martes, 23 de enero de 2024

Verano en English Creek. Ivan Doig


     "Aquel mes de junio se zambulló en las tierras del Two Medicine. Nunca hasta entonces había visto las colinas tan reverdecientes, las quebradas tan esponjosas por las escorrentías. La cantidad justa de humedad podía claramente endulzar el universo".
 
      Conocí al autor con "Una temporada para silbar" una novela que disfruté muchísimo, así que cuando me tropecé por casualidad con este título no pude, ni quise, resistirme. Hoy traigo a mi estantería virtual, Verano en English Creek.

     Conocemos a Jick McCaskill entrado ya en años cuando decide echar la vista atrás para contarnos el verano de 1939, en el que era un adolescente que iba a disfrutar de bailes y rodeos en Montana. Sin embargo, ese es el verano en el que su hermano Alex decide no ir a la universidad, algo que debería de ser su sueño y por lo que sus padres han trabajado duro y en lo que él mismo había proyectado su futuro. Lo que iba a ser un verano tranquilo aparece marcado por la ansiedad que genera este acontecimiento, que se mezcla con chicas, presencias extrañas e incendios forestales que llegan a ser realmente peligrosos y en lo que su padre tiene que participar en las labores de extinción.

     Con este libro el autor abre la Trilogía de Montana, pese a que hay quien lo lee en segundo lugar ya que va seguido de una precuela. Como ya sucede con otros títulos del autor, la importancia de la voz narrativa es vital y, en este caso, será un hombre entrado en años quien hable del paso a la edad adulta salpicando además la narración de sus propias reflexiones y dejando un retrato de esta imaginaria zona rural gracias a la tremenda habilidad descriptiva del autor.  Esto hace que el lector sea capaz de sumergirse totalmente en el ambiente, ver los paisajes, las gentes y, sobre todo, sea partícipe del sentimiento de comunidad que se genera entre los habitantes de la zona, que es más sano que el que suele venir reflejado en las pequeñas poblaciones contemporáneas. En este ambiente, con largos caminos a caballo y un 4 de julio que se siente más genuino que en la mayor parte de las películas que he visto, el protagonista empieza a desplegar sus alas hacia la vida adulta mientras observa la grieta que se abre en su familia ante la decisión de su hermano. Un momento de cambios en un tiempo vital en el que buscará modelos masculinos de una forma inconsciente que le guíen para convertirse en el hombre que ni siquiera sabe que quiere ser. Un momento que, si el lector se fija, coincide con otro punto importante en la historia de Estados Unidos, y mundial, ya que ese verano en el que Jick cumple 15 años es el que señala el fin de la Gran Depresión y el comienzo de la IIGM, aunque, como digo, no serán estos los puntos importantes que marcarán la novela.

     Tengo que decir que, si bien no me he enamorado del lugar, si que lo hice de los McCaskill. Estructurada en 4 partes comenzaremos siguiendo al protagonista por el bosque del que su padre como guarda forestal es responsable mientras comienza la introducción de los personajes y el lugar, pasaremos por la ya mencionada festividad, de vital importancia para los lugareños, seguiremos con el tío del protagonista llegando hasta el incendio y, al final, avanzaremos en la historia para saber cómo han seguido las cosas. De este modo seremos testigos de su inferioridad ante su hermano, su falta de comprensión, su primera borrachera, el trabajo con el rebaño y un montón de momentos que convierten esta novela en un placer que se paladea despacio y deja con ganas de seguir buceando en la historia de los lugareños.

     Verano en English Creek es un libro que he disfrutado mucho y que hace entender la importancia de encontrarse algo bien escrito ya que hace que cualquier historia, hasta la más simple, se convierta en una grata experiencia.

     Y vosotros, ¿sois de trilogías y series o preferís libros independientes?

