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martes, 1 de octubre de 2013

El desayuno. Luis Alberto de Cuenca



Imagen de la red
El Desayuno
Me gustas cuando dices tonterías
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas
o cuando eres feliz y se te nota
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es la ducha del infierno)
o cuando me perdonas un olvido.
Pero me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
"Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno."


     Sin exagerar hace un siglo que no traigo un poema, y sin exagerar hace una eternidad que no me compro un libro de poesía. Tengo que empezar seriamente a ponerme con ello. No es porque no me guste, sino porque me pierdo y no tengo claro por dónde comenzar. 
     Cierto es que hay mucho poema de amor y no son mis favoritos, y que los poemas que me gustan son peculiares cuanto menos, pero hay mucho poema por leer y mucho poeta por conocer, como Luis Alberto de Cuenca.

     Y diréis: "Pero hoy nos traes un poema de amor." 
     Pero este sí que me gusta porque habla de pequeños detalles y no de grandes cosas. De fragmentos pequeñitos que componen vida y es donde se disfruta o se añora, donde nos damos cuenta de a quién nos gusta o nos gustaría tener al lado. 
     Porque digo yo que es natural despertar con hambre y más aún hacerlo con ganas de comer. Y cada cual, que interprete.

     No hablaré de métricas ni tampoco de influencias. Como de tantas otras cosas, tampoco entiendo de poesía. Pero sé lo que me gusta.

     Por cierto y al hilo de lo que comenzaba diciendo, ¿me podéis recomendar un libro de poemas?

     Gracias