miércoles, 30 de enero de 2019
Sinfonía napoleónica. Anthony Burgess
"Tallien presionó el botón de su antiguo y noble reloj y la máquina dio las nueve de una manera nueva y republicana. 'Ya una hora de retraso'. Ventoso silbaba desde la rué d´Antin y agitaba la llama de las velas. De la pata de palo del registrador interino, que dormía junto al fuego, emanaba un tenue olor a barniz chamuscado".
Siempre digo que hay autores que son consumidos por alguna de sus obras y en este caso, aunque muchos conocemos Poderes terrenales, está claro que la obra es La naranja mecánica. Sin embargo a mi siempre me ha gustado bucear en el resto. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Sinfonía napoleónica.
En honor a Beethoven y su fascinación por Napoleon, Burgess escribe esta Sinfonía napoleónica, que lleva por subtítulo Una novela en cuatro movimientos para mostrarnos la vida de un hombre del que ya parece saberse todo. Es decir, conocemos a Napoleón.
La fascinación de Beethoven por la figura de Napoleón quedó plasmada en su tercera sinfonía, la Heroica, la de Burgess queda en esta estupenda novela que abarca desde las conversaciones de Bonaparte con su mujer, pasando por las campañas de guerra, campamentos, entrenamientos, engrandecimiento de la figura y termina con su estancia en Santa Elena donde no solo cambia la percepción de su figura, sino el propio Napoleón entablando una improbable amistad con una joven adolescente. Bonaparte es una figura ineludible de nuestra historia, tal y como dice el propio autor, Napoleón está para propiarse de la época y convertirla en él mismo.
Pero sigamos con Beethoven. Los movimientos de la Heroica son: Allegro con brio, Adagio Assai, Allego y Allego Molto-Poco andante-Presto. Y todos ellos tienen su lugar en la novela: de las campañas en Italia y Austria a la coronación como Emperador; el atentado fallido, divorcio, Rusia y la caída; Elba y Waterloo, y Santa Elena y muerte. De este modo hace una revisión completa a la biografía de este hombre aportando no solo datos que yo desconocía, sino también una visión fresca y a ratos francamente divertida de la historia.
Burgess es un narrador irreverente. Y eso se nota en su estética literaria en la que combina oraciones cuidadísimas con otras que incluyen metáforas sorprendentes que dejan al lector alucinado, lo que requiere un dominio del lenguaje que no está al alance de todos. Nada que nos pille de nuevas en realidad ya que todos conocemos La naranja mecánica y lo que el autor consiguió plasmar en esa obra. Si a eso le sumamos la sorprendente historia que el propio Burgess hizo circular sobre si mismo y que decía que fue diagnosticado de un tumor, lo que le hizo escribir la ingente cantidad de cinco novelas en un año para respaldar la economía familiar (tumor que en la revisión había desaparecido según el propio autor, posiblemente debido al ejercicio de escribir), sabemos que al abrir un libro suyo nos exponemos a casi cualquier cosa.
No quiere decir esto que en el caso de las biografías sea inexacto, más bien al contrario si tenemos en cuenta que en este caso escribió una entrada para la enciclopedia sobre su protagonista, pero significa que nos alejará de ese tono resabiado tan temido en este tipo de libros. Es cierto que desconozco si hay ficción entrelazada en las páginas de esta Sinfonía, pero también lo es que yo no he dudado de su veracidad, y que la figura de Bonaparte ha cobrado realidad por así decirlo ante mis ojos. Y es que es muy difícil escribir sobre alguien sobre quien parece estar todo dicho. En realidad ante eso, solo queda una para convencer al lector y es humanizarlo. Descubrir que es una persona común que resulta bruta o cómica, inteligente o zafia, y que todo depende del momento. Añádase al final una dosis de realidad a la visión que el protagonista de esta historia tiene sobre si mismo, y ya tendremos todos los ingredientes para que apetezca leer esta obra de Burgess. Y eso sin mencionar las diferentes voces, lugares o anécdotas que utiliza para tener al lector siempre entretenido y, sobre todo, dispuesto a seguir leyendo.