     Gracias.

lunes, 22 de enero de 2024

El asesino de la montaña. Anders de la Motte

 


     "Una tarde de primavera, cuando tenía ocho años, se fue corriendo. 
     En un momento dado estaba jugando con unos niños mayores en el bosque, y de golpe desapareció. 
     Todo el vecindario lo estuvo buscando desesperadamente bajo la lluvia y en el frío de la noche. Gritaban su nombre una y otra vez, con voces cada vez más afónicas cuyo eco resonaba entre las copas de los abetos. Pero era como si se lo hubiera tragado la tierra. 
     Y poco después del amanecer, cuando la esperanza ya estaba a punto de apagarse, lo encontraron metido en la grieta de una roca, empapado y ardiendo de fiebre. No lloró ni se rio al verse salvado, sino que se limitó a mirar fijamente al vacío. 
     No sabía explicar qué le había ocurrido; ni siquiera reconocía a sus propios padres. Al menos eso fue lo que le dijeron luego, cuando le contaron cómo había ido todo. 
     Pero él no recuerda nada del suceso, más allá de la forma en que se recuerdan los cuentos viejos; una historia que le han explicado tantas veces que casi se ha vuelto real. 
     Pero solo casi".

     De esta novela me llamó la atención eso de la Unidad de Casos Perdidos, y por eso decidí llevármelo a casa. Hoy traigo a mi estantería virtual, El asesino de la montaña.

     Conocemos a la inspectora Asker, una mujer que está ascendiendo rápidamente en la policía de Malmö. Su nombre suena como posible para los grandes ascensos. Y entonces una pareja desaparece tras irse a realizar una ruta; ella, de familia poderosa. Y Asker es retirada del caso mediante la treta de ascenderla a un departamento que nadie conoce y que se encuentra en el sótano de la comisaría. Allí se juntan los casos que nadie quiere y los policías que a nadie le apetece tener de compañeros. Aser ha sido relegada y su puesto ocupado por un policía con el que terminó a malas una relación. 
Lo que nadie espera es que desde el sótano Asker siga siendo una buena policía. Allí relacionará tres desapariciones con unas miniaturas que van apareciendo en una maqueta que la llevarán a conectar con su pasado y luchar por su presente.
     Parece que volvemos a la novela nórdica, la ambientación por encima de los detalles cruentos y la psicología de los personajes y una ambientación psicológica opresiva por encima de la sangre. Entonces, ¿qué tiene esta novela que hizo que destacara? Inicialmente podría hablar el urbex, una moda desde hace años que recorre las ciudades del mundo y hace que decenas de miles de personas se adentren en edificaciones abandonadas para tomar fotos con la premisa de no alterar nada. Y sería cierto, pero solo un detalle menor. Lo cierto es que lo más atractivo de esta novela es la combinación que realiza el narrador de focos visuales. Asker es la protagonista, pero alterna ese foco con el de otros compañeros y con el de el mismísimo Rey de la Montaña, además de buscar un hilo pasado que vaya situando al lector en el desarrollo de los dos nombres sobre los que pivota la novela. Y todo ello lo hace de forma cercana y que resulta sencilla de seguir para un lector que siente como la tensión va aumentando a medida que la trama se mueve cargando de tensión una lectura que hace que las páginas vuelen sea uno o no aficionado a este tipo de novela. Asker me ha parecido además un personaje interesante, una mujer fuerte aunque no de la forma tan directa a la que estamos acostumbrados, es algo más cotidiano, más del día a día que la convierte en una mujer normal con sus aciertos y errores con los que tiene que cargar y que evita, y le doy gracias al autor por ello, la tensión sexual que tanto me aburre en este tipo de novelas. Y es que me ha parecido bastante más interesante ir conociendo a los distintos policías que han acabado en el sótano, sus recelos frente a la nueva que esperan se marche en cuanto pueda, sus peculiaridades y también la forma en que cada persona tiene no solo sus defectos, si no también alguna virtud escondida que tal vez no sea tan visible o que simplemente nadie se ha parado a mirar.
Del final solo diré que me gusta cuando un autor deja de lado esa manía que parecen tener de sorprender al lector sacrificando muchas veces parte de la credibilidad de la trama. En este caso no hay grandes sorpresas (no nos engañemos, muchas veces los defensores de esas grandes sorpresas son los mismos que acaban buscando en google eso de "xxxxxx final explicado"), pero si un broche verosímil que cierra el inicio de una serie que bien puede ser leído como una novela independiente y única.
  
