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miércoles, 22 de octubre de 2025

Justicia. Janne Teller


 

     "Sostengo la pistola frente a mí a la altura de los hombros, con cierta torpeza, en una postura extraña, como quien fuma por primera vez. Desagradable, agradable. Y muy necesario. El metal es cálido y ligero. Tengo la sensación de que mi mano está desentrenada, pero ninguna duda de que acertaré y lo mataré: está a tan solo tres metros y medio de mí. Es grande y corpulento, sudoroso, con pantalones oscuros, corbata gris, camisa blanca. Chaqueta oscura. Su boca se abre. 
     —Escucha —me dice—. Esto no va a solucionar... —Señala la pistola con una sorprendente calma. 
     —¿Y qué lo solucionará? 
     Sé que no cree que se me vaya a ocurrir. Y solo por eso puede que lo haga. Arena y gaviotas. Sol. Todo igual que antes".

     Desde que leí Nada no he faltado a ninguna de las citas que Janne Teller me ha propuesto. Libro a libro, con sus más y sus menos, he disfrutado de cada molestia que me ha propuesto en sus breves argumentos. Hoy traigo a mi estantería virtual, Justicia.

     Conocemos a Teodor, y esta vez le conocemos todos, mirad como empieza la novela... Teodor es diplomático y lleva en su vida el estigma de haber perdido una hija. Joanna trabajaba en una ONG y, en el momento en el que cae de un muro y pierde la vida, estaba en Oriente Medio. Tampoco es que se sepa mucho más porque de algún modo, ni siquiera un padre en las Naciones Unidas logró que se investigara a fondo. Y mucho menos que se detuviera al culpable.
  
     Para cuando conocemos a Teodor, está siguiendo un camino que le va a llevar a descubrir la identidad del asesino. Algo que para cualquier padre supondría un descanso para él supone una nueva tortura, y es que los asesinos no siempre reciben la justicia que deberían. Esa es la realidad. Y aquí es donde Teller lanza la pregunta: si tú estuvieras en esa situación, si te encontrases ante la posibilidad de hacer justicia con el presunto culpable del asesinato de tu hija, si todo te ha indicado que es justo esa persona, ¿dispararías?

     De Teller me gusta que me molesta, que no se entretiene y que no adorna las cosas. No le importa incomodar al lector, de hecho su escritura parece nacida para ello. La empatía es uno de los temas recurrentes en su obra; ya sea relacionada con la inmigración, en las relaciones entre una clase de chavales o, en este caso, con Teodor, todas sus novelas están llenas de esta pregunta. Ahora el lector deberá de decidir qué con Teodor: el padre, el hombre que siempre se ha regido bajo las normas y al que la justicia no va a darle lo poco que le puede dar una vez ha perdido a su hija, se le plantea la oportunidad de...¿hacer justicia o convertirse en un asesino? Esa es la vuelta de la novela, la que se le da al protagonista y la que nos traslada a nosotros. Y no lo hace de esa forma tan vacía que nos encontramos a veces en las novelas negras, y tampoco en Dexter que va cazando asesinos en serie aprovechando su propio trabajo. No solo eso, sino que, por supuesto, tampoco nos deja olvidar que matar es matar sin importar nada más allá del concepto y, por si acaso se te olvida, hagámoslo a lo grande y que sea con una pistola. Una barrera directa, violenta y ruidosa que no dejará que olvides lo que has hecho si es que la usas. Ese peso en la mano que ya jamás se irá.

     La novela, cuyo título original es "¿Estás orgullosa de mi, Joanna?" pero que en nuestro país ha cambiado, quiero suponer que para seguir la línea de los libros anteriores, ha perdido mucho en ese cambio. Explora la personalidad de Joanna, activista que en el momento de su muerte buscaba llamar la atención sobre un conflicto que dura demasiado, desde su nacimiento hasta su actual reposo en Lexington, tanto como la de su padre, al que seguimos a través de distintos viajes hasta que conoce al profesor Brill, llave de la novela. Y asistimos atónitos al enfrentamiento de estos dos hombres que discuten más allá de la culpa para centrarse en su propia historia. Solo os diré que a lo largo de la conversación la pistola es disparada. Varias veces. Lo que no os voy a contar es si alguien muere. Eso tendréis que descubrirlo.