La nación es una doctrina falta, alemán idiota. El deseo de morir por una nación es un pecado. Lo que quiero es una Europa Única, no un hatajo de pequeñas naciones que no hacen más que ladrar y pedorrear"
Sinfonía napoleónica es una obra necesaria para uienes quieran saber más de Bonaparte que se disfruta en cada línea. Imprescindible para ellos, día yo.
Y vosotros, ¿alguna vez os animáis a leer biografías?
Gracias.
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lunes, 28 de enero de 2019
El animal más triste. Juan Vico
"Bailo sobre mi silla giratoria, soy un ágil derviche consagrado a la mística de la rutina. Me concentro en las ruedas traqueteantes, sus pequeños fragmentos de rotación cósmica, su precaria música de las esferas. Las horas siguen distribuidas ordenadamente en el reloj de la pared: he renovado mis votos. Pues no hay igualdad ni exactitud en la labor del minutero, solo la mecánica arbitraria de su señorío. Alabémosla. A las pausas reglamentarias (los cafés, los cigarrillos, el menú nuestro de cada día, uno y trino, en el restaurante de la esquina) demos gracias".
Tenía curiosidad por conocer el nuevo libro de Juan Vico, así que no he tardado mucho en comprarlo y tampoco en leerlo, ya que no es demasiado extenso. Pese a ello, no es una lectura rápida, es de digestión tranquila y poso sosegado. Hoy traigo a mi estantería virtual, El animal más triste.
Conocemos a Jonás, un hombre que está en esa difícil edad que es la década de los cuarenta, cuando la juventud ya se apaga y los sueños que tuvimos ya sabemos si no pasarán. Juan y su pareja irán a una reunión con amigos de él, viéndose las caras algunos veinte años despu´s para descubrir que ha sido de sus vidas.
Para Juan Vico el animal más triste es el hombre. Al menos el hombre de mediana edad, y cuanto más avanzaba en mi lectura más claro lo veía. De hecho, articula su historia basándose precisamente en eso. Jonás y sus amigos son una muestra de ello, parece decirnos.
La novela se divide en tres partes y da comienzo cuando Jonás recibe un fragmento de un vídeo en el que es más joven... y no se reconoce. Ni el momento, ni su ropa... nada. La poca calidad de la imagen que le deja ver que es más joven pero le muestra un rostro que se desdibuja al ampliar, es una metáfora de esto que acabo de decir. Así se percibe aquello que nos importó en la juventud, eso es lo que queda, ni lo recordamos. Somos traidores a nuestros propios sueños. Traición, una segunda palabra que da sentido a esta novela. Jonás se junta con un grupo de amigos en una primera parte narrada por él. Una chica con la que tuvo una relación y que ahora tiene a una mujer como pareja, un amigo que tiene una relación con la hija de quien un día fue su pareja, Jonás y su novia, una chica del pueblo... Se juntan unos días, los vemos, visitan un pueblo abandonado, recuerdan un documental grabado, hablan de un relato, de sexo... y los retomamos en la tercera parte, tiempo después. Ahora el que calla el Jonás y son sus amigos quienes toman la voz , se alternan para darnos ss versiones, contarnos sus infidelidades, sus traiciones. Jonás contó una parte, ahora vemos que siempre hay mucho más. Vico también nos cuenta la historia de un maestro en un relato sobre ideales y sexo como si en él nos diera la fórmula mágica para entender la novela. De él no daré mi interpretación, esa os la dejo.
El animal más triste es una novela llena de ironía pero también de desencanto. En ella el sexo tiene un papel importante, al igual que lo tiene en la vida, pero yo me quedo con la traición. Y con los silencios. Porque las traiciones cotidianas no generan grandes tragedias, no es necesario que se confiesen. Y las traiciones a uno mismo no se confiesan jamás.