     El Asesino de la Montaña es una novela entretenida cuya lectura se disfruta sin recelos ni lagunas que molesten al lector.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias.

      

jueves, 11 de enero de 2024

El grito oculto de Berta Lennox. J. L. Domínguez

 


     "Una profunda angustia y una sensación de ahogo, eso es lo primero que siento cuando pienso en aquel martes 19 de abril. Nunca antes me había sentido tan mal, ni siquiera cuando a él le diagnosticaron la enfermedad o el día que todo acabó. 
     Me había costado tres meses. Lo había intentado con anterioridad y cada vez, a última hora, lo cancelaba, no tenía fuerzas para regresar a Barcelona. Aunque lo habíamos acordado, me resultaba imposible, y aún sigo sin saber exactamente qué es lo que me hizo dar el paso; sin embargo, allí estaba, después de veintitrés años había vuelto".

     Conocía al autor por Julia Jones y cuando vi que sacaba nueva novela, esta vez avalada por una editorial, no dudé en seguir sus letras. Por eso hoy traigo a mi estantería virtual, El grito oculto de Berta Lennox.

     Conocemos a Berta Lennox cuando se ha quedado viuda. Ella misma relata el proceso en el cual su marido descubre su enfermedad y pasan juntos su última etapa preparándose, quizás más él que ella, para una vida que continuará sin la presencia de uno de los dos. Y entonces todo sucede y Berta regresa a España a vivir una vida de insomnio y recuerdos dolorosos que sabe que tiene que rehacer. La soledad, los recuerdos y el insomnio serán sus compañeros hasta que, una noche, un violonchelo la acompaña. Tiene un vecino músico que se convierte en su mejor compañía sin saberlo. Al paso de los días habla con él y es un hombre mayor un tanto huraño que se muestra amable con ella pero sin excesos y Berta se empieza a mover a caballo entre esta "amistad" y otra incipiente con un hombre con el que coincide en un bar. La vida sigue. Y entonces aparece el mensaje en su pared y Berta pregunta al vecino. Todo parece apuntar a una muerte de la que el músico no parece saber nada... hasta que aparece muerto en su casa y Berta encuentra un mensaje escondido solo para ella en el que el hombre admite haberle mentido y le da pie a una historia que se convierte en una obsesión para ella, en una forma de volver a sentirse viva. Saber quién ha matado a su vecino sin hacer caso a la policía cuando habla de accidente; conocer la historia que oculta el mensaje de la pared; sobrevivir sola a la vida... Esta es la historia que Berta Lennox encontró sin querer.

     J. L. Domínguez ha escrito una historia de misterio en la que la música, que aparece solo de forma parcial, casi como excusa, se convierte en una constante en la cabeza del lector que no puede evitar recordar el violonchelo mientras avanza la historia. Comento esto, aparentemente sin importancia, para dar muestra de la importancia de la expresividad en una novela y es que esta que está llena de reflexiones más o menos normales, se convierte en una agradable experiencia de lectura gracias al cuidado que pone el autor en lograr algo tan complicado como una lectura fácil. El personaje de Berta es humano. El lector la comprende, entiende su pena, sus recuerdos y su afán por seguir adelante sin tener muy claro el cómo lo va a lograr, y eso hace que la acompañemos en una investigación muy de andar por casa en la que hay casualidades que perdonamos pensando eso de que a todos nos han sorprendido en la vida coincidencias inesperadas que nos han venido bien. Y esto se logra cuando un personaje no nos es ajeno, cuando nos importa, lo entendemos y queremos que siga adelante. La novela, por lo demás con un misterio basado en el pasado que se ramifica al presente, tiene momentos francamente interesantes como la decisión final de la protagonista, que se ven acompañados por una historia del pasado de la que, para qué vamos a engañarnos, me hubiera gustado saber más. Recubierta por un halo de cierta teatralidad es fácil para el lector visualizar casas antiguas de hombres ancianos venidos a menos que parecen envejecer señoriales y descascarillados y que se ven acompañados de mujeres con historias por contar a quien tenga paciencia e interés como para preguntarles.

