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miércoles, 28 de septiembre de 2011

Descansa en paz. John Ajvide Lindqvist



     "“No es Elías.”

     La luz de la luna era más que suficiente para que pudiera ver lo que había pasado con su cuerpo. Las diminutas manos que ahora se movían a tientas estaban deshidratadas, negras, y la cara… la cara.     
     Mahler cerró los ojos, se los tapó con las mano, sollozando.
     Se dio cuenta de lo mucho que, a pesar de todo, había confiado, aunque fuera imposible, en que Elías iba a tener el mismo aspecto que en vida. De todos modos todo aquello era imposible, entonces ¿por qué no iba a poder ser así?
     Pero no lo era."

     Sólo haya que ver la portada del libro con esos ojos imposibles para darnos cuenta de que estamos ante una novela de terror.. aunque no del todo. En realidad se trata de una novela de zombis... aunque tampoco del todo. Precisamente por eso la traigo. Parece que los zombis están de moda, junto con toda suerte de criaturas sobrenaturales estos han sido unos de los que más guerra nos han dado, aún recuerdo mi entrada de Orgullo prejuicio y zombis. Nada que ver con este libro.

     En ese libro, el autor de nombre imposible, revive a los muertos en una zona geográfica, Suecia, y con una fecha de caducidad, han de llevar menos de tres meses fallecidos, y ocurre en plena ola de calor y con un fenómeno curioso que impide desconectar los aparatos eléctricos. Esto supone un problema tremendo para la población, ya que además los zombis tienen una suerte de recuerdos reflejos que les hacen volver a casa. Lo enfoca desde el lado más complicado, las familias que se enfrentan a sus muertos recientes y, como no, aquellas personas, una joven en este caso, que se ven facultadas para luchar contra tan curiosa plaga.

     Nos alejamos mucho aquí de cualquier zombie-party americana, no pretende eso el autor. Es más, hay un momento en que parece que nos estuviera hablando de salud pública más que de zombis, para encontrarnos luego de frente con una novela de terrores íntimos. El miedo a la muerte, el temor a no saber qué hacer con el recién fallecido al que añoras, la esperanza en recuperarlo cuando ha perdido realmente su esencia personal y está claro que no es bueno. Pero no es sólo eso, también hay terror real, del que recorre un escalofrío por la espalda y nos hace pensar eso de.. "dónde vas? date la vuelta", eso sí, sin buscar golpes de efecto rápido ni caer en oportunismos baratos.
     Es un libro logrado que juega con los sentimientos del lector, que muchas veces comprende tanto a los protagonistas como sus más que dudosas decisiones. Os invito a conocer a un padre y su hijo, cuya mujer acaba de fallecer, a un abuelo y su hija que acaba de perder a su nieto, a una abuela y su nieta, ambas con poderes físicos y, sobre todo, a los redivivos y su curiosa forma de comunicarse.

     No hay sangre, ni cerebros, pero si hay miedo; a la muerte como ya dije, a lo desconocido, a quedarnos solos y, como no, a los zombis. Es un libro que nos proporciona una mirada diferente de una historia conocida y que os recomendaría leer de noche.

     Gracias