Utiliza un grupo de amigos, a ratos cercanos la mayor parte del tiempo casi pedantes, cuyo interés por la cultura queda atente casi en cada palabra. Y quizás esto que hubiera debido de conseguir captar toda mi atención, sea lo que me haya distanciado más de la novela. Me han resultado ajenos, casi distantes salvo algún momento fugaz. He tenido la sensación de que se han perdido en algún punto en el que lo estético era más importante que lo real.
Comentaba al principio que es una novela corta pero que no es rápida. Es uno de esos libros que te obligan a pensar sobre aquello que un día soñaste, sobre ilusiones que perecieron, las que se lograron y aquellas que aún siguen ahí. Y que deja en el lector un cierto regusto a desencanto con la vida.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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viernes, 25 de enero de 2019
María quiere ser tu amiga. Laura Marshall
"El correo electrónico aparece en mi bandeja de entrada como una bomba sin estallar: "María Weston quiere ser tu amiga en Facebook".
No se vosotros, pero yo en estas fechas leo muchos libros regalados durante los días precedentes. Quizás por eso sea la época del año en la que más me aventuro. Hoy traigo a mi estantería virtual, María quiere ser tu amiga.
Conocemos a Louise Williams cuando recibe la solicitud de amistad de una antigua compañera del instituto. Solo hay un problema y es que esa compañera falleció, o se la dio por desaparecida hace ya muchos años. No será el único mensaje que reciba de ella y tampoco será la única en tener noticias, a fin de cuentas, la vez los muertos tengan memoria y recuerden a quienes les hicieron sentir mal.... si están muertos, claro.
Reconozco que la premisa es cuanto menos llamativa. De ella podemos deducir que posiblemente no vayamos a estar ante un libro que pase a la historia de la literatura, pero también que puede ser una lectura entretenida que haga que las tardes lluviosas vuelen. Y efectivamente, esa es la intención de la autora: entretener. Para ello articula la historia en dos líneas temporales, una actual en la que aparecen los mensajes de María Weston y otra en el pasado en el que nuestra protagonista y su grupo de amigos no se portaron precisamente bien con esta chica. Habla además en este hilo del pasado, de las dificultades para integrarse en esa complicada edad que es la adolescencia, del acoso escolar, las presiones sociales y las autoimpuestas en esos momentos y de como para muchos jóvenes el universo se reduce a su instituto. en el presente veremos que hay problemas que no cambian, también la influencia de las redes sociales y cómo esa presión de patio de colegio puede verse trasladada a la imagen que damos en los muros de dichas redes y también de la capacidad para olvidar y para recordar las heridas que tuvimos en su día y que nos han dejado las cicatrices del presente. Planteado todo esto, está claro que la novela es entretenida y, si la autora hubiera profundizado lo suficiente en uno solo de los hilos, es posible que lo hubiera conseguido. Sin embargo, la búsqueda de enganchar al lector hace que los temas se mezclen y sean tratados con apenas unas pinceladas bastante manidas, consiguiendo que la novela se aproxime más a un telefilme de antena 3 que al thriller que uno espera. Eso se traduce en una sensación de cierto desencanto a la hora de terminarlo, un "es entretenido, pero..." que no termina de dejarnos satisfechos con una novela que trata todo por encima.
Los personajes quedan artificiales, muchos de sus actos son apenas esbozados en cuanto a sus motivaciones y el final... El final busca sorprender tanto que peca de falta de verosimilitud en su parte más importante. O al menos a mi no me ha cuadrado, una vez superada esa sorpresa que se busca, al preguntarme simplemente "por qué".
María quiere ser tu amiga es una novela entretenida que parece pensada para ser llevada a la pequeña pantalla y de hecho posiblemente funcione mejor ahí que en su formato literario.