     La novela, más un cozy crime que una novela negra o policiaca de corte normal, se convierte en una intriga saludable con cierto toque a aquellas historias de los años noventa que se disfruta en dos ratos dejando un sabor agradable y la sensación de que  J. L. Domínguez ha llegado para quedarse a la literatura evitando términos como trepidante y sustituyéndolos por una prosa sencilla que funciona perfectamente conectando así con el lector.

     El grito oculto de Berta Lennox es una novela más que entretenida que deja un buen sabor de boca.

     Y vosotros contadme, ¿os han traído muchos libros estas Navidades?

     Gracias.

lunes, 8 de enero de 2024

Llorar

      Soy una persona de lágrima fácil. En cambio lloro muy raras veces delante de alguien, excepto cuando lo hago delante de multitudes. Pero mis multitudes no tienen ojos, sino letras, y quizás sea eso lo que hace que no me resulte difícil. Porque reconozco que algunas de esas tardes en que me he sentado en el suelo, en mi rincón favorito aprovechando el silencio... hubo quien puso a traición palabras que hicieron que me emocionase. Me ha pasado despedirme con pena de un libro cuando hubiera querido quedarme eternamente entre sus líneas, convirtiendo sus personajes en improvisados vecinos, y también me ha pasado que, de tanto hacerme confesiones al oído han conseguido que mi corazón se contraiga hasta hacerme soltar alguna lágrima peregrina acompañada de miradas desconfiadas por si tenía algún acompañante indiscreto.


     Me emocioné al conocer a Stoner, por el simple hecho de conocerlo, de verlo.. y casi por tener que despedirme de él. Y ya lo sé, sabía el final desde las primeras páginas, pero eso me importó bastante poco para cuando lo estaba terminando. También lloré con Fantine, madre, mujer.. perteneciente tal vez a ese estrato social que titularon Los Miserables. Cómo no hacerlo. Quién no lee con el corazón en un puño La sonrisa Etrusca o sonríe con emoción cada vez que un buen hombre comienza una frase diciendo "Sostiene Pereira.." Recuerdo haber seguido Las travesuras de la niña mala sin esperar que al final iba a llegarme de una forma tan profunda como para hacerme llorar. Y cómo no acordarme de Desgracia, cuya atmósfera te impregna hasta la desolación o de ese libro titulado Nunca me abandones, que coge al lector y lo estruja.
     Jamás busco libros tristes, no lloro con historias de amor, sino por mi propia cuenta, me emocionan otro tipo de relaciones que hacen que lea Grandes Esperanzas y tenga el corazón en un puño en el momento equivocado si lo comparo con otros lectores. Y tengo que confesar que mis rarezas se extienden hasta este punto, porque me emocionan las palabras. No por haber expresado con ellas un sentimiento sino por hermosas. Las descripciones, de una ráfaga de viento, de un poco de lluvia, un rayo de sol... Supongo que si la luz del sol en un ángulo determinado puede convertir una flor en una obra maestra, lo mismo sucede en un texto. Y cuando me encuentro con algo así lo releo con emoción contenida por haber encontrado un tesoro. Lo memorizo, lo anoto, lo mastico... me lo quedo.
     He llorado por niños de 5 años y por confesiones terribles vertidas en páginas de cientos de títulos. La muerte inesperada de algunos protagonistas, una agresión, una llamada de socorro o una mano tendida. Ahora que lo pienso, los libros deberían de estar hechos de un material que no fuera susceptible de ser destruído al contacto con el agua, ya que en mis manos corren un riesgo entre moderado y elevado dependiendo del momento. 

