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miércoles, 2 de marzo de 2016

Guerra. Janne Teller



     "Si aquí estuviéramos en guerra... ¿adónde irías?
     Si las bombas hubieran reducido a ruinas gran parte de España, gran parte de tu ciudad... Si el piso donde vivís tú y tu familia tuviera las paredes agujereadas por las balas, todas las ventanas reventadas, el balcón arrancado..."

     Me gustan las historias que cuenta Janne Teller llenas de frases que se clavan como espinas en el lector. Por eso esperaba este libro con impaciencia y, por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Guerra.

     Guerra es un experimento bellamente ilustrado en el que Janne Teller le propone un juego al lector. En apenas sesenta páginas y dirigiéndose directamente a nosotros en una segunda persona autoritaria, nos hace imaginar la vida de un refugiado.

     Comienzo diciendo que es un experimento, y lo es. No ya por el tema, sino porque el libro se modifica para cada país en el que se publica de tal modo que el refugiado, siempre huye del país en el que se ha publicado el libro. Así que ahora nos imaginamos que tenemos catorce años, una familia y una España en Guerra contra otros Italia y Francia. La democracia y los derechos pasaron a la historia junto con las libertades y la prosperidad y a lo único que aspiramos es a salir de un país en el que el hambre, la sed y la muerte parecen acechar en cada esquina. Nos obliga a ponernos en el lugar de esa persona que pertenece a una familia de la que lo único que importa es el número de miembros, una familia que lo pierde todo y llega a un país extranjero, con una cultura diferente, un idioma diferente... un país harto de recibir refugiados, y nos enseña la odisea de esta nueva vida no elegida. Sobrevivir a cualquier precio o al precio de la propia vida, aunque sigamos caminando y respirando. Respirar sin identidad.

     La novelita de Teller, más un relato, se clava en el lector. "Imagina" parece decir en cada página. Imagina que puedes ser tú, imagina que esto sucede en tu país y no en esos que sabes está pasando. Imagina...

     No busca la conciencia política, ni tan siquiera que pensemos en los refugiados cuya tragedia sale por televisión. Teller apela a la solidaridad entre las personas, al sentimiento de empatía que te hace abrir los ojos a otras realidades que no son tan lejanas, que están ante nosotros y lo hace hablándonos de una familia sin nombre que puede ser la de cualquiera. Parece sembrar una semilla en la que el germen es la ausencia de nombre, la posibilidad de que eso suceda en cualquier momento, en cualquier país ya sea por guerra o catástrofe natural. Nadie está libre, parece susurrarnos al oído entre bonitos dibujos. Ni siquiera tú. Y sólo por eso... tal vez... deberías de pensar un poco en lo que te estoy contando, porque lo único que te digo en estas sesenta páginas que te hacen revolverte en tu asiento, es que todos somos iguales. Personas. Como tú.

     Cuando un escritor me gusta, me apunto sus libros, los busco, los espero y los leo apenas caen en mis manos. Y vosotros, ¿sois de los que perseguís toda la obra de un escritor que os guste?

     Gracias

lunes, 11 de mayo de 2015

Nada. Janne Teller


     "Nada importa.
     Hace mucho que lo sé.
     Así que no merece la pena hacer nada.
     Eso acabo de descubrirlo."

     Lo bueno de ir siempre a la misma librería que que ya te conocen los gustos. Quedan libreros como los de antes: personas con las que hablar de libros y compartir impresiones que un día, cuando entras por la puerta, te están esperando con un libro en la mano mientras dicen: "Tienes que leer este libro". Y eso hice. Y por eso, hoy traigo a mi estantería virtual, Nada.

     Comienzan las clases tras el verano, y el primer día de curso, en la clase de 7º, un alumno se levanta proclamando que no hay nada que importe. Tras hacer su declaración, se levanta y se va dejando la puerta entreabierta y tentando de este modo al resto de los alumnos a seguir su pensamiento. Día tras día, sus compañeros pasan junto a Pierre Anthon, que está subido a un ciruelo argumentando su descubrimiento para quien quiera escucharle. Poco a poco empiezan a dudar y al final deciden que para sacarle de su error, tienen que encontrar lo que importa y mostrárselo. Lo que empieza siendo una búsqueda, termina por ser el sacrificio de una parte de cada uno, impuesto o autoimpuesto, que hará que las cosas cambien de forma radical en este pueblo.

     Los niños son siempre más sinceros en su mirada. Son más sinceros en sus reacciones y también en sus intenciones. Los niños son buenos. Los niños siempre dicen la verdad...
Vivimos rodeados de estas frases y, tal vez por eso, la literatura nos ha dejado reflejos de nuestro mundo en sociedades infantiles intentando que veamos de este modo nuestro alma al desnudo. Ya lo hizo Golding en El señor de las moscas. Y ahora hace lo propio Teller en su novela, Nada.
     Esta vez no hay isla ni situación límite. Todo sucede en la pequeña Taering, pero perfectamente podría ser cualquier otro lugar. Y los niños que nos presenta la autora son niños normales, en situaciones normales; justo como los del colegio ese frente al que pasamos a diario. Tal vez sea eso lo más inquietante de esta novela que no llega a las 150 páginas, ni falta que le hace. La historia arranca cuando un niño de 13 años llamado Pierre Anthon, deja las clases afirmando que nada tiene sentido en la vida, por lo tanto tampoco lo tiene la propia existencia y mucho menos esforzarse o luchar por cosas que serán, como mucho, satisfacciones efímeras (los niños son sinceros). Algo así causa un impacto en sus compañeros que, hartos de escuchar sus razonamientos mientras come ciruelas subido a un árbol, deciden mostrarle su error. Para ellos, si que hay cosas que importan, por lo tanto la vida está llena de cosas que importan para todo el mundo. Lo único que tiene que hacer, es mostrárselo a su amigo (los niños tienen buenas intenciones). De este modo, toda la clase se une buscando qué es lo importante, en principio preguntando y luego dirigiendo la mirada los unos a los otros señalando sin dudar aquellas cosas que quien tienen al lado más valora (los niños son sinceros). Esta búsqueda del significado de la vida, les llevará a descubrir en los demás y en sí mismos la verdadera naturaleza de las cosas. Y por ende, de las personas, de ellos mismo, de quienes les rodean...

     Teller ha escrito una novela en la que el lector se revuelve incómodo, casi sobrecogido por lo que desfila ante sus ojos, pero sin ser capaz de apartar la mirada. Otro de los grandes aciertos del libro, junto a la "normalidad" del contexto, es la elección del narrador. La historia la cuenta una niña protagonista de los sucesos. Pero lo hace siempre manteniendo una distancia otorgada por el tiempo, y a la vez mostrando los sentimientos que pueden tenerse con esa edad.

     Confieso que he sido incapaz de apartar mirada de este libro hasta terminarlo. Me ha parecido una lectura realmente fascinante en la que se habla de inocencia, de creencias, de envidia, de tesón... Un relato desolador, inquietante y que consigue parecer hermoso al ocultarse en una fachada escrita cuidando cada frase. De hecho, hay momentos en que lo hermoso de las palabras contrasta con aquello que nos está describiendo, la escuela por ejemplo. Todos estos ingredientes, convierten a Nada en un libro más que recomendable. Si tenéis la opción, no lo dejéis escapar. Yo lo pienso releer dentro de un tiempo.

     Y vosotros, ¿con qué libro comenzáis la semana?

     Gracias

     PD. No lo he dicho, pero los niños tienen una sinceridad terrible, frontal y certera. Por eso a veces se dice que los niños son crueles. Y las buenas intenciones... bueno, no siempre son suficientes.