaje sucedido en un momento no del todo precisado pero anterior a Gunnar, algunas anotaciones que dan la tensión a la trama y luego la trama presente de los asesinatos, con un policía que sigue rehaciendo su vida sin deshacer sus dudas. Tanto es así que aquí el detective incluso piensa en cambiar de empleo con este caso estancado. El policía ajado y cansado llevada a su máxima expresión. O tal vez el cansancio que proporciona el pensar qué tiene un asesino contra uno como para que decida enviarle cartas con el nombre de sus víctimas (añadamos aquí que lo de dar el nombre y encontrar a la persona va a depender de lo común que sean ese nombre y apellido unidos en el país en el que se desarrolla la historia, no vayamos a pensar que se lo dan todo hecho). Me gusta también la presencia de Eva evitando la típica tensión que acaba en cama entre los dos compañeros de policía y, por supuesto, del equipo policial me quedo con el retrato que el autor hace del superior de policía a que me quedo con la sensación de que los protagonistas tal vez no lo estén valorando en la medida que se merece (luego continuará la saga y tendré que comerme mis palabras. Me lo veo venir).

     Añadiré que estamos ante una segunda entrega de una serie en la que no hay un solo personaje de la trama de la primera que se repita con la excepción del cuerpo policial y su periferia. Esto supone que salvo un dato que realmente no tiene mucha relevancia y que es referido a la vida personal de Gunnar, no se desvela nada de la primera entrega. Así pues, uno puede llegar y leer esta entrega y luego decidir, o no, leer la anterior sin que ello influya o mejor la comprensión de la historia. Este punto que puede parecer una tontería es importante para mi ya que a veces tengo la sensación de que no soy capaz de descubrir una saga que no vaya por lo menos por la quinta o sexta entrega y, no os engaño, me da bastante pereza empezar a leer el libro que quiero por una suerte de precuela (para mi que acabo de descubrir el libro lo es) publicada diez años antes. Me queda la sensación de que nunca voy a ponerme al día y siempre voy a ir retrasada en esa asignat... digo... lectura.

     La raíz del mal es una novela solvente cuya trama he disfrutado y que me ha dejado satisfecha con la resolución a la vez de dejarme también con la certeza de que habrá una tercera entrega. Seguiremos ahí.

     Y vosotros, ¿también os da pereza comenzar series que ya van muy avanzadas?

     Gracias.

     PD. La primera entrega se titula La noche más oscura.

lunes, 31 de octubre de 2022

El polaco. J. M. Coetzee

 


     De Coetzee a estas alturas me gusta casi todo lo que he leído. También es cierto que cuando uno escribe Esperando a los bárbaros ya deja buena muestra de su nivel. Y hoy traigo a mi estantería virtual, El polaco.

     El polaco cuenta la historia de un pianista polaco ya de cierta edad (ronda los 70) e intérprete de Chopín llamado Witolz W. que se enamora de una mujer catalana llamada Beatriz que, si bien es amante de la música, no puede decirse que Chopín figure entre sus favoritos. Podría añadir como curiosidad que la novela se ambienta en Barcelona.

     Coetzee tiene un placer manifiesto en su obra a referenciar otras de algún modo en sus creaciones, así nos encontramos a Robinson Crusoe en Foe o a Buzatti en la ya citada Esperando a los bárbaros, por lo que no debería extrañarnos el enfoque romántico que realiza en esta obra. Y es que Beatriz, la parte moderna, la que deja que sea su yo racional el que mire el amor, sería la Beatrice de Dante mientras que el pianista viajero será más la relación entre George Sand y Chopin. Ciertamente Coetzee no nos lo pone muy difícil a la hora de encontrar sus referencias en su obra dejando de este modo un disfrute extra al alcance de todos los lectores. Resulta además curioso en esta novela el hecho de que su traducción al español haya visto la luz antes que el original al inglés, algo que, según el propio autor, es importante para él por su simbolismo (y lo dice aquí). De este modo la traducción es importante tanto dentro como fuera de la novela a la hora de llegar por primera vez al público y eso es, opino, metaliteratura al alcance de unos pocos.

     Coetzee nos presenta en su novela al amante, el pianista, y al amado, Beatriz. Y nos muestra en su novela y sin necesidad de llamarse experimental las anotaciones que Beatriz hace sobre lo que está sucediendo de forma numerada, la practicidad, ¿recordáis? Además, por si alguien se preguntaba cómo era posible la relación planteada, ni el pianista habla castellano ni la mujer habla polaco así que ambos se comunican como pueden en un tercer idioma que actúa de intermediario: el inglés. Idioma que además crea otra desigualdad y es que si bien ella es capaz de dominarlo, el pianista se va a encontrar siempre cojo ante él. Esto hace que la barrera presentada a la hora de entender el enamoramiento sea además tangible en las traducciones a veces erráticas que de algún modo llevan a Beatriz a una posición que no se verá movida hasta su parte final dejando de este modo el autor claro que la comunicación es importante, pero la sensibilidad es vital. De hecho tengo que decir que el final me ha sorprendido mucho ya que, por el desarrollo y también por la brevedad de la obra, esperaba algo bastante más drástico y aséptico, algo más propio de... Coetzee en realidad, y es que en su concepción formal lo podemos encontrar en cada párrafo y cada explicación de la novela.