Y vosotros, ¿os han regalado muchos libros?
Gracias.
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miércoles, 23 de enero de 2019
Serotonina.Michel Houellebecq
"Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible.
Me despierto hace las cinco o a veces las seis de la mañana, la necesidad es extrema, es el momento más doloroso del día".
Hay escritores que provocan un pequeño revuelo con cada libro que publican. Todos opinamos incluso antes de haberlo leído si nos parece bien o mal lo poco que trascienda en los medios de tema que vaya a tratar su nuevo título. Eso le pasa al escritor firmante del libro que hoy traigo a mi estantería virtual: Serotonina.
Conocemos a Florent-Claude Labrouste un hombre de cuarenta y tantos, blanco, con un trabajo bien pagado en el Ministerio de Agricultura, una relación con una japonesa 20 años más joven que él y una vida de absoluto desencanto. Parece buscar desesperadamente una salida a su vida cuando se tropieza con Captorix, un antidepresivo que libera Serotonina y cuyos efectos secundarios son las nauseas, la impotencia y la falta de libido.
Cualquier sinopsis que se haga de esta novela será excesiva o insuficiente. En mi caso es claramente insuficiente ya que no he puesto a nadie en antecedentes sobre el suicidio conjunto de los padres del protagonista, ni he contado que deja a su pareja-araña. Ni siquiera he dicho que decide romper con todo y desaparecer para terminar buscando una unión con su pasado. Y también hay revueltas con los agricultores y sí, son antes de las reales, ya que parece que Houellebec se empeña en adelantarse en el tiempo a los sucesos aunque no en la forma en que lo perfilaba Verne en su obra, sino, como corresponde a la era de la inmediatez, se anticipa por momentos. Un ejemplo que todos recordamos es el de la publicación de Sumission y el terrible atentado contra Charlie Hebdo.
Pero empecemos por el principio: Houellebecq es un impertinente. Pero un impertinente inteligente que carga sus libros de retranca a la vez que propone afirmaciones imposibles ya sea por absurdas o por políticamente incorrectas. En esta ocasión, un protagonista deprimido y desencantado con el mundo que habla de Franco como un genio del turismo y del amor masculino como el agradecimiento de un hombre hacia el bienestar que le produce una mujer en la polla (nada nuevo si sois lectores habituales de Houellebecq), es la excusa perfecta para comenzar una lenta despedida de un mundo que le ha robado las ilusiones. Y es que pocas veces una cubierta fue tan certera como la de este globo pinchado para mostrar visualmente el mejor resumen de un libro. Houellebecq habla de una sociedad de prejuicios, de políticos que no miran por el interés de las personas y agricultores que han de salir a las calles, un mundo de suicidas en el que el apego por la propia vida es mínimo por mucho que pueda dejarnos en shock asistir a la pérdida de otra persona. Y dice shock porque, serotonina o no, su personaje parece anestesiado al presente y quizás por eso se dedica a bucear en su pasado buscando el amor que una vez sintió. Un hombre infeliz, hastiado de sentir que nada le provoca placer salvo quizás fumar un cigarro y que decide desaparecer pero no para volver a comenzar, solo lo hace para mirar y al vez buscar a quien nos queda claro fue su amor entre la maraña de relaciones sexuales que, estamos seguros, ha tenido a lo largo de su vida.