     Empezaba explicando que soy de lágrima fácil, y sin embargo con el cine me cuesta más. Tal vez porque esos personajes si que me ven desde el otro lado de la pantalla. No lo sé. Pero me he dado cuenta que una persona puede decir tranquilamente haber llorado viendo Lo imposible y nadie se lleva las manos a la cabeza. Ahora, si afirmas que has llorado leyendo un libro te tropiezas con un arco de cejas levantadas con incredulidad. Se puede llorar por muchos motivos: por alegría, por pena, incluso por estornudar muchas veces seguidas. Y en mi caso tengo que decir, que también puedo dejar caer una lágrima de pura admiración.

     Y vosotros, ¿os habéis emocionado con algún libro que nos queráis compartir?

     Gracias

lunes, 25 de diciembre de 2023

Memorizando fragmentos


"Pienso mesa y digo silla
compro pan y me lo dejo
lo que aprendo se me olvida
lo que pasa es que te quiero"

      Todos tenemos libros favoritos, esos que decimos de cabecera. O al menos eso dicen. En mi caso no es exactamente cierto. En realidad tengo autores que me gusta todo lo que escriben en mayor o menor medida. Esos que me apena terminar con sus obras porque han fallecido y las dejo cerca para echarlas un vistazo de vez en cuando; y también esos otros que me tienen pendiente de cada uno de sus movimientos a la espera de que anuncien su próximo título. No son muchos, apenas un puñado, pero ahí están. ¿Libros? van cambiando en su mayoría a medida que los descubro. Pero me dí cuenta de que no eran títulos fijos el día que intenté decir cual era mi libro favorito de McCarthy o de Capote y se me amontonaban las sugerencias. ¿Cómo ser capaz de decidirme entre los títulos de Jim Thompson? Imposible.


     Lo que hay son fragmentos, pequeños trocitos de historias que he tenido que apuntarme en el cuaderno que está en la fotografía porque me han parecido tremendos, porque me han emocionado o porque me hicieron acercarme al libro (aunque no siempre con la misma fortuna). Y de eso hablaremos hoy, de fragmentos literarios.
     Gracias a La historia del loco se que "antiguamente la gente creía que si te dormías con la luz de la luna en la frente despertabas loco. De ahí procede la palabra lunático". Miro los libros en las bibliotecas y recuerdo eso que decían en El Señor de los Anillos: "No conozco a la mitad de ustedes la mitad de lo que me gustaría y eso es sólo lo que la mitad de ustedes merece". Tantos autores de los que aún no conozco nada o de los que me queda tanto por conocer... y eso me lleva a Milena Agus que afirmaba: "Si no he de conocerte nunca, haz al menos que te extrañe". Porque eso pasa a veces con los personajes de los libros, los extrañamos. Ya de niña, cuando conocía Bastián Baltasar Bux, a quien debo la seguridad de saber que "la fantasía no es un modo de evadirse de la realidad, sino un modo más agradable de acercarse a ella", presentí que había un interminable número de historias por descubrir en las bibliotecas. Y así me fui acercando a ellas para hacer nuevos amigos, o conocidos dependiendo del caso. Asistí al fatídico momento en que "tras unos sueños intranquilos, Gregor Samsa se despertó"... y se había convertido en un enorme insecto. Descubrí perpleja también un telegrama a un tal extranjero en el que le decían escuetamente "Madre fallecida. Entierro mañana.Sentido pésame".
     Y a todos acompañé en el camino de sus historias congeladas en el tiempo esperando ser descubiertas. Y también he apuntado, como no, fragmentos de amor. Benedetti me habló de una curiosa pareja, me dijo "los detuvieron por atentado al pudor. y nadie les creyó cuando el hombre y la mujer trataron de explicarse. En realidad su amor no era sencillo. El padecía de claustrofobia y ella de agorafobia. Era sólo por eso que fornicaban en los umbrales". Y Cortázar me enseñó un hermoso beso entre cíclopes enamorados... Y aprendí, como no ya que siempre se aprende algo, de cada libro, aunque sea la simple ortografía y el léxico que derivan del acto de leer, que las historias de amor pueden surgir en cualquier parte. Recuerdo haber apuntado una noche con bastante prisa un fragmento de El lobo estepario que decía "yo te gusto, continuó ella, por el motivo que ya te he dicho: he roto tu soledad, te he recogido precisamente ante la puerta del infierno y te he despertado de nuevo. Pero quiero más, mucho más. Quiero que te enamores de mí." Quién lo iba a decir en ese título... 