     El polaco es una novela sobre la importancia de comunicarse, las distintas formas en las que las personas entienden la pasión y el deseo y, sobre todo, lo difícil que es que la otra persona nos conozca y nos vea realmente entendiendo cómo somos, sin intentar traducirnos a su propia versión. Invita de algún modo a derribar barreras y lo hace de una forma excepcional.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

     PD: No puedo resistirme, ya que de idiomas y traducciones se trata, a comentar el título, El Polaco, que habréis pensado eso de, pues claro, polaco es el pianista y polaco el libro. Pero se da el caso de que en el idioma original el libro se titula The Pole y yo, que soy una loca de los idiomas, he encontrado también dentro de la novela una explicación para este título. En el segundo capítulo. Y no digo más.

lunes, 10 de octubre de 2022

Los renglones torcidos de Dios. Torcuato Luca de Tena.

 


     "-El hombre es el único animal que se crea necesidades que nada tienen que ver con la subsistencia del individuo y con la reproducción de la especie. No le basta comer alimentarse, sino que condimenta los alimentos, de modo que añaden placer a la satisfacción de su necesidad. No le basta vestirse para abrigarse, sino que añade, a esta función tan elemental, la exigencia de confeccionar su ropa con determinadas formas y colores. No se contenta con cobijarse, sino que construye edificios con líneas armoniosas y caprichosas que exceden de su necesidad: lo cual no ocurre con la guarida del zorro, la madriguera del conejo o el nido de la cigüeña. ¿Hay algo más inútil que la corbata que lleva usted puesta? ¿De qué le sirve al estómago una salsa cumberland o un chateaubriand a la Périgord? ¿Qué añade al cobijo del hombre el friso de una escayola o las orlas en forma de signos de interrogación de los hierros que sostienen el pasamano de una escalera? Pues bien: todo eso que está inútilmente añadido a la pura necesidad... ¡ya es arte!".

     Si hay un libro que ha leído varias generaciones y ha comentado por activa y por pasiva por jóvenes lectores, antes de que ese término tuviera siglas propia, es este. Todos llegábamos, al menos los de mi quinta, más o menos sobre los 15 años a él y todos nos sorprendíamos con el libro de este señor con nombre de fraile. Muchos además discutimos sobre el estado mental de la protagonista, de hecho en mi colegio nos lo pasábamos unos a otros para leerlo. Fue un "libro de moda" que he recordado hace poco, gracias a su estreno en la gran pantalla (juraría que es en la gran pantalla, pero ahora con las plataformas ya no estoy segura). Os hablo de Los renglones torcidos de Dios. 

      Conocemos a Alice Gould, ingresada en un sanatorio mental, según una carta por atentar contra su marido. Según ella ha sido encerrada injustamente debido a los datos descubiertos en su trabajo como investigadora. 

      Este libro nos pasea hasta la puerta de la locura a través de su fantástica protagonista, Alice. Pocas veces un protagonista se gana a un lector como ella, llevándolo por un mar de incertidumbres en las que todo es lo que vemos hasta que descubrimos que nada es lo que parece. Ella se nos presenta y nos acompaña a lo largo de trescientas páginas en las que dudamos tanto de su cordura como del motivo de su encierro. Es una mujer sólida, con una gran credibilidad, que irá logrando ganarse al personal del sanatorio y a la mayoría, sino a todos, de los lectores de su historia. Tal vez el director sea el hueso duro, empeñado en su postura al tocarle ser el contrapeso en este juego de verdades y mentiras que hará que dudemos también de nuestra propia opinión. 
 Que Luca de Tena consiga hacer bailar al lector entre una teoría y otra y regresara la primera para volverse a posicionar es el mayor mérito que le recuerdo a este libro. Pero eso no significa que sea el único. Sus personajes secundarios son tan variopintos como para tener que fijarse en ellos, no hay una sola excentricidad que escape a la pluma del autor, y todos ellos conforman un pintoresco conjunto digno de ser admirado, casi como un cuadro visto a través de una lente o tal vez algo modernista. Es, sin lugar a dudas, un libro que merece la pena leerse, ameno, entretenido y ágil que nos deja un muy buen sabor de boca. No sólo eso, sino que lo paladeamos después de terminado. 