Comenzaba diciendo que Houellebecq es impertinente, y diría que es casi resabido salvo porque ni él ni sus protagonistas tienen la edad para poder utilizar ese término. En realidad hace la función de aquel hombre cuya avanzada edad le permite decir lo que se le ocurra sin importarle demasiado las reacciones de sus interlocutores. Y eso convierte el libro en un artefacto de diversión. Porque somos adultos y ya no nos escandalizamos con pollas, mamadas, chochos y tetas. Ni siquiera con eyaculaciones o videos porno caseros de más que dudoso gusto. Ahora Houellebecq nos divierte con sus afirmaciones sobre Holanda o sus caóticos paseos opinando sobre casi cualquier cosa que a uno se le pueda ocurrir. Y eso es Serotonina. Hasta que uno hace la primera pausa y es consciente del descenso imparable de la novela convirtiéndose casi en una elegía antes de tiempo tanto de la sociedad en la que vivimos, como del ser humano insatisfecho que la puebla. O tal vez no sea esta una elegía antes de tiempo, tal vez sea un tributo a tiempos pasados, más jóvenes, en los que no se había perdido la capacidad de sentir.
Me gusta Houellebecq. He visto opiniones dispares sobre Serotonina y, aunque la he disfrutado enormemente, tengo que reconocer que es una obra menor comparada con otras suyas. Pero no por eso hay que dejar de leerla. Si el Captorix citado en la novela provoca placidez a quien lo toma, la lectura de esta novela tiene justo el efecto contrario: es imposible permanecer indiferentes a ella.
Y para vosotros, ¿Qué nombres son un acontecimiento literario cuando publican una nueva obra?
Gracias.
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lunes, 21 de enero de 2019
American Gods. Neil Gaiman
"Hay nuevos dioses creciendo en América".
Hay novelas que merecen más de una lectura y hay ediciones que hacen que merezca la pena volver a comprar el libro, como es el caso de la que pongo en la imagen y que pertenece a la editorial Roca. Hoy traigo a mi estantería virtual, American Gods.
Conocemos a Sombra, un hombre joven que está terminando de cumplir condena por asalto a mano armada. A su salida, sin rumbo y sin esposa con la que volver ya que esta ha fallecido en un accidente, no tiene muy claro lo que va a ser de su vida, hasta que se tropieza con Wednesday, quien lo ofrece trabajo como guardaespaldas. Lo que Sombra no sabe es quién se esconde tras ese misterioso nombre, y tampoco sabe que hay dioses viviendo en Estados Unidos; dioses ancestrales y otros más modernos que conviven y entre quienes, parece, va a estallar una guerra de forma inminente.
Cuando se publicó por primera vez American Gods, parte de la campaña de marketing ideada fue proponer que se reembolsaría el dinero a cualquiera que no encontrase el libro a la altura de Stephen King. Una campaña desconcertante, por esto de creer en la honradez de las personas, y llamativa. Pero lo cierto es que han pasado ya unos cuantos años de ese momento y American Gods se ha convertido en un título conocido por todos tanto por el libro, como por su adaptación a la pequeña pantalla en forma de serie. Y ahora añado, poco o nada tiene que ver esta novela con King, por si alguien lo había creído,
American Gods es una historia colosal que tiene mucho de crónica de un país revestida con esa realidad oculta a la sombra de la vida cotidiana. Supongamos, dice Gaiman, que cada vez que un inmigrante llega a Estados Unidos, se trae consigo no solo a su familia, sus costumbres y recetas familiares, sino también sus creencias. Supongamos que se trae a sus propios dioses. Y ahora miremos a nuestro alrededor: vivimos en un mundo en el que se adora la tecnología, los ídolos que nos marca la sociedad.... este es nuestro mundo actual. Y ahora demos un paso más y supongamos que las cosas existen cuando se cree en ellas y, por lo tanto, pierden fuerza a medida que quedan de lado hasta llevar a olvidarse y desaparecer. De este modo vemos el impacto de la migración tanto para el migrante como para el país que lo recibe, en este caso un Estados Unidos oscuro y lleno de bares y gasolineras. Y ahora que hemos visto todo eso... ¿qué dioses son los que van a prevalecer? Parece que se aproxima una tormenta, una guerra a pie de suelo entre estos seres sobrenaturales que habitan entre nosotros. No puede ser bueno que algo así suceda.
