miércoles, 3 de septiembre de 2014

No hay bestia tan feroz. Edward Bunker




No hay bestia tan feroz que no conozca algo de piedad
Ricardo II
William Shakespeare

     Descubrí a Bunker gracias a que una editorial se decidió a rescatarlo. Investigué un poco su vida y su obra y se convirtió rápidamente en uno de los hombres habituales en mis compras. De algún modo escribe sobre lo que sabe, eso hace que sus novelas tengan un tono de honestidad y realismo que hace que repita con él. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, No hay bestia tan feroz.

     Conocemos a Max Dembo cuando sale de la cárcel. Tras ocho años en prisión su primera intención es la de mantenerse en el lado correcto de la ley. Sin embargo, para un exconvicto las cosas no son fáciles, y pronto comprendemos que el futuro de Max caerá por los derroteros habituales.

     Narrado en primera persona, Bunker consigue meter al lector en la cabeza de Max. No es un loco, no es una persona con un desequilibrio emocional, simplemente está enfadado con la sociedad. Una sociedad de la que conoce los peores barrios, los peores ambientes y que ahora le deja en la calle marcado como exconvicto sin demasiadas esperanzas de poder salir adelante. Su oficial de la condicional tampoco ayuda mucho a que sus esperanzas mejoren. Y tener que decir que ha estado en prisión... no es un incentivo para que nadie te contrate. Así es muy difícil rehabilitarse pese a que vemos el empeño que pone, las solicitudes, las caminatas... sabemos que lo tiene francamente difícil y él también lo sabe. De este modo le conocemos, vemos sus decisiones, su aspereza y su tendencia al lado equivocado de la ley y lo seguimos incansablemente; porque parece que sólo he hablado de la primera parte, el intento de reinsertarse; pero es una novela que tiene muchísima acción y nosotros la seguiremos sin resuello. También vemos un poco de su parte más humana cuando ayuda a otras personas, a su modo es un superviviente o así parece verse él. De algún modo la sociedad lo ha creado, empujándolo a un mundo del que conoce las normas y en el que se maneja a la perfección. Y consigue que nos interese ese mundo, esa manera de concebir, de pensar, de razonar: sin victimismos, sin justificaciones.

     Como comentaba al principio, el rasgo más sobresaliente, además de esa primera persona, es el realismo en los detalles: persecuciones, ambientes, atracos... hacen que tengamos la sensación de estar realmente conociendo ese ambiente de primera mano. Es un libro duro, violento, con muchísima fuerza, que no deja indiferente al lector incapaz de apartar la mirada de sus letras. Y Max es un personaje terriblemente honesto, por encima de su presente, de su pasado, sus ideas y normas, su carácter... por encima de todo eso; lo percibimos como honesto, no niega la responsabilidad en las decisiones que toma.

     No cabe duda de una cosa, leer a Bunker siempre es una experiencia.

     Y vosotros, ¿os acercáis a este tipo de libros en los que quien cuenta la historia es el malo?

     Gracias

martes, 2 de septiembre de 2014

Años luz. James Salter




     "Surcamos el río negro, sus bancos lisos como piedras. Ni un barco, ni un bote, ni una mota de blanco. el viento ha roto, agrietado la superficie del agua. Es ancho, interminable este gran estuario. El río es salobre, azul por el frío. Discurre borroso por debajo de nosotros. Las aves marinas que lo sobrevuelan giran y desaparecen."

     Me fío de las recomendaciones. Me puede la curiosidad, saber qué tiene un libro que ha calado en una persona que conozco, quizá por eso me fío más de ese tipo de recomendaciones personales más que de las de "es buenísimo, no lo pude soltar". Y justo así llegué a esta historia, como algo privado, que conectaba con el lector. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Años luz.

     Conocemos a Nedra y a Viri, un matrimonio, durante toda su convivencia. Desde su juventud, su familia, sus ganas de vivir y sus rutinas que los van acomodando. Los acompañamos en ese recorrido que es la vida, con sus hijos, sus amigos, sus alegrías y sus penas y también su distancia, casi indiferencia.