     He disfrutado mucho leyendo Justicia. No puedo dejar de recomendar a la autora. Aunque en este caso a veces haya tenido la sensación de que se le va el foco del tema al punto de situación de Joanna. Pero lo entiendo, es otro de los lugares comunes en la obra de Teller.

     Y vosotros, ¿habéis leído Nada?

     Gracias.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Guerra. Janne Teller



     "Si aquí estuviéramos en guerra... ¿adónde irías?
     Si las bombas hubieran reducido a ruinas gran parte de España, gran parte de tu ciudad... Si el piso donde vivís tú y tu familia tuviera las paredes agujereadas por las balas, todas las ventanas reventadas, el balcón arrancado..."

     Me gustan las historias que cuenta Janne Teller llenas de frases que se clavan como espinas en el lector. Por eso esperaba este libro con impaciencia y, por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Guerra.

     Guerra es un experimento bellamente ilustrado en el que Janne Teller le propone un juego al lector. En apenas sesenta páginas y dirigiéndose directamente a nosotros en una segunda persona autoritaria, nos hace imaginar la vida de un refugiado.

     Comienzo diciendo que es un experimento, y lo es. No ya por el tema, sino porque el libro se modifica para cada país en el que se publica de tal modo que el refugiado, siempre huye del país en el que se ha publicado el libro. Así que ahora nos imaginamos que tenemos catorce años, una familia y una España en Guerra contra otros Italia y Francia. La democracia y los derechos pasaron a la historia junto con las libertades y la prosperidad y a lo único que aspiramos es a salir de un país en el que el hambre, la sed y la muerte parecen acechar en cada esquina. Nos obliga a ponernos en el lugar de esa persona que pertenece a una familia de la que lo único que importa es el número de miembros, una familia que lo pierde todo y llega a un país extranjero, con una cultura diferente, un idioma diferente... un país harto de recibir refugiados, y nos enseña la odisea de esta nueva vida no elegida. Sobrevivir a cualquier precio o al precio de la propia vida, aunque sigamos caminando y respirando. Respirar sin identidad.

     La novelita de Teller, más un relato, se clava en el lector. "Imagina" parece decir en cada página. Imagina que puedes ser tú, imagina que esto sucede en tu país y no en esos que sabes está pasando. Imagina...

     No busca la conciencia política, ni tan siquiera que pensemos en los refugiados cuya tragedia sale por televisión. Teller apela a la solidaridad entre las personas, al sentimiento de empatía que te hace abrir los ojos a otras realidades que no son tan lejanas, que están ante nosotros y lo hace hablándonos de una familia sin nombre que puede ser la de cualquiera. Parece sembrar una semilla en la que el germen es la ausencia de nombre, la posibilidad de que eso suceda en cualquier momento, en cualquier país ya sea por guerra o catástrofe natural. Nadie está libre, parece susurrarnos al oído entre bonitos dibujos. Ni siquiera tú. Y sólo por eso... tal vez... deberías de pensar un poco en lo que te estoy contando, porque lo único que te digo en estas sesenta páginas que te hacen revolverte en tu asiento, es que todos somos iguales. Personas. Como tú.

     Cuando un escritor me gusta, me apunto sus libros, los busco, los espero y los leo apenas caen en mis manos. Y vosotros, ¿sois de los que perseguís toda la obra de un escritor que os guste?

     Gracias

viernes, 2 de octubre de 2015

Ven. Janne Teller


     "Nieva copiosamente y ya no se ve su espalda. El está de pie junto a la puerta y mira sus huellas: tres pasos que descienden, cruzan la calle en diagonal hacia la izquierda y desaparecen.
     Ventisquea y los copos de nieve penetran por el vano de la puerta y golpean su camisa, pero él no se mueve. El aire desprende un leve olor a tierra húmeda, aunque no sea posible: esa estrecha calle adoquinada, apresada entre la densidad del hormigón, está en el corazón de la ciudad vieja."