Gayman hace un trabajo tremendo, no solo de investigación, sino también o, sobre todo, de redacción consiguiendo que el lector se sienta atrapado en la tela de araña que es esta novela. Una novela que no deja de tener un corte negro pese a la fantasía con la que se teje, y que lleva al lector detrás de un enigma que se resolverá en la última parte. Los diálogos son brillantes, la acción se mueve entre lo sórdido y las zonas "meseta" que nos dan tregua; hay partes impactantes y otras de pura narrativa que sirven para explicar al lector el terreno que se está pisando en el libro. Un verdadero trabajo literario para construir una gran historia de fantasía que encierra entre sus páginas, no solo el componente negro que comentaba, sino un auténtico abanico de tramas que se van entrelazando y sucediendo en la historia central. Tantas que es cierto que al lector le quedan preguntas que espera se respondan con el tiempo, pero uno sale satisfecho de la lectura y pensando en dioses tanto como en Lakeside. Y no digo más.No puedo sino alabar además la elección tanto de los personajes, como de la traducción que presenta esta magnífica edición ilustrada, ya que estamos ante un libro en el que casi cualquier cosa puede ser una pista y eso hace que la traducción o no de un simple nombre sea vital para que el lector no se pierda un solo detalle de los dejados por Gaiman en una novela que es, por encima de todo, original y diferente a casi cualquier cosa que uno haya leído hasta el momento de abrirla.
American Gods es una espléndida novela cuya lectura recomiendo a casi cualquiera independientemente de si ha visto o no la serie de televisión o de si le gusta o no la fantasía. Y es que hay libros que merecen la pena ser disfrutados o, en mi caso, releídos.
Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?
Gracias.
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jueves, 17 de enero de 2019
Daniel Stein intérprete. Liudmila Ulítskaia
"Siempre estoy helada. Incluso en verano, en la playa, bajo un sol abrasador, no me abandona esta sensación de frío en la espina dorsal. Debe de ser porque nací en invierno, en el bosque, y pasé los primeros meses de mi vida en una manga descosida de la pelliza de mi madre. A decir verdad, no se esperaba que yo sobrevivierta. Por eso, si hay alguien para quien la vida es un regalo, ésa soy yo. Aunque no sé si es un regalo que necesitara".
Si a mi alguien me dice que un libro es la novela rusa de nuestro tiempo, es casi seguro que lo voy a leer. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Daniel Stein, intérprete.
Conocemos a Daniel Stein, un judío polaco que consigue salvarse del Holocausto haciéndose pasar por un intérprete alemán. No solo eso, además ayuda en la organización de una huida de judíos del gueto de Emsk. Otros se quedaron y murieron, quizás por eso Daniel ve moverse su fe y eso le lleva a convertirse al catolicismo. Daniel entra en la orden de los Carmelitas Descalzos y se traslada a Israel. Una vez más no está en la situación más fácil del mundo.
Daniel Stein existió. No solo eso, además la autora tuvo el privilegio de conocerlo personalmente. Y si digo privilegio es porque he leído este libro y comprendo la necesidad que tuvo de escribir sobre este hombre. De hecho, la propia autora lo dice a lo largo de la historia. Y es que no estamos ante un libro normal, una novela normal. Daniel Stein, intérprete es un libro polifónico en el que son muchos los personajes que tienen voz para narrar su historia. Aquí hay cartas, notas, grabaciones... y todo ello consigue dar una voz común: la del testimonio de una época no tan lejana y que ha marcado la vida de millones de personas. Un fragmento de la historia que se centra en la persona de Stein y en la fe y las crencias. Cómo iba a creer Stein en un Dios que permitiera lo que sucedió aquella noche en Emsk y cómo no reflexionar sobre ello.