     Un año luz para Salter es la distancia entre lo que fuimos y en lo que nos convertimos. La persona que fuimos y la que llegamos a ser, en este caso, en una convivencia. Es uno de esos libros que comienzan casi de repente, dejándote ver retazos de una vida que acaban resultando tan cercanos como si fueran recuerdos propios. Así entramos en la vida de este matrimonio, en sus sentimientos. Una mujer vital,  un hombre más relajado, más cómodo... que se quieren.
     La convivencia formada de pequeños detalles es lo que conforma una vida. Ese paseo, esas sonrisas de los hijos, un cine, un regalo rápidamente olvidado... Y así nos vamos acercando, nos va ganando terreno mientras seguimos conociéndolos; sus risas, sus infidelidades, la tensión... Dicho así no parece gran cosa. Pero no es así, porque la belleza está en sus formas, en sus frases y expresiones que fluyen empujándonos a seguir leyendo, dibujando esa imagen decadente del sueño de familia ideal de casa con jardín.

     Y Nedra, esa mujer que sobresale desde las primeras frases, en la que intuimos que hay más, un personaje mucho más vital que el de su marido. Los seguimos mientras sus vidas se desnudan dejando al descubierto lo que oculta esa vida aparentemente perfecta. Así vemos a esta pareja unida cuya pasión se apagó hace tiempo, su plácida convivencia en lento deterioro dibujado a golpe de descripciones realmente impresionantes. La felicidad y su búsqueda, acomodarse y descubrir que eso no es la felicidad, aunque cualquier observador hubiera apostado justo lo contrario... a simple vista. Tal vez por eso cuentan que Salter hizo de voyeur para escribir esta novela y se inspiró en una pareja de amigos suyos que, al verse desnudos en sus páginas, dejaron de serlo. Porque fue un poco más allá del a simple vista.

     Salter sobresale, consigue que una historia que parecía no tener nada para resaltar resulte ser una gran novela, y por eso también Años luz hay que leerlo en la intimidad, paladearlo. Porque, aunque pueda parecer que estamos ante una historia de amor, lo cierto es que cerramos el libro con la certeza de haber leído una historia sobre la vida (y me quedo con ganas de poner vida en mayúsculas, negrita y con luces de neón).

     Salter es uno de esos nombres que se van perfilando como clásicos modernos. Hay más, seguro...¿me podéis decir qué escritores actuales pensáis que seguirán sonando dentro de cincuenta años?

     Gracias

lunes, 1 de septiembre de 2014

El hospital de la transfiguración. Stanislaw Lem



     "El tren paró en Nieczawy solo un momento. Disimuladamente, Stefan se abrió paso a empujones entre la multitud hasta alcanzar las puertas, saltó justo cuando resopló la locomotora y al instante oyó el estrépito de las ruedas a sus espaldas. Durante una hora había estado tan preocupado por bajarse allí que se había olvidado del objetivo mismo de su viaje."

     Me gustan los libros que hablan de la mente. De locuras y de personas con problemas, de zonas oscuras. Por eso me atrajo este libro desde que lo vi por primera vez. Hoy traigo a mi estantería virtual, El hospital de la transfiguración.

     Conocemos a Stefan, un joven médico que reside en Polonia durante los primeros meses de invasión nazi. Esto le empuja a aceptar un trabajo en un hospital psiquiátrico, un lugar de locos donde refugiarse tal vez. Allí conoce a otro refugiado, el poeta Sekulowski, que marcará su evolución. Junto a ellos y el resto de los integrantes del hospital viviremos su rutina mientras las tropas se van acercando irremediablemente.

     Lem sabía de lo que hablaba. Con un padre médico y un hijo que, a todas luces, parecía que iba a seguir su estela, vio como la invasión nazi dio un giro a su destino convirtiéndolo en escritor. Intentaría tiempo después retomar sus estudios pero, como él mismo dijo, por sus venas corría sangre de escritor.Así que supongo que de algún modo, en este libro bebe de sus propias experiencias. De hecho cuando terminó esta historia en 1948, los censores retrasaron su publicación hasta el año 1956, convirtiéndola en una primera novela publicada como segunda.