     Porque todos nos acercamos a los libros expectantes ante las historias, queriendo pensar como decían en La Princesa Prometida: "Este es el libro que más me gusta de todo el mundo, aunque nunca lo he leído." Y porque muchos de nosotros nos apuntamos esos pequeños fragmentos, hoy os pregunto por algún fragmento o frase de un libro que recordéis especialmente. 

     Personalmente me quedo con Tim Burton cuando dice: "La palabra normal siempre me asusta". Y eso que este año he apuntado muchos fragmentos que he ido dejando en las historias de mi cuenta de ig.


sábado, 23 de diciembre de 2023

Felices Fiestas y un espumillón




      Hace ya días que cualquier sitio al que miremos está lleno de símbolos navideños. Bien sea un árbol, un pesebre, Santa Claus que suben por cuerdas en posturas imposibles y Reyes Magos repartidos por todas partes.

     En el mundo cibernético lo que vemos son felicitaciones y alusiones a leyendas varias, orígenes o bromas más o menos conocidas sobre estas fechas. Tras pararme a pensar un momento sobre la forma en que podía darle un toque navideño a mi estantería virtual, he decidido contar el origen de uno de los elementos que estoy seguro no falta en ninguna casa. Nadie se fija demasiado en él salvo por lo mucho que mancha, pero todos lo colocamos y en todas las tiendas se ve. El espumillón.

     Parte de la una leyenda alemana antiquísima llamada La araña de la Navidad.

     Cuentan que hace muchos muchos años, una casa cualquiera de este frío país, estaba preparando las fiestas. Al igual que en todas las casas, cada celebración viene precedida de una ardua limpieza, llevada a cabo por la madre en nuestra pequeña casa. Tanto afán puso esta mujer en limpiar, que sacó una escoba bien larga, para poder llegar a los más altos rincones de la casa. Aquellas zonas encima de los armarios en las que sólo se limpia una vez al año y se acumulan el polvo y las telas de araña.  Y lo hizo bien, y todas las arañas de la casa se vieron privadas de sus hogares, así que, para no ser aplastadas, se vieron obligadas a huir al desván.
   
     Y llegó la Nochebuena y la familia se reunió junto al árbol para decorarlo con las figuras que habían ido pasando de generación en generación, la casa reluciente, y todo el mundo con el corazón cálido y las sonrisas en la cara. Bueno, no todo el mundo... las arañas estaban tristes por no poder asistir a la celebración y heladas por su confinamiento en la única zona de la casa que no poseía chimenea. Así que la araña más vieja, les sugirió que se asomasen por una grieta de la pared al salón, para así calentarse y ver la llegada de la Navidad. Fueron acercándose hasta colocarse en las rendijas de la puerta, se veía mejor, y llegaba el calor mucho más directamente. Pero la puerta se abrió, y asustadas, se vieron obligadas a huir para esconderse... ¿dónde? Pues en el árbol. Allí estarían a salvo de la temida escoba.
     Esa noche no se atrevieron a moverse más, y Santa Claus bajó por la chimenea y las encontró allí acurrucadas. Tras el susto inicial, se apenó de las pobres arañas pensando en lo que haría la madre de la casa al encontrarlas allí, así que, usando un poco de su magia, golpeó la base del árbol convirtiéndolas en tiras brillantes y luminosas.

