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lunes, 11 de enero de 2021

Ana la de Tejas Verdes. Lucy Maud Montgomery y Antonio Lorente

 


     "La señora Rachel Lynde vivía donde el camino real de Avonlea baja a un pequeño valle orlado de alisos y zarcillos, y cruzado por un arroyo que nace en los bosques de la vieja posesión de los Cuthbert".

     Es muy de Navidad regalar libros, y por eso, ahora que ya nos han regalado con mejor intención que tino, os traigo a mi estantería virtual una pequeña joya: Anna la de Tejas Verdes.

     Conocemos a Ana, una niña huérfana que es adoptada por dos hermanos del pueblo de Avonlea. Desde su llegada está claro que todo va a verse afectado por esta joven pelirroja que llega en el lugar de un muchacho. Ana es divertida y brillante, también es traviesa y va a la escuela y tiene sus propias ambiciones. Y no tarda en ganarse el corazón del lector, pese a que tarda aún menos en ganarse el del hermano Cuthbert.

     Cuentan que la historia se basa en un artículo leído por la autora en el que se explicaba como una pareja que adoptó un niño, recibió a una niña. También es cierto que la propia autora fue pasando por casas y que algo tendrá que aportar su experiencia o eso asumo yo. Pero el caso es que Ana nació hace ya más de un siglo y desde sus primeros pasos fue un éxito incluida su adaptación televisiva. En este caso además se trata de un álbum ilustrado magníficamente por Antonio Lorente, lo que lo convierte en una joya para cualquier lector aficionado a este tipo de libros y es que la expresividad de sus ilustraciones trasciende el papel para dar consistencia al relato.

     Los libros ilustrados han ido ganando terreno en la literatura y lo que antes estaba reservado al público infantil ahora es incluso un logro que se reserva casi como un ascenso para aquellas novelas que han cosechado el éxito en las librerías, lo que significa que la visión del ilustrado se amplía y cambia finalmente hasta darles cabida en las librerías de cualquiera, sin importar su edad.

     Ana la de Tejas verdes es un libro tierno que bien podría considerarse una novela juvenil y que alcanza si uno lo lee a esas edad una conexión tal con el lector, que es imposible no comprarlo en la edad adulta con esa bruma que da la nostalgia de los buenos momentos pasados con una amiga.

     Ahora decidme, ¿qué libros os trajeron las navidades?

     Gracias.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Los amantes mariposa. Benjamin Lacombe

 


     Hace ya mucho tiempo que los libros ilustrados dejaron de ser libros infantiles. Cada vez más gente los colecciona y busca al ilustrador favorito, la colección adecuada... No se compran para el pequeño de la casa, son propios. Hoy traigo a mi estantería virtual, Los amantes mariposa.

     Conocemos a Naoko, una joven japonesa que, con catorce años ve cambiar su vida. Le toca dejarlo todo para aprender a convertirse en una buena esposa. De la sumisión al padre, a la sumisión al marido. Naoko comenzará su nueva vida acompañada de Suzuki y un puñado de recuerdos, negándose al blanco. Negándose a ser quien le dicen en realidad, ojalá fuera un niño... ojalá literatura... se pone un kimono, ahora es un niño y sale a las calles. En ellas hace un amigo, Kamo, inseparables, amistad sincera aunque Kamo ve un niño en Naoko. Son libres, son mariposas...  Hasta la edad marcada para la boda en la que Naoko tiene que partir y deja un haiku... "rana tal vez el amante lo sepa".

     Benjamin Lacombe es uno de esos ilustradores que, con el paso de los años, cada vez más gente lo conoce y ha pasado a la categoría de artista con la misma naturalidad con la que sus páginas se llenan de dibujos. El libro que hoy nos ocupa pertenece a esos que firma en solitario en los que historia, texturas e ilustraciones componen un todo desplegable y armonioso para el lector. Y es que no voy a mentir diciendo que la historia es original porque está claro que en las tramas orientales literarias es común que las jóvenes busquen la libertad del sexo masculino. No nos son ajenos sus disfraces ni sus amores una vez se han consumado los cambios de imagen. Hay que buscar por tanto un motivo para acercarse a estos amantes mariposa. Y no es otro que la plasticidad. Ya sea el texto, las formas, las palabras, los dibujos o esos superpuestos que los convierten en estampas cambiantes gracias a troqueles y pequeñas trampas visuales. El caso es que es un libro objeto formado por grandes páginas con textos escuetos en las que son los dibujos quienes hablan desde la estética oriental. A partir de ahí es personal la elección ya que no es una novela, claro, ni nos va a proporcionar horas de lectura, es apenas un librito escueto hasta dibujado. Pero es hermoso. Y los amantes de los libros cometemos el pecado de la frivolidad con más libertad que ningún otro colectivo porque, además de pecar, presumimos de ello.  Yo ya os he contado la historia, al menos hasta donde está permitido sin relatar el final, y os he hablado de la estética... más no puedo hacer.