     En este libro Lem nos habla de locura. Pero no habla de una locura limitada a un hospital por muy psiquiátrico que sea, sino de la locura individual, conocemos a los personajes locos y cuerdos y los vamos cambiando de lado. Un poeta cuerdo encerrado entre locos, un cirujano cuerdo que parece más loco que los pacientes, otra doctora cruel.. son algunos de los integrantes de este micromundo que tantea el horror y la locura y que está inmerso y a la vez aíslado en esa locura horrible que fue la guerra. Las reflexiones, la evolución de los personajes es realmente impresionante, convirtiendo a cada uno de ellos en un ente único que nos obliga a mirarlo bajo el prisma de la duda entre la locura y la cordura. Lem en este caso escribe una novela que se aleja de la ciencia ficción que lo haría famoso, pero que sigue buceando en el interior de las personas, y ¿qué mejor sitio para hacerlo que un hospital mental? Enfermeras torpes, tratamientos que van desde el electroshock a la simple observación fascinada y un círculo de seguridad ante la guerra que se va acercando y que vamos viendo como les afecta realmente. Ese pequeño espacio para el sentido del humor y también para el amor, para la mirada del enamorado, Stefan, hacia el objeto de sus sentimientos. Todo, o casi, cabe en este hospital mientras vamos observando el avance de las tropas y observamos los cambios que se producen en Stefan, asistimos a sus conversaciones, sus reflexiones, su forma de ver el entorno en el que se encuentra ahora inmerso.

     Me ha parecido una lectura fascinante, por la ambientación, por los personajes, y por el placer que siempre ha sido leer a Lem. Así que no puedo dejar de recomendaros que os acerquéis a este título. Pero, por si no os fiáis os dejo las palabras que puse en su momento en las redes y que no son otra cosa que la recomendación de Fernando Marías en el prólogo:
     "Enciérrate en tu casa, lector, desconecta el teléfono, miente para anular las cenas previamente comprometidas y lee este libro sin demorarte un minuto: el tren se acerca ya a Nieczawy, no vayas a perderlo."

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias


sábado, 30 de agosto de 2014

Entrevista a Santiago Pajares


     Santiago Pajares nació en Madrid en el año 1979. Informático y escritor, escribió a los 23 años El paso de la hélice con bastante éxito. Dos años después escribiría La mitad de uno, un libro que habla de vidas y sueños,  y finalmente en 2009, El lienzo en el que aborda el dilema de un pintor frente a una obra ya famosa. No conformándose con la literatura, sus cortometrajes han recibido una treintena de premios y su relato Hoy fue seleccionado por el Dalkey Archive Press en el Best European Fiction 2012.
     Hoy, vamos a conocerlo un poco más.

