jueves, 9 de agosto de 2018

El profesor del deseo. Philip Roth


     "La tentación se me presenta por primera vez en la muy importante y llamativa persona de Herbie Bratasky, director social, director de banda, cantante melódico, cómico y maestro de ceremonias del hotel de montaña propiedad de mi familia".

     El verano es un gran momento para las relecturas. Es más, durante el mes de mayo, uno de mis placeres es elegir qué relecturas haré en los dos meses siguientes, y este año ha tocado Philip Roth. Hoy traigo a mi estantería virtual, El profesor del deseo.

     Conocemos a David Kepesh, profesor de literatura comparada, mientras nos va relatando su vida. Ahora cuenta con setenta años pero su historia se remontará a su infancia y a la influencia que le supuso Herbie Bratasky, un hombre capaz de imitar sonidos de los más escatológicos que provocó que Kepesh quisiera ser artista. Kepesh pronto cambió y sus intereses viraron a la literatura y, como no, al sexo. La literatura le seguiría interesando hasta el punto de dedicarse a ella, avanzando sin descanso en este campo. El sexo y, sobre todo el deseo es algo más complicado y lo acompañaremos en el recorrido que hace de su relación con cuatro mujeres, Elisabeth, Bigitta, Helen y Claire.

     Este libro es la segunda parte de la trilogía protagonizada por David Kepesh. Eso no significa que haya que leerlos en orden y tampoco que haya que leerlos todos. No obstante, los libros serían: El pecho, en el que Kepesh se despierta, de forma kafkiana, convertido en el pecho gigante de una mujer; El profesor del deseo, en el que recorremos la vida de Kepesh hasta los setenta años, y El animal moribundo en el que Kepesh cuenta con ochenta años y relata esa última parte de su vida en la que continúa buscando dsesperadamente compañía femenina.

     Pudiera parecer, visto el argumento, que es un libro que habla de sexo y nada más, sin embargo, Roth es capaz de diseccionar no solo a su personaje, sino también parte de la sociedad de la época. Quizás no nos hayamos parado a pensarlo, pero uno de los temas en los que más cambios se han producido en la sociedad, es el sexo. Y Roth no solo lo sabía, sino que convirtió el sexo en un tema habitual en sus libros. En este caso, y cual novela de crecimiento, acompañaremos a Kepesh desde su adolescencia hasta los 34 años en los que no dejará de lado ni siquiera el tópico de las suecas, conocido en nuestro país por películas que quizás no queremos recordar. Así pues nos presenta su relación con Elisabeth, una mujer dispuesta a todo por su amor a Kepesh, lo que significa que se callará para conservar a David, sintiéndose poco a poco humillada al no compartir deseos ni filosofía de vida; Birgitta, la mujer desenfrenada, con la que tendrá un trío junto a Elisabeth; Helen con la que llega a casarse pero cuyo matrimonio no dura, una mujer compleja y atormentada y Claire, que viene representada como el opuesto a la esposa.
      Kepesh es un hombre exigente e inconformista que vive atormentado. Un hombre que siente soledad y que se atormenta no solo por lo que siente, sino también por los cambios que ve en lo que siente respecto a la vida. Para Kepesh la vida sin deseo no tiene sentido, así que el deseo es uno de los motores de la vida, y, sin embargo, ve que el deseo no es eterno. Una contraposición casi que no aceptará hasta no dar con Claire, que era distinta a todas las demás en un principio y también la que consiguió hacerle más livianas sus obsesiones. De hecho, Kepesh parece acudir, hasta la llegada de Claire, a las mujeres como método para no pensar, para evadirse de la vida evitando así la conciencia de ella, incluso de la propia mortalidad. Y tal vez por eso espere hasta los setenta años para hacer este recorrido por esas mujeres de su vida, explicando cada una de ellas sin buscar otra pornografía que la disección de su propio cerebro. Eso hace que el lector comprenda que la verdadera pulsión de Kepesh no es la del sexo, o no es solo el deseo, sino la de dejarse ver, la de ser realmente conocido y que por eso se expone.

     El profesor del deseo es una novela teñida de ese sentido del humor no siempre alabado de Roth que reflexiona sobre la vida y las obsesiones de su protagonista. Una muy buena muestra de la excelencia literaria del autor con la que disfrutar que deja un poso triste y reflexivo en el lector.

     Y vosotros, ¿releéis?

     Gracias.

     PD. El libro está dedicado a Claie Bloom, y eso hace que el lector busque de forma incansable el límite entre la realidad y la ficción. Incluso en el caso de Roth, cuyos álter ego literarios se miden en plural.

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