     Tras leer la demoledora Nada, era imposible no sucumbir a la búsqueda de otras obras de Teller. Si lo habéis leído me comprenderéis, y en caso de no haberlo hecho, aquí tenéis la entrada dedicada a ese libro. Por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Ven.

     Petra Winter irrumpe en el despacho de un editor para pedirle que frene la publicación de un libro. Se trata de un libro que el editor sabe tendrá muchas ventas, un libro bien escrito que habla de una situación escabrosa que incluye una violación múltiple en un país africano. Ella afirma ser la protagonista novelada de la historia, por eso acude a quien toma la decisión última.

     - Es mi historia -dijo ella quedamente.
- Una historia no tiene dueño -respondió él al final.

     Teller regresa a mis estantes con un libro en el que la narración se centra en un editor sin nombre y el dilema último de si publicar o no una obra. A medida que durante una única noche redacta un discurso, recuerda el encuentro con una mujer que apela a su conciencia para pedirle que no publique la obra. La duda es clara: el libro no la nombra, aunque está protagonizado por una mujer y se desarrolla en un país en el que ella estuvo. Las similitudes son demasiadas y ella no es quien ha escrito el libro, pero es su historia. Entonces, ¿qué hacer? ¿hasta que punto es un escritor dueño de las historias que  cuenta o ladrón de las vidas que le inspiran sus novelas?, ¿Cuál es el límite, el borde de la realidad que se traspasa a la hora de escribir un libro? Y, por supuesto, qué papel le tocará jugar al editor que es quien en última instancia decide si se publica o no el libro.

     Todas las historias pertenecen a otros. Ni siquiera la historia de nuestra vida puede contarse sin relatar la vida de otros. 

     Con una estructura minimalista incluso fragmentada, Teller escribe una novelita de apenas 150 páginas que da más para reflexión y discusiones que como lectura. He tenido la sensación, no voy a negarlo, de que una estructura más convencional hubiera aprovechado más la historia, sin embargo, también es cierto que hubiera alcanzado mucha menos profundidad lectora. Esto sucede porque a medida que el editor avanza en un discurso que vamos leyendo en cursiva, y valiéndose la autora de la reflexiones que provocan que "borre" y "reescriba", el lector se va dejando caer en la espiral de pensamientos de quien se siente atrapado entre su conciencia y su cargo.Oscila entre repudiar o aceptar la novela, buceando entre sus pensamientos en busca de la respuesta perfecta que no existe. Y no existe esta vez como no existió otras tantas también en el ámbito privado de la vida del protagonista. A veces, sólo hace falta una última pregunta, un último dilema, para que nos cuestionemos las grandes decisiones de nuestra vida.

- Tu decides

     Janne Teller nos propone con Ven una narración moderna con una historia sobre la capacidad de decidir y las responsabilidades que se asumen con cada decisión. Y también, por qué no, sobre la conciencia. Me ha gustado, me ha hecho pensar y, sobre todo, me ha proporcionado una buena conversación entre lectores.
   
     Y vosotros, qué pensáis al respecto, ¿si novelan una vida lo suficiente, deja de pertenecer a quien la vive para que cualquiera la pueda escribir?

     Gracias


lunes, 11 de mayo de 2015

Nada. Janne Teller


     "Nada importa.
     Hace mucho que lo sé.
     Así que no merece la pena hacer nada.
     Eso acabo de descubrirlo."

     Lo bueno de ir siempre a la misma librería que que ya te conocen los gustos. Quedan libreros como los de antes: personas con las que hablar de libros y compartir impresiones que un día, cuando entras por la puerta, te están esperando con un libro en la mano mientras dicen: "Tienes que leer este libro". Y eso hice. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Nada.