      - ¿Cuándo nace la semilla de El paso de la hélice?
     - Un día, viendo una entrega de premios en televisión, me dije que aunque la escritura es una disciplina artística, no es realmente libre, ya que la figura del autor tiene que salir a a luz a recibir las críticas y los elogios. Me pregunté en qué medida eso podía coartar a la hora de escribir, y si habría alguna manera de evitarlo. Me dije que la única manera era escribir de forma totalmente anónima. ¿Se podría hacer? ¿Ocultárselo incluso a tu propia editorial? ¿Y qué ocurriría si el libro se convertía en un éxito? Así salió la figura de Thomas Maud, y sobre su historia armé El paso de la hélice.
     -En el momento de su publicación, ¿sentiste que se quedaba en el tintero para el público, se te ocurrió pensar en segundas oportunidades?
     - El libro fue publicado por primera vez en 2004 por la editorial Tabla Rasa, una editorial pequeñita de Madrid. En su momento vendimos 8000 ejemplares (lo que es muchísimo para una editorial pequeña), y conseguimos que la editorial Village Books lo publicara en Japón. Fui al festival de escritores noveles Budapest 2005 y leí cuentos en Serbia, además de ser seleccionado en el Best European Fiction 2012 de la universidad de Illinois. Creo que conseguimos bastantes cosas para la liga en la que nos movíamos.
     - ¿Cómo es que de repente llegue una editorial como Destino y te reedite una novela? ¿Se vive igual que la primera vez, con más nervios...?
     - En 2013 me fichó la agente Antonia Kerrigan (editora de grandes figuras como Carlos Ruiz-Zafón o María Dueñas), y me dijo que El paso de la hélice podría tener un gran interés para el público, que su historia no se podía detener aquí. Se la presentó a la editorial Destino que inmediatamente estuvo interesado en adquirirla, junto con mi siguiente novela La lluvia de Ionah. La verdad es que pasó tan rápido que apenas tuve tiempo de ponerme nervioso, pero la ilusión ante esta nueva segunda vida de El paso de la hélice es tremenda.
     - Has escritor por el camino más historias, has evolucionado y madurado y supongo que la releíste antes de su reedición, ¿tuviste en algún momento la tentación de retocar alguna de sus partes?
     - Cuando me reuní con mi editora en Destino a propósito de la nueva publicación me dijo: Tú eres mucho mejor escritor ahora, diez años después, de lo que eras cuando escribiste este libro. Piensa en la oportunidad que se te brinda ahora de hacer las cosas incluso mejor que antes. Así que me senté y cambié todo lo que no me convencía de la primera edición, con el resultado de casi cincuenta páginas nuevas. Había tenido mucho tiempo para pensar en ello.
     - La historia, optimista, íntima a grandes ratos, explora la pareja indivisible escritor/obra. A la hora de hablar de un libro, ¿crees que es realmente indivisible?
     - Todos los libros son escritos por alguien, y a veces el autor puede llegar a generar más misterio e interés que sus propios libros. Miremos a El guardián entre el centeno y su autor J. D. Salinger, que pasó oculto media vida a raíz del éxito del libro, creándose a lo largo de las décadas hipótesis sobre su paradero y razón para aislarse. En la novela tenemos La hélice de Thomas Maud, un autor del que tan sólo tenemos un par de pistas. Y por supuesto, esto crea una enorme expectación a su alrededor.
     - Siempre me he fijado en las manos de quienes os dedicáis a escribir, y ahora llegas tú y pones seis dedos. ¿Por qué precisamente en las manos?
     - Es una cuestión práctica, jajaja. En los pies serían más difíciles de localizar y nuestro protagonista, en vez de mirar, se vería obligado a arrancar los zapatos a todo el mundo.
     - Un libro que cambia la vida de quien lo lee, ¿crees que realmente hay libros que cambian vidas? ¿Hay alguno que puedas decirme que te haya marcado a ti?
     - Todos los que escribimos o leemos tenemos localizados dos o tres libros que nos han marcado nuestra vida y han supuesto un punto de inflexión a nivel personal, lo que luego se puede notar en la forma de escribir. En mi caso, por ejemplo, recuerdo cuando leí 1984 de George Orwell, y la profunda impresión que tuve. Nunca había leído nada así,  y me di cuenta que los libros podían ser otras cosas bien distintas de lo que había leído hasta entonces.
     - En el cine también tienes una trayectoria notable, dime ¿te sientes más cómodo en el cine o en la literatura? ¿se complementan?
     - Es un juego similar pero con distintas reglas. Cuando escribes un guión, piensas en imágenes, mientras que cuando escribes un libro, piensas en sensaciones. Para mi lo ideal es saltar de uno a otro, así mantengo las herramientas afiladas.
     - Tengo entendido que tienes algún proyecto entre manos, me gustaría que nos hablaras un poco de ellos. 
     - La editorial Destino ya tiene mi siguiente novela La lluvia de Ionah, así que eso me da bastante tiempo para dedicarme a otras cosas. Ahora mismo termino una novela corta, y en cuanto la termine me pondré con otra más larga que ya tenía planificada. Al mismo tiempo sigo rodando cortometrajes. Por cierto, podéis ver muchos de mis relatos y cortos en mi página web, www.santiagopajares.com , donde voy subiendo siempre nuevo material según lo voy terminando.
     - Finalmente, no puedo dejar de hacerte una pregunta que es ya un clásico aquí. ¿Qué estás leyendo?
     - Pues hoy mismo he terminado la novela El don de la lluvia de Tan Twan Eng y comenzaré Cenital de Emilio Bueso.

     Quería dar las gracias a Santiago, un hombre encantador que rápidamente se prestó para aparecer en el blog y, como no, también a todos los que os pasáis cada día por aquí.