Ulitskaia nos pone a Stein como un modelo desde las primeras páginas a las últimas, un hombre no solo bueno, también interesante que no duda en poner la fe, la creencia y a la persona por encima de la doctrina. Sin embargo, esas reflexiones relacionadas con las creencias pueden ser un freno para muchos lectores. Más allá de la información que dan, uno siente ganas de conocer más de la vida de Stein y esa necesidad se ve frenada en su satisfacción debido a dichas reflexiones. Quizás por eso uno siente la sensación de estar ante uno de esos libros cuya sinopsis es hasta cierto punto engañosa. Yo creí que iba a estar ante una novela, un testimonio, tal vez y debido a la cubierta ante algo coral del tipo Paradero desconocido, y el resultado es algo muy diferente, lo que puede llevar a una decepción del lector que llega con una idea preconcebida. Es un libro pausado y reflexivo no una novela vital por mucho que siga la vida de un hombre.
La compleja construcción de un libro como este muchas veces se refleja en una lectura caótica, sin embargo, esta vez la autora ha conseguido dar la unidad suficiente como para que el lector salga satisfecho en ese sentido. Pero, como no todo puede ser perfecto, hay una cierta homogeneidad en los tonos que termina por chocar. Voces que uno espera se diferencien ya sea por su origen, momento, edad o geografía que parecen diluirse hasta formar una suerte de voz generalizada como si de un narrador general existiera para, en lugar de transcribir esa supuesta literalidad de cartas y grabaciones, nos estuviera haciendo un collage de todo con sus propias palabras. Y tal vez por ello he salido de la historia con una sensación agridulce. De hecho, si tengo que ser sincera, y pese a lo interesante de la vida de Stein, me ha costado despegarme de la sensación de estar ante un proyecto demasiado ambicioso como para poder llevarlo a cabo con éxito o que, al menos en este caso, le ha faltado un último empujón. Pese a ello, y con todo, me ha gustado.
Daniel Stein, intérprete es un libro diferente que nos acerca a una vida interesante pero al que le falta, al menos en mi caso, un último empujón para brillar.
Tras esta lectura no he podido evitar buscar información sobre la persona que la protagoniza. Y vosotros, ¿hay libros que despieran vuestro interés sobre personas o momentos y os hacen investigar?
Gracias.
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martes, 15 de enero de 2019
El abrazo del monstuo. Félix J. Palma
"Porque nada sucede solo, en el mismo momento en que su hija era secuestrada, Diego apuraba su tercera copa de vino de la noche. Antes de tomar otra, se recordó a sí mismo que había prometido no beber demasiado. En él, el alcohol tenía más efectos que la simple borrachera".
Al igual que muchos descubrí a Félix J. Palma gracias a su libro El mapa del tiempo y desde entonces soy fiel lectora de cada novela que sale al mercado. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, El abrazo del monstruo.
Conocemos a Diego, un escritor que alcanzó la fama con la novela policíaca Sangre y ámbar, en la que aparecía un villano al que llamaba el Monstruo. Miles de personas leyeron esa novela, pero Diego no ha vuelto a escribir nada que estuviera a la altura y todo el mundo, incluido su editor, le reclaman la vuelta del Monstruo. Han pasado años desde que Sangre y ámbar viera la luz, y Diego vive su vida junto a su mujer Laura y la hija de ambos, pero ahora el Monstruo que creó parece haber cobrado vida y, al igual que en la novela de ficción que escribiera, ha secuestrado a su hija y le reclama que pase unas pruebas macabras si quiere volver a verla.
Unas setecientas treinta páginas. Esa es la extensión de la última novela de Félix J. Palma. Y comienzo diciendo esto porque entiendo que para muchos el tamaño si importa y cuando ven un libro extenso se sienten intimidados por el peso, la manejabilidad o el riesgo a estar ante una obra necesitada de una buena poda.