     Comienzan las clases tras el verano, y el primer día de curso, en la clase de 7º, un alumno se levanta proclamando que no hay nada que importe. Tras hacer su declaración, se levanta y se va dejando la puerta entreabierta y tentando de este modo al resto de los alumnos a seguir su pensamiento. Día tras día, sus compañeros pasan junto a Pierre Anthon, que está subido a un ciruelo argumentando su descubrimiento para quien quiera escucharle. Poco a poco empiezan a dudar y al final deciden que para sacarle de su error, tienen que encontrar lo que importa y mostrárselo. Lo que empieza siendo una búsqueda, termina por ser el sacrificio de una parte de cada uno, impuesto o autoimpuesto, que hará que las cosas cambien de forma radical en este pueblo.

     Los niños son siempre más sinceros en su mirada. Son más sinceros en sus reacciones y también en sus intenciones. Los niños son buenos. Los niños siempre dicen la verdad...
Vivimos rodeados de estas frases y, tal vez por eso, la literatura nos ha dejado reflejos de nuestro mundo en sociedades infantiles intentando que veamos de este modo nuestro alma al desnudo. Ya lo hizo Golding en El señor de las moscas. Y ahora hace lo propio Teller en su novela, Nada.
     Esta vez no hay isla ni situación límite. Todo sucede en la pequeña Taering, pero perfectamente podría ser cualquier otro lugar. Y los niños que nos presenta la autora son niños normales, en situaciones normales; justo como los del colegio ese frente al que pasamos a diario. Tal vez sea eso lo más inquietante de esta novela que no llega a las 150 páginas, ni falta que le hace. La historia arranca cuando un niño de 13 años llamado Pierre Anthon, deja las clases afirmando que nada tiene sentido en la vida, por lo tanto tampoco lo tiene la propia existencia y mucho menos esforzarse o luchar por cosas que serán, como mucho, satisfacciones efímeras (los niños son sinceros). Algo así causa un impacto en sus compañeros que, hartos de escuchar sus razonamientos mientras come ciruelas subido a un árbol, deciden mostrarle su error. Para ellos, si que hay cosas que importan, por lo tanto la vida está llena de cosas que importan para todo el mundo. Lo único que tiene que hacer, es mostrárselo a su amigo (los niños tienen buenas intenciones). De este modo, toda la clase se une buscando qué es lo importante, en principio preguntando y luego dirigiendo la mirada los unos a los otros señalando sin dudar aquellas cosas que quien tienen al lado más valora (los niños son sinceros). Esta búsqueda del significado de la vida, les llevará a descubrir en los demás y en sí mismos la verdadera naturaleza de las cosas. Y por ende, de las personas, de ellos mismo, de quienes les rodean...

     Teller ha escrito una novela en la que el lector se revuelve incómodo, casi sobrecogido por lo que desfila ante sus ojos, pero sin ser capaz de apartar la mirada. Otro de los grandes aciertos del libro, junto a la "normalidad" del contexto, es la elección del narrador. La historia la cuenta una niña protagonista de los sucesos. Pero lo hace siempre manteniendo una distancia otorgada por el tiempo, y a la vez mostrando los sentimientos que pueden tenerse con esa edad.

     Confieso que he sido incapaz de apartar mirada de este libro hasta terminarlo. Me ha parecido una lectura realmente fascinante en la que se habla de inocencia, de creencias, de envidia, de tesón... Un relato desolador, inquietante y que consigue parecer hermoso al ocultarse en una fachada escrita cuidando cada frase. De hecho, hay momentos en que lo hermoso de las palabras contrasta con aquello que nos está describiendo, la escuela por ejemplo. Todos estos ingredientes, convierten a Nada en un libro más que recomendable. Si tenéis la opción, no lo dejéis escapar. Yo lo pienso releer dentro de un tiempo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

     PD. No lo he dicho, pero los niños tienen una sinceridad terrible, frontal y certera. Por eso a veces se dice que los niños son crueles. Y las buenas intenciones... bueno, no siempre son suficientes.