     Bibliografía:
     - El paso de la hélice. Reseña
     - El lienzo
     - La mitad de uno

jueves, 28 de agosto de 2014

Cuaderno de vacaciones para adultos. Daniel López Valle & Cristóbal Fortúnez



     "Hay miradas que contienen el universo. Hay palabras de plata que ofrecen el bello pánico de los desconocido. Hay sonidos que construyen el tiempo, imágenes en las que vivimos hasta extinguirnos, bailes tan preciosos como un torbellino de fuego, historias que nos elevan más allá de lo posible, asaltos efímeros que sin embargo dan significado a todo, instantes en los que llegamos a sentir el mundo como trascendencia."

     La verdad es que el fragmento se las trae. Parecería que es algo serísimo y todo, lo que vengo a enseñaros hoy. Sin embargo, y puesto que el verano empieza a enseñarnos su final, hoy vengo con una propuesta desenfadada. Se trata del Cuaderno de vacaciones para adultos.

     Recuerdo que allá cuando la vida era en blanco y negro, salieron los cuaderno de vacaciones que mis padres me compraban esperando que los recibiera con alegría. Para que no se te olvide lo aprendido durante el curso, me decían. Y yo me quedaba con una sonrisa congelada mientras pensaba que los restantes nueve meses no se me olvidaba hacer castillos de arena, jugar a las palas o cualquier otra de las actividades limitadas al periodo estival. Y que eso les preocupaba bastante menos.  De hecho una vez les aseguré que seguía recordando los nombres de familiares que veía una vez al año, como muestra de mi gran memoria y la inutilidad del dichoso cuadernito.... pero no sirvió. ¡Quién me iba a decir que años más tarde me compraría un cuaderno de vacaciones por pura diversión y que me acompañaría a la playa o piscina!

     Pues justo eso es lo que ha pasado. Lleno de actividades cortas que no superan la página y con dibujos desternillantes, la propuesta de Blackie es que lo pasemos literalmente como niños. Para ello estructuran el cuaderno en temáticas: música, España, comida, series, sexo, misterios, literatura, deporte, ciencia, cine y, para los tramposos, soluciones.
     Y abrimos el cuaderno. Empezamos con música, y unimos la cabeza y el cuerpo de esos músicos estrafalarios o ayudamos a hacer rimas a Piqué, enamorado de Shakira y al que lo mejor que se le ocurre es: Eres más preciosa que la Intercontinental, Estoy enfermo de amor, llevadme a la clínica. Está claro, nos necesita. En España nos encontramos con Kiko Rivera, con canciones una vez más y con las vacaciones en Benidorm, un clásico donde los haya. Y si Benidorm es un clásico también lo es la paella, y los cupcakes que aparecen en comida, para después de comer ponernos a ver unas series. Y allí nos espera True detective, como no podía ser de otro modo, para que encontremos las diferencias justo antes de ver escudos de familias pujantes en ese Juego de Tronos. A estas alturas ya os garantizo unas cuantas risas, algún momento de esos en los que piensas... pero si yo creí que lo sabía, y cierto toque de nostalgia por temas que nos recuerdan de hace unos años. Y para cuando nos queremos dar cuenta llegamos al sexo, que no os pienso contar, y más relajados y divertidos a la literatura, deporte, cine... Adivinaremos qué libros leen unos chicos en un parque, uniremos títulos y autores, veremos culos de tenistas que sorprendentemente reconoceremos y asentiremos antes resúmenes de apenas una frase corta de películas archiconocidas mientras nos sonreímos cada vez que acertamos. Es más, puede que incluso utilicemos alguna de estas frases para hacernos los ingeniosos cuando hablemos entre amigos. Porque ese es el efecto secundario que tiene este cuaderno y es mejor que os lo diga. Sobre todo porque han ajustado el precio mucho y eso ha provocado que se venda... y podemos encontrarnos con un compañero de cuaderno en cualquier momento que reconozca la frase.

     Soy consciente de lo insólito de la propuesta, de las miradas de extrañeza en la piscina que pueden incluso a provocar que alguien se acerque a preguntar (creedme, me ha pasado) y de que esta vez buscaréis compañía para hacer sus actividades para así poder comenzar las frases diciendo eso de: mira, mira qué bueno... Pero es verano, y los veranos son para pasarlo bien en vacaciones. Ah, y para aprender... lo que sea que se aprenda.

