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martes, 15 de mayo de 2018

Lincoln en el Bardo. George Saunders


     "El día que nos casamos yo tenía cuarenta y seis años y ella dieciocho. Vale, ya sé lo que están pensando ustedes: un hombre mayor (no precisamente flaco, un poco calvo, cojo de una pierna y con dientes de madera) ejerce su prerrogativa marital para horror de la pobre jovencita... Pero eso es falso".

     Conocí a Saunders, como todo el mundo, por sus fantásticos relatos. Eso hizo que, en cuanto descubrí que había escrito una novela, me lanzase a por ella, y así fue que ni siquiera esperé a la traducción para descubrir lo que era capaz de hacer Saunders en este género. El resultado fue espectacular, tanto que he repetido lectura en castellano también en cuanto ha llegado a nuestro mercado. Hoy traigo a mi estantería virtual, Lincoln en el Bardo.

    El 20 de febrero de 1862 Willie Lincoln, hijo de Abraham Lincoln, muere a causa de fiebre tifoidea. La nación está en guerra, una cruenta Guerra Civil, y sus padres están celebrando una recepción mientras su hijo se encuentra en el piso superior. Es evidente que, aunque fueran empujados a celebrar esa recepción, serían criticados por hacer una fiesta, no solo estando en guerra, sino con su propio hijo a las puertas de la muerte. Willie es enterrado en Oak Hill y allí será visitado por Abraham Lincoln, antes padre que presidente, para llorar su muerte sin saber que al hacerlo, está anclando a este mundo el espíritu de su hijo y los peligros que eso conlleva. El cementerio en sí es un patio lleno de espíritus que iremos conociendo.

     Empezaré explicando que la palabra "bardo" significa estado intermedio. De gran importancia para los tibetanos, para ellos es ese estado que se produce entre la muerte y la transición a una nueva vida. Por eso es tan importante explicar esta palabra para hablar de la novela, porque es el eje central, el Bardo en el que Lincoln se encuentra rodeado de espíritus que parecen no haber sido capaces de avanzar, de aceptar su propia muerte, y entre los que se encuentra su hijo, anclado a este mundo por el dolor de su padre. Y sin embargo es un libro que va mucho más allá de una novela de fantasmas, pese a estar plagada de ellos.

     Saunders parte en esta novela de una situación histórica real para sumergirse en un experimento literario extraordinario. Y eso que reconozco que siempre me aterra leer que una novela es un experimento literario. Si soy sincera, no encuentro una forma mejor de describir este. Y además me ha parecido un acierto el enfoque, ya que escribir sobre un personaje como Lincoln supone escribir sobre alguien de quien ya se ha escrito todo. Es necesario por tanto ofrecer algo nuevo que provoque que el lector sienta ganas de leer. Y Saunders no ha tenido miedo en hacerlo en esta novela que se llena de voces y citas mezclando sucesos y opiniones reales con otros ficticios para darnos una imagen de un hombre doliente en una nación que está pasando un momento igualmente doliente. No representa por lo tanto a un presidente admirado, sino a un hombre que sufre tanto en su faceta pública como en la privada.
     Juega el autor a convencernos en su fantasía casi delirante a que tras la muerte, si uno se queda en este mundo, la cosa se complica para el espíritu. De hecho, aquellas cosas que nos dejamos en la vida, se reflejan en el estado de nuestro espíritu. Y lo hacen con deformidades, con taras que pueden llenarnos de ojos o dejar a la vista aquello que no consumamos antes de morir. Y en el caso de los niños, en lugar de dejar que descansen en paz, inocentes, la consecuencia de quedarse en este mundo es incluso peor. Una terrible y dolorosa transformación es la espada que tiene el joven Willie sobre su cabeza sin que su padre lo sepa y sin que sospeche, ni mucho menos, la responsabilidad de su amor en ello. Quizás por eso, dos de los espíritus, los más importantes en la narración, llamados Bevins y Vollman intentan que Lincoln deje de acudir a ver a su hijo olvidando que son espíritus y no pueden ser escuchados.
      Vayamos ahora con el resto del "experimento" de Saunders. Tenemos entre mano un libro polifónico en el que todos tienen derecho a hablar y cada fantasma tiene su historia. Lo salpica además de notas y testimonios reales y ficticios de los sucesos en la época, consiguiendo con todo ello una suerte de retrato de grupo fascinante que se mete debajo de la piel del lector. Y es que no es este un libro fácil, pero si es un libro que se lleva dentro en el que cada testimonio se llena de detalles en los que podemos fijarnos para emplazar cada personaje en su contexto obteniendo con el retrato del grupo una visión completa de aquello que el autor nos está transmitiendo. Cada testimonio, a modo de aquellos cuentos que dieron a conocer a Saunders, es el relato completo de un fantasma, ya sea propietario de esclavos o soldado y ninguno de ellos parece librarse de un toque de humor negro, y también, por qué no decirlo, de la crudeza en las letras del autor.