     Los amantes mariposa es un regalo para quienes buscan combinar texto e ilustración con una historia bonita hasta simplemente escrita pero que, además, va dibujada.

     Me gustan los libros ilustrados, suelo mirarlos; a veces con placer, otras con profundo estupor. Unas veces veo joyas y otras me pregunto cómo pretenden incentivar la lectura con unos dibujos tan tenebrosos. Pero los miro. Todos.

     Y vosotros, ¿os fijáis en los libros ilustrados?

     Gracias.



viernes, 24 de marzo de 2017

Nuestra Señora de París. Víctor Hugo


     "Ella, sin decir una sola palabra, se aproximó al reo, que se retorcía en vano para librarse de ella, y soltando una calabaza que a guisa de recipiente tenía atada a la cintura, la acercó muy despacio a los labios áridos del desdichado."

     Qué difícil es recomendar un clásico, y que necesarias son algunas lecturas. Hoy traigo a mi estantería virtual, Nuestra Señora de París.

     Estamos en París en el siglo XV, allí conocemos a la gitana Esmeralda, a Quasimodo, un joven deforme campanero de Notre Dame y protegido del archidiácono Frollo, al poeta Gringoire, enamorado de Esmeralda y al capitán Febo, de quien se enamora la gitana. La historia comienza cuando Frollo encarga a Quasimodo que secuestre a Esmeralda y Febo lo impide, deteniendo al joven. a partir de ahí, la historia se complica.

     Una vez más una editorial, esta vez gracias a Benjamin Lacombe y sus ilustraciones, eleva un libro hasta convertirlo en una joya. Y en este caso elige al gran Víctor Hugo, y una de las obras cumbres del romanticismo, Nuestra Señora de París. Dividida la novela en dos partes que respetan el texto, que de hecho se compone de once libros, un simple vistazo al diseño y calidad de sus cubiertas puede parecer suficiente para decidirse a la compra, sin embargo, y como sucede con otros libros de Lacombe, lo mejor está en el interior.

     Pero hablemos de la historia, una historia conocida por todos pero leída por mucha menos gente de la que pudiéramos pensar. Una historia que, además, fue tocada y trastocada por Disney, que la adaptó a sus necesidades pervirtiendo el significado de la novela en muchas de sus partes, y llevando a mucha gente a error amén de quitar lectores por eso de saber ya lo que sucede en el libro. Esmeralda, tachada muchas veces de mujer fatal, es un personaje que en realidad se aleja mucho de lo que pudiéramos pensar de dicha etiqueta y, si bien tiene momentos de bondad, como su trato hacia Quasimodo, también gira burlándose del poeta sin pudor alguno. Los personajes masculinos, en cambio, están mucho más definidos, destacando, cómo no, Quasimodo. Pero no es una historia a dos, es una historia de amor trágica llena de trabas para sus protagonistas, en la que todo parece indicar que el autor nos dirige con pulso firme hacia un final trágico. La obsesión malsana de Frollo, el carácter ególatra y engreído del capitán, la multitud, el poeta enamorado, el secreto descubierto... y las gárgolas. Porque todo sucede de una forma u otra, al amparo de la sombra proyectada por Notre Dame, todo bajo la mirada de sus ya famosas gárgolas que, por supuesto, ni se pasean, ni cantan como hicieran en la película de Disney que pretendió hacer pasar por infantil una historia que está a años luz de serlo. No pensemos sin embargo que en el libro solo hay catedral. Víctor Hugo habla de la ciudad entera, pero la imponente presencia de Notre Dame la convierte en un personaje más de la novela, y eso es justo lo que ha sabido captar y recrear Lacombe en sus magníficas ilustraciones.