Dos días. Ese es el tiempo que me duró el libro. Comencé a leerlo una tarde que tenía libre y cuando lo dejé posado sobre la mesa, me fijé en que parecía haber avanzado mucho; superaba la página 500, tal y como pude comprobar con sorpresa al mirar el número a pie de página. Eso significaba que se me había pasado el tiempo volando y que la lectura no se me había antojado pesada. Buena señal, qué duda cabe. Al día siguiente, en cuanto tuve tiempo libre, lo terminé. Y siempre que me pasa algo así pienso si no es injusto para el autor que pasa horas y meses creando un mundo, con todo el trabajo que supone, para que el lector de cuenta de todo ese esfuerzo en un par de días. O tal vez sea esa precisamente la meta buscada por los novelistas. Lo cierto es que no lo se, pero vayamos con el libro.
Si la metaliteratura está de moda, Félix J. Palma le da una vuelta de tuerca al concepto, con parto incluido, en su nueva novela para sacar de las páginas de la ficción escrita por su protagonista al malo de la historia. Y es que, si algo caracteriza el nuevo libro de Palma, es la capacidad que demuestra para dar esa vuelta de tuerca a casi todo. Ha sabido coger una gran parte de los ingredientes de moda y combinarlos en esta historia en la que además se permite el lujo de desvelar el gran secreto con más de un centenar de páginas de antelación al punto final demostrando que, más allá de descubrir quién es el malo, suele quedar mucho por decir. La novela alterna el aterrador presente vivido por Laura y Diego, padres de la niña secuestrada, con partes del libro que diera el éxito al protagonista que irán leyendo los distintos personajes que pueblan la historia. Eso provoca que comprendamos el miedo casi cerval del protagonista a que el Monstruo realmente haya trascendido de la ficción a la realidad llevando a cabo su macabro plan, ya que las similitudes son más que palpables. Palma busca la asfixia basada en la cuenta atrás y para ello propone un juego de tres pruebas a su protagonista en las que, si no cogen antes al Monstruo, deberá de demostrar de forma pública (al más puro estilo Black Mirror), que está dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que su hija Ariadna siga con vida. Estos retos solo serán interrumpidos si se captura al secuestrador y mientras la policía comienza una carrera por encontrar al Monstruo y liberar a la niña, el lector no puede evitar preguntarse hasta dónde sería capaz de llegar en el caso de estar en el lugar de Diego. El propio protagonista se plantea si será capaz de cumplir con lo que se le propone y, si lo hace, qué atrocidad podría plantearle la siguiente prueba, dónde estará su límite. De este modo Palma consigue un juego de tensiones a las que el lector no puede permanecer indiferente, consiguiendo eso tan buscado que es enganchar a la lectura de su novela sin necesidad de usar trampas ni artificios.
No puedo además dejar de señalar el placer que es leer siempre a Félix J. Palma, capaz de crear una imagen nítida en la mente del lector con apenas un puñado de palabras o de ir generando otra imagen, como el poder de una mirada, a través de una lenta cadencia de repeticiones más que agradables a la lectura. En cuanto a los personajes, parece haber optado por dar una dimensión completa al protagonista y dejar al resto, incluida Laura, en ese estado de conocidos pero no amigos que permite moverse a todos ellos entre actos loables o censurables como a casi cualquier persona que podamos toparnos en nuestra vida. Y es que, si algo me gusta de esta novela, es que Palma juzga a todos y cada uno de los personajes, incluido al protagonista a quien no salva de cometer errores. Eso los humaniza hasta tal punto, que me voy a permitir confesar que no me apenó en absoluto que pusieran un ojo a la virulé Diego, incluso me sonreí pensando que tal vez así espabilara.
El abrazo del monstruo es un juego constante con el lector, una búsqueda del Montruo y un temor a encontrarlo tal vez más cerca de lo que nos gustaría, quizás en nuestros límites. Es un paseo gótico a ratos y angustioso a otros en una carrera contrarreloj que hará que a más de un lector se le pasen las horas volando. Creedme, se de lo que hablo.
Y a vosotros, ¿os importa el grosor de un libro a la hora de comprarlo?
Gracias.
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