     Por si no ha quedado claro me ha fascinado la lectura de Lincoln en el Bardo, una novela de apegos aunque no lo parezca y de duelos, de luchas tanto internas como externas que gira alrededor de la vida y a muerte situando la figura de uno de los presidentes más conocidos de Estados Unidos que se debate entre la desolación por la muerte y la necesidad de ganar una guerra que, como todas, estará llena de muertes. Podría decir mucho más sobre la novela de Saunders y es que, es uno de esos libros sobre los que uno parece no terminar de hablar nunca. Así que solo una cosa más: leedlo.

     Como comentaba antes, hay personajes sobre los que parece estar ya dicho todo y eso hace que muchos lectores sientan pereza a la hora de acercarse a ellos, ¿os sucede a vosotros con los libros protagonizados por nombres muy conocidos?

     Gracias.

martes, 30 de septiembre de 2014

Pastoralia. George Saunders



     "En Roblemar no hay mar ni hay robles, sólo un centenar de apartamentos subvencionados con una vista trasera de FedEx."

     Tras leer Diez de diciembre me quedó la curiosidad por este nombre, George Saunders. No hace mucho me encontré con Pastoralia así que aprovechando que los relatos me gustan para las épocas vacacionales, me lancé a su lectura con curiosidad por el tono del autor. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Pastoralia.

     Saunders nos ofrece una novela corta y cinco relatos en los que da voz a los estratos bajos de la sociedad. Solo que en esta colección de títulos que reconocemos como distopía, aunque no tenemos claro si es en un futuro lejano o tal vez demasiado cercano, sus estratos bajos no son los habituales. Ël da voz a quienes están acostumbrados a no levantarla y a mantener la cabeza baja en su trabajo, casa o vida social. Y nos muestra su percepción y la ajena convirtiendo este libro en un conjunto brillante en contenido y forma.

     Pastoralia es... Pastoralia es una suerte de parque temático que aparece en el primer relato. En él una pareja imita a trogloditas para los visitantes. Se nos antoja extraño, pero poco más. Hasta que descubrimos que no tienen más vida, que no importa nada más para sus jefes. Hay que obedecer y mantenerse en el papel mientras dure el horario y luego retirarse en silencio, y da igual tu casa o tu persona mientras cumplas las normas. Y aún así nunca es suficiente, tal vez tengas que delatar a tu compañera porque no las cumple. Pero lo temes, y te atrapa el temor a dejarla sin empleo mientras luchas con el temor a perderlo tú si se enteran que no la delataste: eso también es incumplir. Y entonces Pastoralia se convierte también en un parque de pesadilla para el empleado y el lector que asiste a esta alienación sin saber como de lejos queda el futuro presentado por Saunders. Y esto es solo el principio.
     Disecciones de pequeños momentos o grades hitos como puede ser el regreso de una tía muerta a Roblemar, un lugar habitado por una familia desastrosa que necesita ser reconducida. Winky presenta de forma brillante las relaciones familiares entre un hermano y una hermana que se muda con él. Y otra familia asoma en La felicidad del peluquero, y una vez más nos resulta familiar. Madres que hablan a hijos de exigencias a la hora de encontrar mujer, hijos que asienten. Y todo ello regado con un toque de sarcasmo: cada vez.

     El fragmento de hoy es mínimo y ni siquiera pertenece al primero de los relatos. Pero creo que representa a la perfección el desencanto y también la aceptación del mismo por parte de quienes residen en este lugar.
     Y es que pronto apreciamos el punto común de sus relatos; el conformismo, las relaciones familiares o laborales, y como se diluyen las personalidades poco a poco en vidas grises que avanzan por inercia mientras deciden si hacer algo o permanecer igual. Ese es precisamente el punto de enganche del autor, ese "esto me suena", "esto podría ser" y ese toque de realismo imposible ante la actitud de sus protagonistas. No es un libro de antihéroes que luchan por la justicia y la igualdad o se granjean la admiración y son nombrados presidentes. Tal vez busque convertir en ese antihéroe al lector que se indigna ante alguna, sino todas, de las situaciones que nos presenta como habituales. O tal vez sean simples cuentos que a mi me han hecho reflexionar y esto es la mirada de un lector sobre seis historias. Pero eso es lo bueno de la literatura, o de la buena literatura: las distintas percepciones.
   
     Pastoralia es un gran libro de relatos de una de esas voces a tener muy en cuenta dentro del panorama literario. Repetiré.

     Antes comentaba que hay libros que cambian dependiendo del lector ¿no os ha pasado que a veces tenéis la sensación de haber leído un libro distinto al del resto del mundo?

     Gracias