     Comenzaba diciendo que recomendar un clásico es una tarea complicada. Sin embargo, la lectura de estos libros que han sido capaces de resistir el paso de los años inmutables, emocionando a generaciones de lectores, es algo necesario. En ellos encontramos las fuentes de los que en otro tiempo serán clásicos y se están escribiendo hoy en día, y descubriremos como placer añadido, que pasadas las primeras páginas, pueden ser tan atractivos y adictivos como cualquier otro libro. Y es que, la palabra clásico, provoca muchas veces un cierto rechazo del lector que lo identifica con tedio nada condensado en una extensión de 700 páginas.

     Mi experiencia en esta relectura ha sido fantástica. Me he descubierto presa de las letras de Víctor Hugo igual que lo estuve la primera vez. Os recomiendo este título, al autor, la edición... pero, sobre todo, os recomiendo que os acerquéis a los clásicos sin reparos.

     Y vosotros, ¿sois lectores de clásicos?

     Gracias.

viernes, 2 de diciembre de 2016

Madama Butterfly. Benjamin Lacombe


     "Morir con honor, cuando uno no puede seguir viviendo sin él."

     Siempre creí que la Callas había dicho todo lo posible sobre esta ópera. Entonces llegó Edelvives y junto a Benjamin Lacombe me demostraron que aún quedaba mucho por enseñar. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Madama Butterfly.

     Madama Butterfly es hija de un samurái que, tras caer en deshonor se quita la vida siguiendo un ritual. Ella renuncia a su fe al casarse con Pinkerton y entrega su vida en cuerpo y alma a un hombre que no dudará en abandonarla para volver a su país. Madama Butterfly entonces no escucha y mira, buscando en el horizonte el barco de un amado que ha rehecho su vida, hasta que un día aparece.


    En el siglo IX se puso de moda la mujer japonesa gracias, por ejemplo, a la obra Madama Crisantemo de Pierre Lotti y a la ópera Madama Butterfly de Puccini.  Se representaba en ellas a una mujer dedicada al hombre, delicada hasta la fragilidad y cuyo entorno parecía limitarse al universo formado por su hogar en el que la ceremonia del té tenía una importancia máxima. Así, Madama Butterfly es muestra de ello, al entregar su cuerpo, su alma y su fe a un extranjero y además dar muestras de una ingenuidad absoluta dotando a esta trágica historia de un halo que se acerca al cuento de hadas soñado quizás por algún varón.


     Supongo que a estas alturas todo el mundo conoce el final de esta historia, pero al igual que Lacombe evita ilustrar este final y lo deja en el simbolismo, esperando a que el lector lo lea en el texto, yo tampoco lo desvelaré, porque hay un recorrido que, cuando uno se mete en una historia, es necesario descubrir con ojos propios. Además, hay que añadir que en este caso, la relación entre Pinkerton y Butterfly, queda perfectamente reflejada en el libro que tenemos entre manos. Él toma la voz, nos narra una historia magnífica y amor y sacrificio en la que hay también incomprensión. La barrera lingüística existe y se plasma en costumbres y modos que vemos irreconciliables desde las primeras páginas. Ella en cambio es la locura romántica, la fragilidad, la belleza... es la ilustración de Lacombe, metida en ropas ceremoniales, maquillada, el pelo cuidado. Y de este modo, continente y contenido se fusionan dando la versión de una de las tragedias más hermosas de la historia. Un relato que, si no os gusta la ópera, os recomendaría aprovechar para conocer.

     Y no he hablado de lo que uno se encuentra en esta joya de libro. Porque la encuadernación es realmente espectacular, encontrándonos por primera vez, al menos en mi caso, con un formato de libro que tiene un reverso. Por un lado, las páginas relatan una historia magníficamente dibujada y con una encuadernación en tela. Por el otro esconden un póster imposible en forma de desplegable de diez metros. Un friso que muestra una historia vista y que impresiona al ser desplegado. Del resto de ilustraciones, ¿qué decir salvo que llevan el sello de su autor además de incluir una gran cantidad de simbolismos del Japón? Lo dicho, una auténtica joya.

     Y vosotros, ¿os gustan los libros ilustrados?

     Gracias.

     PD. Mirad, mirad el book trailer.