     Termino con una curiosidad, ya me conocéis, llevo rato pensando en no ponerla pero soy incapaz de irme sin hacerlo. Luca de Tena, para comprender mejor este mundo de locos que nos iba a presentar, fingió una psicosis, nada de entrar recomendado o a observar simplemente, optó por el camino difícil. Lo hizo bien, ya que ingresó en una clínica psiquiátrica durante 18 días, y a su salida comenzó este libro que os traje hoy a mi estantería virtual. 

     Los renglones torcidos de Dios es una novela francamente entretenida que creo se disfruta más en las edades tempranas que cuando uno ya llega como lector maleado. Y es que hay libros que, cuanto menos sepa uno sobre ellos al abrirlos, más se disfrutan. Como este.
     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

miércoles, 5 de octubre de 2022

Cómo ordenar una biblioteca. Roberto Calasso



     "¿Cómo ordenar la propia biblioteca? Es un tema altamente metafísico. Me sorprende que Kant no le haya dedicado un breve tratado. De hecho, ofrece una buena ocasión para indagar en la cuestión capital: ¿qué es el orden? El orden perfecto es imposible, sencillamente porque existe la entropía. Pero sin orden no se puede vivir. Con los libros, como con todo lo demás, es necesario encontrar un término medio entre esas dos afirmaciones".

     A veces me acerco a estos minilibros que se publican tan coloridos porque los títulos son tan atractivos que me hacen olvidar que son eso, minis. Hoy traigo a mi estantería virtual, Cómo ordenar una biblioteca.

     Durante la pandemia decidí ampliar mi biblioteca con varios metros de estantes nuevos. Se me planteó entonces la duda del orden, y muchos me entenderéis, de los libros. No sabía si colocarlos por orden alfabético, lo que supone desniveles de alturas por los formatos, por autores a mi aire, géneros, colores, editoriales, tamaños... hasta que al final combiné el orden por editoriales con uno que creo compartimos todos: el orden histórico (ese que, una vez tenemos los estantes llenos, dice que los libros en horizontal, que suelen estar sobre los verticales, son más recientes que los ordenados meticulosamente en los estantes de forma vertical). El caso es que, terminado el nuevo orden, llené estantes y seguí comprando libros de determinadas editoriales más allá del hueco que tenía... en fin, supongo que muchos sabéis de lo que hablo. Por eso cuando vi que Roberto Calasso tenía este título en la librería, pensé dos cosas: la primera es que Anagrama ya se había extendido por encima de sus dominios, colonizando un par de estantes extra y la segunda; ¡he encontrado la solución! (sería más adecuado decir que he encontrado dónde otro escribió la solución que encontró, pero bueno). Y así fue que llegó a mi casa este librito.

     Hay que decir en un primer momento que si alguien espera que estemos ante algún tipo de ensayo que aporte la solución mágica a problemas como el mío, ya se puede ir olvidando. Cómo ordenar una biblioteca es una breve colección de relatos en las que Calasso habla de libros, sí, y que funciona incluso en su conjunto como una suerte de correlación de anécdotas y citas, además de recomendar una librería en concreto, sobre el tema literario. Respecto al orden, nos dice  "el orden de una biblioteca no encontrará nunca -no debería encontrar nunca- una solución" ya que tal y como el lo plantea, una biblioteca es un lugar vivo al que vamos añadiendo libros y del que, cuando buscamos un libro, tal vez nos llevemos el que está a su lado. De este modo Calasso ventila el asunto del orden y puede dedicarse íntegramente a hablar de los libros, cuando y como se compran, como se conservan... y lo salpica de anécdotas como esa que dice alguien (no diré nombres) tapó los títulos de los libros para que sus visitas no tuvieran una exposición demasiado privada a su alcance. De tal modo que comparte con Castán la percepción de la biblioteca como una suerte de diario íntimo y personal del lector que la va construyendo a lo largo de su vida. Muy poético... y certero, ya que a veces uno emprende la relectura de un libro que le fascinó hace años para descubrir que no sabe qué vio en él. Y decimos entonces eso de que el libro o ha soportado bien el paso del tiempo (quizás porque es mejor hablar de los años que cumplen otros).

     Calasso utiliza en su biblioteca, aprenderemos, la regla del buen vecino; cogida esta a  un tal Aby Warburg al que yo no conocía pero al que está claro que el escritor admira. Por supuesto Warburg no es el único "visitante" ilustre de este libro, pero quizás sí que es el que más me ha sorprendido ya que gracias a Calasso he conocido su historia. Hay, por supuesto, un espacio privado que se abre al lector en el que el autor habla de experiencias personales, curiosidades y anécdotas dejando de este modo una mezcla entre anecdotario, ensayo o libro divulgativo con dosis medias de humor que sirve como disfrute un par de días antes de ir a formar parte de ese retrato de nuestra psique.