   Desde entonces, en Alemania se empezaron a decorar los árboles con espumillones y en las casas en las que aún se recuerda esta leyenda, se esconde entre las ramas una pequeña araña brillante.

     Disfrutad de las fiestas.


miércoles, 20 de diciembre de 2023

Leer Lolita en Teherán. Azar Nafisi

 


     "Recogí las notas y los libros apresuradamente y salí del aula un tanto preocupada. Habían pasado solo unos cuantos días después del juicio contra Gatsby y su ambiente todavía impregnaba la clase. En los pasillos algunos estudiantes me abordaban para hablar sobre la novela y darme su opinión. Dos o tres escribieron espontáneamente trabajos respecto al tema. Al salir a la luz tenue de la tarde, hice un alto en la escalera atraída por una discusión vehemente entre un puñado de estudiantes musulmanes y sus oponentes marxistas y laicos. Todos ellos gritaban y manoteaban. Vi que a corta distancia de la muchedumbre, Nassrin escuchaba sus argumentaciones".

     Llevo con este libro en casa un tiempo pero nunca me había animado a leerlo. Un poco, supongo, porque tampoco me había preguntado de qué trataba. Hoy traigo a mi estantería virtual, Leer Lolita en Teherán.

    Azar Nafisi ha dado clase en tres universidades diferentes de Teherán de las cuales o bien ha dimitido o bien ha sido expulsada. Decide entonces elegir a 7 alumnas, a las que ella valoraba mejor, y montar una suerte de club de lectura en su casa que, disfrazado de rebeldía contra Irán, mostrará a esas jóvenes el camino para ser ellas mismas a finales de los 90.

     Supongo que puede parecer que Lolita es una elección más o menos fácil por controvertida, reconozco que era una de las bases que yo tenía en mi cabeza antes de haber leído esta novela. Pero lo cierto es que Nafisi lo elige por su prosa. Cualquier que haya investigado un poco sobre el libro sabrá que nada es al azar en él, ni siquiera la repetición del nombre de su protagonista. Según avanzamos por este título vemos que realiza un paralelismo entre Humbert Humbert y el Estado Islámico. Uno culpa a la pseudoadolescente de seducirlo y el otro señala a las mujeres como origen de muchos males. Profundiza en su prosa señalándola como presente en otros regímenes totalitarios y tras ese dedo acusador la autora se reconduce para no dar demasiadas lecciones y establecer algún principio universal sobre clases y privilegios.

     No hay que olvidar que es un club de lectura, se leen libros y se habla de ellos. Tanto desde el punto de vista puramente literario como el de los sentimientos que despiertan, realizando una valoración personal sobre el comportamiento o sus enseñanzas y trasladando de ese modo no solo el pensamiento de la sociedad que refleja, si no también la sensación de una lectura activa por parte de los personajes que invita al lector a coincidir o no con sus opiniones. Somos, dicen las lenguas románticas, una parte de los libros que hemos leído. Quizás por eso Leer Lolita en Teherán es una memoria a través de libros y quizás por eso también deja una impronta en la novela el alma de la propia autora, la profesora preocupada, inquieta, que busca tocar el alma de sus alumnas. No solo eso, además lo hace, como es de esperar supongo, con una prosa cuidada cuya lectura es un placer pese a que hay muchas heridas y cicatrices en las miradas de sus personajes.

     Leer Lolita en Teherán es un libro que merece la pena ser descubierto y no quedarse en uno de esos títulos que te suenan pero a los que no te arrimas.

     Y vosotros, ¿os pasa que hay títulos que tanto verlos los dais casi por leídos y termináis por no acercaros a ellos?

     Gracias.