     Y vosotros, ¿también sufristeis esos cuadernos vacacionales infantiles que nos vendían como divertidos?
Porque esta es la revancha.

     Gracias

     PD: Mira, mira... 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Goat Mountain. David Vann



    " El aire preñado de polvo grueso como la pólvora, un tono rojizo en el día que despuntaba. Olor a ese polvo y olor a pino, olor a gordolobo. La camioneta un insecto segmentado, la cabeza en una dirección y el cuerpo en otra. Una curva cerrada y de poco no salí volando.
     De rodillas sobre un colchón atado a la plataforma de la camioneta, los trastos de acampar debajo. 1978, norte de California. Agarrado contra baches y bandazos, el metal ardiendo ya a hora tan temprana. Toboganes montaña arriba."

     Si nunca has leído a David Vann, a buen seguro tu primer acercamiento no te va a dejar indiferente. Para los que ya conocemos su pluma, es mejor que sigamos su trayectoria con calma, para no saturarnos de su temática. Pero aún sabiendo eso volvemos una y otra vez. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Goat Mountain.

     Tres hombres de una misma familia, un niño, el padre y el abuelo, realizan junto a un amigo (Tom, porque él sí tiene nombre) un viaje de cacería de ciervos. Así pretenden, no sólo estrechar lazos como suele hacerse en estos viajes de hombres, sino también que el niño realice su primer disparo. Pronto, en una salida, encuentran un furtivo, y el padre le deja el rifle al niño para que se asome a la mira y pueda verlo. Poco esperaba que su hijo fuera a disparar acabando con la vida de este furtivo, pero es justo lo que sucede y ahora hay que tomar una decisión.

     Por mucho que hayas leído del autor, es difícil resistirse a contar que su padre se suicidó. Supongo que siempre lo contamos para situar al autor en una tragedia repetida luego mil veces a través de su pluma. Tampoco él nos deja olvidarlo, aunque a medida que leo más títulos suyos aprecio los distintos matices y como sus historias tienen un poso más profundo.

     Lo primero que choca en esta novela son las formas. Descripciones precisas, encadenadas, frases cortas... y la sensación de estar allí, de conocer esas montañas en que se desarrolla la acción, de velocidad incluso dentro de esa tensa calma en que se desarrolla la historia. Engancha, es difícil resistirse a ella, es aséptica, no justifica, no busca la suavidad, nos deja elegir, revolvernos: pensar. Y luego el título, matan ciervos pero nos dice Goat y pensamos en cabras: "bonito nombre para una montaña", piensas mientras asocias la cabra a la maldad. Y si no lo hiciste al ver el título ya lo harás a medida que avances durante su lectura. Es inevitable, si de algo trata este libro, es de la maldad. Tal vez por eso nos habla de Caín entre reflexiones.

     Con un narrador ya adulto que rememora ese momento, nos introducimos en una historia de muerte y de instinto. El niño que mata a un hombre visto fugazmente por la mirilla de un rifle y su padre y abuelo con posiciones enfrentadas al respecto. Hay un muerto y tres hombres tienen que tomar una decisión mientras miran al pequeño culpable, nadie duda de su culpabilidad, pero escrutan sus reacciones. Hay que decidir qué hacer con ambos, el cadáver y el niño; ¿entregarlo, castigarlo además...? ¿y por qué disparó?
     Incluso nosotros buscamos las causas y soluciones mientras leemos la historia narrada por este niño ya hombre buscando sus sentimientos y dejándonos llevar por las reflexiones de Vann, por sus preguntas, observando detenidamente esa naturaleza humana que pretende ponernos al descubierto en sus montañas. La historia es oscura y cruda, mucho, y tal vez por eso tiene algo de fascinante, como todas las sombras que son iluminadas en los rincones. Los personajes perfilados con cuidado para la ocasión: el amigo amable, el padre tranquilo, suave y el abuelo impactante. Todos tiene algo. Y el niño... bueno, si tengo que ser sincera, del niño que quedo con una cosa: su sonrisa.

     Me gusta David Vann, es de esos escritores que no necesitan muchas páginas para que nos removamos inquietos bajo la tensión de sus letras. Esperamos el final, lo tememos, y seguimos adelante.