     Cómo ordenar una biblioteca es un libro para amantes de los libros que se disfruta por su brevedad, algo más extenso hubiera perdido frescura, como por la capacidad del autor para convencernos de todo lo que dice. 

     Por ejemplo: "En la biblioteca perfecta, cuando se busca un determinado libro, se termina por tomar el que está al lado". Que lo leí y destilaba ese punto romántico de las fotografías que todos hemos visto alguna vez hasta tal punto, que casi me convenció de lo que estaba diciendo. Luego recordé que las bibliotecas públicas llevan un orden y que las privadas, al menos en mi caso, también, y que en ambas ocasiones me acerco a ellas con un deseo definido. Pero fue bonito soñar con Calasso.

     Y vosotros, ¿cómo ordenáis vuestros libros?

     Gracias.

lunes, 3 de octubre de 2022

La promesa. Damon Galgut

 


     "En cuanto la caja metálica pronuncia su nombre, Amor sabe que ha ocurrido. Lleva todo el día tensa y migrañosa, casi como si hubiese recibido en sueños una advertencia que ahora no recuerda. Una señal o una imagen apenas debajo de la superficie. Los problemas, en el fondo. Fuego subterráneo. 
     Cuando pronuncian las palabras en voz alta no se las cree. Cierra los ojos y niega con la cabeza. No, no. No puede ser verdad lo que su tía acaba de contarle. Nadie ha muerto. Es una palabra, nada más. Observa la palabra depositada sobre el escritorio como un insecto patas arriba, sin explicación".

     Sé perfectamente que no se debe de comprar un libro por su cubierta pero, a fin de cuentas, nadie dijo que no se debiera de comprar. Y, ¿habéis visto la mirada de ese niño? Pues por eso hoy traigo a mi estantería virtual, La promesa.

     Y ahora, vamos a conocer a los Swart, una familia blanca Sudafricana durante el apartheid. Que así, como comienzo sobre lo que trata la novela, ya es interesante. Pero avancemos: la novela comienza con la muerte por cáncer de Rachel, una mujer que vive con sus tres hijos a las afueras de Pretoria. Antes de morir Rachel le hace prometer a su marido, Manie, que le dará a la criada Salomé las escrituras del anexo a la casa en el que vive. Y esta promesa es oída por Amor, su hija pequeña. Y ahora Rachel a muerto, a Manie parece importarle poco la promesa que hizo y Amor se convierte en un sonido molesto para toda la familia cada vez que recuerda la promesa que se hizo a su madre. Y creedme que lo hará.

     A partir de a promesa se desarrolla esta novela dividida en cuatro partes con un título revelador cuyo significado el lector no tarda en descubrir, más o menos en la segunda parte uno ya lo tiene claro. Desarrolla así la vida de los miembros de esta familia que puede considerarse todo menos afortunada. Desde una hermana infeliz y ambiciosa hasta otro que vive a la sombra de un delito y se cuenta todo al lector de una forma casi fragmentada, variable y utilizando un narrador que parece interpelar al lector para que no proteste por las formas o directamente porque mantiene una actitud que es necesario señalar. Y, evidentemente, el lector no puede defenderse de las puyas, solo puede sonreír cuando nota que los protagonistas tampoco están a salvo del narrador. Aún así, la novela trata de mucho más que de los Swart, la novela trata de Sudáfrica y el cambio radical que vive el país en poco tiempo, así que cada parte de la novela no solo mira hacia un personaje, también refleja una época distinta e importante del país, dejando de este modo un completo y complejo retrato que queda marcado por Mandela o Zuma y que tiene personajes secundarios de lo más pintoresco pero que ya no os voy a citar para que os resten sorpresas si es que os decidís a leerlo.
     Galgut concibe la novela como una suerte de representación teatral en la que nada es azar y la forma de contar las cosas choca con la dureza de muchos momentos, dando como resultado un contraste sobrecogedor que, a mi, me ha pillado por sorpresa en más de una ocasión. Tened en cuenta que de algún modo hasta este momento había hablado de la historia con una cierta ligereza pero ahora os voy a preguntar si realmente cree alguien que Sudráfrica ha vivido una historia reciente tranquila y bonita. No, ¿verdad? Pues el autor ha encontrado la forma de relatarlo para que no se parezca a otros libros, para dar una voz única que se ha alzado merecidamente (a mi entender) con el último Booker Prize. Tampoco os voy a desvelar si finalmente Amor cumple la promesa que se hiciera a su madre, entre otras cosas porque, como diría el narrador, no os importa demasiado y es que, en esta novela, lo importante es todo lo demás. Nadie está libre de alguna culpa.

     La promesa es un libro que merece la pena por lo que cuenta, por cómo lo cuenta, por la voz, la prosa y por tantos otros motivos que el lector va descubriendo a medida que avanza en su lectura.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.