     Con las vacaciones finiquitadas, la rutina encima y la vuelta a casi todo empiezo a plantearme cuál es mi libro del verano. Y el vuestro; ¿ya podéis señalar cuál ha sido vuestra lectura destacada este verano?

     Gracias

martes, 26 de agosto de 2014

El complejo de dinero. Franzisca von Reventlow




     "Un sanatorio... Veo cómo tú y todos los demás movéis la cabeza incomprensivamente. Lo cierto es que no estoy mal de los nervios, ni siquiera padezco un especial nerviosismo, lo único que me pasa es que tengo el llamado complejo de dinero. Espero, por el amor de Dios, que sepas lo que es un complejo en el sentido patológico. viene a ser algo así como un conjunto de sentimientos, impulsos y cosas por el estilo que se reprimen o no se exteriorizan, y que, si no me equivoco, se agolpan en el subconsciente y causan afecciones anímicas."

     Con este título, la promesa de una novela divertida y la curiosidad por leer algo frívolo escrito en plena Gran Guerra, era fácil suponer que el libro acabaría en casa. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El complejo de dinero.

     A principios del siglo XX una joven alemana perteneciente a la clase alta aterriza en una clínica psiquiátrica para tratar sus problemas con el dinero. Aunque pronto veremos que su problema no es con el dinero, sino con la ausencia de él. En el hospital, con un psicoanálisis aún en pañales, no sólo recibirá tratamiento, sino que se relacionará con otros pacientes a cada cual más original, que pasan allí sus días entre intrigas y proyectos para desesperación, en muchas ocasiones, del director de la clínica. Desde allí esta mujer irá escribiendo a una amiga, y nosotros tendremos esas cartas entre las manos.

     Pongámonos en antecedentes: la autora del libro pronto decidió renunciar a los privilegios familiares que le correspondían. Se trasladó a Munich, a eso que se llamaba vida bohemia, y tuvo que buscarse la vida. Aunque al final contrajera un matrimonio que resultó no ser la solución a sus problemas de dinero. Sin embargo, y pese a que ella se reveló y trabajó, es imposible no ver un cierto poso a su vida en esta novela.

     La historia, escrita en una época compleja, es una crítica ácida a los privilegios propios de un estrato social venido a menos. Para ello, la autora se sirve de una mujer obsesionada por el dinero y todo lo que éste puede proporcionarla, pero, eso sí, manteniéndose lejos de la responsabilidad al gastarlo o conseguirlo. Una mujer que acaba en un hospital recluida, de hecho bajo la excusa de la cura descubrimos la tranquilidad de estar fuera del alcance de sus deudas, y que entabla allí una curiosa relación con otros pacientes. En ese hospital, y aquí la crítica al psicoanálisis no tiene desperdicio, podrán curarse... aunque tampoco es gratis. Porque nada es gratis en esta vida, esa es la verdad, pero vale más esperar que moverse para conseguirlo, aunque haya que esperar en un centro psiquiátrico.
     Por encima de lo divertido, de las aventuras contadas por carta en tono frívolo, encontramos la crítica hacia este tipo de personas que vivían sin preocuparse de nada y que no aceptaban un cambio que estaba por llegar. Aquellos que incluso hoy reconocemos, y que prefieren esperar a que las cosas les lluevan caídas del cielo. Y eso, unido a la época en la que está narrado el libro, es lo que más me ha llamado la atención. No es un libro bélico, aunque a ratos tuve ganas de coger un palo y dar a alguno de los residentes del sanatorio para que se movieran.

     El estilo es sencillo y la novela epistolar corta, lo que hace que apenas dure un suspiro y sea un estupendo "entre novelas". Pero no negaré que esperaba más y que, posiblemente le falten páginas (algo cada vez más difícil de decir en un libro). Entretenido y ácido, un libro de esos para verano, que no vienen nada mal. Y, tal vez, sólo tal vez, nos haga pensar un poco sobre ese mal necesario para sobrevivir que es el dinero.

     Y vosotros, ¿sois de los que alternáis géneros y buscáis lecturas ligeras para descansar entre otras más densas o no es algo que tengáis en cuenta?

    Gracias